HISTORIA DE LA ÓPERA AURORA
TODO ES HISTORIA
LEÓN BENARÓS
REVISTA 'TODO ES HISTORIA', OCTUBRE DE 2000, R. ARGENTINA
ORIGINAL


"Alta en el Cielo un Águila Guerrera"...

¿Tienen conciencia nuestros escolares de lo que se trata cuando, al izar la bandera, cantan "alta en el cielo un águila guerrera..."? Nada más antidemocrático que "un águila guerrera", que, a diferencia de los símbolos de otras naciones, no está en nuestro escudo ni en nuestra bandera. Para colmo, la extraña ave bicolor del caso tiene "azul un ala de color del cielo; azul un ala de color del mar". Pero es el caso de que la bellísima melodía, desglosada de la ópera Aurora, distrae de cualquier incongruencia...
        Aurora se estrenó en Buenos Aires, en el teatro Colón, el 5 de septiembre de 1908, bajo la batuta de su autor, el maestro Héctor Panizza, haciendo Titta Ruffo el papel de Don Ignacio.

Panizza, el autor de la ópera Aurora

        Panizza nació en Buenos Aires, el 12 de agosto de 1875 y falleció en 1967.


        La ópera Aurora le fue encargada por el gobierno nacional. El libreto primitivo estaba en italiano y luego fue traducido y adaptado por Héctor Quesada y Luis Illica.
        Panizza fue un músico argentino de relieve internacional. Llegó a dirigir en grandes teatros, como Alla Scala de Milán (en el que fue codirector con Arturo Toscanini) Dirigió también en prestigiosos teatros de ópera del mundo, como el Liceo, de Barcelona; la Opera Cómica, de París el Thèâtre des Champs Elysées, de la misma ciudad y el Coven Garden de Londres, en este último durante nueve años consecutivos.
        En Europa dirigió también en teatros de ópera en Berlín y Viena. En 1933 fue el único director extranjero invitado al ciclo realizado en Viena en homenaje a Wagner, ocasión en que dirigió la ópera Tanhauser.
        Desde su juventud, Panizza había actuado ya con lucimiento en teatros líricos italianos, como los de Palermo, Roma y Nápoles.


        En América, se desempeñó con igual brillo como director de ópera, en teatros de Chicago, Boston, Cleveland, Baltimore, Los Angeles, Filadelfia y San Francisco.
        Como compositor, en 1898 hizo conocer en el Teatro de la Opera de Buenos Aires, II fidanzato del mare ("El novio del mar"), la primera de sus óperas. En 1900, Arturo Toscanini le dirigió la segunda de sus creaciones, titulada Medioevo Latino, representada en el teatro Politeama de Génova.
        Aurora fue la tercera de las óperas que compuso. Tras un no corto plazo, en1939 ofreció su cuarta y última ópera, Bizancio, que protagonizó en el teatro Colón de Buenos Aires, la notable soprano Gilda Dalla Rizza.
        Para orquesta, compuso también Tema con variaciones y Bodas campestres (suite sinfónica), Trío (para piano y cuerdas) y Sonata (para cello y piano).
        Panizza padeció en sus últimos años de una sordera progresiva, que lo mantuvo alejado de los medios artísticos en su retiro de Milán.

El argumento de Aurora

        Un comentarista expresa «La ópera, en tres actos, es de ambiente argentino. El primero se desarrolla en el aula donde ha sido instalada la biblioteca, en la iglesia y convento de la Compañía de Jesús, en Córdoba.
        "Entre los seminaristas que arreglan los libros de la biblioteca, se encuentran los novicios Mariano y Raymundo. Entra un sacerdote con una canasta para colocarla en el altar de la Virgen. Cuando sale del aula, los seminaristas buscan ávidamente en la canasta un mensaje de Buenos Aires.
        "Mariano encuentra una flor que oculta un pedazo de papel en que se lee: Jóvenes: ¡Salud a la aurora que surge en el cielo de la Patria! La lucha por la Independencia principia hoy, 25 de mayo; hoy comienza la Patria".
        "Su amigo Raymundo encuentra otro mensaje, en cuya envoltura se halla la siguiente advertencia: "Que lo abra quien tenga corazón, y no el servil. Sin vacilar, Mariano lo abre y da a conocer su contenido: ¿Córdoba únicamente ha de ver agitarse contra la patria el estandarte de la reacción? ¡No, Córdoba no ha de ser vil! ¡Muerte a Linares y a Ignacio de la Puente! Jóvenes: vuestro convento domina la plaza. Linares ha escondido allí armas y municiones. Abrid esta noche el convento al pueblo y entregadle las armas, o todo se habrá perdido". Ante la perplejidad de todos Mariano reacciona y los gana para la causa patriótica, invocando la protección de la Virgen. Pero el gobierno sospecha del movimiento y hace ocupar militarmente la iglesia. Ignacio de la Puente, jefe del ejército realista, ha convocado al pueblo para que acuda a la iglesia y defienda la causa del rey. Un patriota, Don Lucas, arenga a la muchedumbre y consigue que se adhiera al movimiento revolucionario. Ante el inesperado pronunciamiento, los jefes realistas deciden convertir la iglesia en fortaleza, en donde disponen de armas suficientes para dominar la rebelión. Mariano se encuentra ante un dilema terrible: al enamorarse de Aurora, hija del jefe realista don Ignacio, no se atreve a ceder a su amor por no traicionar la causa que se propone defender. Al final del acto, la llegada de los patriotas interrumpe sus vacilaciones, al mismo tiempo que las campanas del convento anuncian un nuevo día.
        "En el segundo acto, la escena se traslada a la residencia de don Ignacio de la Puente. Una comisión de patriotas, al frente de la cual se hallan don Lucas, Mariano y Raymundo, penetra en el palacio para exigir la rendición de las tropas realistas. El jefe español se niega rotundamente; ante la insistencia de los delegados, les expresa que dará su respuesta definitiva al despuntar la aurora. Mientras que don Ignacio toma las medidas necesarias de precaución, Mariano, en traje de seminarista, entra sigilosamente a la residencia y explica a Aurora sus ideales de libertad, a los que deberán sacrificarse hasta los anhelos más queridos del corazón.
        "El tercer acto transcurre en una estancia cordobesa. Al anochecer, don Ignacio se entera del fusilamiento de Linares. La gravedad de la situación lo decide a dejar a su hija en un convento hasta que haya pasado la tormenta de la revolución. Conversando con Aurora, se escucha de repente un choque de armas. Momentos después, se lleva ante el jefe español a un prisionero. Aurora lo reconoce enseguida: es Mariano. No puede evitar una exclamación de asombro, que hace comprender a su padre que existe entre ambos una relación sentimental. De momento manda llevar a una celda al prisionero, quien declara ser un campesino ajeno a los acontecimientos políticos.
        Pero uno de sus subalternos lo ha reconocido y explica a su jefe la intervención que Mariano ha tenido en el movimiento. Don Ignacio resuelve entonces someterlo a un consejo de guerra, que lo condena a muerte por espía y traidor.
        En una entrevista clandestina, los amantes se confiesan la intensidad de sus sentimientos y lamentan el destino que frustra su unión. Una feliz constelación les hace posible la fuga. Los amantes aprovechan la circunstancia pero los centinelas los sorprenden y una bala infortunada hiere a la joven. Al escuchar los disparos, acuden su padre y varios oficiales. La desgraciada muchacha, postrada en el suelo, ve alborear el día. Al elevarse radiante el sol de la libertad de América, exclama: "Mirad, es la aurora. Dios la escribe en el cielo con el sol y en la tierra con su sangre" y expira en brazos de su amante.
        Aunque falto de color local, no se puede negar al argumento de la obra cierta eficacia romántica, lindante con el novelón.
        La un tanto ingenua simbología enlaza, con el nombre de Aurora, la aurora de Mayo, el despuntar de la patria, con el nombre de la desventurada muchacha, convertida por amor, al credo de la libertad de su amante.