EL PINKILLO O TARKA
PREPARADO PARA REVISTA FOLKLORE
CARLOS VEGA
REVISTA FOLKLORE, DÉCADA 60, BUENOS AIRES
ORIGINAL, COMENTARIOS P. BENSAYA, 1996


No poseo la fecha exacta de publicación de este material. La revista "Folklore", de gran repercusión, era producida en la década de los 60. Se han respetado las fotos originales, falta, sin embargo, el ejemplo musical que Vega cita al final del artículo. Con respecto al instrumento que se menciona como de un 1,2 metros de longitud, se llama "Moceño" o "Moxeño"; se lo ve, con plena vigencia, principalmente en Bolivia y norte argentino. En cuanto al instrumento realizado con rama de árbol, que él denomina "Tarka", es muy raro verlo hoy en día; pero existe, sobre todo cuando se ejecuta cierta música ritual. La voz actual de Pinkillo es "Pincullo" o "Pinkullo", resulta común, sobre todo para ciertos tradicionalistas, el reemplazo de la "c" por la "k". Observación: Esto no es aplicable a la palabra Folklore ya que la misma es voz internacional normalizada, la letra "k" no es parte del idioma español castellano aunque la Real Academia Española aconseja su empleo cuando forma parte de palabras ya consagradas en el ámbito mundial -generalmente pesos y medidas-, kilómetro, por ejemplo. En lo personal no comparto ninguna de las fundamentaciones que llevan a escribir Folklore con "c".

El Pinkillo o Tarka

        Debemos entender, desde el principio, que la voz pinkillo y sus variantes quieren decir "flauta", preferentemente "flauta vertical" (la que se coloca de arriba abajo).


La palabra es india, sin duda. La encontramos con la variante gráfica "pingollo", anotada en el vocabulario de Fr. Domingo S. Thomas, de 1560, y el significado de "flauta", sin especificaciones. Poco después del cronista indio Huamán Poma de Ayala menciona el "pingollo" entre las flautas. En el vocabulario de Diego González Holguín, impreso en 1608, se encuentra la variante "pincullu" con la acepción de "todo género de flauta"; lo mismo en el librito de Francisco del Canto, que es de 1614. El padre Diego de Torres Rubio nos da "pincollo" y "pincullu" en 1619, y el padre Cobo nos informa por ese tiempo que los indios llaman "pincollo" al pífano. Si se recuerda que los españoles entraron al Perú hacia 1532, se comprenderá que todos estos datos son de la primera época. La voz "pingollo" y sus variantes son precolombinas y significan "flauta", pero nada indica que se refieran a la flauta que tiene canal de insuflación. No sabemos si el canal es indígena. Posteriormente, y hasta hoy, se oyen en los Andes ésas y otras variantes. Nosotros hemos oído en Bolivia "pinkillo", "pinguillo" y "pinkulo".


        La voz "tarka" no aparece en los vocabularios antiguos. Puede ser que sea voz de un dialecto. Recién a mediados del siglo pasado la oye y reproduce Tschudi. Pero es voz Popular. Hemos oído "charka" en Jujuy. Esta palabra y sus variantes se aplican a la flauta vertical y especialmente a la que tiene canal para el soplo. Las medianas y grandes flautas que no son de caña sino de una rama abierta a lo largo, vaciada y cerrada, reciben preferentemente el nombre de "tarkas"; y las gigantes se distinguen con el nombre de "tokoro" o "tukuru".


        Pero lo concreto es que en el alto noroeste de la Argentina tenemos un instrumento de caña común llamado "pinkillo" o "tarka". Los de ramas son muy raros. Los pinkillos vienen de La Paz (Bolivia), donde se fabrican "en serie", y son artículo de comercio.


        El pinkillo se hace con un tubo de caña cortado entre dos nudos y su largo es más o menos de unos treinta centímetros. Se prefieren tubos más bien gruesos. Desde la embocadura hasta la punta contraria se arranca una fina tirilla de corteza y esa línea es atravesada por cinco o seis marcas; en cada cruce se perfora un agujero, pero nosotros creemos que no hay ningún cuidado o interés en la precisión de las distancias entre los agujeros en estas flautas de fabricación comercial. Hay principios antiguos: en la mitad del tubo se hace el agujero central; de ahí hacia el extremo, el espacio se divide en partes más o menos iguales. En rigor, no deben ser iguales, pero frente a los patrones o plantillas actuales, sin duda alterados, no podemos aplicar en detalle el criterio de nuestras escalas europeas. No sabemos con absoluta precisión cuáles fueron los intervalos exactos del indio; sin embargo, entendemos que sus oídos absorben sin molestia diferencias no del todo pequeñas. Los pinkillos comunes tienen seis agujeros sobre la misma línea superior y un agujero pequeño, cuadrado, cerca del extremo, desviado hacia la derecha. No sabemos para qué hacen este último agujero, pero si lo alcanza el meñique modifica un poco la altura del sonido. En los ejemplares grandes queda fuera del alcance de los dedos.
        El canal de insuflación es del tipo más común: se corta la punta del tubo en bisel (en diagonal) y un taquito de madera se le pone como tapón de modo que quede arriba la hendidura que convierte el soplo en una cinta de viento. Un par de centímetros adelante se abre un agujero rectangular y el borde que se enfrenta con la cinta de viento está afilado precisamente para cortar la corriente y crear el sonido. Obsérvese el detalle en el dibujo que reproducimos. Y véase, en fin, en la fotografía, el aspecto general de estos sencillos instrumentos. El soplo y el juego de los dedos es igual al de todos los "flageolets" o flautas.


        Los pinkillos jujeños no son largos; unos treinta centímetros, como hemos dicho. Pero los hemos hallado igualmente de caña, en Sucre, Bolivia, mucho más grandes, de más de sesenta centímetros. Los indígenas los llaman también pinkillos. En la misma región se encuentran las flautas gigantes de la misma especie, y las llaman "tokoro" o "tukuru". Miden cerca de un metro y veinte centímetros de largo y son tan anchas como el antebrazo. No pude ver cómo las tocaban. Me traje dos ejemplares; y debe haber sido cosa entretenida observar las vueltas que di para hacerlas sonar. Pues si ponía más dedos en los seis agujeros el extremo del soplo quedaba más alto que mi cabeza, y si ponía los labios en la embocadura no alcanzaba a cerrar los agujeros. Mucho tiempo después tuve ocasión de verlos en plena función. Faltaba un canal o tubito complementario de cera que se aplica a la embocadura y mediante una curva viene a la boca. El ejecutante hace este canal a su medida.
        Hemos mencionado las tarkas de rama. También tienen seis agujeros y canal y su tubo mide más de medio metro. Se toma una rama, se divide a lo largo en dos mitades y se saca la pulpa hasta que las paredes queden debidamente afinadas. Se unen de nuevo las dos canaletas y se ajustan fuertemente con anillos de tendones para evitar el escape del aire. Véanse en la fotografía que reproducimos.
        La música de la tarka o pinkillo jujeño es modesta. El instrumento tiene las mejores posibilidades, como la quena, pero los ejecutantes no las aprovechan. También tiene el pinkillo su repertorio tradicional. Para que se aprecie, damos aquí una melodía que me ofreció un flautista de Susques que hallé en San Antonio de los Cobres. La sonoridad del pinkillo es plena y agradable.