PREFACIO E INTRODUCCIÓN
CURSO DE INTERPRETACIÓN
ALFRED CORTOT [1]
RICORDI AMERICANA, BUENOS AIRES, 1934
Trad. ROBERTO J. CARMAN, ORIGINAL FRANCÉS [2]


Alfred Cortot, 1877-1962, suizo. Procesado sobre datos de http://www.classicrecordcollector.com

La firma de un grande. Procesado sobre datos de http://www.boesendorfer.com

Antes de dar la palabra a Alfred Cortot, por la mano de Jeanne Thieffry (véase la nota 1), y a ella misma, vemos importante proveer sus datos biográficos.

Alfred Cortot

        Nació en Nyon, Ginebra, el 25 de septiembre de 1877. Pianista concertista y director de orquesta, estudió en el Conservatorio de París. Fundador, en 1902, de la Société du Festival Lyrique, en 1903 de la Société des Concerts Cortot, en 1904 director de la Société Nationale. Se desempeño, a partir de 1907, como profesor de piano en el Conservatorio de París. En 1905 comienza a integrar un trío, uno de los mejores del siglo XX, junto a Jacques Thibaud (violinista, 1880-1953) y Pou -Pablo- Casals (violoncelista, 1876-1973). El trío no existía de manera formal, sus miembros se unían para realizar giras de conciertos. Cortot ha sido considerado un notable tanto como solista como ejecutante de música de cámara. Escribió, siempre sobre música, gran número de artículos para varias publicaciones. Difusor de la música de Wagner en Francia. Murió en 1962.

Prefacio

        Sólo puedo comparar a la ingeniosidad adivinatoria de un Cuvier, reconstituyendo un organismo entero con ayuda de algunas vértebras dispersas, el talento desplegado por Jeanne Thieffry en la redacción de estas páginas. Ha sabido coordinar en un todo lógico una serie de observaciones motivadas por las interpretaciones diversamente orientadas de los alumnos que, desde hace varios años, siguen mis cursos de la Escuela Normal. Ha sabido darles una apariencia coherente y retener de ellas sólo aquello que puede responder, de una manera general, a las preocupaciones del profesor o del ejecutante. Es ello una hazaña pedagógica que me deja un tanto perplejo y me autoriza en cierto modo a preguntarme como el otro, con la misma sorpresa satisfecha, e incluso sin eliminar la enérgica interjección de la cita: '¡Diablo! ¿De dónde saca mi espíritu todas estas lindezas?'


        Admito que un sentimiento similar de entusiasmo por las mismas obras y que muchas y simpáticas conversaciones sobre las manifestaciones de nuestro arte hayas podido ayudarla a completar resúmenes formulados apresuradamente en el curso de una ejecución más o menos correcta. A partir de un cierto grado de intimidad artística, casi no es necesario sino esbozar una idea para que su conclusión se imponga por sí misma al espíritu amigable interlocutor. Pero la manera en que Jeanne Thieffry ha definido e intensificado mis reacciones en presencia de ciertas interpretaciones, me vale el raro privilegio de poder controlar bajo una pluma ajena la sinceridad de mis impresiones, a falta de otras cualidades.
        Se lo agradezco aquí de todo corazón, y deseo a este libro, obra suya no mía aunque ella así lo diga, que conquiste para nuestras ideas sobre la interpretación musical, a todos aquellos que le hagan el honor, como a mí también, de confrontarlo con las obras que en él se tratan.

Alfred Cortot

Introducción

        Al ofrecer al lector este resumen de los Cursos de Interpretación de Alfred Cortot, deseamos en primer término calmar su temor de defraudar su esperanza de hallar en él una relación novelada de sus lecciones.
        Lejos de tender a marcar este libro con un acento personal, nos hemos empeñado, en la medida de lo posible, en permanecer ausentes de estas páginas. Queremos hacer oír la voz del eminente intérprete y no la nuestra.
        Nuestra finalidad, al redactar esta obra, fue la de acumular la máxima cantidad de esa substancia espiritual que hemos recogido, con entusiasta devoción, en el curso de numerosos años, durante los cuales el maravilloso intérprete aportó a sus discípulos, con tanta sencillez como generosidad, la suma de sus indagaciones y de sus experiencias.
        Nos hemos abstenido de todo agregado, aunque sólo fuese para aclarar una intención, y nos hemos esforzado por alcanzar el extremo de nuestra capacidad, y ordenar a claramente, con la mayor cohesión posible, todo aquello que, de la enseñanza del maestro, pudiese subsistir en el papel.


        A fin de evitar toda falla de memoria, hemos confrontado constantemente nuestras notas personales con la estenografía de los cursos, lo que nos ha permitido conservar, en nuestra redacción, los mismos términos con los cuales Cortot había definido, tan acertadamente, los caracteres o el movimiento de la expresión musical, y la flor de su lenguaje preciso que se amolda a todos los matices de la sensibilidad.
        A veces también, gracias a ese método de trabajo hemos podido corregir ciertos errores que se habían deslizado en la estenografía y llenar las lagunas inevitables, ya que a veces las lecciones adoptaban la forma de conversaciones con el alumno.
        La dificultad y la complejidad de nuestra tarea eran grandes. Sirva ello de excusa ante aquellos que la hubieran deseado mejor realizada.
        No podemos menos que comprobar, en efecto, la distancia existente entre esta relación escrita de las lecciones de Cortot, y esas lecciones mismas. El gesto que completa la idea, el tono que la hace resaltar, la mirada que persuade, y más aún, el ejemplo expuesto en el piano y su virtud iluminadora, escapan a toda anotación, escapan a toda anotación. Sólo aquellos que vivieron con nosotros las horas preciosas cuyas cenizas subsisten aquí, las recordarán al releer ciertas frases cuyo eco habrá persistido en sus recuerdos.
        Hemos decidido presentar estos estudios en el marco de las
Formas.
        Las obras que en ellos se tratan figuraron varias veces, con algunos años de intervalo, en los programas de los cursos consagrados ora a la
música de programa, ora a las obras maestras del siglo XIX, ora a las obras de forma fija.
        Hemos reunido las observaciones provocadas por algunas de ellas, estudiadas por turno como obras de
inspiración literaria, por ejemplo, luego como sonatas y después como tipos representativos del romanticismo musical.
        La abundancia de nuestras notas nos ha obligado a hacer aparecer en este volumen sólo el conjunto de las lecciones consagradas por Cortot a las obras de
forma fija, es decir al Preludio y fuga, a la Suite, a la Sonata, al Concierto y a la Variación, dejando para más tarde la terminación de un trabajo concerniente a las obras de forma libre: Fantasías, Nocturnos, Baladas, Impromptus, obras inspiradas por la danza o por la música popular, etcétera.
        A fin de facilitar el trabajo del lector, de situarlo de inmediato en el ambiente de los Cursos y de familiarizarlo con las ideas sobre las cuales Cortot funda toda su enseñanza, hemos agrupado en un primer capítulo los consejos que atañen a la
interpretación y al papel del intérprete.
        Siendo las lecciones de Cortot sobre todo 'lecciones de amor al arte', según su expresión, en ellas no sólo los pianistas hallarán indicaciones valiosas relativas a la técnica del piano, sino también todos los
intérpretes, cualquiera que sea su especialización instrumental, recogerán allí opiniones de una utilidad indiscutible.
        Incluso todo
artista hallará provecho leyendo este libro, y sobre todo releyéndolo. Los dominios del arte no están tan separados como se lo supone a veces. Cuando un exégeta de la calidad de Cortot aborda un asunto, lo domina desde tan alto que las sugestiones que difunde desbordan los límites de un arte particular, y con mayor razón de una rama de ese arte.
        Muchos artistas cuya actividad se ejerce fuera de la música se unen, por lo demás, cada año, a los instrumentistas que forman el público ordinario de los Cursos.
        Cortot enseña al artista a conocerse y a afinarse al diapasón de los instrumentos cuya traducción estilizada se propone. Le enseña a recoger y transportar a la expresión poética las impresiones que despierta también la potente Naturaleza, a la que los grandes creadores interrogan, tanto como interrogan a su propia alma.
        Los consejos de un gran pianista dirigiéndose a pianistas no bastarían para crear esa atmósfera de exaltación en que vivimos complacidos durante un mes de cada verano, ni para motivar esas ovaciones frenéticas que acogen a Cortot cuando con rapidez, y con el deseo, al parecer, de abreviar esas ruidosas manifestaciones de entusiasmo, gana la tribuna, ante la pequeña mesa de tapete verde desde donde nos va a hablar.
        Al no querer extinguirse los aplausos, Cortot hace un gesto de apaciguamiento, pide silencio con sus manos expertas en sortilegios.
        Y se eleva su voz, de la cual esperamos tantas altas revelaciones. Nítida y bien timbrada, modula las palabras y las ideas con la misma flexibilidad, con la misma facilidad con que sus dedos modelan los sonidos.


NOTAS
1. Compilación y redacción de Jeanne Thieffry.
2. Copyright 1934 by R. Legouix Librairie Musicale. París. Únicos editores autorizados de la versión española: Ricordi Americana S. A. - Editores - Buenos Aires. Todos los derechos de la presente edición y traducción están reservados para todos los países.