APRENDIZAJE LÉXICO-ORTOGRÁFICO -II
TEMAS IDIOMÁTICOS
FERNANDO CARRATALÁ [1]
DE www.aplicaciones.info, INTERNET 2005
ORIGINAL


Parte I   Parte II

Titulo original: "Planteamientos metodológicos para reconducir el aprendizaje léxico-ortográfico (II)"

Debería moderarse el aprendizaje de reglas ortográficas, en número a veces excesivo, muchas de las cuales plantean complejas implicaciones gramaticales que ciertos escolares no son capaces de comprender ni de aplicar. No debe olvidarse que una ortografía correcta no se obtiene memorizando unas reglas de las que a la larga sólo perdurará el tormento que supuso su adquisición; sino conociendo prácticamente las palabras y fijando en la mente una imagen -polisensorial- lo más completa posible de las mismas: viéndolas escritas, oyéndolas pronunciar y pronunciándolas después en alta voz, escribiéndolas lentamente; y, además, conociendo su significado.


Nuestra opinión sobre la validez o no de las reglas ortográficas es tajante: admitimos su utilidad sólo en los casos en que reúnan las condiciones de facilidad de comprensión, aplicación a un elevado número de vocablos de uso frecuente y escasez de excepciones; porque, de otra manera, las reglas solo sirven para sobrecargar la mente del escolar con un bagaje de conocimientos tan excesivo como inútil. No parece, por ejemplo, pedagógicamente acertado presentar a los alumnos, para su memorización, una regla como la siguiente: "Se escribe r -con sonido vibrante múltiple- después de l"; porque el ámbito de aplicación de dicha regla alcanza a palabras como alrededor, alrota, malrotar, malrotador,-ra, Ulrico... El conocimiento viso-audio-motor de los vocablos, unido al de su significado, nos parece, en cambio, el mejor sistema para ir adquiriendo, a corto plazo, la perfección ortográfica, y, cuando sea factible, algunos de estos vocablos con caracteres ortográficos comunes permitirán la formulación de aquellas reglas generales que virtualmente los contienen. Por otra parte, puede prescindirse de reglas ortográficas de validez más que dudosa, para reemplazar su estudio por la construcción de familias léxicas que posibilitan la fijación de caracteres ortográficos comunes a un conjunto de palabras. La construcción -como complemento al aprendizaje estrictamente ortográfico- de campos asociativos y semánticos servirá, además, para ampliar el conocimiento en profundidad del léxico y para ir usando paulatinamente los vocablos cada vez con mayor propiedad y precisión.

Motivación adecuada

        La copia nunca debe emplearse como instrumento de castigo, por tratarse de un excelente procedimiento de aprendizaje caligráfico y ortográfico. Es preciso, pues, desechar definitivamente aquellos ejercicios de copia que, faltos de la motivación adecuada, se realizan con mala voluntad por los escolares, ya que contribuyen a que estos incrementen el número de errores ortográficos y a que escriban con una pésima caligrafía que dificulta la legibilidad de la letra. La "copia-castigo" está, sin duda en el origen de muchos problemas de ortografía y de escritura difícilmente superables o persistentes en el tiempo; y, aunque solo sea por esta razón, debe ser rechazada en la práctica escolar.


        Los textos que vayan a dictarse a los escolares habrán sido objeto de un concienzudo estudio previo por parte de estos; porque, en caso contrario, se les pondrá en situación de tener que inventar la expresión gráfica de palabras desconocidas que, en muchos casos, no coincidirá con la correcta; y, de esta manera, se incrementa el riesgo de que aparezcan errores ortográficos en cierto sentido provocados. Nada de particular tienen, pues, estas esclarecedoras palabras de Esteban Villarejo Mínguez, en las que repudia el dictado como procedimiento didáctico: "Evitar el error es mejor procedimiento que enmendarlo. Por dos razones principales: por salir al paso de reacciones emocionales negativas y por anticiparse a malos hábitos de escritura. El empleo del dictado como instrumento de enseñanza ortográfica es, según esto, deplorable. Deja que la falta se produzca para comenzar entonces el verdadero aprendizaje, que se reduce a la enmienda magistral y copia reiterada del vocablo debidamente escrito. De poco sirve. Resiste y persiste el clisé falso contra los más esforzados intentos de desecharlo". [2].

Fomentar la consulta de dudas

        En ningún caso se seleccionarán para ser dictados textos que parecen pensados para confundir al escolar, carentes de todo valor formativo, y con una excesiva acumulación de dificultades léxicas y ortográficas. Queremos insistir en la idea de que el dictado de textos -en caso de que se siga realizando esta actividad- ha de plantearse como objetivo prioritario la mejora del nivel léxico-ortográfico del escolar -y de su conocimiento del idioma, en general-; y no está justificado su empleo para averiguar cuántos vocablos es capaz de escribir incorrectamente. La mejor enseñanza de la ortografía no se obtiene multiplicando los dictados para corregir luego las faltas que éstos contienen, sino fomentando en los escolares el hábito de escribir correctamente cuanto escriban, y el de consultar sus dudas acudiendo al diccionario; y, cuando no logren superar por sí mismos las dificultades, recurriendo a la ayuda de los profesores. Escribe -desde su autoridad en temas ortográficos- Villarejo Mínguez: "Evitar el error es mejor procedimiento que enmendarlo. Por dos razones principales: por salir al paso de reacciones emocionales negativas y por anticiparse a malos hábitos de escritura. El empleo del dictado como instrumento de enseñanza ortográfica es, según esto, deplorable. Deja que la falta se produzca para comenzar entonces el verdadero aprendizaje, que se reduce a la enmienda magistral y copia reiterada del vocablo debidamente escrito. De poco sirve. Resiste y persiste el clisé falso contra los más esforzados intentos de desecharlo. Véase: "Cómo enseñar ortografía". [3] Y en cuanto a la "enmienda magistral" de los errores ortográficos vertidos por los alumnos en los ejercicios de dictado, Villarejo Mínguez la rechaza, por ineficaz, con estos argumentos: "Porque no se trata de dejar entrever la escritura infantil para que sea comparada con la del profesor en espera de que esto produzca pingües ganancias, sino de evitar a toda consta la fotografía en su imaginación de la forma incorrecta". "De las dos imágenes en lucha -sigue argumentado Villarejo Mínguez- vence la que es de cosecha propia, la que es personalmente activa y no meramente pasiva". [4]

        Los errores ortográficos no deben combatirse obligando a los escolares a copiar un número excesivo de veces las palabras mal escritas; porque estas copias, al efectuarse con mala voluntad y de un modo mecánico, terminan por consolidar las grafías erróneas, que suelen aparecer después de las primeras repeticiones correctas. Es preferible emplear esas palabras, correctamente escritas, en contextos apropiados y en sus diferentes acepciones de mayor uso; construir las correspondientes familias léxicas; en definitiva, incluir tales palabras en actividades de diferentes tipos que eviten la monotonía y posibiliten una correcta fijación visomotora de las mismas.

        El aprendizaje léxico-ortográfico, en la medida de lo posible -y siempre en función del nivel educativo-, no debe descansar en la teoría gramatical ni en la erudición filológica, ya que, según la edad de los escolares, puede llegar a tornarse excesivamente árido e incluso ininteligible. La palabra mas, por ejemplo, no lleva tilde cuando es una conjunción concesiva -y si la lleva el adverbio comparativo más-; sin embargo, puede resultar más sencillo para un escolar identificar la palabra mas -sin tilde- cuando en el contexto en que aparece pueda sustituirse por pero ("Hemos vendido mucho, mas / pero no lo suficiente"). [5] Y la palabra invierno, por ejemplo, se escribe sin h y con v -pues, en efecto, "se escribe n antes de v"-; pero quizá resulte inneceario para un alumno una explicación como la que sigue: del latín <tempus> hibernum -con h y con b- proviene invierno, a través de ivierno (que origina, entre otras, las voces invernada, invernadero, invernal, invernar, escritas todas ellas sin h y con v); pero la h y la b latinas se mantienen en otras palabras de la misma familia léxica, como hibernación (del latín hibernatio,-onis) e hibernar (del latín hibernare).

NOTAS
1. Catedrático de Lengua Española y Literatura en el IES "Rey Pastor" de Madrid.
2. Esteban Villarejo Mínguez: "Cómo enseñar ortografía". En Lengua y Enseñanza. Perspectivas. Madrid, Centro de Documentación y Orientación Didáctica de Enseñanza Primaria (CEDODEP), 1960; p. 243.
3. En Lengua y Enseñanza. Perspectivas. Madrid, CEDODEP (Centro de Documentación y Orientación Didáctica de Enseñanza Primaria), 1960, p. 243.
4. Ibídem.
5. La conjunción adversativa mas está en retroceso en la lengua actual, reservada para el registro culto. En cambio, resulta muy frecuente el uso del adverbio comparativo más, unido al nombre, al adjetivo, al verbo y a otros adverbios y locuciones adverbiales, en comparación sobrentendida o expresa: "Deberías ser más prudente", "Tiene más paciencia que su hermano" (más... que, en comparación expresa).

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