TEATRO COLÓN DE BUENOS AIRES
DIARIO LA NACIÓN
MARTÍN LIUT - PABLO BENSAYA
LA NACIÓN, 11 DE JUNIO DE 2000, BUENOS AIRES
ORIGINAL


El teatro Colón se encuentra en pleno corazón de Ciudad de Buenos Aires, República Argentina. Diseñado por los arquitectos Tamburini, Meano y Dormal, fue inaugurado el 25 de mayo de 1908. La ópera Aída, de Verdi, habría de ser la encargada de iniciar, en ese histórico día, una lista interminable de obras maestras que constituye uno de los más preciados tesoros del Colón y del arte mundial.

Click para ampliar. Frente del Teatro Colón de Buenos Aires. Foto de Terrence T.J. Ho

        Desde su misma apertura nos ha brindado sólo sonidos estupendos, acaso para no desentonar con visitas tan ilustres como Strauss o Toscanini.


        Hay consenso mundial acerca de que el Colón es, en ciertos aspectos, la sala musical más perfecta que existe en la actualidad. Importante es remarcar que ninguna sala puede ser considerada "perfecta", y no me refiero a una búsqueda quimérica, y hasta absurda, de lo perfecto, simplemente ocurre que las salas, las buenas salas, tienen algo así como una "especialidad", es decir, suenan excelente frente a ciertos géneros musicales. En el caso del teatro Colón esa especialidad es la ópera, la historia crítica de su trayectoria así lo confirma.

Click para ampliar. Vista del escenario del Teatro Colón de Buenos Aires. Foto de Aldo Sessa

        Sin embargo no es aconsejable dar juicios absolutos ya que la acústica de salas conforma un hecho ciertamente complejo además de ser relativamente nuevo para la ciencia moderna. Cada vez sabemos más sobre el comportamiento del sonido en las salas de concierto, también sabemos más acerca del comportamiento auditivo, aún dentro de ese panorama nos encontramos muy lejos de poder construir salas excelentes a entera voluntad, las pruebas cuantitativas están a la vista. Justamente ese es uno de los puntos, el azar y hasta cierta cuota de suerte, que le otorga a las grandes salas aún más pergaminos de los que con justicia han acreditado a lo largo de sus respectivas trayectorias.
        El artículo que presento aporta buena información, casi sin tecnicismos, respecto del mágico mundo de la acústica de salas y en especial la del Teatro Colón de Buenos Aires. El melómano encontrará explicaciones bien argumentadas y ricos detalles históricos, el estudiante y el músico sacarán buen partido del escrito sobre todo dentro del concepto general de la difusión sonora. En todos los casos el documento es muy instructivo, vale la pena su lectura y análisis en las clases de orquestación.

Ideas para estudiantes y profesores

        Con los datos que provee el documento he confeccionado: una lista de factores vitales y una tabla con las salas más favorecidas por las opiniones así como las que tuvieron que conformarse con los últimos puestos. Luego vienen las actividades recomendadas.

Acústica de Salas

Factores vitales


Más factores


Más de 20 directores eligieron las mejores salas del mundo

Sala

(sobre un total de 23)

País

Puntaje

(máx. 5)

Teatro Colón

Argentina

4,5

Scala de Milán

Italia

4

Ópera de Dresde

Alemania

4

Teatro Nacional de Tokio

Japón

4

Ópera Cómica de Berlín

Alemania

2,5

Bastilla de París

Francia

2,5


Actividad teórico-práctica

Actividad 1 -Para el conservatorio-

        El alumno trabajará en estudiar y responder con amplitud a los factores vitales. Inicialmente debe valerse exclusivamente de los datos provistos por el presente texto, luego buscará en fuentes algo más técnicas. Una vez que los parámetros básicos que actúan en la acústica de salas estén medianamente asimilados será momento de ir, en grupo, en lo posible con el profesor, a una buena sala de conciertos para experimentar "conscientemente" todo lo realizado como trabajo teórico.

Actividad 2 -Para el conservatorio y la escuela secundaria-

        El profesor propondrá la reverberación, por ejemplo, y los alumnos, formados en grupos de trabajo, responderán primero con los elementos que brinda el texto actual para luego profundizar los conocimientos con otros materiales idóneos. Deberán indicar cómo repercute dicho parámetro en diferentes salas, podrán, para dicha actividad, ir a una sala excelente y a otra reputada como mala.

Actividad 3 -Para escuela secundaria-

        Proponer la discusión de este documento para que los mismos alumnos adviertan las enormes diferencias entre sonido natural y sonido amplificado. Trabajar sobre la idea de que muchos géneros musicales, como el rock, no requieren, como elemento primordial, del auxilio de la sala para producir sus mejores sonidos. Instar a que los jóvenes analicen la situación del compositor académico que necesita estudiar detenidamente las relaciones entre la orquestación y las salas de concierto, que esto es parte del oficio.

Pablo Bensaya, junio de 2000

Introducción

        Cuando se diseñó el Teatro Colón, lo más seguro para lograr una sala con buena acústica era copiar algún modelo exitoso. Aquí, fue la Scala de Milán la que, cuando la Argentina soñaba con un futuro imperial, fue calcada con "aumento": el volumen del Colón es bastante mayor que su par italiano, lo que -según la teoría- podría haber resultado un desastre debido a la pérdida de las proporciones originales.
        Sin embargo, el milagro se produjo y, ahora, la acústica puede explicarlo, según comentó en diálogo con La Nación, Leo L. Beranek, el autor del trabajo en el que 22 directores de todo el mundo eligieron al Colón como el de mejor acústica para la ópera. Según el legendario especialista, la acústica actual desterró casi por completo el factor suerte a la hora de construir una sala de ópera o conciertos. "No hay necesidad de tener buena suerte, lo que se necesitan son arquitectos que construyan de un modo tal que haga que los ocho factores acústicos clave estén lo más cerca de lo óptimo posible".


        Según Beranek, por fin se pueden hacer cálculos ciertos para lograr que una sala "suene" bien, precisamente mediante el análisis comparativo entre los teatros más importantes del mundo y la opinión de los músicos.

Los números mágicos

        Un factor de análisis, conocido desde hace tiempo pero de vigencia permanente, es el tiempo de reverberación. Simplificando, indica cuántos segundos transcurren desde que una fuente (voz o instrumento) deja de emitir un sonido, hasta que se extingue por completo.
        Un método simple para chequearlo es aplaudir: en una iglesia pasan varios segundos hasta que el sonido se extinga, por el tamaño del lugar y porque se refleja en las paredes. Por el contrario, en un estudio de radio, de poco tamaño, lleno de cortinas y alfombras, el sonido se extingue casi inmediatamente.
        "Para ópera, el ideal está alrededor de 1,5 segundos de tiempo de reverberación. Es justamente el que tiene la sala del Colón. Así, la música suena viva, pero sin llegar a empastarse", explica Beranek.

Palabras vs. música

        De todos modos, cuando se trata de teatro musical lo que se gana en un aspecto puede perderse en otro. Lo que es útil para la música no lo es para el teatro de prosa. En el caso del Colón, no es fácil comprender el texto que entona un cantante.
        El ingeniero acústico argentino Gustavo Basso apuntó una razón: "El tiempo de reverberación del Colón es muy alto, comparado con el de las salas de ópera europeas. En ellas, el público exige que el texto, en idioma nativo, pueda comprenderse. En la Argentina casi todas las óperas se cantan en italiano, alemán o francés, pero no en castellano. La acústica del teatro se orienta a privilegiar ante todo la calidad del sonido musical, en desmedro de la inteligibilidad del texto".
        Otro de los grandes descubrimientos de la acústica y que el Colón posee es el conocido como difusión. Beranek comprobó que lo ideal es lograr que el sonido "se difunda alrededor de uno, no llegando sólo del frente o de alguna superficie que produzca eco".
        Como explicó Basso, docente de acústica en las universidades de Buenos Aires, La Plata y Lanús, en el teatro porteño "el sonido se difunde de modo parejo y en todas direcciones gracias a la disposición de los palcos y a la profusa decoración en altorrelieve".
        Así, los barrocos adornos de una sala como la del Colón dejaron de ser un mero lujo, para pasar a cumplir una función estructural en el logro de una buena acústica.
        Las malogradas salas despojadas de toda ornamentación construidas a mediados del siglo XX fueron las que sacaron a la luz esta peculiar necesidad de formas "irregulares" que tiene el oído para disfrutar de la música. "Intimidad" es otro factor novedoso y fundamental, que fue definido por Beranek como "el intervalo de tiempo entre la llegada del sonido directo y el que proviene de los rebotes en las superficies de la sala. Este no debería ser mayor a 20 milisegundos (un ejemplo extremo sería lo que ocurre por ejemplo dentro de una estación de tren) y en el Colón es de 18.
        También se descubrió la importancia del factor de "espacialidad". "Cuando una persona canta desde el escenario del Colón un oyente en la platea primero oye el sonido que llega directamente del cantante. Inmediatamente se le suman los reflejos de la voz en los frentes de balcones laterales, el techo y las superficies cercanas. Los sonidos que llegan por el reflejo de los laterales son los que producen la sensación de "espaciosidad", definió Beranek.
        Hay otros factores más que en el Colón están cerca del ideal: la claridad (definición de las voces), la proporción de frecuencias bajas (graves) y las ubicaciones de los cantantes en escena ("en una sala de ópera excelente, el cantante debería sonar bien desde una gran variedad de ubicaciones en el escenario").
        Se trata de una serie de parámetros cuantificables los que, como remarcó Beranek, vinieron a confirmar lo que músicos, críticos y públicos ya habían comprobado con sus oídos. Aunque apasionado por el arte al fin, Beranek dejó de lado los fríos números para comentar cuál fue su impresión cuando entró en la sala del Colón por primera vez: "Me pareció tan bello que sólo esperé tener una buena experiencia. Por alguna razón, la música suena mejor en una sala bella. Parece haber alguna interconexión entre la vista y la audición, aún no comprendida".

Modelos

        Vittorio Meano, uno de los tres arquitectos que construyeron el Teatro Colón, explicó en su momento: "El género de arquitectura que hemos adoptado tendrá algo de semejanza con algunos de los mejores y más recientes de Europa, los que al parecerse entre sí dan la prueba suficiente de que una ley, la disposición interna, rige la distribución general de las masas. Así es que nuestro edificio tendrá el privilegio de indicar a primera vista su propio destino"

Encuestas relevantes

        No eran cumplidos: músicos y especialistas de primer nivel internacional coincidieron en que el Teatro Colón posee la mejor calidad acústica del mundo para hacer y escuchar ópera.
        Tan enorgullecedora conclusión se desprende del trabajo "Evaluación objetiva y subjetiva de 23 teatros de ópera en Europa, Japón y las Américas", publicado por la prestigiosa revista de la Sociedad Acústica de América, en enero último.
        El paper, elaborado por Leo L. Beranek y miembros del Instituto Takenaka de Japón, cruza una serie de parámetros objetivos -que explican por qué la sala del Colón funciona tan bien para hacer y escuchar música sin amplificación alguna-, con una encuesta subjetiva, respondida por 22 directores de orquesta de primerísima línea.
        La rigurosidad en las respuestas de los directores se puede comprobar por el simple hecho de que la mayoría pidió el anonimato, ya que algunos teatros fueron juzgados duramente.
        Los participantes tuvieron que asignar un puntaje entre uno ("pobre") y cinco ("uno de los mejores del mundo") a las salas en las que tuvieron la oportunidad de dirigir y escuchar ópera.
        Como resultado de la encuesta, el Teatro Colón quedó primero, solo, con la brillante calificación de 4,5; el segundo lugar mostró un virtual "empate técnico" entre la Scala de Milán, la Ópera de Dresde y el nuevo teatro nacional de Tokio, con 4.
        Entre los teatros que tuvieron la calificación más baja estuvieron la Ópera Cómica de Berlín y la Bastilla de París, que tuvieron un promedio de 2,5 (entre "pasable" y "bueno" según la nómina).

La intuición confirmada

        Desde su inauguración, el 25 de mayo 1908, el Teatro Colón coronó con su acústica las históricas presentaciones de los más notables artistas clásicos del siglo XX. Desde Enrico Caruso hasta Plácido Domingo, de Arturo Toscanini a Claudio Abbado, todos pudieron expresarse como nunca gracias a su mágica respuesta sonora y por eso no se han cansado de elogiarlo.
        Tal vez por eso, quienes lo frecuentan cotidianamente ya se habían acostumbrado a los cumplidos para el viejo y noble Colón.
        Lo nuevo es que las opiniones de los músicos profesionales -calificadas pero intuitivas- son ahora refrendadas objetivamente por la ciencia acústica. Es bueno recordarlo: Tamburini, Meano y Dormal, los tres arquitectos que se sucedieron en la construcción del Colón a principios del siglo XX, consiguieron que su sala en forma de herradura fuera lo que es, a pura intuición.
        Por ese entonces la acústica estaba dando sus primeros pasos y no ofrecía certezas para la construcción de este tipo de salas. Sin embargo, el milagro se produjo, y sólo 91 años más tarde la acústica puede explicarlo gracias a la cuantificación de ocho parámetros objetivos, según fueron definidos por Beranek.
        Algunos de estos parámetros son conocidos desde hace tiempo. Otros fueron tomados en un principio como irrelevantes, pero se descubrieron en su verdadera dimensión después de algunos estrepitosos fracasos.
        Entonces ¿el Teatro Colón es perfecto? La respuesta es no porque no existe una sala de conciertos en la que, por ejemplo, todas las butacas tengan una audición perfecta y buena visibilidad.
        La acústica ha avanzado mucho, pero está lejos de tener una explicación detallada e integral de las causas que permiten obtener salas de nivel superior como el Colón. En la actualidad, se siguen construyendo teatros de acústica deficiente que en la mesa de dibujo prometían excelencia.
        Por eso la acústica investiga teatros como el Colón, para intentar develar sus secretos, pero no les otorga la destacada posición cultural que ocupan. Como bien subraya Beranek en su trabajo, "son los músicos y el público los que deben opinar".

Opiniones calificadas

        Realizar una lista con los artistas más notables argentinos y extranjeros que pasaron por el Teatro Colón, desde su inauguración en 1908, escapa al espacio de esta producción.
        Lo seguro es que cantantes, directores, orquestas e instrumentistas fueron construyendo la leyenda del Colón, a través de innumerables jornadas épicas con las mejores representaciones de ópera, música sinfónica y de cámara y ballet. Desde hace años, los que pisan el escenario del Colón hablan maravillas sobre su calidad acústica y también no dejan de asombrarse de que, a pesar de todo, el teatro siga funcionando.
        Aquí se desglosan las frases de algunos de ellos.

Luciano Pavarotti: "El Teatro Colón tiene un grandísimo defecto; su acústica es perfecta. Imaginen ustedes lo que eso significa para un cantante. Si uno hace algo mal, se nota enseguida".

Birgit Nilsson: "Me enamoré del Teatro Colón a primera vista. El teatro estupendo, la acústica ideal y el público entendido y entusiasta: todo esto combinado es realmente único".

Regine Crespine: "Cuando se pronuncia el nombre del Teatro Colón no hay un cantante que no enarbole una sonrisa de entusiasmo. En todo caso, es mi reacción. Adoro ese gran teatro con acústica soberbia".

Sir Thomas Beecham: estuvo en Buenos Aires en 1958, contratado para dirigir "Otello", "Carmen", "Sansón y Dalila" y "La flauta mágica". Se pasó aquí tres meses. Cuando volvió a Londres declaró: "En Buenos Aires hay un bello y viejo teatro. Un bello teatro con buena acústica y buena tradición tras él, pero abandonado a la destrucción y a la rutina, sin la menor semblanza de una dirección inteligente. En realidad, un monumento a la desorganización. Cómo continúa funcionando, es un misterio para mí".

Plácido Domingo: "El Colón es un teatro maravilloso, yo diría casi incomparable con otros del mundo, porque suma a una historia artística formidable desde su inauguración en 1908 una elegancia subyugante y una condición acústica casi ideal. Pero lo que más me ha impresionado siempre de este teatro fueron la calidad de su orquesta y coro, así como esa maravilla de contar con talleres que te resuelven cualquier problema en contados instantes. Que un par de zapatos te molesta, o que la peluca está despeinada, o, en fin, un traje que no cae bien, pues en el Colón siempre hubo solución inmediata".

Richard Strauss: "En la vanguardista Buenos Aires, en el magnífico Teatro Colón, el éxito de las obras nuevas fue inmenso; el público se familiarizó de inmediato, con sorprendente presteza ante las mismas ¡Con similar rapidez nunca reaccionó el público de Viena!", 1923.

Beverly Sills: "El Colón para mí significó un inmenso placer al ser invitada a uno de los pocos realmente grandes teatros líricos del mundo. ¡Júbilo y asombro tuve ante la acústica de ese grandioso auditorio!"

Pieter Wispelwey: "Durante los recitales con las suites de Bach me quedé completamente impresionado por la cualidad de la acústica del Colón. La sala es increíble, pero además fue notable lo concentrado que estuvo el público."

Claudio Abbado: el más reciente visitante ilustre hizo su debut en el Teatro Colón dirigiendo en dos conciertos inolvidables a la Filarmónica de Berlín, que también se presentaba por primera vez en la Argentina. Al finalizar el primer concierto le comentó al director general Juan Carlos Montero que lo que más le había sorprendido de la acústica del Teatro fue "la notable respuesta de la sala que hace sentir que el sonido vuelve reforzado".

(*) Testimonios tomados del archivo de La Nación, y del libro "Vida y gloria del Teatro Colón", de Manuel Mujica Lainez y Aldo Sessa, Ediciones Cosmogonías