LA CANCIÓN DE CUNA
ANÁLISIS EDUCATIVOS
PABLO BENSAYA, presencias@hotmail.com
INTERNET, presencias.net, R. ARGENTINA, ABR-2006
ORIGINAL


Una visión acerca de la necesidad de su inclusión en la vida diaria y en los diseños educativos

La canción de cuna sirve, inicialmente, para que podamos dormir a los niños. Dicho esto desde el plano más externo posible. Interesante es observar lo escasos que somos a la hora de concebirlas en favor del desarrollo infantil. No estoy señalando la ausencia de uso porque, realmente, eso sí lo hacemos; pretendo instalar la idea de que no las trabajamos con la entidad y enjundia con que lo hacemos sobre otros materiales. Simplificando, resultan de gran utilidad pero no atendemos a su calidad, casi en ningún aspecto, ni a su cantidad.

        Tal vez el ego que no recibe mayor compensación o los autores que sienten estar elaborando algo que, como supuestamente las personas "ya conocemos", no mejorará sensiblemente alguno de los parámetros participantes. Lo cierto es que, con el tiempo, fue delineándose esta rara paradoja: un género de los más difundidos y aplicados en todo el planeta, eficaz como pocos, y casi completamente abandonado a su buena suerte. No admite esto demasiada ampliación desde el momento en que millones de madres conoce, siendo optimistas, un solo canto, muchas veces parcial.

        Lo concreto es que no nos estamos ocupando sistemáticamente del canto de cuna, que yo prefiero llamar, directamente, cuna. Y cuanto más se piensa, menos se comprende nuestra actitud ocultadora, conformando una verdadera negación que abarca desde derechos de la infancia hasta severas impotencias educativas.

        Luego, cuando el niño sale de la cuna, establecemos decenas de procedimientos y técnicas para llegar a él. Peleamos y discutimos acaloradamente por ver cuál es la canción, o la música, que más le gusta y la más provechosa para su desarrollo emocional y psicomotor. Editamos libros, artículos y documentos tendientes a arrojar luz acerca de las conveniencias de tal o cual estrategia. Ningún terreno se ha preparado para semejante embestida. Tanto el niño como su más inmediato entorno familiar son penetrados por un mundo que les habla de cosas atractivas pero, muchas veces, incompresible por su formato lleno de cargas culposas.

        Obviamente, las investigaciones, estudios y trabajos de aplicación deben seguir profundizándose, huelgan objeciones razonables al respecto, no estoy colocando el acento sobre aquello que hacemos bien. Llama, en cambio, la atención que en etapa previa, la de la lactancia, el niño quede, por así decirlo, desprotegido de tantas bondades que, ulteriormente, recibirá en abundancia. Pero él las necesita ahora. Y nosotros también. Lo mejor que nos puede pasar es educar siempre, comprendiendo que el mundo actual difiere marcadamente de ese pasado cercano que muchas veces obtenía logros por inacción de los potenciales males sociales. Son dos o tres primeros años de vida que estamos desperdiciando sólo porque, y permítaseme la figura, el bebé no aplaude.

        A partir de los dos años, aproximadamente, todo es objeto, en los buenos educadores, de estudio: timbre, instrumentación, forma, letra, melodía, armonía, movimiento corporal rítmico, coordinación gestual, etc. Lo que hagamos en estos tópicos, ya lo sabemos, será poco comparado con la importancia del objetivo perseguido y sin embargo estamos comenzando tarde. Podríamos haber ganado tiempo, que, finalmente, es el tiempo de todos.

        Un buen dormir, un buen estar, un buen relacionarse con variadas cunas fortalecerá el desarrollo armónico del niño. Pruebas simples, aunque ni suficientes ni más abarcadoras de lo que el ejemplo mismo supone, se dan cuando el niño duerme rápidamente en virtud del tino en la elección del canto, evitándole, con nuestro acierto, incomodidades por exceso de llanto o nerviosidad. No menos contundentes son los relatos directos de las madres al afirmar que, cuando cantan una cuna, el bebé despierta, casi siempre, mejor que cuando no lo hacen.

        Mil veces más útil, y trascendente, que estudiar ciertas cosas caducas o de extraña lejanía, resulta la incorporación de no menos de cinco cunas en la escuela primaria. De tal suerte que cuando grandes tengamos bases elementales para trasmitir al bebé o instruir a otros adultos. Claro está que pretendo mucho más que eso, una metodología de cobertura musical para la criatura. Pero debemos comenzar con algo, y ese algo es enseñar un conjunto de cunas compuestas conforme las mejores experiencias actuales, salidas del idóneo, con la mira puesta verdaderamente en hacer una sociedad de excelencia. No es facultativo el pensamiento de dar lo mejor a los mejores. Ellos lo son.

        El género de cuna debe ser fortalecido por todas las vías posibles, comprendiendo de una buena vez que se trata de una concepción global que excede, por mucho, el mundo del canto en sí mismo, que es enorme, sin duda, pero que puede ser notablemente enriquecido merced a acciones más elaboradas, y conscientes, de nuestra parte.

        La cuna también educa a la madre y al entorno. Impartiendo estructuras adecuadas se pueden explicar y procesar decenas de contenidos: vacunación, higiene, alimentación, vialidad. Pero debe hacerse ya. No es costoso en dinero. A toda mamá le interesa cantar cunas a su niño y justamente es eso lo que dará origen a un trabajo fecundo y responsable. Cierta parte de la cultura corre por las venas de una cuna y, aunque imposible de abordar el detalle aquí, se establecen los rudimentos de la forma y de los balances funcionales de los sonidos. Sólo esto último ameritaría decisiones claras respecto de la difusión de los cantos de cuna, no olvidemos que un ser humano vivirá el resto de sus días dentro de un ambiente tonal determinado y, si por algún motivo tuviera que cohabitar con culturas distantes, ello no invalidaría en lo más mínimo el planteo de marras. Así como en Indonesia y en China, estarían gustosos, de hecho ocurre, en elaborar cunas de arquitectura pentáfona, nosotros debemos tomar partido en estos asuntos porque por haber creído que eran menores, han ocurrido, hipotéticamente, cosas, cuanto menos, fuera del alcance de los controles educativos. No me asusta lo multicultural, indico que comencemos desde la realidad en la que el niño pasará la mayor parte de su vida. Hay espacios del quehacer social en los que podemos improvisar y ceder al arbitrio de los avatares propios de la carencia de planificación. No es, por cierto, el caso de las cunas. Identidad cultural conforma el estructurante de esta idea.

        Es de suponer que a personas, de mediana o cuasi nula sensatez, no se les dé por ejercitar el oído idiomático del lactante con fragmentos en inglés, francés, alemán, ruso, algo de sueco y toques de latín. Argumentando, encima, que ello es para favorecer la aceptación de conceptos universales. Una locura, un absurdo que no podemos permitir que admita la más leve de las discusiones. Tal vez convenga, rápidamente, aclarar que si no se nota en la música con palmaria evidencia es porque deviene más compleja su observación y no porque no ocurra con idénticos resultados. Proveamos cien colores a un principiante y terminará haciendo un cuadro para el olvido, pero lo peor es que a nadie servirá. Cada tramo de la cultura debe colocar el indisoluble sello de la sociedad en la que actúa, de otro modo es difícil, luego, reclamar cohesión, solidaridad, compresión, compromiso y tantas otras cualidades deseables para el conjunto de la población. Y, dentro de ese panorama, no acontecerá por maldad el que los sujetos se comporten de extraña manera, simplemente emergerá, naturalmente, por educación.

        Insisto, el periodo de lactancia es maravilloso para la preparación emocional por la música, es de lamentar que estemos malgastando tan elocuente tesoro.

        El atender estas cuestiones colaborará, con plena seguridad, en la formación de individuos con mayor grado de potencial comunicativo. El lazo madre-hijo sale fortalecido y con él, desde ya, todas nuestras relaciones interpersonales.

        Las demoras en la aplicación de cunas adecuadas, razonadas, desarrolladas por entendidos en la materia, seguirá perjudicando al colectivo social, y quien piense que esto es subir en exceso el tono de la conversación, no advierte la inmensa cantidad de información vital que al niño llega a través de ellas. Tenemos que multiplicar los canales para contactar con el niño, resulta hoy imperativo que aceptemos este punto como crucial. De la acertada labor, que en esta materia realicemos, dependerá, en mucho, la correcta socialización del pequeño. El niño nace a la sociedad desde el momento mismo de su concepción, cualquier aplazamiento en el fortalecimiento de este vínculo es, además de innecesario, un desatino mayúsculo, de imprevisibles derivaciones.

        No generemos más omisiones y hagamos realidad el hecho de que todos los habitantes del país poseamos una base de cunas bien aprendidas y listas para su empleo. Así, aparte de sensibilizarnos colectivamente, que buena falta nos hace, sentiremos participación concreta en el desarrollo de una mejor infancia. Todos ganaremos.

        Propongo armar talleres, de un par de meses, para que las mamás, incluye esto a las embarazadas, aprendan varias cunas bajo la luz de lo estuvimos recorriendo; vale decir, se impartirán cunas junto a contenidos concretos y precisos de vacunación, alimentación, higiene, vialidad, convivencia, detecciones tempranas y primeros auxilios. Se los llevará a cabo sin acartonamiento ni absurdas ampulosidades, con absoluta simplicidad. La idea es trabajar correctamente las cunas adjuntando, dentro de todo el proceso, informaciones vitales que, por decenas de motivos, encontrará a muchas madres completamente huérfanas de ellas. Es la oportunidad, virtud del milenario y bien ganado atractivo de cantar cunas, para transmitir y relevar datos sociales de inestimable valor. Escuelas y fuerzas vivas, en general, proveerán los sitios físicos para los talleres, el gobierno, la publicidad, la coordinación y articulación de las partes, los empresarios, el poco dinero que requiere esta empresa.

        Para las zonas de difícil acceso, tanto ambiental como geográfico, se dispondrá de un vehículo grande, del tipo transporte de pasajeros, que será taller itinerante. Con los materiales apropiados para la tarea y la indispensable dotación de personal, servirá él mismo, en caso necesario, como aula. Seguramente, para esta instancia ambulante, convendrá alentar grupos de voluntarios con la adecuada preparación.

        Paralelamente a los talleres se analizarán los lugares de la currícula en los que se realizarán las inclusiones de las cunas, y demás contenidos, a fin de promover el conjunto al ámbito de la educación formal. Sólo resta poner manos a la obra.

Pablo Bensaya, Buenos Aires, Argentina, abril de 2006