ALTURA Y TIMBRE
MUSICOTERAPIA
BERNARD AURIOL [1]
SITIO DE AURIOL, INTERNET, 2002
Trad. AITTOR y MAITE LOROÑO


Presentación

Más allá de frases, ideas y conceptos, el autor desea ir rápido al punto: los sonidos paradójicos. Decimos esto porque no todos los dedicados a la materia comparten algunas opiniones aquí vertidas, las cuales podrían desviar la atención de aquellos que recién se inician o aun de estudiantes avanzados. Auriol dice "como algunos han creído" cuando se refiere a sonidos no físicos generados por tubos de órgano; esto no es así [2]. Los sonidos diferenciales, que a ellos alude, son concretos para el oído, es más, se generan en él a causa de una respuesta no lineal a la onda sonora. Otro de los puntos lo encontramos cuando dice, con referencia a sonidos sin existencia física, "es oída por nuestro espíritu"; creemos entender la idea pero desconocemos, desde la ciencia, dicho tipo de audición.
        Es claro y evidente que nuestro hombre no domina ciertas cuestiones de naturaleza física y, en consecuencia y con la idea de ser simple y didáctico, propone un ejemplo (el del órgano) por demás inoportuno, invita a la reflexión porque no se trata de cosas ni tan complejas ni, menos aún, con escasa bibliografía.
        La eficacia del autor, mejor dicho de este trabajo, es la de explicar y experimentar sonidos "sugeridos", aquí sí lo vemos experto en la materia. Son muy interesantes las transcripciones literales, vividas por diferentes sujetos, que recoge en la investigación de gabinete, eso es lo que debemos rescatar y, desde ya, el motivo que nos llevó a producir el actual documento.
        Tuvimos que retraducir algunos términos, cambiamos varias sintaxis; en todo momento hemos intentado mantener el estilo original, sin embargo en estos trabajos importa el concepto antes que las grandes elaboraciones formales, al menos este es el caso.
        Por último recordamos que en este escrito las palabras "ascendente" y "descendente" no deben ser tomadas en el sentido acostumbrado, son ilusiones sonoras que se producen cuando, en el laboratorio, se fuerzan ciertos juegos entre fundamental y armónicos.

Pablo Bensaya, Presencias de Música, Buenos Aires, enero de 2002

Sonido paradójico

        Los melómanos atribuyen como altura de un sonido al de su fundamental. Los demás componentes de la vibración -armónicos, parciales- son los correspondientes físicos del "timbre". Este último permite distinguir dos sonidos de la misma altura y de la misma duración; de esa manera el Do tocado al piano es diferente del Do ejecutado en la guitarra o en la trompeta.
        Se sabe, desde hace tiempo, que el oído puede hacernos escuchar sonidos inexistentes: por ejemplo si se interpretan en el órgano los armónicos de una nota que no se toca, ésta "es oída" por nuestro espíritu. En este caso, la vibración escuchada no existe físicamente, ni en el oído, como algunos han creído.


        Es nuestro sistema nervioso el que construye esta información que no exige necesariamente una relación armónica entre los sonidos reales sugeridos. Esta relación armónica es en todo caso suficiente para producir el fenómeno, de tal manera que el oyente de una música filtrada, de la que se han suprimido las fundamentales, puede reconocerla y tararearla. A partir de esto se pueden explicar algunos efectos de la música filtrada, a 8000 Hz, por Alfred Tomatis [3] y del célebre Parto sónico.
        La psicoacústica moderna -J. C. Risset, 1977- obliga a considerar dos tipos de altura:

la altura tonal que corresponde al concepto familiar de altura
la altura espectral que va unida al impacto de los armónicos presentes

        Haciendo variar por computadora estos dos parámetros en sentido inverso, de manera astuta, se llegan a producir ilusiones sonoras paradójicas: sonido que parece subir o descender siempre, se reproduce así, sobre el plano sonoro, una forma de escalera Penrose [4].
        De hecho, no somos iguales ante este fenómeno: el oído de algunos se muestra más sensible a la altura espectral, el de otros a la altura tonal. Se sabe, gracias a J. C. Risset y Charboneau, que el oído derecho percibe mejor las melodías tonales mientras que el oído izquierdo es más hábil para seguir las melodías espectrales. Estas dos anotaciones podrían llevar a la construcción de un test simple para decidir si una personalidad está más atraída por los valores emocionales del hemisferio izquierdo o del derecho, según se base, en su audición, sobre las sucesiones espectrales o tonales.
        Hemos testeado en personas voluntarias, consideradas como sanas, los dos tipos de sonidos paradójicos, ascendente y descendente, en nuestro gabinete y, en cursos de musicoterapia, con Roland Toupotte, en julio de 1979. El test consistía en presentar "el sonido que sube sin fin" o "el que desciende siempre" en un nivel relativamente elevado y de manera repetitiva durante por lo menos diez minutos. He aquí algunas de las reacciones que hemos podido observar:

        Varios participantes, angustiados por los sonidos descendentes, han experimentado una hilaridad incoercible en los sonidos ascendentes. Algunos subrayan que los sonidos descendentes han favorecido los movimientos de inspiración mientras que los sonidos ascendentes dificultaban la espiración.

Sonidos paradójicos descendentes

        Un hombre (O. G.) emplea los calificativos: "pesado, desagradable, obsesivo". Se vuelve a encontrar este último término en gran número de muestras. Una mujer joven tiene la cabeza que le da vueltas y siente náuseas. Tiene la impresión de girar descendiendo como Alicia en el país de las maravillas. Escribe con dificultad, experimenta una fuerte sensación de angustia con opresión respiratoria, nudo en la garganta. Después de haber escuchado siente dificultades de elocución, se siente completamente abofeteada": "Me equivoco de número de teléfono, escribo una palabra al revés, sensación de aturdimiento, de estar mal en mi piel". Otros se quejan de impresiones nauseabundas a vertiginosas.
        Otra mujer joven (V. R.), especialista en técnicas corporales, escribe: "impresión de descenso de mi atención con el sonido, de la cabeza hacia la pelvis (¿o me lo imagino?). Ganas de que el sonido se acelere, impaciencia; noto que el sonido no desciende realmente, que se trata simplemente de una impresión, que retoma al mismo nivel. Un poco frustrante, como estar estreñido o vivir un orgasmo que no viene satisfactorio.''


        Un hombre de 53 años habla de peligro: "esto va a explotar, a destruirme. Tengo los dientes apretados". Esta impresión, a nivel de la mandíbula es compartida por varios oyentes. Añade: "Me llega hasta el fondo de la garganta; impresión de que me ha horadado hasta ahí". Varios evocan el torno de un dentista que vibra a marcha lenta.
        Una mujer de 32 años (B. M.) encuentra la escucha penetrante, molesta, y siente, como muchos otros, aumentar en ella la cólera, las ganas de agredir.

Sonidos paradójicos ascendentes

        Tal persona, incapaz de soportar el sonido paradójico descendente, deja la sala pero escucha el sonido paradójico ascendente. Tres auditores rechazan los sonidos paradójicos ascendentes: insoportable tortura, tortura infinita aplicada en pequeñas dosis sucesivas.
        Una joven de 25 años escribe: "algo terrible va a ocurrir, ruido anunciador de explosión. Sí, me abandono: placer de una potencia que hincha, que sube en mi; cada vez más grande, más fuerte. Lleno el espacio con, inclinación hacia atrás, el temor de explotar: un placer peligroso".
        "Se tiene sed, sin tiempo para calmarla; se permanece en el hambre sin poder aliviarla, en un perpetuo estado de 'quien-vive'. Se está en una carrera loca que me evoca el personaje de la Naranja Mecánica que pone su coche al máximo, destruyendo todo a su paso con un sadismo terrorífico. Dolor de cabeza, ganas de vomitar, punto doloroso en la espalda. Después de los quince minutos de escucha, tengo dolor de oídos y la cabeza pesada. Noto un punto de sensación fuerte que es pulsatil por momentos, que no es desagradable del todo." (N. A.)
        Después, un momento de "tensión hacia un fin, de aumento de una catástrofe, sentía como una alegría que subía y quería explotar; me hubiera gustado que se prolongara".
        Para otra joven (J. T.) esta secuencia es más soportable, despierta un sentimiento de esperanza "debido a la ascensión". Un participante (O. G.) habla de "tensión no saciada". Una oyente señala que después de la escucha tiene la impresión de falta, de "haber perdido alguna cosa".
        Un hombre de 53 años: ''Esto se vuelve muy luminoso, cada vez más rápido. Después de escucharlo tengo ganas de permanecer inmóvil, en silencio, fatigado y apacible". La sensación de "cada vez más rápido" se encuentra frecuentemente en los comentarios recibidos. Algunos participantes mencionan una modificación de la duración aparente, bien que esta secuencia haya parecido más corta, bien que haya parecido más larga que su duración cronométrica de quince minutos.
        Estas descripciones invitan a pensar que los sonidos paradójicos son generalmente fuente de angustia, pero esta angustia varía con la personalidad y el carácter ascendente o descendente del fenómeno.

Bibliografía

I. J. Hirsh, La mesure de l'audition (1952) traducido del inglés por J. Bouche PUF, pp. 220 - 237, 1956.
J. C. Risset, Hauteur et timbre des sons, Bulletin d'audiophonologie, 8, 3, 7-27, 1978.

NOTAS
1. Nombre original del artículo traducido "Música, Terapia y Comunicación" aparecido en la "Revista de Musicoterapia N° 4, España, 1988". Sitio del autor, Dr. Auriol, auriol.free.fr/clefsons/
2. No es así en el tema puntual de los tubos de órgano.
3. Alfred A. Tomatis, médico e investigador francés nacido en 1920, especialista del oído y psicólogo, miembro de la Academia Francesa de Ciencias.
4. Se refiere a Roger Penrose, astrofísico inglés nacido en 1931. Escher copió de aquél, para plasmar en sus litografías, unos modelos de escalera que, según cómo se observe, parece ir en un sentido u otro, una notable ilusión óptica.