TANGO Y RAGTIME -I
CUADERNILLO DEL MISMO NOMBRE
POMPEYO CAMPS
SERVICIO CULTURAL DE EE.UU., 1976
ORIGINAL


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Título completo: Tango y Ragtime, un paralelo en el tiempo y a la distancia

Similitudes y diferencias

De los dos siglos de independencia que llevan los Estados Unidos, uno de ellos, el segundo -obviamente, además de la importancia política que este tipo de hechos tienen en la vida de las naciones- estuvo signado, en el terreno de la cultura, por uno de los más llamativos fenómenos de la historia de la música: el que finalmente desembocaría en el jazz.

Estampilla homenaje. Scott Joplin, 1983

        La declaración de la independencia de la actual República Argentina tiene sólo 160 años, pero en la misma época en que los norteamericanos trascendían internacionalmente por medio del jazz, también los argentinos conquistaban posiciones en el ámbito mundial por medio del tango.


        Tango y jazz compitieron en el mercado europeo y se complementaron en el salón de baile, la boîte, el cabaret, la discografía, la radio y la industria editorial.

Original Rags - Maple Lead Rag - El choclo

        El jazz y el tango, a esta altura del siglo XX han recorrido un largo camino hasta convertirse en entelequias, en expresiones musicales populares que, paradójicamente, disfrutan en especial las esferas intelectuales. Esta es, de todos modos, una forma de supervivencia, de paso a la inmortalidad, de sublimación o de transformación en arquetipo, como también había sucedido con el vals, proveniente de Austria y diseminado por todo el mundo.
        A pesar de que este ensayo no se orienta hacia el jazz, es inevitable precisar algunas de sus diferencias con el tango, que si bien resultan muy notorias en la esfera musical, a veces escapan a la observación en lo que atañe al ejercicio práctico de ambos géneros, y a su evolución formal.
        Si bien el tango actual difiere bastante del tango del 1900, época en que se establece convencionalmente el nacimiento del jazz, su evolución ha sido más cautelosa que la de su hermano del norte. Por otra parte, en sus tres cuartos de siglo de existencia no engendró formas subsidiarias y pasatistas como las que pulularon en torno del jazz: fox-trot, shimmy, boogie-woogie, twist, rock and roll. Algunas de estas expresiones resultan tan distintas del jazz que ni siquiera pueden ser consideradas como sus secuelas, si bien no habrían sido posibles sin la existencia de ese género matriz.
        Otra diferencia entre el jazz y el tango es profundamente conceptual. El jazz, en definitiva, no es una forma musical ni posiblemente sea un género distintivo, sino que es una manera de encarar la música. Se trata de una improvisación que se rige con varias pautas: el patrón armónico del blues, las derivaciones rítmicas del ragtime y la actitud ritual de los negro spirituals.
        En cambio, en el "ejercicio" del tango no se improvisa sobre un tema ni sobre un esquema armónico. Se ejecuta una pieza musical, eventualmente instrumentada, arreglada profesionalmente o adornada con los convencionalismos que van surgiendo durante los ensayos del conjunto.
        Tampoco es necesario recordar que el jazz mantuvo su tendencia a utilizar instrumentos de viento y percusión, apropiados para la ejecución al aire libre y en los grandes locales en épocas en que aún no se había inventado la amplificación electrónica, mientras que el tango se inclinó por instrumentos de cuerda (mandolina, en un tiempo, violín, guitarra) y el bandoneón, de sonoridad más recatada que los de viento [Camps sabe bien que el bandoneón es también un instrumento de viento, se está refiriendo a los 'vientos de cierta pujanza', nota de Presencias], y suficiente para la aplicación que se le destinó. Para el "tanguero", la trompeta y el trombón eran cosas "de gringos".

Coincidencia en el tiempo

        Uno de los elementos originarios del jazz nació en la misma época que el tango, y guarda con éste similitudes esenciales en el ritmo.
        Se trata del ragtime, cuyo creador más importante y posiblemente más antiguo fue Scott Joplin, nacido en Texarkana en 1868 y fallecido en Nueva York en 1917. Recién en 1899, cuando el compositor tenía 31 años, un visionario editor, Carl Hoffman, de Kansas City, lanzó la primera publicación del género, Original Rags. Le seguiría, ese mismo año, el editor John Stark & Son, de Sedalia, con Maple Leaf Rag, la pieza de Scott Joplin que se convirtió en prototipo y símbolo del género.
        El hecho de que en 1897, un director de banda blanco, William Krell, haya publicado por primera vez una pieza del género -Mississippi Rag-, nada agrega a la historia y sólo hace sospechar que tuvo a su alcance, con mayor facilidad que los negros, los medios necesarios para la edición musical, además de la iniciativa de interesarse por esa expresión de la gente de color.


        Por entonces, Scott Joplin ya era conocido. En 1896 le habían publicado el vals Harmony Club, Combination March (en cuya carátula se publicitaba a Joplin como "author of the celebrated Harmony Club Waltz") y The Crush Collision March, en la que se aclaraba que pertenecía al autor de las dos obras anteriores. Es evidente que el nombre de Joplin podía atraer a los compradores del producto.

Varias portadas de partituras originales. Coinciden muchos elementos

        La historia del ragtime está debidamente documentada en lo que a su aspecto específicamente musical y técnico se refiere y no se ha dejado de esbozar su aspecto sociológico.
        Con el tango sucede lo contrario. Su glosa y referencia ha sido monopolizada por poetas, cuentistas, novelistas, periodistas y sociólogos, quienes han dicho toda la verdad y toda la ficción en torno de sus pocos documentados orígenes, sus letras, sus anécdotas y su sociología. Pero el tango ha carecido de un musicólogo lúcido, tenaz, desprejuiciado, que realmente crea en el folklore urbano y no sólo en los folklores de llanura y de montaña, y además, adecuadamente rentado para que pueda disponer de los medios necesarios para dilucidar cabalmente todo lo que se refiera a su música.
        De todos modos se sabe que el primer autor de tangos "escritos", no repetidos de oído, fue Ángel Gregorio Villoldo, curiosamente contemporáneo de Joplin. Villoldo nació en 1864 y murió en 1919. Esto también es significativo: Joplin nació en el sudeste de los Estados Unidos y murió en Nueva York, la capital estadounidense de la industria del espectáculo.
        Villoldo, en cambio, nació y murió en Buenos Aires, capital política de la Argentina, cuna del tango y punto de convergencia de las inmigraciones, tanto europeas como provenientes del interior del país. En 1880, más de la mitad de la población de la Argentina era extranjera: gallega, vasca y especialmente italiana.
        Antes de llegar a la edición, el tango y el ragtime transitaron por un período de maduración, tradición y difusión "no impresa", y a veces ni siquiera escrita y sólo auditiva.
        Sólo en el aspecto editorial el ragtime aventajó cronológicamente al tango.
        Villoldo, quien en este paralelo podría representar al Joplin argentino, fue cuarteador, tipógrafo, periodista, payaso, cantor y actor. A comienzos de la última década del siglo pasado ya era un músico conocido en los bailes populares.
        Recién en 1905, cuando Scott Joplin llevaba publicados catorce rags, además de otras piezas de diferentes ritmos, el pianista José Luis Roncallo estrenó en El Americano -un aristocrático restaurante del centro de Buenos Aires- el más famoso de los tangos de Villoldo, El choclo, que hasta entonces el compositor había tocado sólo en los suburbios, juntamente con El porteñito y El esquinazo, títulos que perduran y que contribuyeron a popularizar el género en Europa, especialmente en París.
        De todos modos se sabe que en 1900 se editó el primer tango en Buenos Aires, Bartolo, de autor anónimo, recopilado y armonizado por Francisco Hargreaves (1849-1900). Este era un músico erudito nacido en Buenos Aires, proveniente de una familia norteamericana radicada en esta ciudad en 1819 -curioso vínculo argentino-estadounidense-, que fue el primero que compuso óperas en este país y un pionero del nacionalismo musical.
        El primer tango "de autor" editado, se supone que fue El entrerriano, del músico negro Rosendo Mendizábal, que él mismo estrenó en 1896 tocando el piano en un baile. Las ediciones más antiguas de este tango, que el autor teatral José Antonio Saldías atribuyó a Ernesto Ponzio, autor del tango Don Juan, se remontan a los primeros años del presente siglo.
        No cabe duda sobre la contemporaneidad del tango y el ragtime. Por otra parte, no terminan aquí las coincidencias. Como se verá más adelante, se acentúan en algunos aspectos musicales. Mientras tanto cabe observar lo que podría llamarse una marcha paralela en direcciones opuestas. Esto se advierte en el aspecto sociológico de ambos especimenes musicales.
        El ragtime apareció como una danza con gran importancia instrumental, en un principio pianística. Su nacimiento se produce con compositores-pianistas negros nacidos en la franja centro-sureste que pasa por los estados de Missouri, Arkansas y Louisiana, y en ciudades recién nacidas al progreso que traía el todavía flamante ferrocarril. Incluso, alrededor del 1880 el tren sigue avanzando de Este a Oeste. Cuando la vía férrea llega a un poblado, a la vez que éste se enriquece, se engalana con un lugar de esparcimiento, que como tal vez único aparato musical cuenta con un piano en el que un negro toca ragtimes.
        En los primeros nombres del ragtime se cuentan Scott Joplin, de Texarkana, en la frontera de Arkansas y Texas; Tommy Jackson, de Nueva Orleans como Jelly Roll Morton; James Scott de Neosho, Missouri; Scott Hayden, de Saline Country, también Missouri. Excepcionalmente se encuentra un hombre que no es del Sur, Joseph Lamb, nacido en Montclair, Nueva Jersey, de todos modos es la costa Este, donde crece el maple, arce azucarero del que se extrae una melaza comestible. Recuérdese el famoso título de Joplin, Maple Leaf Rag, que al parecer inauguró la tradición de los "títulos vegetales" (The Sycamore, The Chrysanthemum, Gladiolus Rag, Sugar Cane: Joplin; Pear Blossoms: Scott Hayden).
        No sería necesario destacar que todos estos músicos eran de raza negra. El padre de Scott Joplin era liberto, mientras que su madre no había sido esclava.
        Por lo tanto, el ragtime lleva implícito un símbolo del progreso, que se manifiesta en varios sentidos: la "puesta en escena" del artista negro en un incipiente urbanismo; la vibración festiva de pueblos que empiezan a crecer para convertirse en ciudades; una forma de reivindicación del negro, que de esclavo y postergado, por sus brillantes aptitudes musicales se convierte en personaje de exhibición, en motivo y protagonista de un deleite y en objeto admirado por los blancos, por lo menos en ese sentido.
        La población negra del Río de la Plata tuvo, obviamente, el mismo principio que la de los Estados Unidos y la de las tres Américas: la esclavitud. Pero la aplicación, evolución y destino de los africanos en el territorio del Plata fueron distintos que en otros lugares. En las orillas del Plata los negros fueron utilizados especialmente como servidores domésticos, artesanos, también para la guerra de la independencia (batallones de "pardos" y "morenos": la etnografía era bastante desprolija cuando se trataba de gente no blanca) y la guerra con el Paraguay, y no para tareas rurales.
        En lo que es hoy la República Argentina no existía, ni siquiera a comienzos del siglo XIX, una intensa actividad agraria ni la tarea rutinaria, tremendamente esforzada pero sencilla de las plantaciones del Sur de los Estados Unidos. En cambio, la ganadería, que se imponía a la agricultura en la región rioplatense, no exigía el trabajo bestial y mecánico de las plantaciones que podía realizar el negro por la fuerza del látigo, y sí el arrojo feroz del criollo que sabía domar potros, arrear hacienda, castrar toros, faenar ganado y sobrevivir en un salvajismo distinto del africano por razones climáticas, geográficas, orográficas y ecológicas.
        Por esto los negros del Plata no crearon "cantos de trabajo" como los del Sur de los Estados Unidos.
        El negro ingresó en los Estados Unidos como elemento necesario para un sistema que apuntaba a la era industrial. En cambio, en la América española del Sur, el negro fue vendido como un elemento suntuario, un servicio de lujo. De allí que cuando entre 1811 y 1826 los negros fueron liberados en las provincias del Río de la Plata, no resultaban totalmente antipáticos. Incluso, antes del medio siglo, Juan Manuel de Rosas los halagó con gestos demagógicos.
        El segregacionismo no se hizo sentir realmente en la Argentina, y los negros se mezclaron con los blancos hasta desaparecer casi totalmente por virtud del natural mestizaje.
        Hasta aproximadamente antes del último cuarto del siglo pasado, los negros mantuvieron sus "naciones" en Buenos Aires (asociaciones que correspondían a los lugares de origen) en cuyas fiestas y reuniones remedaban viejas tradiciones africanas, que se fueron diluyendo y finalmente reduciendo a expresiones carnavalescas que terminaron por pasar a los blancos, pintados de negro.
        Si bien, lógicamente, la esclavitud les resultó dolorosa, y luego, durante décadas padecieron el oprobio de la diferenciación racial y clasista, terminaron por olvidar rencores y llegaron a una etapa en la que no se habrán sentido absolutamente postergados.
        Incluso el criollo suburbano de Buenos Aires, quien ya cobijaba su famoso complejo de inferioridad y las inhibiciones que sobrecompensaba con las actitudes sanguinarias del malevo, envidiaba secretamente las habilidades que exhibía el negro bailarín de tangos, mientras se imponía una pedante -"sobradora"- circunspección.
        El tango, proscripto por pecaminoso, alimentado en bailes suburbanos, en prostíbulos, "academias" regentadas por negras, corralones y glorietas donde se mezclaban los pendencieros del centro de la ciudad con los pendencieros de la orilla, concentró corrientes, que quiérase o no, deben calificarse de culturales, coincidentes con la cruza de las inmigraciones, la instalación de los tranvías de tracción a sangre y los crecientes ferrocarriles ingleses, que al contrario de lo que sucedía en los Estados Unidos, no era mucho el progreso que llevaban al interior del país, y en cambio incrementaban la riqueza de la urbe capitalina con los productos del campo, y la población, con los criollos que huían de la miserable vida rural.
        Paralelamente, cuando el ragtime ya había pasado a las pequeñas bandas de negros, había invadido los salones de baile, se esparcía por Europa y desde luego significaba ganancias para las editoriales y para la industria del espectáculo, el tango fue aceptado "oficialmente" por la "buena sociedad" de Buenos Aires. Esto sucedió cuando el barón Antonio Demarchi, yerno del general Julio A. Roca, quien había sido presidente de la República durante dos períodos, organizó en 1912 una histórica fiesta en la que hizo bailar el tango ante el manifiesto beneplácito de una concurrencia "aristocrática" que hasta entonces sólo lo gustaba a hurtadillas: de celosías adentro las mujeres, y en establecimientos de diversión los varones.

Carácter

        La ingerencia del negro en el nacimiento del tango es más que evidente. En párrafos más abajo, cuando sea tratado el paralelo tango-ragtime desde el punto de vista rítmico, quedará definitivamente probado su más o menos remoto origen africano.
        En el carácter de la música creada por los negros luego del transplante se advierte también un impulso de sobrecompensación. Parecería que el individuo, para asegurar su supervivencia anímica, llegara a expresar alegría, que es precisamente el estado anímico complementario del que realmente experimenta.
        La música del ragtime es invariablemente alegre, y sólo por momentos, sin perder la precisión rítmica, adquiere una sensualidad, una insinuante coquetería que no es más que la instancia previa al salto del felino, al rodeo que antecede a la explosión eufórica, bulliciosa.
        No existe un solo rag, ni ninguna de las clásicas tres partes que integran los ragtimes, escritos en modo menor, que es de típica sugerencia melancólica. Todo el género fue compuesto en modo mayor.
        Lo mismo sucedió con los primitivos tangos de autor anónimo, como Andate a la Recoleta, recopilado por tradición oral por el musicólogo Carlos Vega, quien lo ubicó alrededor de 1880 como el más antiguo, y Señora casera.
        Mientras el tango fue "cosa de negros" no perdió la alegría ni la picardía. Cuando lo adoptó el blanco, el criollo y el hijo del inmigrante que vio frustradas sus ilusiones de "hacer la América", el tango empezó a introducir, primero, el modo menor con un eventual "trío" en modo mayor, como sucede con El choclo de Villoldo, para luego sumergirse en letras que hablan de decepciones, traiciones, ultrajes, miseria, alcohol, cárcel, soledad y del dolor existencial de la ciudad. En el sainete rioplatense y en los espectáculos revisteriles de la década del 20, algunos tangos pretendieron acercarse, por conducto de la comicidad de sus letras, a esa primitiva línea jocosa. Únicamente lograron una mueca, una sonrisa amarga. El futuro del tango estaba en el dramatismo, en la tragedia de la urbe.
        Por su parte, el ragtime, en los Estados Unidos, una vez absorbido por el jazz, tuvo atisbos de exhumación en la década del 50, en un proceso que fue mezcla de musicología, divertida curiosidad y nostalgia. Todo empezó cuando fueron descubiertos unos rollos de pianola punzados con la ejecución del propio Scott Joplin. Estos elementos además de dar una idea de la prodigiosa habilidad pianística del Rey del Ragtime, significaron el punto inicial de las investigaciones.
        El ragtime había sido olvidado (cosa que no ocurrió con el tango), pero se conservaban sus ediciones con las tapas originales, y afortunadamente, también rollos de pianola de algunos protagonistas del género, como James Scott, Joseph Lamb y Jelly Roll Morton entre otros.
        En 1950 fue lanzada en Nueva York la primera edición de The All Played Ragtime de Rudi Blesh y Harriet Janis, que posiblemente siga siendo el estudio más importante y exhaustivo sobre el tema. Unas 350 páginas integran la tercera edición revisada (Oak Publications Edition, 1966), donde, además de los clásicos, figuran varios rags compuestos especialmente para esa publicación y que no tienen la frescura, la autenticidad, el ingenio ni la calidad de las piezas editadas entre 1899 y 1917.
        En 1971, merced a la Biblioteca Pública de Nueva York, Vera Brodsky Lawrence reeditó la obra completa de Scott Joplin con una introducción de Rudi Blesh.
        También han sido editados discos con los rollos de pianola de Joplin, y el compositor, instrumentista y erudito del jazz Gunther Schuller (un tipo de estudioso pragmático y científico que lamentablemente no tiene el tango), con el Ragtime Ensemble del Conservatorio de Nueva Inglaterra (Boston), establecimiento del cual es director, reconstruyó y grabó en discos, ragtimes de Joplin ejecutados a la manera de la época de oro.
        Parte de estos testimonios han sido posibles gracias a editores-coleccionistas como John Stark & Son, que incluso conservó ediciones arregladas para conjuntos de la época, integrados por once músicos: una corneta, un trombón de vara, dos clarinetes; tres fiscornos: tenor, contralto y barítono; tuba, bombo, tambor y "tambor mayor". Su carácter es espontáneo, festivo, pujante.