FALENI DECÍA EN 1900
COMPENDIO DE HISTORIA DE LA MÚSICA
ARTURO FALENI
IMPRENTA CÚNEO, BUENOS AIRES, 1910
ORIGINAL, 3º EDICIÓN


Presentación

Hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX, Arturo Faleni escribió la primera edición de su "Compendio de historia de la música". En la Argentina, lugar de nacimiento de este hombre, el éxito de ventas fue muy bueno.
        Faleni a sido uno más entre miles de profesores que escribían pequeños libros a fin de ganar algunos billetes, hecho no reprochable en sí mismo. Lo que repruebo es el contenido de la obra, o para decirlo con mayor precisión, su tendencia.
        Este hombre ha tenido influencia en determinados círculos, sobre todo dentro de la clase social acomodada. La venta del libro puede constatarse por lo menos hasta 1930. Si a este lapso, que podría parecernos breve para la trayectoria de un libro de enseñanza, le sumamos que por aquellos años se estaban elaborando las bases de la educación moderna, notaremos que su influencia no ha sido escasa. Pero aún más. No es escasa por la sencilla razón de que Faleni es, por así decirlo, portavoz de una corriente de pensamiento mundial, lo peor del positivismo, que desgraciadamente mantuvo la delantera durante buen tiempo. Su modo de pensar y de razonar puede verse en otras disciplinas, aquí sólo tomamos lo que nos es más cercano. Quiero decir que la escuela toda, como institución directamente educativa, fue afectada por estos seres que no sólo poseen risa fácil acerca de lo que no comprenden sino que por intentar defender determinados valores, sobre todo de orden religioso, terminan corrompiendo la naturaleza de la materia que desean explicar. Algo así como lo opuesto al concepto docente.


        Faleni es hoy un desconocido absoluto, yo lo rescaté simplemente porque tropecé con él; además sostengo que los educadores deben formarse por doble argumentación: positiva y negativa. Aquí propongo transitar un contenido que por su necedad, negatividad y soberbia es apto para la reflexión seria y edificante del educador actual, por otro lado puede resultar muy útil, si se advierte la oportunidad, para una clase-debate con adolescentes.
        Por último digamos que mientras este profesor escribía con la mira puesta en determinado modelo educativo, se iniciaba la era de los grandes cambios en favor del niño de la mano, entre otros, de Dalcroze y Orff.
        Con respecto a la revisión del texto sólo he corregido palabras que ya no llevan acento o que estaban mal tipeadas. Presento el primer capítulo por ser representativo del libro todo, es fácil adivinar que el resto desarrolla ideas y posturas de similares orientaciones, algunas bastante discriminatorias pueden verse en este mismo capítulo; sólo hay que tomarse el trabajo de analizar los párrafos con cierta profundidad. Finalmente destaqué con color el nudo central de la cuestión que pone algo nervioso a don Faleni y agregué al pie del documento la bibliografía por él indicada.

Pablo Bensaya, Buenos Aires, abril de 2001

Parte I. Capítulo I. La Edad Antigua

Definición de la música - Su origen - Sus medios

  1. Según J. J. Rousseau, la música es 'el arte de combinar los sonidos de manera agradable al oído'.
  2. F. G. Fétis la llama 'el arte de conmover por medio de la combinación de los sonidos'.
  3. Kant define la música como 'el arte de expresar una agradable sucesión de sentimientos por medio de los sonidos'.
  4. Mosel, literato alemán dice que la música es 'el arte de expresar sentimientos determinados por medio de sonidos bien coordinados'.

        En todas las mencionadas definiciones se nota, entre las verdades que encierran, unas deficiencias que les quitan el carácter de 'completas'.


        Examinémoslas rápidamente.

        1. La combinación de sonidos agrupados según ciertas determinadas leyes del arte, no es siempre 'agradable al oído'. El mayor o menor deleite que puede producir la música, queda subordinado a muchas circunstancias de épocas, de países, de edades y de individuos. La música de los pueblos de la antigüedad, de la Edad Media, como la de algunos pueblos bárbaros, que aún existen, produciría en nuestro oído un efecto poco menos que desastroso. En consecuencia de nuestra actual educación musical, esas 'combinaciones de sonidos', muy lejos de parecernos agradables, serían consideradas intolerables y desgarradoras. Y sin embargo se trata de verdadera 'música', que proporciona goce y deleite a los pueblos que la cultivan.
        2. La definición de Fétis tampoco es completa, pues 'conmover por medio de la combinación de los sonidos', implica que la música ha de despertar sentimientos 'tristes' para llegar 'a la conmoción'; lo que no sucede, por ejemplo, en la ópera cómica y en la música brillante, la cual excita y estimula con preferencia las sensaciones alegres.
        3. La definición de Kant, parece al contrario, excluir las fuertes emociones, en virtud de una 'agradable sucesión de sentimientos'.
        4. Mosel opina que la música es 'el arte de expresar sentimientos determinados'; pero los sentimientos 'no son determinados' en la música instrumental, sin dejar de ser vivísimos; mientras en la música vocal, los sentimientos 'son determinados por el sentido de las palabras' a las que la música está aplicada.

        El objeto de la música es más complejo; no se limita en distraer agradablemente el oído, sino a emocionar profundamente el espíritu, extasiar el alma y hacer palpitar el corazón. Es un medio de expresión, como dice Lavoix, un lenguaje especial, que se oye, se entiende, se comenta aunque sin poderlo definir con exactitud.

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        Si es difícil fijar la verdadera y justa definición de la música, no lo es menos establecer su edad y su origen, y bien puede decirse que es antigua cuanto el mundo.
        En efecto nada sabemos al respecto. Su origen se pierde en las nieblas que envuelven las tradiciones y leyendas de los pueblos más antiguos; se confunden con las creencias nebulosas que constituyen el confín entre la historia y la fábula; se desvanece como humo en la atmósfera fantástica de la mitología.
        El lenguaje humano, es decir, el medio primero y más universal de expresar y comunicar las ideas y los pensamientos es por sí mismo una música; pues el tono y las varias inflexiones y modulaciones de la voz, respondiendo a los sentimientos y a las sensaciones del individuo, constituyen con sus continuas variaciones, una verdadera sucesión de sonidos distintos por tonalidad, expresión y duración.

Muchos autores opinan que el origen de la música debe atribuirse al canto de los pájaros. Considerando superficialmente esta hipótesis, no parece desprovista de fundamento, y parece lógico que los primeros hombres hayan buscado en los grandes y variados sonidos de la naturaleza, los elementos embrionarios del arte divino.
Sin duda alguna el fragor del trueno, el estruendo espantoso de los volcanes, el poderoso bramido de las olas, el rugido de las fieras, el canto suave del ruiseñor, el arrullo de las palomas, el zumbido de los insectos alados, etc., son sonidos que no podían dejar de impresionar de distinta manera, y despertar en los oyentes las sensaciones más vivas de goce, de espanto, de dulzura y de terror. Pero en estos ruidos del mundo exterior, la música, arte ideal por excelencia, obliga a escrutar las leyes misteriosas de la naturaleza para hallar sus elementos, nada podía encontrar que se prestase a la imitación.

Por otra parte repugna la idea de que el hombre haya imitado a los animales para conseguir uno de sus goces más deliciosos.

        Se halló una música ya existente, por cuanto rudimental, entre pueblos salvajes, recién descubiertos, y residentes en regiones cuyo clima riguroso y falta de vegetación, eran condiciones inconciliables con la existencia de los alados cantores del aire.
        Los antiguos tuvieron la intuición de la independencia de la música de las cosas exteriores, y no pudiendo explicarse satisfactoriamente su origen, la atribuyeron a la Divinidad considerando la música como un don de la misma. Así los egipcios la atribuyeron a 'Isis y Thot'; los indianos a 'Brahma y Nared'; los griegos a 'Mercurio y Apolo', etcétera.
        En la Biblia (Génesis 4:21) se menciona a 'Jubal' como inventor de los instrumentos de viento, lo que prueba que la 'música' existía anteriormente, y que 'Jubal' hubiera simplemente inventado algunos instrumentos para ejecutarla. A más esta afirmación no merece crédito, pues ni en épocas posteriores, la música de los hebreos alcanzó la perfección que se observa en la teoría de los indianos; ni existe memoria de una teoría propia de los hebreos.
        Grande ha sido el poder de la música sobre seres vivientes, pues no sólo el hombre, sino muchos animales sienten notables sensaciones bajo la influencia de los sonidos.
        Los antiguos siempre dispuestos en fijar y personificar en forma hiperbólica todas las sensaciones y todos los fenómenos, crean a 'Orfeo', atribuyendo a su canto y a los acordes de su lira el poder, no sólo de amansar a las fieras, sino de aplacar el ímpetu de los vientos y el furor de las olas.
        Es presumible, y fácilmente se puede admitir, que el canto precedió a la música instrumental; pero esta no tardó en nacer e imitar al canto, en los límites consentidos por la imperfección de los instrumentos. Pero durante muchos siglos, el canto formó la parte principal de la música, muy particularmente por las estrictas atinencias de ésta, con la religión.
        En resumen, no es de mucha importancia saber cuál ha sido el origen de la música; lo que nos debe interesar es saber lo que es la música después de haber merecido el nombre glorioso de 'Arte'; disponiéndonos a recibir todas las impresiones que ella puede ofrecernos, aumentando su efecto por cuanto nos sea posible.
        Es esto lo que merece ser examinado detenidamente.

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        ¿Por cuáles medios la música obra sobre los seres organizados? Es esta una cuestión que se presenta con frecuencia bajo formas distintas, y cuya solución encierra todo el mecanismo del arte.
        Sin embargo, y sin entrar en detalles, cada cual contesta a su gusto, diciendo que por la 'melodía' o la 'armonía', o por la unión de ambas, pero sin dar explicación alguna, y quizás sin saber lo que es melodía o armonía.
        Pero, como con razón observa Fétis, la música tiene en su poder un tercer medio muy importante, del cual sólo muy tarde se hizo caso, y es el 'acento', cuya presencia o ausencia, hace que la misma melodía o armonía, produzcan o no algún efecto.
        Ahora bien, el acento es la resultante del 'ritmo' con el 'sonido', los dos primeros elementos constitutivos sin los cuales la música no existe.
        El sonido es la vibración de las moléculas de los cuerpos que hieren nuestro oído. De la mayor o menor rapidez de las vibraciones, depende que un sonido sea más 'agudo' o 'grave', o vulgarmente hablando, más 'alto' o más 'bajo'.
        Los sonidos variamente combinados, constituyen las 'escalas', y éstas, combinadas a su vez, forman las 'tonalidades' (Lavoix).
        El ritmo es la resultante de una disposición de los sonidos, tal que, de distancia en distancia, regular o irregular, produzca un sonido en quien lo escuche, la sensación de un descanso. (Lussy-Matthis). Comparando la música a un idioma, podemos figurarnos que los sonidos sean las palabras, y que éstas ligadas entre sí por medio del ritmo, formen las frases, es decir, unas locuciones completas.
        Mediante el acento, estas palabras y frases adquieren un sentido exacto y expresivo, y ninguna lengua supera a la música por la flexibilidad y delicadeza del acento.
        Otro elemento importante debe agregarse al ritmo, a la tonalidad, al acento y a la armonía; nos referimos al 'timbre', que juega en la música el mismo papel del colorido en la pintura. Es por este motivo que los alemanes le dan el expresivo nombre de 'Klangfarbe', es decir, color del sonido. El timbre es la calidad que establece una diferencia entre dos sonidos de la misma elevación y de igual intensidad. La diversidad de timbre de nuestros instrumentos procede de la forma, de los materiales y de la conformación de los sonidos que son eminentemente complejos.

Bibliografía indicada por Faleni

F. Brendel. Storia della musica - Génova - A. Donath, 1900.
F. G. Fétis. La musica accomodata all'intelligenza di tutti - Torino - Unione tipografica Editrice, 1858.
H. Lavoix (hijo). Historia de la Música - Versión castellana - Buenos Aires, J. Escary.
A. Untersteiner. Storia della musica - U. Hoepli - Milano, 1902.
J. J. Rousseau. Dictionnaire de la Musique.