DIALÉCTICA
DEFINICIONES FILOSÓFICAS
ENCICLONET, INTERNET, 2000
ENCICLONET, www3.enciclonet.com, 2000
ORIGINAL


Definiciones

{f.} dialectics (Del lat. dialectica, y éste del gr. dialektikh, terminación f. de -koV, 'dialéctico'); sust. f.
1. Arte de discutir o de argumentar mediante discursos: si te quieres dedicar a la política, es esencial que aprendas algunos rudimentos de dialéctica.
2. Conjunto de sutilezas, argucias o argumentos ingeniosos, aunque sin utilidad ni importancia: intuyo que tu discurso no es más que dialéctica destinada a confundirme.


3. [Filosofía] Rama de la filosofía que estudia el razonamiento como arte de aproximarse metódicamente a la verdad: Sócrates era, según Platón, uno de los mejores maestros de dialéctica.
4. [Filosofía] Desarrollo de una idea o teorema mediante el encadenamiento de razonamientos o de hechos: expón brevemente la dialéctica del concepto de "método" en la filosofía de Descartes.
5. [Filosofía] Sistema de razonamiento que analiza las contradicciones que surgen a la hora de estudiar la realidad y que intenta dilucidarlas: la idea de superar los términos de la contradicción en una síntesis creativa es la base de la dialéctica hegeliana.
6. [Filosofía] En la edad media, lógica formal en oposición a la retórica: la dialéctica medieval se basaba casi exclusivamente en la lógica de Aristóteles.

Sinónimos

Razonamiento, argumentación, argumento, razón, raciocinio, discusión, controversia, discurso, oratoria.

Dialéctica

        Término que deriva del verbo griego dialogizomai, que significa discutir, dialogar, razonar juntos. La palabra se usó al principio como adjetivo en expresiones como "arte dialéctico" o "poder dialéctico".

La dialéctica en Platón

        Al decir que la dialéctica fue inventada por Zenón de Elea, Aristóteles se estaba refiriendo presumiblemente a las palabras de Zenón, que refutó algunas hipótesis de sus oponentes extrayendo consecuencias inaceptables de ellas. Pero primero fue aplicada de una manera general por Sócrates, quien, según es presentado en los primeros diálogos de Platón, practicaba constantemente la técnica de refutar el enunciado de un oponente haciendo que, en el curso del interrogatorio, tuviera que aceptar como consecuencia última del suyo un enunciado contradictorio o contrario a su primera postura.
        La dialéctica es para Platón la actitud propia del verdadero filósofo, de aquel que trata de llegar a la verdad por medio del diálogo (tal y como hacía Sócrates), en contraposición a la erística, técnica orientada a hacer triunfar una tesis independientemente de su verdad. La dialéctica era para Platón el método filosófico supremo, el modo de las ciencias, y había de ser el estadio final de la educación formal del rey-filósofo. El diálogo permite contraponer argumentaciones aparentemente opuestas y frecuentemente complementarias, para posibilitar un ascenso a la verdad mediante la explicación de tales argumentaciones.


        En algunos de sus diálogos, Platón identifica la dialéctica con la filosofía misma, y la considera constituida por dos movimientos lógicos inversos: el primero de ellos es la composición o unificación, que consiste en captar la esencia inmutable (en Platón, idea) de las cosas mediante una elevación progresiva desde los objetos de experiencia sensible hasta los conceptos más generales; es decir, lo que comúnmente llamamos abstracción o universalización a partir de lo particular. El segundo es la división (o particularización), mediante el cual se llega a lo particular siguiendo las diferencias internas de los distintos géneros; por ejemplo, de "animal" pasamos a "animal bípedo", y de aquí a "animal bípedo sin plumas", que constituye una posible definición de hombre y, por lo tanto, una particularización de éste en el marco de "lo animal" en general.
        En sus diálogos tardíos (Parménides, Sofista), Platón presenta a la dialéctica como la ciencia que sabe distinguir qué ideas están relacionadas entre sí y cuáles no lo están; en estos diálogos tiene especial relevancia el posible acercamiento entre el ser y el no-ser, posibilidad que había sido rechazada radicalmente por toda la metafísica eleática: toda idea es idéntica a ella misma y, a la vez, diferente del resto de las ideas; toda idea, entonces, participa tanto de la identidad (con ella misma) como de la diferencia (con el resto de las ideas), y en ese sentido es y no es a la vez. El no ser se convierte así en un concepto meramente relativo, que se resuelve al indicar la alteridad de una cosa mediante la confrontación con aquello de lo que difiere; de lo contrario, dice Platón, cualquier tipo de discurso sería imposible, al no poderse admitir ninguna proposición (atribución de un predicado a un sujeto), salvo las tautologías.

La dialéctica en Aristóteles

        La concepción que Aristóteles tiene de la dialéctica difiere en algunos puntos de la anteriormente expuesta. El estagirita considera esta disciplina como una sección particular de la lógica expuesta en sus Tópicos; concretamente, se trata de aquella ciencia que se ocupa del estudio de los razonamientos que son sólo "probables" y que pueden reconstruirse según los esquemas silogísticos. A diferencia del silogismo demostrativo (aquel que da lugar al saber científico por partir de premisas cuya verdad es evidente o universalmente aceptada), el silogismo dialéctico parte de premisas cuya verdad no ha sido comprobada o aceptada previamente, y que son sólo posibles, es decir, admitidas con relativa amplitud. Este tipo de silogismo encuentra su uso típico en la discusión y la controversia (razonamiento crítico), pero no en el razonamiento demostrativo.
        Los estoicos identificaron completamente la dialéctica con la lógica, pero el sentido aristotélico de este término se recuperó con el auge del escolasticismo y prevaleció en el Renacimiento, época en la que fue frecuentemente identificada con la retórica o con la invención lógica.

La dialéctica en Kant

        "La dialéctica trascendental" es el título de la sección de la Crítica de la razón pura dedicada a la crítica de las tres ideas metafísicas de la razón, a saber, la de alma, la de mundo y la de Dios. Las tres designan totalidades que se encuentran más allá de los fenómenos accesibles a la experiencia humana, por lo que Kant refuta su pretensión de validez teorética y los considera distintos tipos de sofismas; por ello, define la dialéctica de la razón como un tipo de "sofística", aunque de algún modo connatural a la naturaleza humana e inevitable para nuestra mente: son engaños no deliberados en los que la razón cae espontáneamente dada su tendencia a sobrepasar los límites de las capacidades cognoscitivas propias del hombre.
        La crítica de la idea de mundo, entendido como totalidad absoluta de los fenómenos físicos, es especialmente relevante en la noción kantiana de dialéctica: la razón, a la hora de analizar esta idea, se topa con antinomias, esto es, contradicciones entre dos proposiciones (tesis y antítesis) igualmente demostrables respecto a varias características del mundo. Para Kant, la tarea de la filosofía crítica es resolver tales antinomias, lo cual puede hacerse de tres formas posibles: mostrando que son ilusorias o meramente aparentes, mostrando que tanto la tesis como la antítesis son falsas o, finalmente, mostrando que ambas son verdaderas, aunque desde distintos puntos de vista.

La dialéctica en Hegel

        El esquema opositivo kantiano de tesis y antítesis será desarrollado por Hegel, aunque con una notable diferencia: para él, la dialéctica es constitutiva de la razón humana porque ésta reproduce en el pensamiento las oposiciones que se dan en la realidad objetivamente; por lo tanto, la dialéctica no se basa en ilusiones o falacias, sino en la realidad misma. El no reconocer esas oposiciones que se encuentran en la realidad es una actitud típica del intelectualismo, guiado por una lógica de la identidad que tiende al estatismo. La tarea de la razón es, para Hegel, doble: por una parte, la razón se enfrenta con la tarea negativa de desbaratar dicho estatismo conceptual; por otra, se topa con la tarea positiva de mostrar la unidad de los opuestos o contrarios, es decir, hacer patente cómo uno no puede darse sin el otro y cómo juntos constituyen, en su momento, un determinado concepto o ente. Es posible encontrar reminiscencias de los diálogos tardíos de Platón en la afirmación hegeliana de que ninguna cosa es solamente ser; cualquier cosa es también negatividad, al estar íntimamente constituida por la relación con las otras cosas que ella no es. Si algo fuese únicamente ser, no sería nada determinado y se convertiría en una especie de divinidad impensable por estar privada de cualidades. Lo "positivo" tiene en sí mismo lo "negativo" correspondiente; los entes no son meramente distintos entre sí, ya que cada uno es definido por su no ser el otro y, al mismo tiempo, es lo que es sólo en conexión con el otro: el bien es bien respecto del mal, la vida se define en la tensión continua con aquello que la amenaza, es decir, con la muerte, etc. Cuando hablamos de este tipo de tensiones u oposiciones, hablamos de oposiciones dialécticas.
        Con Hegel, la dialéctica vuelve a identificarse plenamente con la filosofía, pero se establece una diferencia fundamental con Platón: en éste, la dialéctica requeriría el sacrificio del principio de no contradicción para poder pensar realmente la unidad de los opuestos. Para Hegel, sin embargo, la contradicción ya no es un ocasional error de razonamiento, sino una estructura objetiva frente a la cual la razón no tiene por qué retroceder. Esto último no debe hacernos pensar que cualquier absurdo es admisible; las contradicciones reconocidas por Hegel son sólo aquellas que se definen mediante los diversos pares de opuestos analizados en su forma pura en la Ciencia de la lógica, que posteriormente se llenarán de contenido con el tránsito a la objetividad, en el mundo de la naturaleza y en el del espíritu. Consecuentemente, la resolución de estas contradicciones, o lo que Hegel llama superación de las mismas, no significa su desaparición, sino que indica el momento de la síntesis de las múltiples determinaciones de los opuestos y la constitución de lo concreto (el concepto o realidad) mediante la unidad de los contrarios.
        La contradicción tiene en Hegel, por lo tanto, una función dinámica y constructiva; de este pensador deriva la noción de contradicción para indicar tensiones, conflictos y antagonismos, difundida incluso en el lenguaje común. A partir de Hegel, se habla de dialéctica para denotar una actitud de pensamiento contrario al atomismo y al mecanicismo, guiado por nociones como las de totalidad, acción recíproca, desarrollo, etc. También se utiliza el término, tal y como hizo el propio Hegel, para denotar determinadas posiciones filosóficas del pasado: la filosofía de Heráclito, algunos aspectos de la metafísica aristotélica, el pensamiento de Nicolás de Cusa y el de Fichte.

La dialéctica en Marx

        La influencia de Hegel sobre Marx se pone de manifiesto en toda la obra de este último; él mismo reconocía que Hegel había sido el primero en exponer con amplitud las formas generales del movimiento de la dialéctica, pero afirma que "es necesario darle vuelta, para descubrir así el núcleo racional que se oculta bajo la envoltura mística". El método dialéctico de Marx, según expone en El capital, no sólo difiere en sus fundamentos del de Hegel, "sino que es su antítesis directa. Para Hegel el proceso del pensar, (...) es el demiurgo de lo real (...). Para mí, a la inversa, lo ideal no es sino lo material traspuesto y traducido en la mente humana". Esto no ha sido obstáculo para que Marx utilizara como herramienta conceptual la dialéctica hegeliana en varios de sus análisis, pero la superación de Hegel, entendida como síntesis de los contrarios, no cabe en el discurso marxiano. Marx imprime a su pensamiento una dirección práctico-revolucionaria que se refleja en el núcleo de la dialéctica; el movimiento dialéctico no conduce a la recuperación o restauración de una supuesta unidad perdida, sino, en primer lugar, a subrayar el momento de lo negativo como destrucción (la conciliación entre los términos de la contradicción -capital y trabajo- es imposible) y, en segundo lugar, a la construcción o producción de una nueva sociedad en donde sea posible la emancipación social.
        Esta dialéctica fue posteriormente elaborada y sistematizada por Engels, para ser rechazada posteriormente por el revisionismo de la II Internacional.

La dialéctica en el pensamiento contemporáneo

        Actualmente, la dialéctica tiene cabida en posiciones empiristas o positivistas, acusadas frecuentemente de cientificismo o chato objetivismo; por ejemplo, la escuela de Frankfurt o el último Sartre.
        La epistemología anglosajona contemporánea refuta las bases lógicas y la pretendida utilidad hermenéutica de la dialéctica, mientras que la otra vertiente crítica fundamental, representada por el existencialismo, reanuda la polémica contra el racionalismo y el optimismo que caracterizaba a la dialéctica hegeliana, polémica que Kierkegaard ya había emprendido en su momento.