MÚSICA Y ADOLESCENCIA
EDUCACIÓN MUSICAL
PABLO BENSAYA
INTERNET, 2000, presencias@hotmail.com
ORIGINAL, DER. RESERVADOS POR LEY 11723, ARGENTINA


El Miedo

La clase de música dirigida a adolescentes puede llegar a convertirse en un verdadero martirio si el docente a cargo no planifica adecuadamente sus pasos. Uno de los aspectos que más atentan en contra de una acertada implementación de los contenidos curriculares es 'el miedo'.
        El mismo educador es quien acepta francamente la veracidad de éste enunciado. Claro está que el problema no se resuelve con sólo entenderlo, sin embargo es el punto inicial para la búsqueda de soluciones.
        En muchos casos el problema se vuelve crónico para ese docente, es decir que en todas las situaciones educativas que vive -diferentes grupos de estudiantes- le ocurre lo mismo. Este solo aspecto ya nos está mostrando una alta probabilidad de error en cuanto al enfoque de la clase y al manejo grupal; de lo contrario deberíamos aceptar que "a los adolescentes no les gusta la clase de música". Nadie calificado y en su sano juicio estaría dispuesto a avalar graciosamente semejante afirmación, tan contundente como absurda.


        En general, un buen docente no presenta el mismo grado de eficacia con todos los grupos que maneja, pero estamos diciendo grados, no ineficiencia permanente. Un educador aspira a ser eficaz para el mayor número de situaciones posibles, ningún docente desea, o se propone, ser ineficaz, pero aquí nos encontramos nuevamente con una buena intención, guiada por el deseo, pero de final poco feliz. La exclusiva guía 'del deseo' tiene una marcada tendencia a solapar u ocultar aquello que deseamos combatir, el miedo.
        Uno de los puntos capitales hacia la solución de este tipo de problemas es la claridad y sinceridad de pensamiento; las presiones psicológicas de tal o cual 'escuela educativa' pueden hacer verdaderos estragos en la estructura de razonamiento. En este sentido, el docente debe aprender -animarse- a ver las cosas desde su propia realidad, con sus propios ojos. Caso contrario ya está vencido desde un principio.
        El docente es, y debe ser, un ser crítico de los contenidos a impartir, las 'escuelas salvadoras' o las 'escuelas de moda' no deben percutir en su psiquis más allá de lo sensato, antes bien resulta provechoso extraer de ellas lo que de bueno pudieran tener para la propia realización de los objetivos educativos.
        Surgen ya, desprendidos de los últimos párrafos, dos conceptos para pensar: Miedo y falta de Sentido Crítico. No hay que tomar esto como irreversible, por el contrario, nos debe ayudar a plantear el problema más crudamente, sin vueltas ni autoengaños. Pero otra vez problemas, no es fácil aprender a decir -decirse- la verdad, a sincerarse; tampoco es una ciencia. Si hay algo que se opone decididamente al ideal docente es precisamente la mentira; mentira que no necesariamente es consciente (de ser así habría que cambiar de profesión), es más, suele ser una conducta típica del inconsciente. El educador piensa que las cosas son de una determinada manera y actúa en consecuencia, el que se 'miente' a sí mismo no se detendrá a realizar un trabajo crítico sobre esa "determinada manera" a menos que algún agente externo llame su atención; supongo aquí que el docente desea cambiar. Un agente externo puede ser un libro, un psicólogo, un escrito o cualquier argumento que dispare, sobre el docente, preguntas constructivas: ¿Has revisado tu metodología? ¿Seguro estás de impartir tus clases correctamente? ¿No haría falta una capacitación extra? ¿Qué tipo de libros lees? ¿Tienes opinión formada acerca de la relación entre las realidades cotidianas y la clase de música? ¿No serás tú mismo el que desmerece su propio trabajo?


        A continuación presento una de las fichas (agente externo) para la autocrítica del docente. Allí se encuentran, ordenadas en tabla, varias preguntas-planteos; es de esperar que gracias a una agradable presentación y diseño los interrogantes sean retenidos y procesados con mayor facilidad. Luego de la ficha siguen algunas ideas para sacar mejor partido de ella.

Ficha para la autocrítica

Autocrítica

Pregunta-planteo

Respuesta

1

¿Has revisado tu metodología?

...

2

¿Seguro estás de impartir tus clases correctamente?

...

3

¿No haría falta una capacitación extra?

...

4

¿Qué tipo de libros lees?

...

5

¿Cuándo leíste tu último libro? (completo)

...

6

Menciona diez colegas que sientas que son mejores que tu

...

7

Menciona cinco colegas que estén por debajo de tu nivel académico

...

8

¿Qué opinión tienes acerca de la relación entre tu sociedad y la clase de música?

...

9

¿No serás tú mismo el que desmerece su propio trabajo?

...

10

Explica tu mejor cualidad como docente

...

11

Explica tu mejor cualidad como persona

...

12

Explica tu mayor defecto como docente

...

13

Explica tu mayor defecto como persona

...

14

¿Crees que educarías mejor si tu sueldo fuera tres veces superior al actual?

...

15

¿Realmente das lo mejor de ti en tus clases?

...

16

¿Qué cosas negativas ven en ti tus alumnos?

...

17

¿Qué cosas positivas ven en ti tus alumnos?

...

18

¿Para qué crees que sirve la educación musical en la escuela?

...

19

¿Puedes realizar una currícula mejor que la empleada en la actualidad?

...

20

¿Eres docente por ser instrumentista frustrado?

...


Responda con tranquilidad y en soledad, haga de cuenta que usted mismo se plantea estas cuestiones. Una vez que tenga todas las respuestas proceda a evaluarlas y a diseñar el perfil de ese docente, como si se tratara de otra persona. Una segunda etapa consiste en volver a responder todo con diferencia de una semana; asigne 5 puntos por respuesta, a modo de calificación. Es obvio que el máximo posible es de 100 puntos, en mi experiencia los buenos docentes deben poseer un mínimo de 80 puntos. Importante es remarcar que si bien lo dicho no es determinativo comporta datos de suma utilidad para la autoevaluación. Veamos un ejemplo de puntaje. Tomemos la cuestión número 10: la respuesta podría ser "mis mejores cualidades son.....". Ahora debemos calificar esa respuesta; algunos docentes pondrán un 5, otros un 2, etc. Todo depende del tipo de relación entre la cuestión y el beneficio directo que obtiene el educando. Es decir, nos inclinamos a un máximo cuanto la respuesta satisface plenamente los objetivos educativos; debe resultar claro que en educación las cosas deben ser además de necesarias, suficientes, por lo menos tender a ello.


        A esta altura veo muy oportuno transcribirle textualmente un intercambio de correspondencia. La identidad de quien solicita ayuda se mantiene en reserva por razones más que obvias; se trata de un educador español que escribió a Presencias en octubre de 1999.

Escribe el educador (extracto)

"Estoy interesado en algún tipo de libro, artículo, o lo que sea sobre los problemas de disciplina en las clases de música. Soy profesor de música de alumnos de 4-12 años, y tengo 406 alumnos a la semana, y aunque me encanta enseñar música tengo muchos problemas de este tipo que me gustaría solucionar."

Presencias contestó, a los diez días, lo siguiente (extracto):

"Le ofrecemos que nos comente detalles de las metodologías que emplea. Seguramente de la discusión podremos obtener algunas herramientas idóneas; nosotros estamos trabajando mucho sobre dos ejes: Disciplina y Motivación.... Curiosamente, o no tanto, son temas ampliamente vinculados. Tal vez, y esto es sólo una idea preliminar, Ud. podría rever los elementos que emplea para motivar a los niños. Le reiteramos, este tema nos importa mucho...."

        Jamás volvimos a saber de él. Es para preguntarse ¿Este docente quería solucionar realmente su problema? Saque Ud. sus propias conclusiones.

        Volvamos al miedo. En términos relativos, todos los educadores tenemos miedo: a los cambios, a abordar nuevas estrategias, nuevas tecnologías, vincularnos con escuelas distantes de la nuestra, en fin, miedos. Pero una cosa es tener miedo y generar acciones, es decir, asumir el miedo como seres adultos, y otra muy diferente tener miedo paralizante, de tipo infantil.
        Una de las vías que propongo para enfrentar 'nuestros miedos como educadores' es la formulación por escrito de esos miedos. De hecho, en los talleres, las denomino 'Fichas del Miedo' ¿Le da miedo el nombre, le suena mal? Pues allí tiene ya un miedo para elaborar.
        Cuando un docente comienza sistemáticamente a escribir sobre sus más profundos miedos y temores, comienza también a darse cuenta de que los mismos no sólo son comunes a otros colegas sino que, si bien no será posible erradicarlos por completo, los puede manejar, 'adiestrar', 'domesticar'. Este es el punto, aprender a controlarlos con total conciencia de su existencia y de sus potenciales alcances. Allí está una de las más grandes conquistas de un educador: saber que tiene miedos y que, en buena parte, los mismos son controlables.
        En la medida en que sabemos más sobre nuestros miedos, nos vamos volviendo más críticos, más personales. Vemos entonces que los controles y conocimientos sobre el miedo desembocan de una manera casi natural en un sentido crítico de la realidad educativa.
        Una de las tantas características por las cuales es posible identificar el miedo es la justificación. El 'mentiroso' necesita justificar su inacción; los argumentos se cuentan por centenas: no tengo tiempo; no es el momento oportuno; jamás abordé ese método y no pienso hacerlo. Son muchas. Cierto es que varias de estas cuestiones pueden ser valederas y absolutamente reales, no siempre son justificativos, quien mejor habrá de saberlo es el mismo docente en sus reflexiones más internas y profundas.
        El camino de la no-mentira y el sinceramiento puede resultar doloroso, pero es aún más doloroso el enfrentarse a un aula repleta de jóvenes con nuestra dura carga no elaborada. Jamás será tarde para comenzar un camino de autorreflexión.