SEMBLANZA DE ANASTASIO QUIROGA
LA PRENSA
ROBERTO JANZ
DIARIO LA PRENSA, BUENOS AIRES, 8 DE FEBRERO DE 1981
ORIGINAL, COMENTARIOS DE PABLO BENSAYA, 1997


Esta nota que le realizaron a Quiroga en el año 1981 me interesaba porque presentaba detalles de buen valor respecto del personaje en cuestión. Hablo en tiempo pasado ya que un conocido me había comentado de su existencia, costó encontrarla pero se logró.
        Anastasio Quiroga, uno de esos hombres que, vaya a saber uno por qué caprichos del destino, nunca ha encajado exactamente en ningún ambiente.


        No está dentro de los "estudiosos folkloristas capitalinos" ni dentro de los "estudiosos musicólogos". A él le toco vivir una época en la que todo lo que sonara "exótico o bárbaro" era bienvenido en Europa. Desde sus primeros años comenzó a realizar giras y recitales a su manera, una manera de ver y sentir el folklore en su más amplia acepción. Todo lo que hizo en materia musical es de la más profunda raíz folk-aborigen, pero era personal, siempre agregaba algo completamente propio. Esto es probablemente lo que caía mal a determinados ambientes eruditos que siempre desean ver en la expresión folklórica un detenimiento del tiempo, siempre igual, idéntico, sin cambios. Quiroga, en ese sentido, fue un real folklorista. Usó mucho de la inventiva, recreó a su estilo objetos de un pasado no tan lejano; empleaba la improvisación cuando contaba historias, jamás coincidían los relatos que contaba, siempre los modificaba de acuerdo con la situación o posiblemente con su ánimo; pero el fondo y la esencia del relato siempre era el mismo.
        Lo que hacía don Anastasio era precisamente folklore, él se sentía parte de ese folklore, y lo era. Conocedor, por cuna, de las más diversas y añejas tradiciones "se sabía" con derecho de modificar ciertas cosas. Sin embargo resulta interesante preguntarse quién es el que modificó las cosas ¿Él o ciertos investigadores?. Un caso muy especial es el de la "Pajarilla". La pajarilla es un silbato de agua ricamente ornamentado, según la visión y realización de Quiroga, mientras que para las miradas de la mayoría de los investigadores tal instrumento no está computado dentro del muestrario del altiplano. Quiroga explica, además me lo explicó personalmente en 1980, que la pajarilla es un juego de niños, que es para entretenerse buscando imitar diferentes sonidos de pájaros. Cuando contaba estas cosas hacía mucho hincapié en la soledad de aquellos lugares. Pero hay realidades implacables, sólo hay que ir al lugar y ver, hoy mismo, que el silbato de agua es todo una realidad entre los niños.
        Ni qué hablar de sus quenas. Hay algunas que realmente parecen haber sido hechas por alguien sin conocimiento alguno del tema ¿Sin conocimiento? ¿No serán, en el peor de los casos, atávicas filtraciones a través de sus manos? En mi trabajo "Una Quena de Anastasio" documenté una de ellas en sus más mínimos detalles incluida, obviamente, su estructura sonora.
        No creo en modo alguno que los Quiroga sean los poseedores de la "verdad revelada", pero de lo que sí estoy seguro es que deberíamos prestar más atención a estos hombres; anotar sus citas, sus razones técnicas, codificar ese material; luego confrontar esos datos con los resultados de diferentes investigaciones.
        Quiroga estaba dispuesto a hablar pero nadie lo interrogó. Hasta aquí el comentario, ahora la nota.

Anastasio Quiroga

ANASTASIO QUIROGA
Vívida imagen jujeña

        Atardecía, mientras un colla pastor miraba hacia los valles. Allí arriba, sobre la alta serranía, arrancaba melancólicos sonidos a su quena; quizá llorando su soledad o simplemente imitando los sonidos del viento. Reunió la majada y bajó, en dirección de las casas lejanas. Se internó en un mundo de cardones que día y noche custodian la quebrada como "coquena", deidad pagana protectora de la fauna. En una de esas quebradas, donde palpitan pequeños pueblos tan antiguos como su tradición, creció Anastasio Quiroga. Colla de linaje, folklorista y costumbrista, nació el 1 de agosto de 1916 en Barro Negro, provincia de Jujuy. En los comienzos de su larga trayectoria musical, vivió en Esmoraca (Bolivia), La Quiaca y Santa Catalina (Argentina). Domina la lengua quechua, que aprendió de su madre, de quien también aprendió los secretos de la cerámica.

Vocación ancestral

        Desde niño aprendió a mirar lejos y a sondear el silencio, presintiendo la llegada de algún cóndor que acechaba las cabras. Como marucho, guió tropillas en la montaña y más de una vez gastó sus abarcas caminando largas y duras jornadas. En invierno, como único abrigo llevaba un puyo sobre los hombros y un sombrero ovejuno que protegía sus ojos del viento. En los bajos, detenía la recua de mulas cuando su estómago se lo pedía, procurando asar un trozo de charqui. También calmaba su hambre la ulpada, que preparaba con maíz cocido, agua y miel de avispas. Calmar la sed era más difícil cuando se agotaba el agua de su yuro, aguantando con la boca seca hasta la próxima vertiente. Allí el agua brotaba cristalina al lado de la "apacheta", lugar de reunión y descanso, donde frecuentemente se encontraba el maxilar inferior de un guanaco que como el del caballo servía de instrumento de percusión o "kamuna". Tocado a golpes de puño, los dientes sueltos vibran marcando el compás de un huayno o carnavalito. Su sonido es más grave del que produce el sonajero de uñas, uñas de cabra que golpean entre sí, instrumento que también usan las madres para adormecer a sus "guaguas".


        Desde joven supo seleccionar las arcillas adecuadas para moldear el tubo del coquenacho y según afirma, único instrumento musical que ejecuta "coquena", por cuya razón lleva su nombre. Con la experiencia de un maestro de estas artes, no sólo construye los instrumentos de viento, cuerda y percusión autóctonos del noroeste argentino, la mayoría de origen indígena, sino que también los ejecuta. A veces dos a la vez, como la caja y la "llamacenka" (flautilla jujeña), que varios músicos tocan al unísono animando la "manca fiesta". Se trata de la tradicional fiesta de la olla, durante la cual se venden toda clase de cacharros moldeados en arcilla, que traen los artesanos desde los más remotos lugares. Durante el "misachico", recuerda haber caminado "sabe Dios cuánto", tocando el bombo legüero. Con profunda devoción participaba de dicha festividad religiosa, durante la que se venera a San Juan, patrono de los pastores de ovejas. La imagen de su madre perdura en la memoria de Anastasio Quiroga, cuyos recuerdos reviven aquellos días en que lo enviaba a recoger semillas de palqui, un pequeño arbusto precordillerano, al que quitaba las vainas. Tostadas las semillas, la mujer las mojaba con la "conana", obteniendo un polvo que hervido, reemplazaba al mejor café. Estas son sólo añoranzas de un colla, que ama a su tierra y a su música, vivencias de su infancia transcurrida en sierras jujeñas, de las que emigró a las grandes ciudades. En ellas vibraron 16 instrumentos musicales, cautivando a los más selectos auditorios europeos, que aplaudieron a un embajador de nuestro folklore.