MÚSICA Y ADOLESCENCIA
EDUCACIÓN MUSICAL
PABLO BENSAYA
INTERNET, 2001, presencias@hotmail.com
ORIGINAL, DER. RESERVADOS POR LEY 11723, ARGENTINA


La Motivación

Es sin dudas, la motivación, el punto capital para una educación musical eficaz. De seguro todos los educadores estaremos de acuerdo en este sentido, el problema es cómo lograr esa motivación en el educando. Si por lo general es difícil provocar una buena motivación dentro del ámbito educativo, tanto más complejo será dentro del universo adolescente.
        El peligro más inmediato que surge al no poder dar respuesta certera al problema radica en que ayudamos a producir el efecto contrario, es decir un rechazo para con la asignatura Educación Musical; aquí no es posible decir "rechazo para con la música", a cualquier ser humano, haya o no transitado la educación musical, le gusta, por lo menos, algún tipo de música.
        Si observamos diferentes opiniones y conductas llegaremos fácilmente a la conclusión de que a las personas nos fascina la música, en la mayoría de los casos nuestra relación y dependencia se presenta muy marcada; jamás he conocido a alguien que me dijera "a mí no me gusta la música". Sin embargo suele fastidiarnos la clase de música, disgusto que en el adolescente se torna más pronunciado y evidente.


        Esta relación tan curiosa, por la disparidad abrumadora de las cifras, tiene, según mi primera opinión, un estilo de fundamento basado en la idea siguiente: "De qué me sirve la clase de música (la de la escuela, claro) si de todas maneras yo ya escucho música y selecciono por mí mismo". Convengamos en que la música está dada por la cultura, aparece desde el canto infantil espontáneo hasta los más modernos sistemas de reproducción. En buena medida, el hombre, siente algo así como una violación en su toma de decisión sobre todo cuando se trata, y especialmente, de un asunto emotivo. ¿Qué ocurriría si impartiéramos clases o lecciones de amor? Claro y evidente, no son situaciones idénticas, pero lo bastante cercanas como para acometer el estudio estructural del fenómeno. Cuanto menos, un estudio que nos permita comprender mejor el mundo de los jóvenes.
        Debemos hacer que el adolescente sienta y vea las bondades de la clase de música, de lo contrario él seguirá pensando (sintiendo) que, si bien eso lo ayuda o podría ayudarlo, nadie debe tomar decisiones afectivas por él. Este es el estricto punto de la cuestión: el afecto, lo emocional, los sentimientos. La idea es partir del afecto y no de la técnica.
        Podemos resumir lo dicho hasta aquí con el planteo siguiente: El interés del adolescente por la clase de música es directamente proporcional al impacto afectivo que ella genere. Formulado de esta manera, con el útil toque matemático, tal parece que el adolescente habrá de guiarse exclusivamente por sus sentimientos. Sí, así es. La realidad muestra que ese será su comportamiento, resulta absurdo seguir 'creyendo' en extraños abordajes educativos que omiten de manera sistemática al ser interno del joven. Por otro lado, debemos estar en condiciones de aceptar y comprender que la negación u omisión del trabajo educativo desde los sentimientos del educando se convierte con frecuencia en desatención y muchas veces en actitudes agresivas. Una vez ganado cierto terreno dentro del plano afectivo, de habernos ganado verdaderamente su confianza, será el momento probable como para incluir contenidos de carácter más técnico.
        Para los educadores que hemos abrazado esta carrera con empeño y pasión, nos resulta bastante natural el hecho de "dividir" lo racional de lo afectivo; forma parte del "oficio" de educar. Pero para el educando, esta manera, este modo de proceder, le resulta "frió" o sin un sentido tan concreto como lo podría tener el aprender geometría. Observemos, y el ejemplo viene muy a cuento, que en ésta última si no hay una educación de por medio, habremos de quedarnos huérfanos del conocimiento geométrico, mientras que con la música no ocurre semejante cosa. Uno no queda huérfano de la música; y no podemos ser tan pretenciosos, y algo soberbios, de decir "huerfanos del conocimiento musical". (Es importante recordar que lo dicho sólo es válido para la enseñanza general ya que dentro de estudios profesionales sí existe orfandad, y muy pronunciada.)
        Todo nos indica, a través de la experiencia cotidiana y directa con adolescentes, que ese conocimiento, aquél que dentro de nuestra querida disciplina nos enseñaron a enseñar, no es tan apetecible como pensábamos -apetecible de por sí-; nosotros, como educadores, debemos convertirlo en apetecible. Con este enfoque, comienza a aparecer una diferencia: conocimiento no espontáneo y conocimiento sensible o espontáneo. La brecha se hace cada vez más grande en la medida que nuestros alumnos tienen mayor edad. Un adolescente no quiere que se entrometan en su mundo afectivo, acepta sugerencias y opiniones de sus pares pero no de un docente que le está diciendo que tal o cual obra tiene introducción, tema, desarrollo y final; simplemente no le interesa. Él toma partido por la música que le gusta pero no sólo eso, es un crítico natural de aquello que le gusta. Será la moda, seguir el ejemplo de amistades... no importa, el hecho es que se siente con poder como para arreglárselas solo.
        Un adolescente bien puede plantearnos ¿Para qué me enseñan eso si ya lo sé? ¡Y si no lo sé, tanto me da! "Lo que deseo es estar en mi mundo y compartir afectos con mis amigos".
        ¿Qué hacemos frente a este tipo de planteos? Es posible que en el mismo razonamiento del adolescente se encuentren algunas claves para iniciar respuestas efectivas. Veamos que el joven parte de una visión muy concreta y acotada del mundo. El mundo, para él, es un mundo sensible, alejado de la concepción técnica por la cual un adulto entiende que esto o aquello le hará bien, que le brindará un beneficio a futuro. El adolescente no ve el futuro en términos adultos, más bien ve el ahora, el ya mismo. Si consideramos esta visión de fuerte presente creo que no sería difícil acceder a una idea primaria para penetrar en su mundo, o mejor dicho para acompañar el tránsito por ese mundo. Arreglando un poco lo expuesto podríamos decir que el punto inicial para la Educación Musical es el presente real del adolescente.

Presente real del adolescente

        ¿Acaso hay presentes irreales? Sí, son aquellos que los educadores diseñamos sin importar a quienes estemos educando, inventamos un presente -seguramente una proyección del nuestro- y nos obstinamos en que sea un presente real para todos; una suerte de verticalismo que sólo puede surgir de la neta incomprensión del hecho de educar. Es harto peligroso pensar en que "debo impartir lo que es bueno para ellos aunque todavía no lo entiendan". Desde luego que este pensamiento es acertado en varias disciplinas pero no precisamente en Educación Musical. Resulta evidente que no enseñaremos "cosas malas" pero ¿cuánto de buenas y realmente importantes para ellos?
        Una de las situaciones más vistas es aquella en la que el docente no se involucra en el mundo del adolescente, desconoce los grupos musicales de moda, la rítmica, los instrumentos, no ve conciertos de rock, etc. ¿Hace falta saber todo esto? Por supuesto que hace falta. ¿A usted se le ocurriría reparar un motor con escasos conocimientos sobre el tema?


        Los educadores de adolescentes deben ser "eruditos" de los usos y costumbres de sus educandos, recién allí será posible el hecho de plantearse un acercamiento real. Esto no implica en modo alguno convertirse en adolescente o "hacerse el adolescente" para ganar la simpatía de los alumnos. Los roles siempre son docente-alumno, pueden tener amistad y hasta cierta confianza pero no son amigos.
        El presente real de un adolescente es intercambiar letras de canciones, asistir a conciertos rock, discutir que esta banda es mejor que aquella otra, recitar de memoria los nombres de centenares de músicos, hacer la mímica como si estuviera en un escenario, ir a bailar, cantar con todas sus fuerzas. También conoce los movimientos de rock sinfónico y suele disfrutar mucho cuando algún grupo dentro de sus favoritos reinterpreta una obra de música clásica. Saben mucho más de música de lo que pensamos, ese es su mundo y lo viven natural e intensamente.

Jaque al Docente

        Como contrapartida sería interesante que nos preguntáramos cuánto sabemos de lo que ellos saben.
        Formularé un grupo de planteos y preguntas a manera de test, intente darles respuesta. Sea sincero en las contestaciones, no demore más de un minuto en responder a cada ítem.

1. Mencione dos marcas importantes de guitarras eléctricas
2. Mencione el nombre de 6 bandas musicales actuales de su país
3. Mencione el nombre de 3 bandas musicales actuales internacionales
4. Reconozca Heavy Metal y Reagge
5. Indique las diferencias y nombres entre, por lo menos, tres tipos de rock pesado
6. Indique el nombre de 5 cantantes de música rock
7. Indique con cuál canción se hicieron famosos esos cantantes
8. Describa con detalles una batería moderna
9. Explique qué es slap y cómo se lo obtiene
10. Qué es un slide y cómo se logra
11. Qué es un MP3

        Además de su propia experiencia, la que acaba de vivir con estos planteos, ¿qué cree que contestaron sus colegas de otras latitudes o de su misma comunidad?
        Todos los docentes sabemos cuál es la respuesta a la pregunta precedente. Frente a esta realidad no debe caerse en el desgano o peor aún en la depresión. Como docentes sabemos que el mejor remedio para la ignorancia es la educación, en nuestro caso podemos llamarlo re-educación pero mejor todavía, por lo preciso, capacitación docente. El problema es que no siempre poseemos el tiempo o disponibilidad de oferta de cursos para esa capacitación. Por otro lado este tipo de reestructuración es muy personal, muy íntima, no se presta para un taller. Muy por el contrario, es tarea óptima para que el docente trabaje solo; hoy con la inestimable ayuda de Internet las cosas han cambiado de plano y es posible conseguir en ella casi todos los materiales que podrían interesar a un adolescente.

Juego de intereses

        Por las cosas que venimos diciendo, bien podríamos afirmar que la motivación educativa debe estar fundada en el conocimiento. Sin embargo aquí pueden plantearse mezquinos intereses que habrán de colaborar en agrandar la barrera entre educador y alumno.
        Es claro y comprensible que un docente quiera transmitir todos los conocimientos adquiridos en su vida académica y en su experiencia profesional, de hecho es su razón de ser. Ha estudiado muchos años y resulta evidente que necesita realizarse a través de dar buen cauce a lo que sabe. Pero nos encontramos con un grave problema que en términos generales podemos enunciar así: lo que desea enseñar un docente no es lo que desea recibir un adolescente. No hablemos ni de malo ni de bueno, sólo de intereses; de esa manera podremos ver mejor el origen de buena parte de las dificultades en torno de la motivación.
        Ambas partes, docentes y alumnos, deben hacer al menos un pequeño esfuerzo para acercarse, para poder celebrar el fenómeno educativo. No hay dudas de que el primer paso y ejemplo lo debe dar el docente. Esto no significa claudicar en su saber, se trata, en principio, de asignar más tiempo en lo que los adolescentes demandan como elementos prioritarios. Una vez que demostramos el poder de satisfacer reclamos -razonables, obviamente-, entonces será posible que ellos accedan a ir a la ópera con nosotros o que elaboren en conjunto un mapa musical del siglo XIX. Hay contenidos que no pueden -no deberían- ser soslayados, esto lo sabemos; además en ningún momento debe entenderse otra cosa.
        Los adolescentes pueden volverse insólitamente trabajadores si la motivación es la correcta. Es cierto que al primer paso del que hablaba más arriba podría no sobrevenir paso alguno por parte de los adolescentes, depende esto de varios factores, el más común es el tipo de vida cotidiana que rodea al joven. Pero más allá de esto, el docente debe asumir dos cosas con total y crudo realismo:

1. Estar dispuesto a dar siempre el primer paso sin esperar a cambio una acción recíproca
2. Saber adaptarse a las personas y a los tiempos

        Sé muy bien cuánto y cómo duele a un educador novel tener que leer esto, lo sé. Lo que tal vez no sepa un principiante es que un docente de verdadera cepa y con acumulada experiencia tiene como primera máxima el siguiente pensamiento:

Jamás resignarse a no transmitir conocimientos considerados fundamentales

        Este es precisamente el hecho. Pensar en que si hoy no están cumplidos algunos objetivos tal vez mañana se puedan lograr. Es mejor la demora en el tiempo a una pérdida total de los contenidos por no haber sabido motivar correctamente.

Finalmente

        Hemos establecido la importancia de la motivación dentro del universo adolescente. También vimos que muchas veces el fracaso es el fruto de nuestras propias ignorancias.
        El gran principio motivador para cualquier ser humano consiste en hacer que éste hable de él mismo, de sus cosas. A partir de allí iremos "negociando" a fin de obtener un adecuado balance entre los intereses del educando y los de la sociedad educadora expresados a través del docente. Motivar a un adolescente es fácil, lo difícil es mantener esa actitud durante todo el ciclo lectivo.
        Ya para concluir y a manera de resumen, que en modo alguno agota ni abarca todo el tema, podemos decir que la motivación educativa:

-Depende del docente y de su capacidad para resignar los propios intereses

-Debe estar fundada en el conocimiento

-Requiere un docente siempre actualizado y de criterio amplio