ENSEÑAR A PENSAR ES ABSURDO
ENTREVISTAS
ROSANA RAMONDA
LA MAÑANA , CÓRDOBA, ARGENTINA, 29-AGO-2000
ORIGINAL


"La escuela no tiene por qué ser divertida..." dice Jaime Barylko [1]

Los problemas de la baja calidad de los aprendizajes y por los índices sostenidos de fracaso escolar, se buscan revertir desde nuevas miradas y estrategias didáctico pedagógicas. Así, se habla de la necesidad de que el proceso de enseñanza-aprendizaje ya no se centre en la transmisión y construcción de conocimientos.


        Se pretende una finalidad distinta planteada como solución casi mesiánica que implica que la escuela y sus maestros deben preocuparse por otra cosa: enseñar a pensar... propuesta que fue totalmente desmitificada por el filósofo [argentino] Jaime Barylko en la entrevista concedida a La Mañana.

        Últimamente se pone mucho énfasis en que la escuela debe enseñar a pensar

        -Enseñar a pensar es absurdo e imposible, además la escuela no enseña nada: ni contenidos ni a pensar. Hay que tener presente que es y no es función de la escuela enseñar a pensar. Lo que la escuela puede y tiene que hacer es darle a los niños la máxima cantidad y calidad de experiencias para que todo esto produzca pensamiento, pero cada uno va a pensar a su manera, a su estilo y con su cabeza.

Jaime Barylko. Archivo La Nación, Cap. Fed., Argentina, www.lanacion.com.ar
Jaime Barylko. Archivo La Nación, Cap. Fed., Argentina, www.lanacion.com.ar

        ¿Enseñar a pensar supondría, a su entender, el establecimiento de modelos a seguir en este sentido?

        -Claro, sería como decir "hay que pensar así". Enseñar es un concepto que supone unidireccionalidad; por ejemplo, si yo digo que voy a enseñarles historia, les voy a poner un modelo. Además, el que enseña se atribuye el conocimiento de algo como verdadero.

        ¿Y es imposible enseñar a pensar?

        -Obviamente, porque pensar no es un conocimiento, en realidad es una actividad.
        No se puede enseñar a pensar, lo máximo que se puede hacer es nutrir la mente y la vida con elementos que después resulten excitantes y lo hagan pensar.

        ¿Entonces cuál cree usted que debería ser la meta a alcanzar?

        -Lo que hay que considerar es qué necesitamos darles y provocarles a los niños ante este mundo de cambios perpetuos.


        Uno de los aspectos es proporcionarles las herramientas para que desarrollen los procesos de pensamiento y los contenidos básicos para seleccionar la información y situarse ante ella.
        Otro de los aspectos, el más serio, es cómo construir personas morales y felices. Porque la finalidad no está ni en la matemática ni en la física ni en la química ni en la filosofía, tampoco está en la inserción laboral.

        ¿Considera que la inserción laboral no debe ser preocupación de la escuela?

        -Yo estoy completamente en contra de ese "tubo" que se quiso hacer de la escuela al trabajo, es un tubo completamente fracasado. La escuela tiene que ser la escuela.

        ¿Y qué es la escuela?

        -La escuela es un foco de crecimiento a la altura de los tiempos. Tiene que formar a la persona como ser humano, como ser mental, como ser emocional. Lo fundamental es que tiene que estar a la altura de los tiempos.

        ¿Cree que está desfasada la escuela respecto a ello?

        -La escuela está muy desfasada respecto no sólo de las necesidades sociales, sino también de la altura de los tiempos. Con esto quiero decir que no está en correspondencia con el nivel actual de la civilización y de la cultura.

        ¿En qué se manifiesta el desfasaje del que habla?

        -La escuela necesita reeducarse. La escuela es una función de la sociedad y en la medida en que la sociedad, la cultura y la civilización cambian, la escuela debe replantearse su rol, su función en estas nuevas circunstancias. Y está desfasada en cuanto a que sigue un programa de estudios que, yo creo, tiene como doscientos años.

        ¿Y los cambios introducidos por la Transformación Educativa?

        -No se cambió nada. Esa transformación no existe. Es un acto político. La hicieron políticos, es una ley que hicieron los políticos, y los políticos de educación no saben nada.

        ¿Cómo adaptar entonces educación a las necesidades actuales?

        -En primer lugar, es imprescindible pensar la educación y al hacerlo salta la necesidad de re-formar al docente. Hay un problema grave de Estado, no del gobierno, que el Estado quiere y no quiere esto. Quiere de una forma superficial y fácil: cambia el nombre, hace transformaciones educativas que no transforman nada. Pero cuando se llega al meollo, al hueso, donde hay que hacer, ponerse a pensar cómo queremos educar a los educadores ahí el Estado siempre ha fallado y falla, abandona la tarea.
        Es como que debe construir un edificio y decir que va a tener ventanas y chimenea pero después se le dice que necesita ingenieros y arquitectos y ahí no llega, ya no le da la cabeza a los políticos.

Jaime Barylko. Archivo Alfaguara, Cap. Fed., Argentina, www.alfaguara.com.ar
Jaime Barylko. Archivo Alfaguara, Cap. Fed., Argentina, www.alfaguara.com.ar

        Los políticos tienen que hacer cosas sencillas, que no exijan esfuerzo intelectual, porque tienen que dedicarse a la política, no tienen tiempo para dedicarse a la salud, a la educación. Los políticos no están para eso. Si los políticos estuvieran dispuestos a aprender, tendríamos otro país.

        ¿Cree entonces que es responsabilidad de los políticos que la educación esté como está?

        -Y sí, porque son responsabilidad de ellos los programas, la formación docente, la posibilidad de acceso de todos los niños a la educación y particularmente de los que tienen escasos recursos. La otra responsabilidad es de los hogares y de la sociedad.

        En cierta manera, usted considera que la familia tiene responsabilidad en la generación de políticas educativas

        -Así es; creo que en la medida en que son responsables de la educación de sus hijos, no lo son exclusivamente en sus hogares. Es decir, su responsabilidad no se reduce a enseñarles cómo sentarse a la mesa, o a masticar la comida con la boca cerrada ni mucho menos a pedir permiso, decir gracias o por favor. La responsabilidad abarca también aspectos más macro.
        Ellos deben plantearle a los políticos qué educación quisieran para sus hijos. Porque cuando vas a la escuela, tomas lo más querido de tu vida, un hijo, y lo entregas para que hagan con él algo que no programaste, de lo que no participaste.
        La educación del futuro va a necesitar absolutamente de la integración de los padres.

        Pero el peso de la educación no recae sólo sobre la familia

        -La responsabilidad educativa de la escuela no es sólo de ella ni exclusivamente de los padres.
        Hay dos responsabilidades: una que el hogar tiene que volver a tomar las responsabilidades educativas; y otra es la de participar en la gestión educativa, no metiéndose en la escuela pero sí dialogando acerca de qué quieren y qué no quieren para sus hijos, cómo debe ser esa educación, para que escuela y hogar se compaginen.

        ¿Cree usted que familia y escuela están demasiado distanciadas?

        -En efecto, hay mucha distancia entre estas dos instituciones que son centrales en la sociedad e inclusive, en muchos casos, hay hostilidad de los padres hacia la escuela.
        A la primera de cambio, si al padre se le ocurre, va le grita a la maestra porque cree que en eso consiste la democracia, ése es uno de los tantos errores de la sociedad argentina actual.
        Tampoco quiero decir que el hogar deba apoyar incondicionalmente a la escuela; pero necesitamos que el hogar esté con la escuela, si se ve algún defecto hay que ir a ayudar, no a criticar.
        La escuela no es una fábrica de dulces a la que le devuelves el dulce porque lo hicieron mal. Ahí el dulce es tu hijo, así que tienes que colaborar con la maestra y con la escuela, también se pueden hacer planteos, pero respetuosamente. Hay mucha falta de respeto a la escuela.

        Esa falta de respeto de la que usted habla, ¿permitiría explicar ciertas actitudes que asumen los mismos actores educativos?

        -Claro que sí. Particularmente respecto de niños y jóvenes. El niño ve que la escuela y la maestra no tienen autoridad, entonces siente que él, en cualquier momento, puede decir, por ejemplo, "la clase de esta señorita me aburre". Entonces viene el papá y dice: "El niño no estudia porque la clase es un llano". La gente de la calle lo escucha y dice: "Tiene razón, no debería aburrir la clase". Y ahí están todos metidos en un error.

        ¿Cree usted que esta apreciación de que la escuela aburre responde a una evaluación hecha con conceptos que no son propios de la educación?

        -Claro, es una errónea concepción de que la escuela tiene que divertir, que una clase tiene que apasionar, no todo es apasionante. De hecho, gran parte de las cosas del saber o de la cultura no son apasionantes. No es función de la escuela divertir, no tiene por qué hacerlo.

        Pero se exige que la escuela busque la forma de llamar la atención de los niños

        -Sí, pero todo eso debe ser abandonado. Ese intento de captar el interés es absurdo, porque gran parte de lo que se enseña no interesa, y además los intereses son diversos (lo que me puede interesar a mí no le interesa a mi compañero y viceversa), no podemos captar la atención de todos los niños para un tema, eso es imposible y absurdo.

        ¿Lo absurdo es pretender captar la atención de los alumnos?

        -
En realidad, creo que lo absurdo es plantearlo como meta de la escuela. Es una meta absolutamente absurda e imposible, aunque bailen, canten y todo eso, lo de motivarlos... son todos verbos absurdos.

        ¿Considera que una escuela más creativa permitiría revertir esta situación?

        -De alguna manera es así, pero el problema es que en la escuela se cae en el error de creer que la creatividad pasa por la plastilina o por desarrollar las emociones, las sensaciones, etcétera.
        En realidad, la creatividad pasa por tener y practicar la capacidad de enfrentar situaciones con una nueva visión, con un nuevo punto de vista, que pueda ser modificado también dentro de un tiempo.
        Es decir, la creatividad está en el punto de vista, en la captación que se tiene o en la luz que arrojamos sobre las cosas, sobre la vida.

        Entonces la escuela tendría que apuntar a desarrollar su creatividad

        -
La escuela no tiene que ser creativa. Lo que la escuela tiene que hacer es desarrollar la mente humana, darle opciones alternativas al alumno.
        Cuando se las dé, la mente va a trabajar sola. Hay que confiar en el cerebro humano.
        Últimamente se empezó a desconfiar tanto que se quería "fomentar la afectividad, esto, lo otro"... En realidad todo eso tiene que brotar espontáneamente.

        ¿Qué hacer entonces?

        -Lo que hay que hacer con los niños es, como decía el poeta Jorge Manrique "avivar el seso". Esto significa darle vida al cerebro. Avive el seso, decía. Si avivas el seso, el seso sigue trabajando solo. Hoy se quiere seguir con aquellos procedimientos y eso es absurdo.

NOTAS
1. Jaime Barylko (1936-2002), filósofo argentino, nacido en Buenos Aires, Argentina. Autor de libros de filosofía, pedagogía y autoayuda. Ha sido asesor científico del Conicet y de otros organismos gubernamentales.