TEXTOS SELECCIONADOS (VI)
ESCRITOS SOBRE MÚSICA
ROBERT FLUDD (1574-1637)
EDITORA NACIONAL, MADRID, 1979
TRADUCCIÓN Y NOTAS DE LUIS ROBLEDO


De los intervalos de cada elemento y de las consonancias que salen de ellos, con las cuales participan pacíficamente los elementos en cuanto al ordenamiento total.

Intervalos de cada elemento. Click para ampliar
Dibujo facsímil realizado por Fludd.

En el tratado general de música [1] probamos que el diatessaron, consonancia imperfecta, se encuentra únicamente, a causa de su impureza, en cualquier esfera de la región más baja del mundo. Aquí llevaremos a cabo la demostración, clarísima, de esto, por medio de la cual mostraremos de forma evidente que cualquier esfera de esta región correspondiente a los elementos está compuesta de la consonancia entera de diatessaron. Y si no fuera porque en el centro se interpone entre los extremos la esfera conciliatoria, esto es: la de la espúrea igualdad, sería imposible la correspondencia musical entre las esferas, puesto que, en razón de esta esfera central, se producen todas las consonancias dichas anteriormente, tanto las menos como las más perfectas, como clarísimamente se ve en la demostración que sigue, donde hemos dividido el globo terráqueo en tres regiones: una central, particularmente fría y seca, pesada sobremanera y cuyo intervalo hemos asimilado al tono; otra intermedia, es decir: entre la central y la superficial, a la que llamamos mineral, inclinada más hacia la simplicidad del centro que hacia la naturaleza del agua y cuyo intervalo hemos comparado también al tono, por lo cual encontramos ya el ditono terrestre; y una última región superficial que comunica más con el agua que con la naturaleza pura del centro, de donde resulta que las fuentes brotan a partir de su contorno y surgen las plantas, cuyos alimentos son el agua y el aire. Y hemos atribuido el intervalo [2] de esta región de la tierra al semitono. Es de estos intervalos terrestres de donde surge la consonancia de diatessaron.


        De modo similar hemos demostrado también que cualquier esfera de los elementos transparentes se divide en tres regiones, de tal modo que la región más baja del agua, que comunica con la naturaleza de la tierra, se hace más fangosa y pútrida, cuyo intervalo hemos atribuido al tono. Después, la región central, impregnada de la salinidad terrestre, es como agua calcinada, cuyas partes más sutiles se subliman y evaporan y se mezclan con el agua dulce; de donde esta parte de agua participa de uno y otro extremo, a saber: de la naturaleza de las heces terrestres y de la naturaleza del agua dulce; también su intervalo es comparado al tono. La región más alta es, pues, el agua dulce, que participa de la región más pura del orbe salado y de la naturaleza nebulosa del aire denso, y la mezcla con la esfera de la espúrea igualdad, a la que llamamos así para distinguirla de la esfera de la igualdad purísima e incorruptible, llamada ya antes por nosotros esfera del alma del mundo. Y así, sale de estos últimos intervalos de la esfera del agua el semiditono, que produce otro diatessaron con el tono de su región más baja.


Más adelante ascendiendo hacia la esfera del aire, encontramos allí también tres regiones, de las cuales hemos asimilado la más baja, algo inclinada a la naturaleza del agua, al tono, la central también al tono y la más alta, más alcanzada por el fuego, al semitono, intervalos éstos que, juntos, constituyen el tercer diatessaron. Finalmente, la esfera del fuego también se divide en tres regiones, de las cuales hemos atribuido a la más baja, en contacto con el aire, el tono, e igualmente a la central, donde existe una porción más simple del elemento fuego, hemos dado otro tono. Sin embargo, hemos asimilado el intervalo de la región más elevada, que participa de la quinta esencia, al semitono menor.
        De todo lo cual queda puesto de manifiesto que en la mera naturaleza de los elementos no se halla otra consonancia que la imperfecta, y la razón por la cual se hallan estos intervalos es la siguiente: en cada grado, cuanto más se asciende desde la naturaleza terrestre hacia la ígnea, tanto más se transforma la materia a causa del mayor efecto paulatinamente creciente del fuego, y, como es patente que estos efectos producidos por él se encuentran de modo sensible en los tres lugares de los dichos elementos, hemos deducido de estos grados de transformación los intervalos de las consonancias de nuestra música. Por tanto, para que todas estas consonancias de diatessaron se relacionen entre sí pacíficamente y con naturalidad, es necesario que las dos corporales, es decir: de los elementos visibles, se unan a las dos de los elementos invisibles. Demostraremos claramente que este nexo ha de nacer de la esfera de la espúrea igualdad, a la que hemos asignado el intervalo de tono entero, intervalo ciertamente perfecto porque, si se une con el diatessaron de la esfera del agua, se produce, por este nexo y unión, la consonancia menos perfecta [3], la cual, unida con el diatessaron terrestre, hace nacer la consonancia corporal perfectísima llamada diapason. Del mismo modo, ascendiendo hacia las regiones de los elementos invisibles, si se juntara el diatessaron de la esfera aérea con el intervalo perfecto de la espúrea esfera de la igualdad, se produciría inmediatamente la consonancia menos perfecta aérea, que unida con el diatessaron ígneo constituirá el diapason incorpóreo, esto es: invisible. De este modo, pues, por medio del centro, participarán el fuego y el aire en el diapason que consta del diatessaron ígneo, el diatessaron aéreo y el intervalo de la esfera central. Participarán, asimismo, el fuego que hay en el aire y el agua en el diapason que consta del diatessaron aéreo (con el fuego animado por el diapason precedente), el tono de la esfera central y el diapason del agua, pues todos ellos constituyen otro diapason. Por último, participarán el fuego que hay en el aire y el aire que hay en el agua (actuando éstos como vehículos de los elementos invisibles), junto con la tierra en el tercero y más bajo diapason que consta del tono o intervalo de la esfera central, del diatessaron de la esfera del agua y del diatessaron terrestre, ya que todos juntos producen dicha consonancia.
        De esto modo se demuestra con toda claridad por medio de qué vínculos se eslabonan entre sí los elementos y por qué hay más fuego en el aire, menos en el agua y una parte extremadamente pequeña en la tierra. De aquí queda demostrado también de qué modo un elemento es como matriz, vehículo y receptáculo para el otro, es decir: para su inmediato superior, como el aire para el fuego, el agua para el aire y la tierra para el agua, siendo la tierra, por esta razón, la que recibe a todos los demás; por lo que es llamada por los filósofos, no sin razón, madre de todos los elementos.
        Esta es, por tanto, la harmonía de los elementos, las partes de cuyas consonancias se enlazan con fuerza, exactitud y según el peso de la composición total, y se conservan en ella pacíficamente.
        Concluimos, pues, que la verdadera causa que enlaza entre sí las dos porciones de los elementos contrarios en la composición es la esfera de la igualdad, y que el tono que llena su intervalo es la ligazón natural de los elementos superiores e invisibles con los inferiores y visibles, sin el cual de ningún modo pueden concurrir los cuatro elementos en ningún tipo de composición natural.

NOTAS
1. Se refiere a la harmonía general macrocósmica.
2. "Spatium" en el original.
3. El diapente.