Respuestas a temario diverso
- Sí, Sviatoslav Richter enseña en el Conservatorio de Moscú. No le gusta mucho el trabajo pedagógico, pero Gilels, en cambio, lo realiza con todo gusto.
- Son muchas las orquestas que tenemos. Si no me equivoco, en Moscú hay siete orquestas. Las salas no son tantas, por esto una orquesta empieza a ensayar a las 9.30, otra a las 11, y así sucesivamente. Lo mismo sucede en Leningrado.
- En lo esencial, en la Unión Soviética, la distribución del repertorio se hace exactamente como en las demás partes del mundo. Se busca la proporción lógica y racional entre la música clásica extranjera, la música clásica nuestra y la música de vanguardia. Disponemos de un sistema de abonos, así como el que tienen ustedes aquí, y cada cual puede comprar el abono que prefiere. Pero nosotros tratamos por todos los medios que, dentro de cada abono, haya también música soviética contemporánea y obras de compositores extranjeros no muy alejados en el tiempo. Tratamos de que figuren las mejores obras de la música rusa. Por supuesto que siempre se interpreta todo Brahms, todo Wagner, Mozart, Beethoven, Sibelius. Es mucha la música de origen extranjero que se ejecuta en nuestro país. Hay quien piensa que es demasiada música extranjera. Pero, en eso, yo no veo nada malo. Para poder elevarse a las alturas experimentales, hay que estar firmemente parado sobre el basamento académico. El arte académico que hoy conocemos, ha sido verificado por el tiempo y no debemos avergonzamos de nuestra propia cultura musical.
- Pregunta: ¿Qué conocimiento hay en la Unión Soviética, actualmente, de la música culta latinoamericana?
- Respuesta: Este es un tema del que no suelo ocuparme. Quiero recordarles que yo soy el director general del Teatro Bolshoi, de ópera y ballet, y la mitad del tiempo la dedico a mis obras predilectas de música sinfónica: Beethoven, Wagner, Brahms, Mozart, Dvorak, Smetana.
- Quiero aclarar que no es absolutamente obligatorio que el resultado (estilístico) sea siempre el mismo en cualquiera de las orquestas del mundo. Por ejemplo, ahora debo viajar a Alemania Federal y dirigir la Tercera Sinfonía de Tchaikovsky. Por más que yo me empeñe, no resultará la misma Tercera Sinfonía que hemos ejecutado en la Argentina. Es otra la orquesta, es otro el público, es otra la acústica de la sala, es otro el estado de ánimo, es otro el tiempo.
- La escuela de dirección orquestal de la Unión Soviética tiene varios conservatorios: Moscú, Leningrado, Kiev, Novosibirsk, etcétera. Son demasiadas escuelas, y en el futuro queremos concentrarlas. Existen tantas opiniones sobre el mismo tema, como tantos directores y pedagogos. Al igual que en la ciencia, para discutir acerca de un tema, primero hay que precisar los términos de la discusión. Indudablemente, cada artista tiene su punto de vista sobre un mismo asunto. No obstante, en nuestro país existen concursos de jóvenes directores de orquesta. Hace poco finalizó el quinto concurso de este tipo. Se desarrolló durante dos semanas, en Moscú. Entre los miembros del jurado había 18 de los más destacados pedagogos y directores en actividad. Cuando cada día analizamos el desempeño de cada joven director, intercambiamos opiniones sobre temas de fondo, lo cual, para un pedagogo, es sumamente útil, y pienso que en el futuro trataremos de aproximar aún más nuestras distintas posiciones.
- Hay, en pintura, una escuela Rembrandt, una escuela Van Dyck, una escuela Rubens. ¿Por qué tiene que parecerse una a la otra? Sería realmente calamitoso que fueran similares. Los principios pedagógicos, indudablemente, tienen que ser básicos y comunes, pero en el orden de la creatividad, la cosa es libre.
- No se puede prever absolutamente todo lo que sucederá durante el concierto. Por más minuciosamente que el director haya preparado el trabajo, pueden surgir imprevistos. Creo que está clara la respuesta. Sucede como en el fútbol: quisieron hacer el gol, de tal manera, pero resultó diferente, o bien no hubo gol. Bueno, ahora hablando seriamente, puede suceder que alguno de los músicos haya cambiado algo, olvidado algo en la marcha del concierto, Depende, indudablemente, de que el desliz haya sido muy pequeño, o bien de que haga al fondo de lo que haya que expresar. En ese casó, el director deberá buscar la forma de hacer alguna indicación para corregir el desenvolvimiento. Esto es lo que diferencia a un verdadero director musical; de quien usa ideas, o es un director regular.
- Para llegar a ser director de orquesta, al igual que para cualquier otra profesión, inicialmente hay que tener talento. Esto se sobreentiende, pero debo aclarar que en el camino de la formación de un director, lo acechan una cantidad muy grande de dificultades. Básicamente, el estudiante que termina sus estudios de dirección, debe tener un lugar para trabajar, o una orquesta propia. Como ustedes comprenderán, no todos pueden, porque son muchos más los directores que las orquestas. Mucha gente comprendió que es bastante fácil ser director, y por esto aumentó la cantidad de directores de orquesta. Y aumentar la cantidad de orquestas en la misma proporción, es imposible. O bien, el estudiante debe trabajar en un teatro de ópera. Tampoco hacen falta muchos directores en un teatro de ópera. De esta manera, el joven director, que está privado de una práctica frecuente, es muy difícil que desarrolle rápidamente sus condiciones. Nuestra profesión es hasta tal punto compleja, que conocer teóricamente todos sus misterios, sentado a una mesa, es prácticamente imposible. Talento más trabajo, es lo que solemos llamar "escuela". Eso implica ensayar la técnica de las manos, una correcta colocación y una importante cultura interior: debe saber de filosofía, pintura, escultura, literatura. No quiero decir un conocimiento profundo de cada una de las artes, pero sí conocimientos generales. En el momento en que el director está frente a la orquesta, debe ser artista. Es posible que durante el trabajo preparatorio, todo haya sido hecho excelentemente bien, pero en el momento de la ejecución puede darse el caso que uno no haya realizado ni siquiera la mitad de lo que puede hacer. Todo esto es muy complejo. Yo pienso que, el director llega a constituirse como tal, sólo a los 40 o 50 años, no antes. Recuerdo el aforismo de Bruno Walter sobre la Sinfonía en Sol menor de Mozart; entre los 70 y 80 años, dijo: "Creo que ahora entiendo como debí haber dirigido esta sinfonía". Estoy convencido de que esa no fue una pose ni una simple frase, sino que realmente es así. Cuanto más avanza nuestra edad, miramos con mucha más profundidad los elementos que conocemos desde antes. Si la persona no lo comprende así, no llegará a ser un gran artista. Permanentemente debemos estar disconformes de nosotros mismos. Hay que ser lo suficientemente inteligente para estar disconformes de lo que hicimos hoy mismo. Y esto no es coquetería: realmente debe ser así. (Aplausos).
- La persona que sabe hacer algo en la vida, debe transmitirlo a los demás. (Aplausos). Me permito afirmar que si alguien no siente la necesidad de transmitir a las generaciones más jóvenes todo lo que sabe, pienso que vive en balde. (Aplausos).
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