SILBATO DE RÍO NEGRO
RUNA, VOL. II
MARCELO BÓRMIDA
INSTITUTO DE ANTROPOLOGÍA, BUENOS AIRES, 1949
ORIGINAL, INTRODUCCIÓN P. BENSAYA, 1996


Nombre completo del trabajo: "Un silbato de concha procedente del territorio de Río Negro", Argentina

No es procedente aquí realizar una crítica técnica del posible silbato propuesto por Bórmida. No era hombre dedicado a temas acústicos. En cambio sí importa revisar alguno que otro concepto para que no quede precedente sobre ciertas aseveraciones. Bórmida asegura o conjetura cosas, no falsas pero tampoco exactas:


1. "el retoque externo se combina con el desprendimiento interno en forma tal que dicha zona del borde queda transformada en un filo cortante; esta condición es una de las más importantes a los efectos de la producción del silbido..." La producción de silbido se produce igualmente por más gruesa que sea la caparazón, esto siempre es así en virtud de que el soplo al golpear, en general, de modo diagonal obliga a la presentación de un borde a manera de filo. Considerando este aspecto prefiero descartar la idea de "filo intencional" ya que no es obstáculo alguno para la validación de la hipótesis que él nos propone.
2. Bórmida da por sentado que la perforación es una embocadura. Yo no lo aseguraría de modo tan rotundo, bien puede tratarse de una perforación digital.
3. Bórmida está impactado porque el artefacto suena. En realidad uno debería impresionarse si así no fuera, los caracoles en general suenan siempre y en los más diversos tamaños. Sólo deben conocerse las técnicas adecuadas de posición de manos y soplo. No es condición indispensable la perforación.
        Por último, Bórmida, demuestra el gran investigador que fue. A sabiendas de que no era un entendido en la materia, se esfuerza por dejar testimonio de lo que encuentra, allí está su grandeza. Miles de veces la humanidad ha perdido documentos de inestimable valor sólo porque el investigador que tenía que dar cuenta del hallazgo sentía que sus conocimientos no estaban a la altura de las circunstancias. Aquí tenemos un ejemplo dignísimo de un hombre que cuenta y especula un hallazgo. Desgraciadamente seguimos teniendo ingratas experiencias con algunas personas que pervierten ese "dar cuenta de un hallazgo". Este, por cierto, no es el caso. Seguidamente el trabajo completo de Bórmida.

        Ocupándonos del estudio de materiales antropológicos procedentes de los antiguos cementerios indígenas situados en las orillas de la Laguna del Juncal (Viedma, Territorio de Río Negro), tuvimos ocasión de revisar una pequeña colección de objetos arqueológicos que fueron traídos en 1913 de esa misma zona por los hermanos José y Antonio Pozzi. Dentro de un conjunto bastante homogéneo de piezas características del área Norte de la Patagonia, llamó nuestra atención una concha de gasterópodo que presentaba en su dorso una perforación bien definida, producida por la mano del hombre. Habríamos clasificado el artefacto como objeto de adorno, si no hubiésemos comprobado que, acercándolo a la boca y soplando con fuerza en forma oportuna, se obtenía con toda facilidad un silbido agudo y muy fuerte. Luego de haber examinado el objeto más cuidadosamente, se nos presentó la posibilidad de que la concha hubiese sido perforada con el propósito de utilizarla como silbato.

    
Fig. 1 - El objeto de la Laguna del Juncal - Foto 1 Reproducción de P. Bensaya [1]

        La concha (fig. 1) pertenece a un gasterópodo marino de la especie Olivancillaria auricularia, Lamarck; refiriéndonos a su posición boca abajo, la longitud máxima es de 46 mm, la anchura de 25 mm, el espesor o altura de 20 mm, peso 17 gramos. Aparte de la perforación no hay otros rastros de trabajo intencional; su borde presenta del lado externo un evidente trabajo de retoque y, del lado interno, unos desprendimientos de material que se produjeron cuando se realizó la perforación.


        Para que se produzca el silbido es suficiente acercar la escotadura sifonal a la boca, de manera que aquélla quede a continuación de la abertura de los labios, y soplar con fuerza; es necesario, sin embargo, que la corriente de aire sea dirigida en forma tal que llegue oblicuamente a la perforación y que se corte con violencia contra su borde filoso; el sonido que resulta es amplificado por la cavidad del anfracto. Las condiciones expuestas pueden realizarse indiferentemente manteniendo el eje mayor de la concha tanto en posición horizontal como vertical.
        Cuando iniciamos el estudio del objeto en cuestión, consideramos en primer término la posibilidad que la perforación no fuese obra del hombre, sino que fuese producida por un Tritón; es sabido que estos gasterópodos se sustentan de otros moluscos o de equínidos cuyos caparazones perforan por medio de secreciones de ácido sulfúrico y de la acción de la rádula; en el caso que nos interesa, empero, el trabajo de retoque realizado en el borde de la perforación es ya de por sí suficiente para comprobar que nos hallamos frente a un trabajo intencional del hombre.
        Admitido el carácter de artefacto de nuestra pieza, quedan abiertas dos posibilidades acerca de su utilización: o se trata de un objeto de adorno (cuenta de collar o colgante), y su posibilidad de silbar es producto de la casualidad, o bien ha sido realizado expresamente con la finalidad de producir el silbido; buscaremos a cuál de estas posibilidades los hechos prestan más firme apoyo.
        Entre los objetos de adorno que aparecen arqueológicamente en el área patagónica, los que son o pueden ser trabajados en concha son las cuentas de collar, el colgante y el tembetá; la morfología de este último no se presta a confusiones, por lo cual las posibilidades para nuestra pieza quedan reducidas a su identificación como cuenta de collar o colgante.
        Con el fin de llegar a una conclusión, positiva o negativa, acerca de esta identificación, hemos recorrido una amplia bibliografía, buscando artefactos de concha comparables con el nuestro, también fuera del área patagónica; con respecto a esta última hemos completado los escasos datos que nos ofrecía la literatura con el examen de la colección Deodat, que puede considerarse la más importante en el aspecto que nos interesa. Queremos aquí agradecer al señor Leoncio Deodat por su exquisita cortesía al guiarnos en el estudio de su colección y al aclararnos algunos puntos relativos al trabajo de los artefactos de concha.

Fig. 2 - Ornamento de concha de la Candelaria. Reproducido de S. Rydén

        La cuenta de collar trabajada en concha aparece en Patagonia con dos distintas formas; la más común consiste en un redondel más o menos regular, recortado en una valva de acéfalo o en el caparazón de gasterópodos de gran tamaño; esta forma en nada se parece a la del objeto de que tratamos. El segundo tipo está constituido por caparazones de gasterópodos cuyo único trabajo consiste en una perforación de manera totalmente distinta de la que fue empleada para nuestra Olivancillaria; en efecto, mientras en ésta la perforación es dorsal y fue hecha, con toda probabilidad, por medio de una punta lítica, en el caso mencionado ha sido eliminado simplemente el ápice de la espira, quedando en su lugar un pequeño agujero muy regular, sin rastro ninguno de trabajo sucesivo. Hemos encontrado algunas piezas de este tipo en la colección Deodat, procedentes de San Antonio oeste (Territorio de Río Negro). Piezas idénticas han sido representadas por Rydén como procedentes de La Candelaria (fig. 2); es sumamente interesante el hecho de que éstas están hechas con un gasterópodo marino de la especie Olivia orbignyi que se halla viviente en la costa patagónica.

Fig. 3 - Detalle de un collar de Nazca, Perú. Igual tamaño. Reproducido de S. Rydén

        Fuera del tipo descripto, no hemos encontrado en Patagonia ninguna otra forma de cuenta de collar constituida por gasterópodos perforados; piezas de este género pudimos hallarlas únicamente en otras áreas culturales, y todas las que han llegado a nuestro conocimiento no son, por una razón u otra, asimilables satisfactoriamente a nuestra Olivancillaria. Existen, es cierto, entre los fueguinos canoeros y pedestres, collares constituidos por pequeños caracoles marinos (generalmente Photinula violacea, King) perforados cerca de la abertura, pero su tamaño es siempre mucho menor que el de nuestro silbato. Caracoles perforados han sido señalados también en Córdoba, Tucumán, San Luis y Santiago del Estero, pero a por su tamaño, ya por la ubicación de la perforación o por la técnica con que fue realizada, ninguno puede compararse a la pieza que estudiamos. Podríamos hacer una excepción con las piezas representadas en la fig. 3, que proceden de Nazca, Perú; la perforación no es visible, pero puede suponerse ubicada cerca del centro de la concha; sin embargo el tamaño de las piezas que constituyen este objeto, es mucho menor que el de la pieza que estudiamos, cuyas dimensiones y peso se oponen a la idea de que haya sido empleada de manera análoga. En efecto, un pequeño collar de un metro de longitud constituido con dos filas de cuentas del eso de nuestra Olivancillaria, pesaría cerca de un kilogramo y medio.
        Por lo que concierne a los objetos trabajados en concha y que se consideran colgantes, Patagonia nos ofrece solamente dos tipos, cuya morfología es del todo diferente a la de nuestra pieza. Un primer tipo está constituido por una columela de gasterópodo y tiene la forma de un cono truncado provisto de una pequeña garganta colocada cerca del ápice, que está destinada a recibir el hilo de suspensión; una pieza así construida es reproducida por Verneau, en la lámina XVI de su obra Les Anciens Patagons. El segundo tipo incluye todos los colgantes constituidos por una valva de Acéfalo, recortada, perforada cerca de la periferia y ornamentada por incisiones. Fuera del área patagónica tampoco se hallan colgantes constituidos por gasterópodos perforados que se asemejen por su morfología a nuestra Olivancillaria; la pieza que más se le parece la hemos encontrado en Ecuador, pero, en este caso, toda la espira ha sido eliminada intencionalmente.
        En conclusión, la consulta de una vasta bibliografía y nuestras propias búsquedas en las colecciones de Patagonia no nos han puesto en presencia de una sola pieza cuya morfología pueda identificarse satisfactoriamente con la del objeto que estudiamos, cuya clasificación como objeto de adorno resultaría, por lo tanto, arbitraria.
        En favor de la posibilidad de que la concha que nos ocupa sea un verdadero silbato está, en primer término, el hecho de que silba. En efecto, este hecho, aparentemente trivial y cuyo valor demostrativo podría parecer una petitio principii, es en realidad la resultante de un complejo conjunto de condiciones, tales como la forma y el tamaño de la concha, la posición de la perforación, la morfología de su borde, etc. para que se produzca el efecto sonoro al que asistimos, estas condiciones deben realizarse todas a la vez y cada una en la medida oportuna; nos parece que juzgar una tal combinación como obra del azar es más atrevido que considerarla como producto de la intencionalidad humana. El segundo hecho que depone en favor de esta hipótesis es el retoque del borde de la perforación, que parece realizado ad hoc, para la finalidad que atribuimos al objeto en cuestión. Hemos dichos que el retoque fue realizado desde la superficie externa de la concha; ahora bien, en la zona del borde de la perforación, en donde se corta la corriente de aire emitida por la boca, el retoque externo se combina con el desprendimiento interno en forma tal que dicha zona del borde queda transformada en un filo cortante; esta condición es una de las más importantes a los efectos de la producción del silbido y es casi imposible atribuirla a la casualidad.
        Concluyendo, creemos poder afirmar que, dentro de las posibilidades que hemos tomado en consideración, la que los hechos mayormente apoyan es que el artefacto que hemos estudiado fue hecho con la finalidad específica de producir silbidos. Es obvio que los argumentos que hemos traído en favor de esta hipótesis no nos permiten salir del campo de esas posibilidades y que solamente nuevos hallazgos de piezas análogas a la que hemos presentado podrían aclarar definitivamente la cuestión, que no es ociosa y académica, sino de cierto interés para la arqueología de la Patagonia.

NOTAS
1. La pieza sobre la que se ha realizado la reproducción corresponde a la familia de caracoles citada; las dimensiones son absolutamente fieles a las mencionadas por el autor. La perforación fue practicada con un destornillador hogareño de 18 cm de longitud, 5 mm de ancho de punta y 1 mm de alto de punta; aparentemente enorme para el fin perseguido. La clave de este tipo de perforaciones no es la punta en sí sino el empleo de esa "punta" para realizar el desgaste correspondiente. Alguien que conozca la técnica del desgaste puede completar la perforación en no más de 20 minutos.