PRAGMATISMO
TEORÍA DEL CONOCIMIENTO
J. M. SAN BALDOMERO UCAR
ENCICLONET, www3.enciclonet.com, 2001
ORIGINAL


La definición de Pragmatismo

Pragmatism (del inglés pragmatism); sust. m. Tendencia filosófica según la cual el único criterio de validez de cualquier teoría científica, ética o religiosa debe basarse en los efectos prácticos de la misma: el pragmatismo ha sido una de las tendencias más discutidas en el ámbito de la filosofía de la ciencia actual.

Filosofía. Pragmatismo

        El término "pragmatismo" fue introducido en la filosofía por Charles Sanders Peirce, quien fue el primero en dar una idea de en qué consistía el método pragmático, en sendos artículos publicados en 1877 y 1878. William James, al dar su propia versión de este método, remitió a uno de esos artículos de Peirce y, por su cuenta, conectó el significado del término pragmatism con el vocablo griego pragma ("acción"). John Dewey vinculó tanto el origen del nombre cuanto el contenido del método con Kant, en cuya obra habría aprendido Peirce filosofía. Dewey, contra los que pensaban que el método pragmático era rigurosamente americano, lo derivó de la distinción kantiana entre práctico (referente a las leyes morales a priori) y pragmático (concerniente a las reglas del arte y de la técnica, derivadas de la experiencia y aplicables a ella).
        No obstante esta referencia a la filosofía kantiana, el movimiento filosófico, o grupo de corrientes filosóficas, llamadas "pragmatistas" se han desarrollado sobre todo en Estados Unidos y en Inglaterra, y constituyen la primera contribución original de los Estados Unidos de América a la filosofía occidental.


        El pragmatismo norteamericano surgió en el seno del "Metaphysical Club" de Boston (1872-1874), al cual pertenecían, entre otros, Chauncey Wright, F. E. Abbot (1836-1903), C. S. Peirce (1839-1914) y W. James (1842-1910), influidos todos por A. Bain (1818-1903) quien había definido ya la creencia como "aquello sobre lo cual el hombre está preparado a actuar", John Fiske (1842-1891) y Oliver Wendell Holmes (1809-1894). Los propósitos de estos pensadores fueron aclarados por Peirce, quien en su artículo "How to Make Our Ideas Clear" planteó que toda la función del pensamiento es producir hábitos de acción y que lo que significa una cosa es simplemente los hábitos que envuelve, dando lugar así a la llamada "máxima pragmática": "Concebimos el objeto de nuestras concepciones considerando los efectos que pueden ser concebibles como susceptibles de alcance práctico. Así, pues, nuestra concepción de estos efectos equivale al conjunto de nuestra concepción del objeto".
        El término "pragmatismo" comprende una pluralidad de doctrinas que, si bien tienen un conjunto de características comunes, encierran también una innegable diversidad, como lo muestra la obra de A. O. Lovejoy Los trece pragmatismos. Las formas fundamentales que el pragmatismo ha adoptado son dos: una forma metafísica, que es una teoría de la verdad y de la realidad (James, Schiller, etc.), y una forma metodológica, que puede describirse como una teoría del significado (Peirce, Mead, Dewey, etc.). El propio Peirce, que es su fundador, prefirió en un momento dado designar esta segunda forma de pragmatismo con el nombre de "pragmaticismo", para distinguirla de la forma metafísica. Es, por tanto, la forma común de concebir la verdad lo que caracteriza y da cierta unidad al pragmatismo.
        El concepto pragmatista de verdad se fundamenta en dos tesis distintas, aunque íntimamente correlacionadas. Según la primera tesis, el conocimiento humano se encuentra limitado al ámbito de lo fenoménico, sin que se pueda alcanzar con él la esencia de lo real. Este fenomenismo se deriva del radical empirismo que subyace a las diversas doctrinas pragmatistas, hasta el punto de que James, uno de sus más eximios representantes, llamara a su filosofía "empirismo radical". El postulado esencial de este empirismo radical afirma que las únicas cosas que deben ser consideradas por los filósofos son las cosas definibles en términos obtenidos de la experiencia, lo cual significa que el filósofo únicamente debe ocuparse de objetos que estén sometidos a la experiencia, y que no puede eliminar ni pasar por alto nada que haya sido confirmado por la experiencia. La segunda tesis fundamentadora de la concepción pragmatista de la verdad consiste en la afirmación de que el conocimiento humano no es un mero reflejo de las cosas, sino que todo conocimiento es, en mayor o menor grado, una construcción del objeto conocido.
        Sobre la base de estas dos tesis expuestas, el pragmatismo edifica su teoría de la verdad, según la cual ésta no consiste en la conformidad del pensamiento con la realidad, ni en la interna coherencia del juicio, sino en la utilidad que el juicio reporte al sujeto: "Lo verdadero, dicho brevemente, es sólo lo ventajoso en nuestro modo de pensar, de igual forma que lo justo es sólo lo ventajoso en el modo de conducirnos" (W. James: El significado de la verdad, prefacio). La utilidad a que se refieren los pragmatistas no es una utilidad personal entendida como provecho económico. Útil es lo que sirve para organizar el modo de pensar, el mundo de ideas o aquello que estructura un esquema que sirve de pauta rectora a la conducta (como pudiera ser una norma moral): "Un concepto de la verdad que hace de ella un simple instrumento de ambición y exaltación privada es tan repulsivo que causa asombro que haya críticos que han atribuido ese concepto a unos hombres en su sano juicio. En realidad, verdad como utilidad significa servicio para contribuir a la reorganización de la experiencia que la idea o teoría proclama que es capaz de realizar. No se mide la utilidad de una carretera por el grado en que se presta a los designios de un salteador de caminos. Se mide por cómo funciona en la realidad como tal carretera, como medio fácil y eficaz de transporte y de comunicación pública. Lo mismo ocurre con la aprovechabilidad de una idea o de una hipótesis como medida de su verdad" (J. Dewey: La reconstrucción de la filosofía).


        En realidad, puede decirse que el pragmatismo es la forma que ha adoptado en la filosofía contemporánea la tradición clásica del empirismo inglés (Locke, Hume, Stuart Mill). Este empirismo clásico explicaba la validez de un conocimiento refiriéndolo a las condiciones empíricas que lo determinaban y, en consecuencia, preparaba un análisis de la experiencia encaminado a la búsqueda de estas condiciones. Una proposición se consideraba verdadera únicamente si los elementos de que resultaba podían ser hallados en la experiencia, considerando ésta como una acumulación y registro progresivo de datos junto con la organización o sistematización de los mismos. La experiencia a que hacía referencia el empirismo clásico era fundamentalmente una experiencia pasada, concebida como un patrimonio cerrado que se podía inventariar y sistematizar en forma exhaustiva y definitiva. Para el pragmatismo, en cambio, la experiencia es sustancialmente apertura hacia el futuro. El análisis de la experiencia no es para el pragmatismo el inventario de un patrimonio acumulado, sino la previsión o anticipación de los desarrollos y de la utilización posible de este patrimonio. Desde el punto de vista pragmatista, una verdad es tal por ser susceptible de un uso cualquiera en la experiencia futura. La previsión de este uso, la determinación de sus límites, de sus condiciones y de sus efectos, constituye para el pragmatismo el significado de la verdad.
        Según Arthur O. Lovejoy, aunque la palabra "pragmatismo" pudo aludir originariamente a una teoría sobre el significado de las proposiciones, su ambigüedad se resolvió pronto en dos tendencias. La primera afirmó que el significado de una proposición consiste en las futuras consecuencias de experiencias que directa o indirectamente predice que van a ocurrir, sin que importe que ello sea o no creído. La segunda sostuvo que el significado de una proposición consiste en las futuras consecuencias de creerla. La primera de estas acepciones dio origen a la forma fundamental de pragmatismo, que como se ha dicho se refiere a la naturaleza de la verdad, según la cual "la verdad de una proposición es idéntica a la ocurrencia de las series de experiencias que predice y sólo puede decirse que es conocida cuando se completan tales series". De estas acepciones se derivan trece formas de pragmatismo que Lovejoy enumera del siguiente modo: I. Teorías pragmatistas de la significación. 1ª) El significado de cualquier juicio consiste enteramente en las futuras consecuencias por él predichas, tanto si es creído como si no lo es. 2ª) El significado de cualquier juicio consiste en las futuras consecuencias de creerlo. 3ª) El significado de cualquier idea o juicio consiste siempre, en parte, en la aprehensión de la relación entre algún objeto y un propósito consciente. II. Pragmatismo como teoría epistemológicamente no funcional referente a la ´naturaleza´ de la verdad. 4ª) La verdad de un juicio consiste en la completa realización de la experiencia o series de experiencias a que había anteriormente apuntado el juicio; las proposiciones no son, sino que llegan a ser verdaderas. lll. Teorías pragmatistas del criterio de la validez de un juicio. 5ª) Son verdaderas las proposiciones generales que han visto realizadas en la experiencia pasada las predicciones implicadas, y no hay otro criterio de la verdad de un juicio. 6ª) Son verdaderas las proposiciones generales que han mostrado en el pasado ser biológicamente útiles a quienes han vivido por ellas. 7ª) Toda aprehensión de la verdad es una especie de satisfacción, pues el verdadero juicio corresponde a alguna necesidad, siendo toda transición de la duda a la convicción el paso de un estado de cuando menos parcial insatisfacción a un estado de satisfacción relativa y de armonía. 8ª) El criterio de verdad de un juicio es su satisfactoriedad como tal, siendo la satisfacción pluridimensional. 9ª) El criterio de la verdad de un juicio reside en el grado en que corresponde a las exigencias teóricas de nuestra naturaleza. 10ª) El único criterio de verdad de un juicio es su utilidad práctica como postulado, y no hay más verdad general que la postulada resultante de alguna determinación motivada de la voluntad; no hay, pues, verdades necesarias. 11ª) Hay algunas verdades necesarias, pero éstas, no son muchas ni prácticamente adecuadas, por lo que es necesario y legítimo, más allá de ellas, acudir a los postulados. 12ª) Entre los postulados que es legítimo tomar como equivalentes de la verdad, los que ayudan a las actividades y enriquecen el contenido de la vida moral estética y religiosa ocupan un lugar coordinado con los que presuponen el sentido común y la ciencia física como base de las actividades de la vida física. IV. Pragmatismo como teoría ontológica. 13ª) Como lo temporal es un carácter fundamental de la realidad, los procesos de la conciencia tienen en este devenir su participación esencial y creadora. El futuro es estrictamente no real y su carácter es parcialmente indeterminado, dependiendo de movimientos de la conciencia cuya naturaleza y dirección solamente pueden ser conocidos en los momentos en que se hacen reales en la experiencia" (Lovejoy, A. O.: "The Thirteen Pragmatisms", en The journal of PhiIosophy, Psychology, and Scientific Method, 5 1908, pp. 5-12, 29-39).
        Las diferentes formas de pragmatismo analizadas por Lovejoy cubren una cantidad muy considerable de tendencias pragmatistas. Tomando el pragmatismo en sentido muy amplio, hay formas del mismo de las que Lovejoy no habla o a las cuales meramente alude, que sin embargo han sido señaladas por Ferrater Mora bajo la forma general de "inclinación pragmatista". Son el instrumentalismo de Dewey, el biologismo epistemológico o intento de interpretar los procesos cognoscitivos en términos de actividad y, sobre todo, utilidad biológica, el postulado de la economía del pensamiento en el sentido de Ernst Mach, la llamada "filosofía de la inmanencia" en autores como Schuppe y Schubert-Soldern, el ficcionalismo de Hans Vaihinger, el operacionalismo, el pragmatismo conceptualista de C. Lewis, los trabajos semióticos de Charles Morris, el llamado "totalismo" (u holismo) pragmático de Quine y los aspectos pragmatistas de la tesis de Duhem-Quine.
        El pragmatismo se manifestó también en otros países distintos de Norteamérica en ciertos movimientos antiintelectualistas del siglo XX, como los que representan Bergson, Blondel, Spengler, etc. Especialmente en Alemania fueron considerados pragmatistas F. Nietzsche (1844-1900), H. Vaihinger (1852-1933), y J. Simmel (1858-1918). Ciertas afirmaciones de Nietzsche sobre la verdad tienen un carácter claramente pragmatista. Así, "La verdad no es un valor teórico, sino tan sólo una expresión para designar la utilidad, para designar aquella función del juicio que conserva la vida y sirve a la voluntad de poderío" o "La falsedad de un juicio no es una objeción contra este juicio. La cuestión es hasta qué punto estimula la vida, conserva la vida, conserva la especie, incluso quizá educa la especie". Vaihinger, en su obra La filosofía del como si, hizo suya la concepción de Nietzsche y consideró que el hombre es, en primer término, un ser activo. El intelecto no le ha sido dado para conocer la verdad, sino para obrar. Pero muchas veces sirve a la acción y a sus fines justamente porque emplea representaciones falsas. El intelecto trabaja de preferencia, según Vaihinger, con supuestos conscientemente falsos, con ficciones; pero éstas se presentan como ficciones preciosas desde el momento en que se muestran útiles y vitales. La verdad es, pues, "el error más adecuado". Finalmente, también Simmel defiende el pragmatismo en su Filosofía del dinero, cuando afirma, por ejemplo, que son "verdaderas aquellas representaciones que han resultado ser motivos de acción adecuada y vital".
        Explícitamente pragmatista fue el llamado "pragmatismo italiano", defendido por autores como Mario Calderoni (1879-1914), Giovanni Vailati, el escritor Giovanni Papini (1881-1956), todos ellos colaboradores de la revista Leonardo (1903-1907), en la que asimismo colaboraron Peirce, a quien principalmente seguían los pragmatistas italianos, James y Schiller. Pero el pragmatismo italiano no tuvo ni la amplitud ni la influencia del pragmatismo sajón o angloamericano.

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