LO QUE OÍMOS EN EL MUNDO
LAS ONDAS Y EL OÍDO
WILLEM A. VAN BERGEIJK, JOHN R. PIERCE Y E. E. DAVID, (h.)
EUDEBA, BUENOS AIRES, 1962
Trad. V. DE SPINARDI. Rev. F. WESTERKAMP, "WAVES AND THE EAR", 1960
Cuando pienso en la audición, trato a veces de imaginarme cómo me sentiría, qué clase de persona sería si hubiera nacido totalmente sordo. No podría haber gozado de la música o de la palabra. Sólo con un entrenamiento intenso y arduo habría aprendido a hablar coherentemente o tan sólo habría llegado a hablar, a menos que alguien de un modo u otro me transmitiere, con recursos diferentes, que existe algo así como el sonido. Me resultaría peligroso circular por la calle, porque no podría oír un auto que se acerca o la voz de alarma de un peatón. Por lo menos la mitad de la vida no existiría para mí y la mitad restante sería enormemente complicada y aun riesgos.
Los pensamientos de
este tipo son bastante tristes y probablemente sin objeto, pero no
advierten, por la vía negativa, de las funciones del
oído. Antes que nada, uno se da cuenta de que el mundo
ordinario está lleno de una variedad enorme de sonidos: el
bullicio aminorado de la gente en la habitación contigua, el
susurro de un ventilador, el fastidioso zumbido de una mosca, el
traqueteo de una segadora de césped y el silbido de una
tetera. Como vemos, todos estos sonidos poseen diferentes
denominaciones; de alguna manera se distinguen entre sí, de
tal modo que, en realidad, los clasificamos según nombres
diferentes. Pero el susurro del ventilador del altillo no es el
mismo que el zumbido del ventilador que está sobre la mesa,
ni la tetera de su madre posee el mismo silbido que la de su
tía. Y sabemos muy bien quién está hablando en
la habitación contigua. Por ello, existen diferencias
menores que distinguen los sonidos entre sí, diferencias que
no merecen clasificarse mediante nombres distintos. Se puede decir
que el ventilador del altillo produce un zumbido más fuerte
y que la tetera de su tía tiene un silbido más agudo;
se puede decir que la segadora del vecino produce un ruido
más intenso que la suya. Pero, ¿cómo se
describe la diferencia entre la voz de María y la de Juana?
Una puede ser más ronca, o más nasal, o más
chillona, pero siempre queda ese algo indescriptible que hace que
el sonido de la voz de María sea único. De toda la
gente que conocemos, ¿a cuántos no podríamos
identificar inmediatamente por sus voces? Creo que hallaremos muy
pocos. Es notable que dentro de las limitaciones de la voz humana,
exista tan enrome variedad de pequeñas diferencias (tan
pequeñas que a veces nuestros mejores y más sensibles
instrumentos no pueden identificarlas). Pero más asombroso
aún es que el oído sea capaz de distinguirlas y que
el cerebro, al recibir señales desde el oído, pueda
reconocer con bastante facilidad las diferencias particulares.
Los significados de los sonidos
Veamos qué
más es posible aprender de los sonidos cotidianos comunes.
Para aprender algo sobre el mundo debemos formular preguntas. Por
ejemplo: ¿Qué significan estos sonidos? ¿Me
dicen algo? ¿Qué efecto me producen? Una mosca que
zumba puede irritarnos hasta tal punto que abandonemos todo y nos
dediquemos a cazarla. Si no hubiera zumbado, muy probablemente no
le habríamos prestado atención. El traqueteo de la
segadora de césped nos dice que el vecino se ha decidido
finalmente a limpiar su enmarañada selva, mientras que la
tetera nos informa que ha llegado el momento de hacer una pausa
para el té. El susurro del ventilador nos advierte que
está funcionando, pero con ello, ¿qué? Lo
podemos sentir de todos modos.
Como vemos, los
sonidos que oímos nos dicen algo del mundo que nos rodea, en
especial de aquella parte del mismo a la cual no llegamos mediante
otros sentidos, tales como el tacto y la vista. Los sonidos nos
informan sobre la presencia de una incomodidad o de algo que puede
dejarnos totalmente indiferentes. Pueden originar varias emociones:
enojo ante la mosca, deseo de tomar té o la
satisfacción de que las insinuaciones hayan llegado
finalmente hasta la persona que está en la otra
habitación.
Por supuesto que he
seleccionado más ejemplos inteligentemente para demostrar
las distintas clases de reacciones que puede originar el sonido en
nosotros. Pero estamos sin duda prevenidos de que la mayoría
de los sonidos que llegan a nuestros oídos son de
pequeña o ninguna importancia. Simplemente no los
escuchamos. ¿Simplemente? ¿Es en realidad tan
simple oír el sonido que por alguna razón nos
interesa, entre muchos otros sonidos, a menudo más fuertes?
La mayoría de nosotros conoce el "ambiente de fiesta": una
habitación llena de gente que habla, grita y aun canta al
mismo tiempo. A pesar de ello, se puede escuchar con facilidad un
chiste contado por alguien que está a nuestra derecha e
inmediatamente "virar" hacia un par de risueñas
jóvenes detrás de nosotros, sin siquiera mover la
cabeza. Nuestros oídos reciben los mismos sonidos durante
todo el tiempo, perro cada uno de nosotros dirigimos nuestra
atención una vez a un lado, otra vez a otro. Si
hubiéramos grabado la fiesta con un solo micrófono en
el lugar en que estaba la cabeza de uno de nosotros, el registro no
tendría sentido; no se podría "dirigir" la
atención hacia algún lugar determinado sino hacia el
altoparlante. Los mismos sonidos que nos resultaron tan divertidos
en la fiesta son ahora una endemoniada baraúnda.
Evidentemente escuchar, esto es, concentrarse en un sonido
particular, no es tan "simple" como parece.
Hasta ahora he
hablado exclusivamente de la audición humana. Los animales,
como los gatos y los perros, tienen naturalmente oídos y
naturalmente oyen con ellos. Los pájaros poseen
oídos, aun cuando no son visibles con facilidad desde el
exterior; las ranas poseen tímpanos visibles pero
¿dónde están los oídos de un pez? Por
esta razón, ¿cómo es posible determinar si los
peces poseen oídos y pueden escuchar?
Antes de pasar a la
experimentación y discusión de estos interesantes
interrogantes, sigamos un poco más la misma línea de
ideas que nos resultó tan útil para nuestra
comprensión del significado del sonido en el hombre. Es
decir, tratemos de hallar -recordando nuestras experiencias con
animales- qué sonidos oyen, cómo reaccionan ante los
mismos (se podría decir algo sobre el "significado" de un
sonido particular si se pudiera determinar que los animales
reaccionan ante él de un modo especial) y qué usos
hacen los animales de su habilidad auditiva. Como vemos, estamos
planteando preguntas que nos alertan sobre la importancia del
sonido en el mundo animal. Evidentemente el mundo, o el "medio
ambiente", en el cual vive un animal particular determina en gran
parte los sonidos que son importantes para él. Por ejemplo,
para un gato o un perro mimados, la voz humana es un sonido muy
importante y les resulta grato. Está asociado con la comida,
protección, cariño y sólo ocasionalmente con
una reprensión. Pero piénsese en un gato salvaje;
para él la voz humana sólo significa una cosa:
peligro. Por otra parte, los pequeños ruidos, de la selva
significan comida para el gato salvaje, mientras que para el gato
mimado pueden significar un juego.
Mensajes animales
Es una idea notable
que un ser viviente oiga su comida, porque en nuestra propia
percepción humana, tendemos a asociar el aroma y la vista
con la idea de comida palpable; el sonido desempeña a lo
sumo un papel muy pequeño. A pesar de ello, muchos animales
se guían fundamentalmente por su audición para una
verdadera comida, y algunos de ellos no poseen otros medios para
obtenerla. ¿Ha observado usted alguna vez un petirrojo
buscando lombrices sobre el pasto mojado? Nótese cómo
levanta su cabeza y se detiene en silencio; luego se lanza hacia
adelante, se detiene con brusquedad y se queda quieto nuevamente,
con la cabeza erguida durante algunos segundos. No está
observando nada ni se comporta de manera extraña. Escucha el
débil sonido de una lombriz que está culebreando
cerca de la superficie o que se asoma sobre la tierra. Tan pronto
como oye a una, comienza a buscarla y su cabeza se yergue, pronta
para engullir una apetitosa comida. Los búhos aparentemente
oyen el deslizarse de un ratón por el pasto antes de
descender lo bastante cerca como para ver la presa. Pero el ejemplo
más maravilloso de "caza por el oído" es el de los
murciélagos. Los murciélagos están tan
especializados que morirían de hambre si accidental -o
experimentalmente- perdieran su sentido de audición. El
murciélago ni siquiera se guía por los ruidos de su
presa, como el búho y el petirrojo; sino que los registra en
forma activa, literalmente, mediante un sonar acústico.
El
murciélago emite sonidos muy agudos, tan altos que el
oído humano no alcanza a percibirlos (¡pero el
murciélago los oye muy bien!). Cuando aparece un insecto -la
dieta exclusiva de nuestros murciélagos más comunes-
las ondas sonoras llegan al insecto y se mueven en dirección
inversa hacia los oídos del murciélago. Este
sonido reflejado no sólo le dice al murciélago
que hay algo comestible cerca, sino que también le informa
dónde está, por un complejo mecanismo que utiliza la
propiedad de que el oído más próximo al
insecto recibe en primer lugar los sonidos reflejados. Así,
en el dibujo, el oído derecho del murciélago recibe
el sonido reflejado antes que el izquierdo. El murciélago
sabe entonces que el insecto está en algún sitio a la
derecha. Aparte de que los murciélagos cazan en la
oscuridad, donde la vista poco podría ayudarlos, son en
realidad casi ciegos. De modo que se ven forzados a usar la misma
técnica del sonar para evitar obstáculos y otros
peligros. Pero, ¿cómo sabe el murciélago lo
que es comestible y debe ser perseguido y lo que es peligroso y
debe ser evitado? Aparentemente, el sonar no sólo le informa
al murciélago sobre la presencia y ubicación de algo,
sino también sobre su tamaño, forma y otras
propiedades. El profesor Sven Dijkgraaf, en los Países Bajos
consiguió entrenar algunos murciélagos para que
pudieran distinguir entre una pequeña cruz metálica y
un círculo cuyo diámetro era igual a la longitud de
la cruz. ¡De modo que el murciélago "oye" la
diferencia entre una cruz y un círculo! Es simplemente
imposible para nosotros imaginar cómo "suena" el mundo del
murciélago. Piénsese solamente que todas las cosas
que vemos con nuestros ojos -obstáculos, comida, distancias,
velocidad relativa de los objetos, forma, tamaño e
innumerables propiedades más de nuestro mundo visible-
están representadas en el mundo audible del
murciélago. No es de extrañar entonces que mucha
gente, aun los especialistas sobre el sonar del murciélago,
hablen con frecuencia de su habilidad para "ver con sus
oídos", por incongruente que parezca.
La mayoría
de los sonidos que emiten los animales, sin embargo, no
están destinados a las espectaculares proezas del radar del
murciélago. ¿Para qué sirven entonces? Hemos
visto hasta ahora que los sonidos informan a los animales y a los
seres humanos sobre el mundo exterior. (Hago la distinción
entre animales y seres humanos no por razones de índole
zoológica, sino porque nuestra experiencia con los hombres
es directa y con los animales únicamente indirecta.) O el
mundo produce sonidos en forma espontánea, por así
decirlo, o bien refleja sonidos, como en el caso de los
murciélagos. Entre los numerosos objetos del medio ambiente
que pudieran probablemente interesar a un animal están, por
supuesto, otros individuos de la misma especie, en especial
aquellos del sexo opuesto. La supervivencia de las especies depende
de la habilidad del animal para hallar un compañero.
Cualquiera puede notar que las diferentes especies tienen
aspectos distintos y se puede con seguridad suponer que los
animales mismos perciben también estas diferencias. Un gato
no confundirá a un perro con otro gato. Pero, como hemos
visto, el sentido del oído es en realidad un sentido de
"larga distancia"; se hace más importante cuando los otros
sentidos -visión, olfato, tacto- no pueden seguir
funcionando debido a obstáculos o a la simple lejanía
del objeto que habrán de percibir.
Cuando una selva
está densamente poblada con una especie particular de
pinzones, digamos, es muy probable que los machos y hembras se
encuentren accidentalmente, debido a que unos andan al alcance de
la vista de los otros. Nunca tendrían que emitir un sonido
para dar a conocer su posición. Por otra parte, los pinzones
establecen su territorio; esto es, cada macho "delimita" un
trozo de selva, indicado generalmente mediante límites
naturales como árboles raros, claros, etc., pero algunas
veces, bastante vagos. Esta zona es considerada por él como
su propiedad, y está decidido a mantener a todos los
intrusos, en especial a otros machos, fuera de la misma. Para
enterar a los visitantes de que están atravesando su
propiedad por su propia cuenta y riesgo, se encarama al punto
más alto de su dominio y canta su característica
"canción territorial". Si nuestro pinzón viviera en
una región escasamente poblada, tendría poca
necesidad de insistir sobre sus derechos, ya que ningún otro
macho lo molestaría. Pero con la misma señal,
tendría dificultades para encontrar a una hembra, a menos
que se encaramara nuevamente a un árbol alto y entonara una
canción de "bienvenida" para hacer saber que "un soltero con
medios económicos, buen ciudadano, con casa grande, ofrece
seguridad a hembra no comprometida; dirigirse personalmente".
Estos ejemplos
ilustran el papel del oído en la comunicación.
Un pájaro emite un sonido que informa a otro sobre el estado
de ánimo del que canta; está determinado a mantener a
otros machos fuera de su dominio pero está ansioso de atraer
pinzones hembras. Existe un mensaje real en estos llamados;
esto es, una nota "personal". No sólo informa a cualquiera
que lo oiga que hay un pájaro allí;
específicamente informa a otros pinzones que allí se
encuentra un pinzón que no necesita a otros pinzones,
exceptuando las hembras. Se puede pensar en muchos otros ejemplos,
tales como el cloquear de la gallina que informa a los pollitos:
"Mamá ha encontrado comida"; o el chillido de un grajo azul
que informa a otros grajos azules, e, incidentalmente, a todos los
otros animales que han aprendido a escuchar el ruido del grajo
azul- que ha visto un peligro que se acerca. A este envío
y recepción de mensajes significativos, me voy a referir
al hablar de comunicación.
Códigos y comunicación
Evidentemente, los animales y los seres humanos emiten muchos
sonidos que no son mensajes, aunque lleven en sí alguna
información sobre la presencia y aun los sentimientos del
que los emite. Por ejemplo, puedo caminar por un salón
silbando una tonada; no trato de dar a conocer mi presencia o
estado de ánimo a nadie, pero cualquiera que me oye sabe que
estoy aquí y probablemente de buen humor. Esto no lo
considero como comunicación. A la inversa, un bebé
podría estar llorando, tratando de comunicar algo a sus
padres; pero ellos puede que no sepan lo que quiere el bebé,
pues no están capacitados para comprender el mensaje. De
nuevo, no hay comunicación.
La
comunicación no siempre incluye la emisión y
percepción de sonidos. Una buena parte de la
comunicación se produce por medio del sentido visual (la
dentellada de un perro es un signo más elocuente de sus
intenciones que cuanto podrían serlo sus gruñidos),
del sentido del tacto (una caricia o un beso significan mucho
más que una larga declaración de amor) y aun de
olfato.
En la
mayoría de los animales, la comunicación por sonidos
se usa ampliamente para expresar emociones: enojo, temor,
alegría, satisfacción, deseo sexual y sociabilidad,
sensaciones que poseen sonidos característicos asociados con
las mismas. Un perro rezonga y gruñe cuando está
enojado, gime y se queja cuando está asustado, ladra y
gañe cuando está contento. Los gatos ronronean cuando
están satisfechos, y producen un alboroto espantoso cuando
hacen la corte.
En el hombre,
encontramos algunos de los mismos sonidos característicos.
Gritamos, gemimos, reímos entre dientes, sollozamos,
vociferamos y damos alaridos; se pueden identificar
fácilmente las emociones expresadas por estos sonidos. Sin
embargo, en el ser humano, este sistema básico de
comunicación está reemplazado por nuestra habilidad
para usar los sonidos como piedras fundamentales en un
código simbólico de comunicación que
llamamos lenguaje. No sólo podemos expresar nuestras
emociones básicas en esta forma codificada sino que la
usamos para expresar pensamientos racionales y aun ideas muy
abstractas. Algunas personas arguyen que podemos pensar
racionalmente sólo porque poseemos un lenguaje. Este
argumento es muy recomendable; intentemos tan sólo pensar en
algo sin "pensar en palabras" o quizás en números,
que son después de todo también un código. Por
supuesto, no debemos pensar en sujetos emocionales como un amigo
del sexo opuesto, pues a esto lo llamamos "ensueño". Pero
hallaremos probablemente que es imposible pensar en cualquier tema
prosaico, tal como el modo de pasar el resto del día o
cómo gastar el resto de nuestro dinero, sin utilizar
palabras. Para la mayoría de las personas, por lo que yo
sé, pensar implica "hablarse a sí mismos".
Los lenguajes
humanos son tan diferentes de los "lenguajes" animales, que la
palabra comunicación adopta una nueva dimensión
cuando se la usa para describir el comportamiento del lenguaje
humano. Aun cuando mi definición de comunicación,
unas páginas más atrás, como el envío y
recepción de mensajes significativos, es válida, la
palabra "significativo", que en el mundo animal incluiría
sólo un número muy limitado de sonidos, describe para
las personas un universo virtualmente ilimitado de mensajes.
He tratado de dar
una idea del importante papel que desempeñan los sonidos y
el oído en la vida de los hombres y los animales: como
orientación, para hallar comida, evadir el peligro,
ayuntarse o comunicarse. No he mencionado siquiera temas tales como
la música la observación militar y científica
y otras artes y actividades en las cuales se usa el oído
humano. Algunas de ellas serán discutidas en
capítulos posteriores. En primer lugar, sin embargo, tenemos
que examinar qué es el sonido; luego estaremos
capacitados para averiguar qué y cómo escuchamos,
qué sucede en ese sensible y versátil órgano,
el oído, y cómo recibe e interpreta el cerebro
las señales nerviosas provenientes del oído.
Finalmente, consideraremos más de cerca algunos de los
interesantes problemas de orientación acústica,
comunicación y reproducción del sonido.
En el transcurso
tendremos que formular numerosas preguntas que comienzan con
¿qué?, ¿cómo? y ¿por qué?
Me gustaría reproducir lo que Georg von Békésy
-en la opinión de muchos, la mayor autoridad viviente sobre
el oído- tiene que decir al respecto:
Como yo lo veo, la
diferencia entre la investigación con éxito y sin
él es básicamente el problema de formular la pregunta
correcta. Distingo los siguientes tipos de preguntas:
- La pregunta sin importancia
- La pregunta prematura
- La pregunta estratégica
- La pregunta estimulante
- La pregunta embarazosa (de la clase de las que se hacen en
asambleas)
- La seudo-pregunta (a menudo, consecuencia de una
definición diferente o un enfoque distinto)
Como principiante,
he tratado de hallar una pregunta estratégica, pero me fue
imposible hacerlo... Békésy cree que las preguntas
estimulantes son las más valiosas: nos inducen a
hacer algo. Cuando hacemos algo, podemos plantearnos preguntas
estratégicas. Ellas conducen al conocimiento.