EL FOLKLORISMO MUSICAL (II)
LETRA Y SOLFA
ALEJO CARPENTIER
EDICIONES NEMONT, BUENOS AIRES, 1976
ORIGINAL, SELECCIÓN DE ALEXIS MARQUEZ R.
Cuando un
partidario de la música de inspiración
folklórica se siente seriamente acorralado por los
argumentos de un contrario, pronuncia un nombre salvador, que tiene
el poder inmediato de inclinar la balanza en su favor: "Boris
Godunof"... El "Boris" es una obra maestra; una de las cumbres del
teatro lírico universal. No todo es folklore en "Boris",
evidentemente. Mussorgsky se valió de muchos elementos
tomados al canto litúrgico ruso -o sea, a una música
culta, cultísima, cuya tradición se remontaba a la
liturgia bizantina. En el dúo de Marina y el falso Demetrio,
adopta voluntariamente el lenguaje de la ópera
romántica italiana. Las dos grandes escenas de Boris -las
más hermosas, acaso, de la partitura- son de una
inspiración absolutamente personal. Pero no puede negarse
que el folklore regresa constantemente por sus fueros,
caracterizando a ciertos personajes y animando las escenas
populares. Por lo mismo, los defensores de la inspiración
folklórica se afincan siempre en el "Boris", convincente
pieza de convicción.
Pero es
difícil, sin embargo, establecer una regla a base de un
logro excepcional. En toda la historia de la ópera rusa, no
hallamos una sola partitura que pueda colocarse al lado del "Boris"
-ni siquiera la "Kovanchina" del propio Mussorgsky. Técnico
deficiente, Mussorgsky estaba dotado de una intuición
genial, extraordinaria, única, que le permitía
superar todos sus problemas de instrumentación, de
expresión, de estructura. No así sus
contemporáneos del grupo de los Cinco -con excepción
de Rimsky-Korsakoff, cuya solidísima técnica
solía realzar, en muchos casos, una limitada
inspiración... Boris de Schloezet estudió, hace
años, el fenómeno de la aparición, en el siglo
XIX, de una "música rusa" inesperada, llena de bríos,
que, a falta de una tradición técnica, halló
un acento propio en la utilización del canto popular. El
acento fue indiscutiblemente hallado. Pero hoy debemos reconocer,
con toda justicia, que los logros fueron escasos, si nos situamos
en el plano de la verdadera creación musical. No es una
"boutade" afirmar que, si bien conocemos los títulos de casi
todas las óperas rusas escritas en el siglo pasado, son muy
pocas las que hemos escuchado en realidad. Pasan los años, y
no vemos aparecer los títulos de "Russland y Ludmila", de
"El Príncipe Igor", de "Ivan el Terrible", en las carteleras
de los teatros líricos de Europa y de América. Y es
porque, si bien pueden interesar y emocionar al público ruso
por su contenido folklórico, puestas en el terreno de la
música universal, son óperas muy endebles, que no
resisten la comparación con "Othello" o "Falstaff", en
cuanto a la eficiencia dramática; ni con "Tristán" o
"Los Maestros Cantores", en cuanto a la riqueza del contenido. Y es
que, en ellas, el hallazgo del "acento nacional" mediante el uso de
folklore, se logró en detrimento de la expresión
universal y del desarrollo orgánico del drama lírico.
La ópera de Glinka se ajusta todavía a los patrones
de la ópera pre-romántica italiana. Las óperas
de Rimsky-Korsakoff están construidas como podrían
estarlo las de Gounod o de Verdi (y tan cierto es esto que en sus
últimos años, sintiendo la necesidad imperiosa de una
renovación del estilo, Rimsky se orienta súbitamente
hacia el wagnerismo, con "La ciudad invisible de Kitege", su
testamento musical). Hoy descubrimos, a través del disco,
que "El Príncipe Igor" es una ópera deshilvanada,
hecha de trozos colocados en sucesión, que resultaría
de una irremediable monotonía si no incluyera una linda
Obertura y magnífico ballet. Por lo demás,
habría que recordar que la grabación soviética
de esa ópera omite un acto entero, ya que -según se
nos explica en el prospecto adjunto- "se parece tanto al anterior,
que sin los recursos de la escenografía y el movimiento de
la acción, su interés es escaso" (!)... En cuanto a
la obra sinfónica de los Cinco... ¿qué queda
de Mily Balakirew? ¿Qué queda de Cesar Cui?...
En cuanto a Rimsky,
convendría recordar que de sus quince óperas,
sólo se siguen representando cuatro o cinco; entre ellas,
"La ciudad invisible", partitura de inspiración wagneriana,
y "Mozart y Salieri" obra cosmopolita, el "Capricho
Español", es una fantasía española;
"Scheherazade" es una rarísima fantasía oriental,
hecha a base de temas personales, que tiene la desconcertante
particularidad de utilizar un motivo de "Zortrica" vasco, en su
segundo movimiento... Lo cierto es que, fuera del "Boris", el
folklorismo frenó el desarrollo orgánico, formal,
interno, de la música rusa. En el Siglo XIX se escribe mucha
música atrayente en Rusia; pero no se inventa casi nada en
el plano evolutivo de la expresión profunda.