LA TRAGEDIA DE MAMBRÚ
ANÁLISIS EDUCATIVOS
PABLO BENSAYA, presencias@hotmail.com
INTERNET, presencias.net, R. ARGENTINA, AGO-2005
ORIGINAL


Admitámoslo: Mambrú se fue a la guerra. Desconocemos cuándo regresará, en caso de hacerlo, aunque de guiarnos por los rumores de siempre podría haber licencias para Pascuas o para Navidad, no se sabe a ciencia cierta.
        Uno de los datos que en los últimos meses pareció inicialmente importante fue la presencia de soldados que habían estado en el frente. Eran tres alpinos que venían de la guerra a quienes se interrogó por la suerte de Mambrú, nada sabían. Es más, parecían sólo interesados, sobre todo el más pequeño, en los regalos que traían recordando, tal vez, algún amor pendiente.


        Más allá de que la resignación haga que concibamos como honorable muchas acciones y conductas, sus familiares lo extrañan en grado superlativo. No pasa un día sin que se hable intensamente de él. Como en toda guerra, las cosas que se cuentan entre las gentes sólo enturbian aún más la penosa espera. Tal el caso de unos periodistas que, fuera de línea, contaron lo que un prisionero les había confiado "piden pan, no les dan, piden queso, les dan hueso y les cortan el pescuezo". No es, por cierto, noticia edificante para ninguna madre.
        Tampoco es cuestión de pensar que todas las cosas saldrán mal, a nada bueno conduce el pesimismo. El ánimo debe estar siempre en lo más alto de nuestros ideales. No podemos caer doblegados porque haya quienes se quieran casar sin saber con quién o quienes hacen la guerra sin saber por qué.
        Sabemos todo eso y es por ello que a nuestros niños jamás debemos ocultarles la realidad. Para estar bien adaptado y adoptado por la sociedad es favorable que desde pequeños se enteren lo que ocurre en el mundo de los adultos. No es sensato seguir con la tontería de mesas con ojos, naranjas que hablan o animales que razonan. ¡Absurdo! Nada de eso existe. Harto más saludable es ir adecuándolos para futuros avatares, de lo contrario sufrirán sin remedio y, lo que es peor, no sobrevivirán a lo harán en condiciones de insoportable decadencia. Sin duda, argumentos que hablan claramente en relación a la imperiosa necesidad de profundizar las bases de tal preparación.


        El universo no se hizo en un día, hay que dar tiempo a la maduración pero para que ello ocurra deben, primero, afirmarse determinados pilares, hecho tras el cual, los acontecimientos tenderán a funcionar con esa gracia, vuelo y espontaneidad que posee la materia cuando está encauzada por su movimiento inercial.
        Para el logro de los enunciados fines la mayor parte del planeta acepta y participa de ciertas pautas elementales. No es para menos ya que han demostrado decidida eficacia a la hora de ser implementadas. Es a partir de la compresión de lo ya transitado que podremos ser aún más fieles y precisos al derrotero trazado. Resulta evidente que la televisión ha jugado un papel casi central, complejas hubieran sido las operaciones sin su invalorable auxilio. Gracias a sus muertes, violencias de todo tipo y programaciones falsamente infantiles se ha recorrido un camino poco menos que glorioso. Sin embargo hay que seguir enfatizando su dominio. Los dibujos animados tienen que mostrar más realidad, tal como es, sin desfigurar nada. El problema aquí está dado en que quienes la hacen carecen casi siempre de lo mínimo requerido y es en tal sentido que deben financiarse a teóricos y pesadores para la gestación de las exégesis pertinentes. Luego, los menos aptos dedicarán sus vidas a reciclar "doctamente" lo dicho por aquellos, y, si bien son minúsculos, resultarán importantes en la multiplicación de los procesos fundamentales.
        Hace poco tiempo, un famoso profesor en genética, integrante de una de las listas de correo más reservadas y especializadas del mundo, nos daba a conocer algunas de sus nuevas ideas. La que impactó de entrada, la que por deducción se vio acertada y rápida, fue la creación de una canción infantil que llamó "Tengo una muñeca". Gustó desde el primer momento la inocencia de su título, ni qué hablar del clima de euforia cuando se pudo leer una de sus partes:

Pobre la muñeca
qué enfermita está
si no viene el médico
se me morirá.
Si se muere la muñeca
la hemos de enterrar,
con su jilguerito
bajo de un rosal
.

        Sólo hay que echarla a andar y alentar sus incipientes pasos, el resto lo hará sola, por peso propio. La acción, como en todo devenir subliminal, puede ser directa o por reflejo, tanto da mientras sume. Claro está que debe cederse, a los mencionados minúsculos, el planteo acerca de lo inofensivo de cosas como estas. Que los detractores son los que al pensar diferente desean echar por tierra buenas obras infantiles. Eso es sensato, suena interesante, se impondrá como base de la argumentación. El segundo argumento es que nada pasó de malo en el pasado con semejantes materiales (nadie advertirá que lo actual es consecuencia de lo anterior ya que observarán y se pelearán respecto de fechas y generaciones -y todo el anecdotario personal-, desviando el eje y favoreciendo el desarrollo del objeto en cuestión). El tercer argumento ancla su garra en el merodeo de la verdad, que sea el mismo niño quien finalmente decida y que no se menosprecie su capacidad intelectual (esto percute con fuerza en la clase media y media alta, proclive a estas sandeces). El cuarto argumento, seguramente con estos ya sobran, relacionará la moral con la irrealización humana. Es fácil de instalar en cualquier ambiente diciendo cosas como "esa canción es una moralina".
        Además de la televisión y las canciones hay un tercer componente que edifica el trípode básico: la discordia educativa. Es decir, problemas permanentes dentro del ámbito educativo. No importa si son reclamos salariales, curriculares o de violencia. Lo importante es el conflicto permanente. Por otra parte, el sistema, como todo sistema, se resiente con facilidad si se cambian sus formas con cierta frecuencia. Esto debilita marcadamente el poder de decisión del docente al experimentar por esa vía sensación de inestabilidad, vale decir, causada, en principio, por la irrupción de "terminologías" y "estrategias" nuevas. Quedan así, completamente expuestos a reaccionar por motivos mínimos. Los cambios "educativos" traerán pródigos reproches entre docentes y padres, hecho que no tardará en incrementar la violencia en la escuela.
        Entonces ya tenemos cubierto el espectro completo. Cuando se está en casa, la televisión y la música mantienen, tratando de aumentar, el mensaje y el estándar de violencia, mientras que en la escuela toman la posta los mismos formantes de la comunidad educativa y nuevamente la música. Por último, fuera de casa y de la escuela, es la música la dueña y señora de la situación. Es tan obvio que la música "siempre está".

        Por todo lo dicho queda denunciado que a Mambrú se lo obligó a ir a la guerra. Ya sé ahora que la tragedia de Mambrú es la de millones de niños, ya no volverán, nunca nadie quiso esperarlos ni amarlos.

Pablo Bensaya, Buenos Aires, Argentina, agosto de 2005