EL SUICIDO INFANTIL
EDUCACIÓN Y SOCIEDAD
VERÓNICA AZOFEIFA ESPINOSA [1]
www.solonosotras.com, COSTA RICA, 2006
ORIGINAL


El artículo que a continuación reproducimos nos resultó fácil de entender y de efectiva introducción a un tema verdaderamente delicado y muy complejo. La autora sortea los tecnicismos y habla a la familia, coloquialmente, comprendiendo que otro camino es sólo impedimento cierto para llegar a quienes tienen responsabilidad primaria sobre los niños.
        También es importante que los docentes tomen contacto con esta realidad que golpea con extrema dureza toda vez que involucra a seres indefensos, que apenas dan sus primeros pasos a la vida, una vida que, entre todos, debemos mejorarles.
        Al final hemos incluido una respuesta de la Organización Mundial de la Salud a la pregunta ¿Cómo se puede prevenir el suicidio?

Grupo Educativo Presencias, Argentina, febrero de 2008

        Considero muy importante poder hablar acerca del suicidio infantil, ya que es un tema que en la actualidad ha tenido mucho auge por el porcentaje tan elevado de sus cifras, sobre todo a nivel latinoamericano.


        Unido a la depresión infantil, viene el tema del suicidio como una de las posibles consecuencias de padecer una depresión extendida en tiempo e intensidad y sin miras a un posible tratamiento. Aunque es importante señalar que la idea de que el intento suicida en niños está relacionado con la depresión o con cualquier otro trastorno del estado de ánimo es difícil de descifrar, considerando que los niños aún no han desarrollado un sistema para el control de sus impulsos y no toleran adecuadamente la frustración de sus deseos. En muchas ocasiones, el intento suicida (se logre el cometido o no), pudiera ser un acto impulsivo, cargado de angustia y desesperación, ante un castigo o regaño severo por parte de los padres o cuidadores. No necesariamente es respuesta a una depresión.
        A través de los estudios y la experiencia se ha sabido que dentro de los posibles factores de riesgo que se relacionan con el ambiente que rodea al niño, la familia es un punto de amplia relevancia en el desarrollo de ideas suicidas o bien de un comportamiento suicida. Como parte de esto debemos prestar atención a la psicopatología de los padres, el comportamiento agresivo intrafamiliar, así como dependencias a alcohol o drogas y la depresión (suya o de sus padres), que podrían predisponer a un niño a desarrollar tendencias suicidas. Se hallan los siguientes como factores de riesgo más frecuentes que predisponen a un comportamiento suicida en los niños:

        Según estudios previos, los individuos con una historia de abuso sexual en la infancia o maltrato infantil son tres veces más vulnerables a volverse depresivos o suicidas durante la adolescencia o la edad adulta.


        Además, podemos nombrar como algunos predictores de riesgo suicida los siguientes:

        Algunos de los síntomas que pueden anunciarse son:

        Se debe tener mucho cuidado cuando el niño presenta signos de tener un riesgo mayor con respecto a un posible suicidio. Los síntomas anteriores pueden darnos una alerta de cómo prestar más atención a los niños para actuar de una manera inmediata. Algunos de los indicios de mayor riesgo de un suicidio en un niño se pueden identificar cuando el niño habla de muerte con un plan suicida especial, organizado y que puede llevarlo a la muerte con claridad: lugar, hora, día y el instrumento que va a utilizar, por ejemplo.
        Es de importancia que sepamos reconocer qué tipo de arma o qué tipo de instrumento desea ocupar el niño, ya que hay que revisar la disponibilidad de dicho objeto en la casa o lugar de estudio y así ponerlos lejos de su alcance, cualquier otra cosa que pueda ser de utilidad; medicamentos letales en el hogar, cuchillos, armas de fuego, cuerdas, etc.
        Las comunicaciones de parte del niño acerca de su muerte, o bien de una posible "desaparición" nunca deben subestimarse ya que los niños en muchos de los casos desean avisar a las personas más cercanas cuál es su grado de angustia para dar a conocer la necesidad de amor, afecto y el grado de desesperación en el cual se encuentran.
        Los niños que cometen un acto suicida no necesariamente desean terminar con sus vidas; en muchos de los casos los niños desean terminar con el dolor o la angustia que les está generando la situación por la que están pasando y el acto de suicidio se lleva a cabo en algunas oportunidades para dar término al sentimiento tan agobiante, aunque no haya conciencia de que la muerte pueda ser para toda la vida. Esto lo reconocemos por el proceso cognitivo por el cual pasa el niño, y que el concepto de muerte aún no se encuentra internalizado. Relacionado a esto podemos identificar ciertos procesos por los cuales pasa el niño, al enfrentarse con una muerte que "es sólo por un rato", así como la Bella durmiente o Blancanieves, que posteriormente es despertada por alguien que la quiere. Cuando se juega entre amigos, los policías matan a los ladrones y después los ladrones se levantan para ser policías. La muerte no es para siempre. Ellos quieren descansar del doloroso momento por el que pasan.
        Se debe prestar atención a los mensajes que envían los niños, con respecto a este y otros temas, ya que algunas veces se piensa que los niños no entienden lo que sucede y por esto mismo no actúan sobre ello. Esto está lejos de ser correcto, ya que los niños se encuentran en un proceso de desarrollo, aprendizaje y maduración donde los mensajes sociales, dictados en su gran mayoría por la familia, logran ser captados, pero no siempre de la manera más adecuada. Su desarrollo no sólo respecta a la dimensión biológica, sino que involucra también una gama infinita de aprendizaje social, psicológico y espiritual. Por esto es tan importante que los niños puedan tener una guía, idealmente sus padres o cuidadores en su proceso de aprendizaje.
        Cuando se detecten situaciones iguales o similares a las que se nombraron anteriormente en alguno de nuestros niños, es necesario llevarlo a su centro de salud con inmediatez, y que sea visto por algún profesional de salud mental. Esto con el fin de llevar a cabo una valoración adecuada y seguir un tratamiento que sea indicado por el profesional.
        Los niños también tienen derecho a sentir tristezas y de estar cansados de situaciones de agresión, abuso o violencia. Por esto la comunicación abierta con su hijo es una de las mejores maneras de prevenir un acto suicida. Al igual que los adultos, los niños necesitan afecto y comprensión; y la calidad que usted le pueda brindar en un hogar de seguridad emocional es uno de los mejores ingredientes para su futuro.

        La OMS [2], en documento del 9 de septiembre de 2005, responde a su propia pregunta:

P: ¿Cómo se puede prevenir el suicidio?

R: No se pueden prevenir todos los suicidios, pero sí la mayoría. Tanto a nivel comunitario como nacional, se pueden tomar varias medidas para reducir el riesgo, entre ellas las siguientes:

        A un nivel más personal, es importante saber que sólo un escaso número de suicidios se producen sin aviso. La mayoría de los suicidas dan avisos evidentes de sus intenciones. Por consiguiente, deben tomarse en serio todas las amenazas de autolesión. Además, la mayoría de las personas que intentan suicidarse son ambivalentes y no buscan exclusivamente la muerte.
        Muchos suicidios se producen en una fase de mejoría, cuando la persona tiene la energía y la voluntad para convertir sus pensamientos desesperados en una acción destructiva. No obstante, una persona que alguna vez haya tratado de suicidarse no tiene por qué estar necesariamente siempre en riesgo. Los pensamientos suicidas pueden reaparecer, pero no son permanentes y en muchos casos no vuelven a reproducirse.
        Se calcula que en el año 2000 se cometieron 877 mil suicidios. Esto significa una muerte cada 40 segundos. El suicidio se encuentra entre las tres primeras causas mundiales de muerte en personas de 15 a 44 años.

NOTAS
1. Verónica Azofeifa Espinosa, Master en Psicología Clínica, Tels.: (506)241-7661/ (506)355-6474, Costa Rica. De la misma autora: El duelo en la infancia
2. El texto en cuestión se halla en OMS