MÉTODO
TEMAS DE PEDAGOGÍA
JOSÉ MANUEL SAN BALDOMERO UCAR
ENCICLONET, www3.enciclonet.com, 2000
ORIGINAL


Definición

{m.} method, system, manner, technique.
{m.} Modo de hablar u obrar con orden.
Modo o costumbre de obrar peculiar en cada cual.
En religión, orden que se sigue en las ciencias para investigar o enseñar la verdad.

Método -desde la filosofía-

        Se tiene un método cuando se sigue un cierto camino con el objetivo de alcanzar un cierto fin, propuesto de antemano como tal. Este fin puede ser el conocimiento o puede ser también un fin humano o vital, como por ejemplo, la felicidad.
        Durante un tiempo se consideraba que los problemas relativos al método eran exclusivos de la metodología, como parte de la lógica que consideraba las formas particulares del pensamiento. Hoy día ya no se acepta esta posición, pues las cuestiones relativas al método rozan no sólo problemas lógicos, sino también epistemológicos y hasta metafísicos.


        Una de las cuestiones más generales con respecto al método es la relación que cabe establecer entre el método y la realidad que se trata de conocer. Es frecuente estimar que el tipo de realidad que se aspira a conocer determina la estructura del método a seguir. Por otro lado, ha sido aspiración muy frecuente la de hallar un método universal aplicable a todas las ramas del saber y en todos los casos posibles. Descartes, en su Discurso del método indica que las reglas metódicas propuestas eran reglas de invención o de descubrimiento que no dependen de la particular capacidad intelectual del que las usa.
Puede hablarse de métodos más generales, como el análisis, la síntesis, la deducción, la inducción, etc.; y de métodos más especiales, esto es, los determinados por el tipo de objeto a investigar o la clase de proposiciones a descubrir. También se puede hablar de métodos racionales en contraposición con métodos intuitivos.
        La filosofía se ocupa no sólo de cuestiones relativas a la naturaleza del método, sino que también se pregunta si hay o no algún método mas adecuado que otros para el propio filosofar. Hay tres métodos filosóficos fundamentales, que dan origen a un tipo peculiar de filosofía: método dialéctico (Platón, Hegel...) que consiste en suprimir las contradicciones; método logístico (Demócrito, Descartes, Leibniz, Locke) que consiste en afirmar la existencia de principios y en deducir a partir de ellos el resto; y método de indagación (Aristóteles, Bacon...), que consiste en usar una pluralidad de métodos, cada uno de ellos adecuado a su objeto.

Método hipotético-deductivo

        El método más amplio y general de todas las ciencias que proceden inductivamente, es decir, que van de lo particular a lo general, es el método hipotético-deductivo, instaurado por Galileo y perfeccionado por Newton, mediante una síntesis de los procedimientos de Bacon y Galileo.
        Hay que precisar antes de describir la fases principales de este método que un empirismo radical, pura experiencia sin marco teórico de referencia, sin una previa hipótesis anticipatoria de lo que se espera que ocurra, no puede considerarse hoy día una metodología científica. Además hay que advertir que la ciencia es una aventura, una búsqueda que abre caminos incluso más allá de lo previsto. Esta característica es lo que se denomina predictibilidad y consiste en el hecho de que gracias a la utilización del método científico, las teorías nuevas producen predicciones no hechas antes. Sin un supuesto previo (hipótesis) no se puede buscar (investigar); es a partir de éstas como se generan caminos, predicciones, que siendo coherentes con dichas teorías no se esperaban.
        Las fases principales del método hipotético-deductivo son la observación, la construcción de hipótesis, deducción de consecuencias a partir de la hipótesis, contrastación empírica de los enunciados y formulación de leyes científicas.
        La primera fase del método hipotético-deductivo es la observación. Con la observación se trata de partir de la experiencia de los sentidos, de la observación sensible de los hechos. La observación consiste en la simple apreciación de un hecho u objeto cualquiera que aporta datos directos acerca de un hecho natural o de un aspecto cualquiera de la realidad.


        La observación puede ser de un doble tipo: espontánea o controlada. La observación es espontánea cuando recoge los datos que se producen de un modo espontáneo en la naturaleza, aunque ateniéndose a unos cánones de exactitud, completitud y fiabilidad. La observación es controlada cuando se funda en resultados experimentales cuyas variables se controlan en el experimento. En todo caso, la observación absolutamente neutral es imposible ya que tanto la observación como la experimentación requieren instrumentos y operaciones de medición, que condicionan inevitablemente los resultados. Se ha dicho muchas veces que no existen hechos puros sino que toda constatación de hechos se hace desde un marco teórico, es decir, se trata de algo así como unas gafas con cristales de color que hacen que la observación esté teñida por la coloración del cristal. Pero a pesar de todo la ciencia debe proceder a partir de esta observación, espontánea o controlada, para tener datos previos que le sirvan de punto de partida, es decir, la observación están en la base de todo conocimiento que pretenda ser científico ya que el científico formula su hipótesis en base a explicar los hechos observados.
        La segunda fase del método hipotético deductivo es la construcción de hipótesis explicativas. La palabra hipótesis deriva etimológicamente de lo puesto (thésis) por debajo, en la base (upó) significando que se establece una suposición para la resolución de un problema, es decir, la hipótesis es un enunciado que, si se cumpliera, permitiría entender el evento real problemático y la resolución del problema plantado. Es a partir de las observaciones realizadas como se pueden elaborar hipótesis que expliquen los datos de una manera unitaria y sistemática. Se trata de buscar una regularidad sencilla que explique los fenómenos observados. Las hipótesis operan como explicaciones provisionales que se confirmarán en mayor o menor grado, pero que aún aceptadas como leyes, no pueden considerarse como verificadas puesto que es imposible probar todos los casos posibles.
        La diferencia entre la hipótesis y la ley es que, aunque ambas expresan lo mismo, entre la primera y la segunda median un cúmulo de confirmaciones, un altísimo número de ocasiones en que la predicción se ha cumplido. Por muy alto que sea el número de casos confirmados siempre serán mayor el número de casos posibles, de modo que nunca podrán decirse siempre que o todos los casos, sino que se deberán reconocer que hasta el momento ha sucedido que, lo que significa que no podremos nunca obtener enunciados universalmente válidos. Las hipótesis son construcciones explicativas de cómo ocurren ciertos fenómenos, es decir, supuestos sobre cómo se comporta la naturaleza, o si se quiere, tests que se hacen a la naturaleza y a los que ella, en ocasiones responde afirmativamente.
        La construcción de las hipótesis con arreglo al método científico debe regirse por varios criterios. En primer lugar una hipótesis científica debe atenerse a los hechos observados y tratar de explicarlos. El problema es que hechos aparentemente asépticos están en realidad contaminados de teoría. Galileo en Diálogo entre los sistemas del mundo, afirmaba: "es mejor dejar de lado la apariencia, en la que todos estamos de acuerdo y usar el poder de la razón para confirmar la realidad o la falacia". Cualquier observador desinteresado puede sentarse al amanecer a la puerta de su casa y estarse allí hasta el atardecer; verá así cómo el sol se desplaza a lo largo del día, mientras que él no se ha movido de su silla. Pero la percepción ingenua del hombre que estando quieto ve pasar el sol están en realidad contaminada por los criterios científicos de la época, en la que se consideraba que la tierra era un plato que flotaba en el río Océano y que constituía el centro del sistema solar formado por siete círculos concéntricos, siendo el tercero de estos ocupado por el sol. El hombre de la época tenia tal creencia y desde ella, con esas gafas puestas se sentaba a la puerta de su casa para confirmar en la experiencia su hipótesis. La creencia de que nuestros sentidos nos proporcionan evidencias y de que los movimientos aparentes son absolutos no se formulan explícitamente, pero se esconden detrás de los términos observacionales.
        En segundo lugar las hipótesis deben tener la propiedad de la verificabilidad, es decir, las hipótesis aunque sean difícilmente aceptables a primera vista deben sugerir algún tipo de experimentación que permita confirmarlas en la experiencia, puesto que el objetivo de toda hipótesis es convertirse en ley.
        Un criterio de verificación, llamado criterio blando, es el de la teoría probabilística. La teoría probabilística admite que la verificación en sentido estricto es lógicamente imposible. La probabilidad se extiende en una línea que va de 0 a 1; la probabilidad cero indicaría la imposibilidad de confirmar, ni siquiera una vez, la hipótesis explicativa. La probabilidad uno significaría que la hipótesis se cumpliría en cualquier caso, es decir, en todos y cada uno de los casos.
        Otro criterio de verificación es el propuesto por Popper en 1934 al formular su criterio de falsabilidad, que consiste en encontrar un experimento crucial que permita echar por tierra una teoría o un hecho supuestamente bien establecidos. Para Popper la metodología científica no debía encaminarse a la verificación, sino a la falsación, ya que es posible probar la falsedad de una hipótesis, pero no hacerla verdadera. Popper recomienda encontrar experimentos cruciales que muestren la falsedad de las teorías que hasta el presente se tenían por verdaderas. Segon Popper el método científico tiene dos características fundamentales: proceder por ensayo-error y ser una convención intersubjetiva, es decir, que lo científico es solamente aquello que está enunciado de tal manera que puede ser falsado en la experiencia, tal como ocurriría con la afirmación y que puede ser objeto de una valoración intersubjetiva dentro de la comunidad científica. A la objetividad científica solamente se llega cuando la teoría está en un cierto estadio de madurez y mediante la crítica intersubjetiva, que culmina en un convenio de la comunidad científica. Esto habría que entenderlo al modo en que se pactan las leyes en los parlamentos. Por tratarse de un terreno sumamente especializado, los pactos o convenios sobre cuales son las explicaciones científicas correctas, quedan restringidos al campo de la comunidad científica.
        En tercer lugar las hipótesis deben tener la propiedad de la coherencia según la cual las hipótesis no deben entrar en contradicción con leyes ya establecidas por la propia teoría o por teorías afines. No obstante en la teoría de la ciencia actual esta propiedad debe ser matizada a partir de la teoría anarquista del conocimiento de Feyerabend.
        Feyerabend, que subtituló su obra principal Contra el método como Esquema de una teoría anarquista, aboga por el fomento de la creatividad que implica tolerar un cierto grado de incoherencia, es decir, atreverse a formular contrainducciones. El principio de contrainducción consiste en formular hipótesis incoherentes con las teorías y con los hechos que en ese momento se consideran bien establecidos. Galileo al invertir los términos e ir en contra de la observación, asegurando que la tierra se mueve alrededor del sol, operó contrainductivamente. Aceptó una teoría alternativa e incoherente con la anterior afirmando que la tierra se movía e intentando reinterpretar los hechos. Para ello Galileo intentó descubrir y desenmascarar las interpretaciones naturales, los prejuicios acerca de la fiabilidad de los sentidos, que aún siendo gratuitos estaban fuertemente arraigados. Una vez desenmascaradas las percepciones ingenuas, que subyacían a la interpretación ptolemaica se pudo ver que la teoría copernicana, defendida por Galileo, estaba de acuerdo con los hechos. La diferencia estaba en que consideraba los mismos hechos desde una perspectiva o hipótesis incoherente.El otro principio de la teoría anarquista del conocimiento de Feyerabend es el de proliferación de hipótesis consistente en la exigencia de formular simultáneamente varias hipótesis incompatibles (incoherentes) ya que la necesidad de cribar, de seleccionar entre diversas hipótesis incoherentes impulsa el ritmo de creación y promoción científicas.
        En cuarto lugar las hipótesis deben ser sencillas y predecibles. Este principio, llamado principio de economía, fue enunciado ya en el siglo XIV por Guillermo de Ockam bajo la fórmula de que "no hay que multiplicar los entes sin necesidad" por lo que desde entonces se denominó "la navaja de Ockam". Ha sido denominado también "principio de parsimonia" significando que una hipótesis es tanto mejor cuanto más explica con menos elementos teóricos.
        La tercera fase del método hipotético-deductivo es la deducción de consecuencias desde la hipótesis. La hipótesis es un enunciado provisional de carácter universal que predice lo que sucederá entre los objetos de la clase a que se refiere. Pero la hipótesis misma no se puede comprobar directamente sino ciertas consecuencias que se derivan lógicamente de ella. Si la experiencia comprueba que las consecuencias deducidas de la hipótesis se cumplen efectivamente, la hipótesis quedará confirmada o reforzada. Si, por el contrario, las consecuencias no se cumplen realmente, la hipótesis habrá de ser abandonada y sustituida por otra de la que se deducirán nuevamente consecuencias a comprobar. La deducción se utiliza por parte de las ciencias experimentales con una función precisa: proporcionar al científico una serie de enunciados acerca de hechos de una clase par que queda experimentar si lo que en ellos predice sucede en realidad o no.
        El hecho de abrir nuevos caminos a la investigación es lo que determina el carácter heurístico de la hipótesis o, dicho de otro modo, su carácter de predictibilidad . La deducción constituye el aspecto formal, lógico, del método científico, que interactúa con el inductivo que constituye su aspecto experimental, empírico. Así, el razonamiento, coherente con las reglas lógicas, concluye consecuencias que deben confirmarse en la experiencia.
        La cuarta fase del método hipotético-deductivo es la de contrastación empírica de los enunciados consecuentes de la formulación de la hipótesis, es decir, tratar de comprobar experimentalmente si las consecuencias derivadas de la hipótesis se cumplen efectivamente o no. La experimentación es distinta de la simple observación que se hacía en el primer momento del punto de partida ya que la simple observación carece de precisión cuantitativa y no altera las circunstancias en las que normalmente suceden los hechos. Un experimento consiste en la reproducción de determinados hechos provocando las circunstancias deseadas dentro de las cuales el científico quiere hacer la observación.
        La quinta fase es la formulación de leyes científicas. Aunque deba aceptarse su carácter de provisionalidad, supone el último eslabón de la laboriosa actividad de la comunidad científica.Las leyes son enunciados que expresan el modo regular, estable y constante con el que suceden ciertos eventos reales con carácter de universalidad y necesidad. Esta universidad y necesidad de las leyes hay que entenderlas del modo siguiente: la interpretación humana de los hechos de observación y del conjunto de interpretaciones de ella ellos derivadas parece ser que los eventos reales sucederán necesariamente como la ley formula, pero teniendo en cuenta que las interpretaciones humanas están abiertas a renovarse y corregirse en el futuro. Desde una perspectiva epistemológica, por tanto, hoy se tiende a acentuar el carácter hipotético de las leyes científicas tendiendo a considerarlas como meras hipótesis sobre la regularidad funcional de los eventos reales. Por eso Mario Bunge ha explicado el concepto de ley científica del modo siguiente: "Una ley científica es una hipótesis científica confirmada (convalidada) que afirma la relación constante entre dos o más variables, cada una de las cuales representa una propiedad de sistemas concretos".

Bibliografía

Bochenski, I.: Los métodos actuales del pensamiento, Editorial Rialp, Madrid, 1976.
Bunger, M.: Teoría y realidad, Editorial Ariel, Barcelona, 1972.
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Hegenberg, L.: Introducción a la filosofía de la ciencia, Editorial Herder, Barcelona, 1969.
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Popper, K.: La lógica de la investigación científica. Editorial Tecnos. Madrid, 1962.
Popper, K.: Conocimiento objetivo. Un enfoque evolucionista, Editorial Tecnos, Madrid, 1974.
Russell, B.: El conocimiento humano, Editorial Taurus, Madrid, 1968.
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