SOBRE LA DISLEXIA
DIARIO LA NACIÓN
REPORTAJE A PHILOMENA OTT [1]
LA NACIÓN, ARGENTINA, 25-9-2001
ORIGINAL


Los maestros suelen tener poca paciencia con los alumnos que tienen este problema. Sin embargo, se aconseja darles más tiempo en los exámenes y no evaluarlos por la ortografía.

Foto de Alfredo Sabat

        "En las pruebas del colegio me pongo muy nervioso y entro en pánico. Tardo mucho en leer las consignas. Y aunque hago el máximo esfuerzo, no alcanza", confiesa Ignacio Caprile, de 14 años, alumno de octavo año de EGB, en un colegio de la zona norte. "Mis compañeros me tienen por tonto o lento. Y eso me duele", agrega.
        Ignacio es disléxico. Su madre, Patricia, lo notó cuando en tercer grado su hijo aún no podía leer. Entonces se lanzó a una cruzada para que las maestras ayudaran a Ignacio en su proceso de aprendizaje.


        "El sistema educativo argentino es muy rígido. Los docentes no respetan al que es diferente y necesita otros tiempos o métodos de estudio", sostiene Patricia con cierta impotencia. Ella también hace su mea culpa. "Mil veces perdí la paciencia con él, lo culpé por no estudiar. Hasta que entendí que, simplemente, Nacho tardaba tres veces más que otros en comprender un texto", comenta.
        Hoy, ella, como tantas otras madres -se estima que hay un niño disléxico por aula-, puede tener más esperanzas. Y esto a partir de la reciente visita al país de una especialista internacional en este tema: Philomena Ott, miembro de la Asociación Inglesa de Dislexia y autora del libro How to detect and manage dislexia (Heinemann, 1997).
        Invitada por la flamante Aphda, Asociación de Padres de Hijos Disléxicos [2], Ott dictó un seminario, al que asistieron 600 docentes de todo el país. Esta voz de reconocimiento internacional concientizó a la población sobre qué es la dislexia, un trastorno congénito que afecta al 7% de los argentinos, y al 10% de la población mundial, según estima el doctor Enrique Menzano, presidente de la Sociedad Argentina de Neurología Infantil.


        Ott ofreció pautas claras para los docentes. En una entrevista con La Nación explicó que lo ideal es detectar el trastorno entre los 6 y los 7 años, que a estos niños hay que enseñarles con un método multisensorial, que abarque lo visual, lo auditivo y táctil a la vez, permitirles usar un diccionario en las pruebas y no evaluarlos por su ortografía, sino por sus ideas y el contenido de sus escritos.

Conceptos claros

        "La palabra dislexia viene del griego, que significa dificultad o disfunción, y lexis, que significa lenguaje -explicó Ott a La Nación-. Y utilizamos la palabra para referirnos a una dificultad o retraso en el proceso de aprendizaje de la lectura, escritura u ortografía (o deletreo). Muchas veces afecta el lenguaje oral, la memoria, la habilidad organizativa y motriz. Quienes padecen este trastorno carecen de automaticidad y tienen que pensar mucho antes de escribir una letra o una palabra.

¿Es curable?

-Prefiero decir que es tratable y mejorable y que existen métodos para compensar las debilidades y apoyarse en las fortalezas del niño.

¿Cuáles son las manifestaciones más comunes del trastorno?

-En lo que hace al deletreo, los disléxicos confunden palabras similares (caso con paso); presentan dificultades en relacionar una letra con un sonido, tienen una ortografía inconsistente (en un texto de una página escriben la misma palabra de tres modos diferentes) y no pueden recordar el orden en el que vienen las letras en una palabra.

¿Y con la lectura?

-En lo que hace a la lectura, omiten sílabas y palabras en un texto; agregan letras, dan vuelta todas las letras de una palabra, cambian la "b" por la "d" y utilizan tanta energía para decodificar cada palabra que pierden el sentido en un texto breve. Con respecto a lo escrito, manifiestan dificultades en organizar ideas, pierden la secuencia, cambian el tiempo de los verbos y tienen problemas de puntuación (omiten las mayúsculas y los puntos).

¿Qué problemas emocionales acarrea el trastorno?

-Muchísimos. Es común que los chicos se frustren porque hacen el máximo esfuerzo para estudiar y los resultados son pobres. Los profesores muchas veces los tiran abajo porque un día escriben con letra entendible y al siguiente no se les entiende nada. Y como tienen dificultades con lo que es secuencial y organizativo, se olvidan de los días que tienen exámenes. Esto hace que padres y educadores pierdan la paciencia con ellos.

¿Qué pautas les puede dar a los docentes para usar en clase?

-En primer lugar, los niños disléxicos deben estudiar en colegios normales. Me gusta hablar de convertir las aulas en "sitios amigables" para ellos. Debemos adaptarnos y enseñarles del modo que ellos aprendan. Detectar el problema temprano y ser comprensivos con ellos. Luego, utilizar un enfoque multisensorial en el proceso de enseñanza, ya que tienen los sentidos más desarrollados. Darles más tiempo en una prueba. Permitirles usar el diccionario y no evaluarlos, insisto, por la ortografía (pueden tener problemas con ella de por vida), sino por sus ideas y por el contenido de sus escritos.

Consejos útiles

        Más de uno. Según el doctor Menzano, la dislexia es un trastorno que generalmente viene acompañado de otros, como, por ejemplo, la falta de autoestima, la hiperactividad, la alergia. Por eso, sugiere no tratar sólo la dislexia, sino ampliar la mirada y establecer una estrategia terapéutica integral.

        Cinco claves. Ott recomienda realizar una identificación temprana del trastorno a los seis años de edad. Luego, relacionar el grado de dislexia con el coeficiente intelectual, para conocer el nivel real de habilidad del sujeto, emplear un método de enseñanza especial, multisensorial, ser comprensivo y saber motivar a los alumnos.

NOTAS
1. Por Agustina Lanusse de la Redacción de La Nación.
2. El email es aphda@hotmail.com