EFECTOS SOBRE EL DOLOR
MÚSICA Y DOLOR
ÁNGEL L. SÉNQUIZ, MÉDICO
INTERNET, www.saludparati.com, 2005
ORIGINAL


Beatriz, una paciente de 55 años sufría de cáncer avanzado. Padecía de un dolor severo en su hombro izquierdo superior. Vivía sola en su apartamento en Nueva York y recibía cuidado de sostén en la casa. Se refirió a terapia musical por razones de un estado depresivo y aislamiento social. Cuando llegó la terapista dijo que ella usualmente no escuchaba música, pero que escucharía cualquier cosa que le ayudara con el dolor. Era una artista que no había podido pintar más, no tanto por el cáncer en sí, sino por el dolor que ello le ocasionaba. En la evaluación que hizo la terapista se concluyó que se sentía enormemente triste y fatigada. Su habilidad mecánica estaba limitada.


        La terapia comenzó con música clásica que le produjo sensaciones de que estaba creando imágenes. Una de las obras que utilizó fue la sinfonía pastoral de Beethoven. Más adelante trajo música de calipso. En algunas de las sesiones trajo su guitarra y tocó para la paciente. Eventualmente pudo comenzar a pintar cuadros. Llegaba, incluso, a olvidar el dolor durante los períodos de música. Al irse la terapista dejaba los cassettes y otros materiales para ella escuchar. La musicoterarapia se convirtió en una vía de expresión para ella. Comentó que la ayudaba mucho tener música especial cuando sufría dolores intensos, y podía manejar mejor el dolor. Poco antes de morir pudo tomar un paseo en automóvil con un amigo y escuchar en un walkman mientras miraba el paisaje.