FLAUTA ANDINA -II
LA FLAUTA DE PAN ANDINA
CARLOS VEGA
XXV CONGRESO INT. DE AMERICANISTAS, TOMO I, 1932
ORIGINAL


Parte   I  II  III

II. Nombre polinesio de la siringa peruana

Mucho más interesante y digno de especial atención es un nombre de la Flauta de Pan que, no obstante la extrema rareza de su empleo, ha sido difundido en numerosos trabajos: huayra-puhura.


        Creo que la fuente de su difusión es el libro Antigüedades peruanas de Rivero Tschudi (pág. 139) en que el vocablo se da de esta manera: "La mayor perfección la alcanzaban con el huayra-puhura, instrumento que consistía en una especie de Sirinx o Flauta de Pan, hecha de cañutos atados en fila, cada uno de los cuales tenía un punto más alto que el precedente, único instrumento con el cual los músicos se respondían con consonancia, mientras en los demás carecían de armonía".
        Los autores repiten enseguida la voz huayra-puhura con idéntica ortografía.
        Es indudable, para mí, que Rivero Tschudi han tenido a la vista la parte de los Comentarios... (pág. 60) en que el Inca Garcilaso hace la descripción de la Flauta de Pan. Algunas voces, anticuadas en 1851, que aparecen engarzadas en las mismas frases del Inca, parecen demostrarlo: "cada cañuto tenía un punto más alto, que el otro"; "Quando un indio tocava un cañuto, respondía el otro en Consonancia..." Además, Rivero Tschudi citan al Inca y reproducen el famoso pasaje del galán enamorado que "hablaba por la flauta".
        Pero el Inca, como se ha dicho, no dio el nombre de la Siringa. ¿De dónde sale entonces la voz huayra-puhura? Vamos a establecer antes la posible unidad de origen de las inclusiones de esta palabra en publicaciones posteriores.


        En 1875, una voz muy semejante se da en el Congreso Internacional de Americanistas, cuando Oscar Comettant (6, pág. 281) lee una memoria sobre La Música en América antes del descubrimiento de Cristóbal Colón. Este autor escribe huara-puara. Y en la página 283 insiste: "La huara-puara, fait judicieusement observer M. Chouquet, conservateur du musée du Conservatoire de Paris, dans son catalogue raisonné des instrument de cette collection..."
        Comettant cita a Rivero-Tschudi y traduce la página en que se estudia la Siringa de Humboldt, no obstante lo cual, y por el hecho de existir una cita de M. Chouquet, parecería que Comettant hubiese tomado la palabra de éste y no de Rivero-Tschudi, vista la discordancia ortográfica. Ignoramos, pues, si hay una nueva fuente natural, popular (aunque es muy posible, según veremos más adelante), de donde habría tomado M. Chouquet huara-puara. La grafía de este nombre muere sin descendencia.
        En cambio, huayra-puhura vuelve a aparecer en el mismo año 1875 en Musical Instruments, de Carl Engel (13, pág. 66). Éste recoge la mención que Rivero-Tschudi hacen del instrumento que el general francés Paroissien halló en una tumba, reproduce un mal dibujo de la misma y menciona el molde que se conserva en el Museo de Berlín, en todo lo cual coincide con Rivero-Tschudi. Hay contribución personal de Engel en el estudio de la siringa en cuestión, pero la fuente de su nombre continúa siendo la misma.
        En 1896, Thomas Wilson (36, pág. 662-663) aprovecha en gran parte el trabajo de Engel. Ilustra su importante estudio Prehistoric Art con el mal dibujo de Engel y transcribe con cierta extensión párrafos que éste tomó de Rivero-Tschudi. La mención de Wilson, que da dos veces el nombre huayra-puhura, sigue reconociendo la procedencia de Antigüedades..., a través de la traducción inglesa de Hawks; a menos -cosa improbable- que los dos ejemplares del National Museum reproducidos por ahí, estén rotulados por información directa en el lugar de origen.
        El mismo ejemplar de siringa del U. S. N. M. es reproducido con dicho nombre indígena por Charles Kasson Wead (18, pág. 458) y Charles Mead repite el nombre huayra-puhura en 1903 y en la reedición del mismo material y parte del texto que publicó en 1924 (19, pág. 137 y 20, pág. 323 respectivamente). Mead procede directamente de Rivero-Tschudi, aunque no desconoce a Wead. Trae de nuevo la mención de la pieza del general Paroissien, reproduce el instrumento y menciona la descripción de Engel. Tenemos, pues, de nuevo la fuente Rivero-Tschudi, sin ausencia de Engel, Wilson y Wead.
        No he podido ver la publicación de Traversari-Salazar de 1905, en que, según madame d'Harcourt, se da una vez más el nombre que nos ocupa.
        En 1908, el argentino Juan Álvarez (1, pág. 47) torna a dar la palabra huayra-puhura. La fuente es otra vez Rivero-Tschudi. Toda la página en que aparece la mención contiene datos de la página 139 de Antigüedades peruanas, la cita de Garcilaso y todos los nombres de los instrumentos, bien que Álvarez haya simplificado la ortografía de algunos.
        En 1910, Hornbostel (15, pág. 390) anota la voz huayra-puhura como propia de la siringa V. A. 8589, colección Centeno, del Museo de Berlín. Acaso esté en la etiqueta de la pieza, por más que la información de Hornbostel no ignore las menciones anteriores. De todos modos creo que no hay nuevo pedido directo al pueblo que pronuncia este nombre.
        Hemos dicho que Comettant, citando a M. Chouquet, escribió huara-puara. Pues bien; en 1910 el Padre Villalba Muñoz (34, bis), después de anotar varias veces la palabra huayra-puhura, que toma de Rivero-Tschudi, pretende explicar a Garcilaso con ayuda de Alomia Robles y de varios nombres de flautas, entre ellos huora-puora o huayro-pukura. Se trata, sin duda, de la misma palabra y esta vez la procedencia de las variantes es popular.
        Siete años más tarde, Ricardo Rojas (25, bis, I, pág. 194) la repite con la ortografía corriente. Procede de Rivero-Tschudi o de Juan Álvarez.
        Y con esto llegamos al año 1925, en que madame d'Harcourt cita casi todos los autores mencionados aquí y extrae conclusiones. Ante todo, la erudita autora francesa no dice haber oído esa palabra al pueblo peruano o boliviano; se limita a recordar las menciones librescas. Ve con sagacidad la posibilidad de reducir las citas a una sola fuente primera, que procura establecer admitiendo un error de copia.
        Madame d'Harcourt (12, pág. 53) supone que el origen de todas las menciones de huayra-puhura, "le père de cette denomination" -como dice- es Juan de Velazco (33, pág. 47), que en 1789 dio como propia de una "especie de zampoña o de órgano de calabazas o cañas" la voz huayram-puru.
        Y es que, en verdad, la voz huayra-puhura, de Rivero-Tschudi, no confirmada por el uso actual, ausente de los antiguos vocabularios y de los diccionarios modernos más reputados, parece un simple error ortográfico.
        A pesar de todo lo cual, yo creo que Velazco no es el "padre" y que no hay error.
        "Wayra -dice madame d'Harcourt- significa viento, aire, soplo. Y puru es pequeña calabaza".
        Esto es exacto. Sólo hay que añadir que puru tiene además otras acepciones, entre ellas "cañuto" [3]. Sin embargo, creo que con esta acepción, puru acaso sea síncopa de puhura = pluma de ave, que anota Tschudi (31, pág. 445), voz que nos ocupará también más adelante.
        La identificación de huayram-puru con huayra-puhura es, a mi modo de ver, un poco forzada. Hay, en primer término, una diferencia consistente en la m pospuesta a la primer voz, bien que no afecte lo esencial. Si estuviera en mi mano explicar gramaticalmente la presencia de esta m, no lo haría, pues insisto en limitarme a exponer hechos sin avanzar en mayores interpretaciones que corresponden al dominio de los lingüistas. La presencia de la m en huayram no es arbitraria. La justifican los vocabularios antiguos y hasta el mismo Tschudi.
        González Holguín (14) da, en 1608, la siguiente equivalencia: Ayre hacer = Huayranm huayran o purin. Francisco del Canto (11) en 1614, nos da Huayran = hacer ayre, y Diego de Torres Rubio (30) en 1619, repite: ayre hazer = huayran. Huayram, con su m final, aparece también en la construcción de alguna frase (14, pág. 190).
        Huayra, en fin, es aire como dice madame d'Harcourt; pero la m final parece contener una idea verbal, esto es la de soplar el instrumento de calabazas (puru).
        Puhura, en cambio, creo que no puede explicarse por malentendido o mala copia de puru [4]. No existe en los vocabularios antiguos ni en los modernos y no siendo modificación de la voz que da Velazco, la primera mención es de Rivero-Tschudi, hasta nuevo aviso.
        En la edición Príncipe de Antigüedades peruanas, consta que Tschudi agregó "las observaciones sobre los cráneos peruanos, lengua quichua, religión, etc."; pero es lo cierto que ni en su Vocabulario, ni en los escritos que posteriormente dedicó a la lengua, vuelve Tschudi a mencionar la palabra puhura. ¿Fue entonces a Alemania -expresa en los originales de Rivero- cuando éste requirió la colaboración del sabio alemán?
        La posición de la palabra que nos ocupa es punto menos que insostenible, y sin embargo insisto en que tal vez no se trate de un error ortográfico. Creo estar en condiciones de aportar la pequeña novedad de una confirmación indirecta. Puhura es voz del Pacífico y significa flauta.
        La presencia de algunas voces malayopolinesias enquistadas en los idiomas andinos (californianos, peruanos, chilenos) es un hecho que hoy no puede negarse. Etnográficamente no es novedad: las relaciones culturales Pacífico-americanas, sospechadas desde mucho tiempo atrás, son noción adquirida después de los trabajos de Schmidt y otros.
        Lingüísticamente, no debe entenderse que es un idioma o dialecto polinesio con su complejo lo que se presenta en América; son injertos de voces aisladas cuya insistente presencia aleja la idea de coincidencias foneticosemánticas. La palabra polinesia puhura se encontraría en el quechua del mismo modo que se encuentra la voz española zampoña (Flauta de Pan), que yo he oído en boca del pueblo andino, no obstante la presencia y activo empleo de antara y siku propias de sus lenguas.
        Puhura y Pu hura figuran respectivamente en los vocabularios de Churchil y Roussel Jaffuel como usadas en la isla de Pascua (Rapanui) con la acepción de "flauta". Pero como pudiera pensarse en analogía azarosa, ofrezco aquí un cuadro de voces polinesias vinculadas semánticamente, con lo que la dependencia o relación, a mi parecer, resulta indiscutible.
        Lejos de la posición del lingüista, nos limitamos a presentar fenómenos de hecho. Sólo nos resta añadir que no postulamos aquí la introducción del instrumento por la ola polinesia; sería un nombre de aerófono lo que ha llegado al Perú procedente de Oceanía, y habría sido aplicado en América al instrumento preesxistente, con discreta fortuna, debido a la difusión de las voces americanas que, con más precisión, representan la Flauta de Pan.

Flauta y trompeta en América y Oceanía
Perú Huayra-puhura flauta de Pan. R-Tsch., pág. 139.
Rapanui puhura flauta, pífano, flageolet. Ch., pág. 243.
pu hura flauta. R-J., pág. 76.
hura pífano, silbato, tambor, trompeta. Ch., pág. 209.
hura trompeta [5] R-J., pág. 175.
pu trompeta. R-J., pág. 175; Ch., 243.
pure caracol. Ch., pág. 245 (c. T.).
Paumotu pure caracol. Ch., pág. 178 (cuadro).
Mangareva pu valva marina. Ch., pág. 243.
putara trompeta de caracol. Ch., pág. 100.
Marquesas pu trompeta de caracol. C., pág. 12; Cha., 243.
hurahura danza, diversión. Ch., pág. 109.
N. Zelandia putara trompeta de caracol [6] Ch., pág. 100.
pu trompeta. R., pág. 44.
pupu nombre general de los caracoles Ch., pág. 349.
pu flauta, pífano, tubo. Ch., pág. 349.
Samoa pu Trompeta. Ch., pág. 178 (cuadro).
pule caracol. Ch., pág. 178 (cuadro).
Tahiti pu caracol, trompeta. Ch., pág. 243.
pure caracol. Ch., pág. 178 (cuadro).
pu caracoles. Ch., pág. 124.

Nota:
R.Tsch.=Rivero Tschdi (23); Ch=Churchill (9); R.-J.=Roussel-Jaffuel (27); C.=Craighill Handy (7); R.=Roberts (25); Middendorf (21).
        Si puhura es voz sumamente rara en el Perú, pututu, que significa trompeta, es en cambio muy difundida. En el cuadro siguiente veremos una voz análoga (putoto), que es también polinesia, y tan estrechamente vinculada a la anterior que ambos cuadros se complementan recíprocamente.
        J. Wilfred Jackson, en su interesante libro Shells as evidence of the Migrations of Early Culture, página 31, presenta un mapa de la distribución de la trompeta de caracol en el viejo y nuevo mundo. El área, relativamente restringida, señala su presencia en Europa, en la India, en China y Japón, y luego, más compacta, en el Pacífico ecuatorial y finalmente en América. En este continente, la trompeta de caracol se ve en California, en Centro América y sólo en dos puntos de América del Sur: Norte de la desembocadura del Amazonas y Perú. Es preciso ver el mapa para comprender la fuerza de convicción que tiene el hallazgo del mismo nombre, para el mismo instrumento, vinculando algunas islas del Pacífico con la costa peruana.

La trompeta de caracol en América y Oceanía
Perú pututu bocina, trompeta. M., II, pág. 677.
Cuzco pututu trompeta de caracol. P.
Ancash potuto trompeta de caracol [7]. P.
N. Zelandia putoto Bocina sonora de caracol marino con embocadura de madera. Ch., pág. 369.
pu toto Trompeta de caracol. Best., pág. 160 [8].
putara septa tritonis (caracol) usado como bocina de señales. Ch., pág. 368.
trompeta de madera. Ch., pág. 368.
pu tara trompeta de caracol Best., pág. 160 [8].
Marquesas putara trompeta de caracol.
putona trompeta de caracol. C., pág. 313.
Mangarewa putara una espiral de caracol con una abertura grande. Ch., pág. 100.

        Acaso emparentada con las series anteriores, se nos presenta además la siguiente, menos persuasiva, por cierto:

La flauta en América y Oceanía
Perú pirutu, piruru Flauta de hueso. M., H, pág. 660; Ch., pág. 285, y Tsch., pág. 488.
N. Zelandia põrutu Una especie de flauta con embocadura lateral o terminal [9]. Ch., pág. 343.

        Enrique Palavecino (22, pág. 346) relacionó Taquiy=canto, melodía del Perú, con Taki-taki=canción de N. Zelandia. Más precisamente, taqui=canción, en el Perú, puede verse en el Vocabulario del P. Santo Tomás (28).
        La voz puhuru=pluma de ave, peruana, sobre la que prometimos volver, se parece mucho a huhuru=pluma, de Rapanui.
        En nuestras búsquedas hemos encontrado algunas otras concordancias no señaladas hasta hoy, pero su exposición detallada nos llevaría lejos de nuestro objeto y especialidad. Insistimos en que los lingüistas, con más elementos y mayor soltura que nosotros, podrían realizar con buen suceso una prolija comparación entre las lenguas andinas y las polinesias.
        Llamemos de paso aquí, una vez más, la atención de los lingüistas -únicos encargados de resolver estas cuestiones con autoridad- sobre un hecho ya señalado por los etnólogos y al cual no han prestado la atención que merece: en el idioma kechua conviven dos sistemas fonológicos, uno de ellos -el que se considera propio de este idioma- vinculado a un alto porcentaje de palabras; el otro común a menor número de ellas, es el que coincide con el polinesio.
        Y en cuanto a las voces presuntamente polinesias que presentamos aquí, debemos anticiparnos a una de las objeciones con que los filósofos reciben la analogía entre ciertas dicciones: el origen onomatopéyico, Pututu y Pitutu, parecen sensibles a tal objeción.
        Aunque personal e íntimamente creo que los sonidos musicales pueden ser representados indistintamente por numerosas combinaciones de consonantes y vocales -puesto que ninguna consigue hacerlo con precisión- y que la voz representativa puede constar de una, dos o más sílabas, no defenderé con demasiado calor la correlación entre esas dos voces peruanas y sus similares polinesias.
        Estos vínculos pueden ser discutibles si se consideran aisladamente; pero es necesario ver que, paradojalmente, la suma de muchas debilidades puede constituir un ligamento robusto.
        Son muchos ya los hechos presentados en el mismo sentido.
        En 1924, el doctor Rivet rompió la incomunicación lingüística de América vinculando la familia melanesopolinesia con el grupo Hoka de la América del norte y el de la Patagonia con el australiano. El doctor Imbelloni relaciona después los andinos sudamérica con los polinesios, mediante una sola palabra toki, aplicada a un hacha de forma idéntica en ambas zonas y en ambas acompañada de característica leyenda sobre la virtud del objeto. Estimulado por este hallazgo, Enrique Palavecino halla luego numerosas analogías entre el kechua y el polinesio, gran parte de ellas, cuarenta por lo menos dotadas de inmediata fuerza de convicción.
        La voz peruana puhura, ligada por mí al Pacífico, no podría tener, aislada, la energía de persuasión que reclaman los escépticos; pero unida a la cuerda laboriosamente trenzada en Buenos Aires se justifica a sí misma, en tanto fortalece el vínculo general. Nada hay inobjetable, pero las coincidencias tienen un límite que la razón puede fijar aproximadamente. La creencia en una infinita fecundidad del acaso es, en el fondo, cuestión de idiosincrasia.
        El número de correlaciones peruanopolinesias es demasiado crecido, para que se pretenda atribuirlas al azar: pero la importancia y significado de ellas se ha exagerado. Es necesario destacar que, del mismo modo que no puede incluirse el castellano en el grupo lingüístico a que pertenece el kechua fundándose en las voces que el uno tiene del otro, resulta precipitado e irreflexivo incorporar el kechua al grupo polinesio. No pretendemos tal cosa.
        Al explicar la presencia de estas voces de instrumentos musicales en el Perú, quedo automáticamente adscripto a la tesis que sostiene la influencia de los polinesios en el Perú antiguo, pero hago notar mi posición moderada ante el problema. Nos basta con la presencia de elementos de cultura -entre ellos un número de palabras sueltas cuya suma elimine la idea de coincidencia azarosa- para anticipar, hasta tanto se produzcan más amplias y decisivas confirmaciones, que la cultura de los polinesios ha llegado al Perú y que, como no pudo llegar sin sus portadores, los hombres de las islas del Pacífico entraron en América. ¿Que quiénes son esos hombres? No responderé yo. La solución de los grandes problemas se prepara mediante un crecido número de aportes mínimos, y aquí se intenta, por ahora, demostrar que la voz puhura, del compuesto huayra-puhura, es una de las muchas palabras del Pacífico, que se hayan incorporadas a los idiomas de los antiguos pobladores de los Andes sudamericanos.
        En el caso que nos ocupa, puhura fue aplicada a la Flauta de Pan.

NOTAS
3. La palabra cañón significa en castellano el cañuto o parte cóncava de la pluma de ave. Diego de Torres Rubio da en su Vocabulario la equivalencia puru=pluma de ave, y Francisco del Canto registra puru=cañón.
4. El lingüista dirá después si ambas palabras tienen una misma raíz originaria.
5. En México, los Huichol llaman ku'ra al caracol que usan como trompeta.
6. El artículo Püpü de Williams (pág. 349) es ilustrativo. Püpü es el nombre general de los caracoles y entre las especies de éstos figuran pütara y otros, que son al mismo tiempo nombres de la trompeta de caracol.
7. En Perú hay otras variantes: Botuto (d'Harcourt), Patata (Jackson), etc.
8. Elsdon Best (3 bis, pág. 162), nota tímidamente la analogía. "In Brow's Races of Mankind, escribe, the shell trumpet of Peru is alladed to as a pu tutu, a name that has a Polynesian aspect".
9. Pörutu, según Best (3 bis, pág. 131), es adopción polinesia de la palabra inglesa "flute". En cambio, Mme. d'Harcourt (pág. 28), cree que pututu - que vimos en el cuadro anterior- es una verdadera onomatopeya.