EL ÁREA ANDINA
LAS CULTURAS PRECOLOMBINAS
HENRI LEHMANN
EUDEBA, BUENOS AIRES, 1970
Trad. BONFANTI "CIVILISATIONS PRÉCOLOMBIENNES", 1958


Prólogo   Parte I   Parte II   Parte III

PERÚ Y BOLIVIA
Culturas preincaicas

Los cronistas nos enseñan relativamente poco acerca de las culturas peruanas anteriores a la de los Incas. Fueron, no obstante, muchas y sirvieron a los Incas de trampolín para la edificación de su Imperio. La labor de los arqueólogos se ha visto favorecida en esta región, y especialmente a lo largo de la costa, por el clima desértico que preservó a través de los siglos hasta los objetos más frágiles. Los hallazgos han sido allí más abundantes y ricos que en cualquier otra región, de suerte que podemos formular un cuadro casi completo de las sucesivas culturas materiales de esos pueblos.


        El Perú y los altiplanos bolivianos se dividen geográficamente en tres zonas:

        1) La costa
        2) La Puna, vale decir el altiplano
        3) Los valles, entre las cordilleras y los valles transversales

        Todas las poblaciones, tanto del altiplano como de los valles, fueron agrícolas. Entre los pueblos peruanos encontramos sin excepción cierto número de características comunes relativas a la agricultura. Por ejemplo, todos removían la tierra mediante un palo para cavar, método muy primitivo que demanda para resultar eficaz, un suelo fértil y una metódica distribución del agua. Ahora bien, todos los peruanos emplearon el sistema de irrigación por canales con una perfección casi absoluta.


        Pese a que en su totalidad se dedicaron a análoga actividad básica, los antiguos pueblos peruanos elaboraron culturas muy diferentes entre sí. Nos limitaremos, principalmente con respecto a los más remotos, a mencionar aquellos elementos culturales cuya sucesiva aparición permite una cronología y las localidades que en apariencia alcanzaron mayor florecimiento.

AMPLIACIÓN
        En el capítulo relativo a prehistoria nos hemos referido a Huaca Prieta, sobre la costa norte, y a los concheros descubiertos en Ancón, valle de Chancay, en la porción céntrica del litoral. Son éstos los más antiguos vestigios de ocupación en el Perú.
        Vemos surgir, inmediatamente después, pueblos mucho más evolucionados, constructores y alfareros, que decoraban sus obras con un motivo que representaba un felino muy estilizado. Dicho motivo se difundió por un vasto territorio que englobaba el norte de la cordillera y la costa íntegra, y que se conoce como "horizonte de Chavín" por cuanto se manifiesta en forma más típica en una localidad que lleva ese nombre. Chavín de Huantar está situada en un valle estrecho, sobre un afluente del Marañón (curso superior del Amazonas), al este de la cordillera blanca, región inhóspita con un área cultivable extremadamente restringida. Poseía empero, a juzgar por las ruinas, varios grupos de admirables edificios, el más notorio de los cuales, el castillo, constituye un conjunto de terrazas de varios pisos comunicados por intermedio de rampas y escalinatas; los lienzos de pared dejan ver hileras alternadas de piedras anchas y piedras angostas. Casi todos están decorados con representaciones de felino de una audaz estilización, entre otros, el famoso Lanzón, especie de menhir prismático. Los escultores de Chavín eran muy hábiles; aplicaban dos técnicas: el grabado y el champlevé. En Cupisnique, lugar del norte de la región litoralense, la alfarería presentaba la misma decoración con el motivo de felino estilizado; ya se elaboraban en esta localidad las vasijas con asa, en forma de estribo, que se utilizaron en dicho litoral hasta la llegada de los españoles; las casas se construían de piedra o adobes, modelados manualmente y de diseño cónico; los habitantes lucían adornos de turquesa o de concha y poseían espejos de antracita; se deformaban el cráneo y pintaban de rojo las osamentas de sus muertos; el único metal que se conocía en Cupisnique era el oro. Al sur de la región litoralense, también proporcionaron las tumbas de Paracas-Cavernas, vasos pertenecientes al horizonte de Chavín.
        El horizonte Blanco sobre Rojo que engloba culturas posteriores a las de Chavín, se extiende a lo largo de las costas norte y central y por las regiones andinas septentrionales. Ha evolucionado la técnica de decoración de la alfarería: los motivos están pintados en blanco sobre el fondo rojo de la cerámica. Esta técnica se adoptó en Salinar, al norte de la región litoralense. Se encontraron asimismo en Salinar los primeros ejemplos de la aleación de oro y cobre.
        En tanto que la decoración de los objetos del horizonte Blanco sobre Rojo se obtenía directamente, la correspondiente al "horizonte negativo" se lograba mediante un proceso indirecto, el batik. Geográficamente el horizonte negativo se superpone al horizonte de Chavín; cronológicamente, sucede al horizonte Blanco sobre Rojo. La cultura de Virú, localidad situada en el valle de igual nombre, al norte de la costa, representa una de las características de ese estilo; también allí se comienzan a hallar algunos objetos de cobre.
        Mencionaremos aquí la cultura de Recuay, a la vez contemporánea de las que acabamos de mencionar y de las siguientes. En esta localidad, emplazada sobre el río Santa superior, en el Callejón de Huaylas, se han encontrado construcciones subterráneas, estatuas de gran cabeza y cerámicas cuyo decorado "negativo" ilustra escenas de la vida cotidiana.
        Cronológicamente, aún se sucedieron en el Perú otros tres "horizontes" hasta la llegada de los españoles. El horizonte de Tiahuanaco se caracteriza por los motivos de la famosa Puerta del Sol que se diseminaron por casi todos los Andes Centrales. El horizonte Negro-Blanco-Rojo presenta cerámicas decoradas con diseños geométricos que encontramos por doquier en la extensión de la costa y en las regiones andinas septentrionales. El último horizonte corresponde a los incas y le consagraremos un capítulo especial.
        Se supone que las culturas comprendidas en el horizonte negativo se prolongaron hasta aproximadamente el año 600 de nuestra era. En ese momento, los diferentes pueblos del Perú disponían por entero de sus medios de desarrollo: había una arquitectura monumental, un perfeccionamiento técnico de las artes menores; los tejidos, la cerámica y la metalurgia dan fe de ello. Comienza entonces la época llamada clásica.
        Sin embargo, a partir de las postrimerías del horizonte negativo se advierte hasta tal punto las peculiaridades locales que resulta imposible estudiar las culturas posteriores dentro de grandes áreas culturales. Debemos seguir la evolución en cada región geográfica en particular.