ESCUELA, MÚSICA Y CANTO
TEMAS DE EDUCACIÓN
ÁNGEL FERNANDO GIRARDI [1]
www.lanacion.com.ar, BUENOS AIRES, 6-JUL-2005
ORIGINAL


Título original: "En la escuela, más música y más canto"

Presentación

Este trabajo sintetiza, de modo amable y preciso, parte de las funciones educativas de la música. El autor se vale con eficacia de figuras cotidianas de las cuales, en mayor o menor medida, todos formamos parte.
        Aunque muchas veces, bueno es decirlo, el tratamiento coloquial de un tema hace que no advirtamos la trascendencia del mismo. Importante resulta entonces superar esa instancia y reparar en la esencia de los planteos que, en este caso, serán de utilidad para la comunidad educativa.

Grupo Educativo Presencias, Buenos Aires, julio de 2005

        En colaboraciones anteriores hemos apuntado al logro de la excelencia en la enseñanza primaria.
        Nuestras propuestas parten del supuesto de que deben asegurarse dos requisitos previos fundamentales, que deberían estar a cargo del Estado: que los docentes cuenten con herramientas de capacitación permanente y con una remuneración acorde con su trascendente labor profesional y, por otro lado, que exista la decisión política de impartir al niño una educación intelectual y manual integral, con miras a su superación personal e integración a un futuro ambiente socioeconómico adverso, caracterizado por valores negativos determinantes y exacerbados, como la competitividad y la exclusión.


        Para cerrar este círculo, y teniendo siempre presente que lo que nunca olvidamos es lo que hemos aprendido en la escuela primaria, porque fue la complementaria de nuestra formación familiar, proponemos la revalorización de una materia que desde siempre se enseña en nuestras escuelas y que, para el futuro ser humano, tiene un valor trascendente por la incidencia sobre su personalidad y conducta: nos referimos a la música y al canto.
        Si quisiéramos destacar la importancia de estas dos artes (tocar un instrumento y cantar), necesariamente nos deberíamos remontar a los orígenes de la humanidad, puesto que desde el origen de los tiempos surgen copiosamente las musas musicales, tanto en el ámbito profano como en el de la religión.
        El axioma de que la música calma a las fieras es un claro indicio de su valor supremo, reforzado, entre otros argumentos, por historias bíblicas como la de Saúl y David. La ira incontrolable del primero, que, al saberse rechazado por Dios se sentía determinado a asesinar al elegido David, sólo podía ser aplacado por la música, que lo elevaba más allá del mal. No es casual la importancia que se le da al canto y a la producción musical en todos los rituales religiosos de las distintas confesiones, incluidas también las de nuestros hermanos aborígenes.
        La reciente película "Los coristas" nos da una muestra acabada de cómo, en medio de la adversidad socioeconómica, un grupo de niños de un internado de menores, logra afianzar la libertad de su condición humana a través del aprendizaje de los armónicos acordes que les enseña el maestro musical.
        Pero no es necesario remontarnos tan lejos ni seguir dando más ejemplos. Basta con rememorar nuestra infancia para recordar qué importancia han tenido ambas destrezas en nuestra vida, ya que ¿quién no escuchó a su madre cantar?
        ¿Quién no ha tenido familiares o amigos que hayan poseído el don de tocar un instrumento musical, por rudimentario que haya sido el aprendizaje?


        Sin lugar a dudas la música y el canto son los catalizadores fundamentales para sublimar la angustia de la cotidianidad de todo ser humano y, por lógica consecuencia, de toda la sociedad que lo contiene. ¿Quién no superó un dolor íntimo, un estado de angustia y desesperanza mediante el recurso de escuchar una canción o de cantar, movido por la nostalgia? ¿Quién no canta o tararea cuando se siente alegre?
        Por todo ello, entendemos que en nuestras escuelas primarias no pueden faltar profesores de música y canto. Sería interesante ampliar el programa tradicional incorporando en las clases otros instrumentos musicales: guitarra, violín, flauta, saxo, clarinete, trompeta, etcétera. Esto haría que los niños se vieran motivados a practicar con ellos y fijar así, de modo más intenso, los conocimientos que la maestra les brinde.
        Adviértase que no se trata sólo de incentivar el aprendizaje de una materia más, sino de inculcar en el niño hábitos de vida netamente positivos, porque no es fácil el futuro que le espera en medio de una sociedad internacional cada vez más excluyente. No se trata de poner paños tibios ni de adormecer los sentidos. Todo lo contrario: se busca que el niño, desde la escuela primaria, se arme con herramientas positivas, que le serán de suma utilidad para toda la vida.
        Es sabido que desde hace tiempo existe la carrera universitaria de grado y la licenciatura en musicoterapia. Esto quiere decir que científicamente se ha demostrado el poder curativo de la música, a punto tal de que es el objeto no de una materia o especialidad más de la psicología o de la psiquiatría, sino que se ha erigido en una disciplina autónoma.
        El niño, incentivado por los maestros y maestras de música de la escuela primaria, podrá o no convertirse en un profesional de la actividad musical. Ello dependerá, esencialmente de su don natural, pero, de cualquier modo, habrá adquirido un saber que nadie le podrá quitar en el futuro. Ese conocimiento le permitirá transformarse en mujer o en hombre de bien: la música será el refugio en sus horas de oscura tristeza y también en los mejores momentos de alegría. Se elevarán con ella los sentimientos generados en aquel rincón de la escuela en que aprendió a cantar y a tocar un instrumento, para liberar lo más íntimo de su individualidad. Esto es, aquello que difícilmente podamos transmitir a otro a través de las palabras.

NOTAS
1. Doctor en Derecho y Ciencias Sociales. Link del artículo