MERCADERES DE LUZ (III)
LA CIENCIA TIENE SENTIDO
RITCHIE CALDER
SUDAMERICANA, BUENOS AIRES, 1958
Trad. Mario A. Marino "SCIENCE MAKES SENSE"


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3. Ciencia y cultura

El divorcio entre la ciencia y la cultura es absurdo. Oyendo hablar a cierta gente uno pensaría que la ciencia ha destruido las artes o las ha corrompido hacia formas modernas que ellos consideran de mal gusto. Y se lamentan diciendo que la Edad de Oro sólo volverá cuando la ciencia quede, de alguna manera, descartada. Esto es completamente insensato. "¿Qué es esta Edad de Oro no mancillada por el hálito de la mecánica ruda?", pregunta el doctor J. Bronowski, quien, en The Common Sense of Science (Heinemann), acepta el reto brillantemente.
        ¿Qué y cuándo? Remontémonos 6.000 años hasta los egipcios. Encontramos que ya habían dividido el año en 365 días, contando los que transcurrían entre dos ocasiones sucesivas en que la estrella Sirio surgía inmediatamente antes de amanecer. Entre entonces y la época en que se construyó la Gran Pirámide de Cheops, alrededor del año 2800 a. de C., los egipcios desarrollaron la ciencia de las dimensiones, de la distancia y de la dirección. Todas las pirámides constituyen un extraordinario ejemplo de matemática práctica debido a su forma y construcción. Pero consideremos la Gran Pirámide: fue diseñada de modo que los rayos de Sirio llegasen a ella en ángulo recto. Un respiradero fue hecho de modo que se introdujese por él la luz de la estrella al cruzar el meridiano, penetrase en la Cámara Real, situada en el corazón de la Pirámide, e iluminara "milagrosamente" el rostro del faraón muerto. ¿La Gran Pirámide es una obra de arte (no cabe duda que es de cultura) o de ciencia?
        "Pitágoras vivió antes de que Esquilo crease el teatro griego. Sócrates enseñó cuando el teatro estaba en su apogeo. ¿Se debe invocar a Sócrates por el arte o por la ciencia?", pregunta Bronowski.
        Hablamos de la Edad de Oro de Roma: ¿Qué decir de Lucrecio, el más grande de todos los poetas didácticos, que murió el año en que Julio Cesar invadía Gran Bretaña? No fue solamente un gran poeta, sino un precursor en poesía porque encontró al hexámetro áspero y tosco y lo pulió para convertirlo en el magnífico instrumento que Virgilio había de usar. Poeta, sí, pero también científico. En lenguaje poético no esperado, no sólo en latín sino en cualquier lengua humana, escribió De rerum natura, tesis científica en la cual atacaba la superstición; describía los fenómenos naturales; afirmaba que alma y mente eran partes integrales del cuerpo humano y no más capaces de existencia separada que una mano o un pie; discurseó sobre la naturaleza de las enfermedades y discutió el origen del mundo, la aparición y el progreso del hombre y los albores de la civilización y la sociedad. Captó que el tiempo es una cosa relativa. Sus puntos de vista sobre la herencia son compatibles, por lo menos, con los del abate Mendel. E hizo una versión aceptable de la selección natural. Su teoría atómica sostenía que el universo primario contenía un número infinito de partículas infinitesimales que caían a través del espacio infinito. Se mueven, se encuentran y chocan, construyendo unidades pequeñas (lo que en la actualidad llamaríamos moléculas), agregándose para formar masas más grandes y, finalmente, mundos. Los seres vivientes eran un conglomerado casual de átomos en los cuales la vida formaba una interacción entre ellos. Newton habría de volver a esta teoría clásica 1.700 años después. John Dalton, mediante observaciones experimentales en el siglo diecinueve, definió, partiendo de Lucrecio, sus pesos atómicos y sus leyes fundamentales. ¿Lucrecio es entonces un poeta o un científico?
        Conocemos a Omar Khayyam (siglo undécimo) como el poeta del Rubaiyat, pero cuando en la Persia moderna hablé en la Universidad de Teherán de "vuestro gran poeta Omar Khayyam", mi auditorio pareció intrigado: lo conocían como su más grande astrónomo y matemático.
        Leonardo da Vinci (1452-1519), autor de la Ultima Cena y la Mona Lisa, fue tanto supremo científico como supremo artista. Fue anatomista, ingeniero, arquitecto, el paleontólogo que puso en tela de juicio la historia del diluvio, el cosmólogo que dijo al azar que "el sol no se mueve" en un momento en que podía morir en la hoguera por semejante herejía, el inventor de la camera obscura, del higrómetro para medir la humedad atmosférica, del submarino y de la recámara de las armas de fuego. ¿Acaso su ciencia destruyó su arte?
        Las belles-lettres reclaman a sir Francis Bacon por sus ensayos (y algunos fanáticos le atribuyen las obras de Shakespeare), pero también la ciencia lo invoca como pare de la moderna ciencia experimental. Perteneció a la Edad de Oro de la reina Isabel, cuando la poesía y la literatura marchaban triunfantemente junto con la ciencia de los grandes navegantes.
        Otra así llamada Edad de Oro fue la Restauración. Pero uno de los primeros actos de Carlos II, a su regreso, fue el de patrocinar la Real Sociedad, "empresa en beneficio de la vida humana mediante el adelanto del conocimiento real". Entre sus miembros figuraban sir Christopher Wren, arquitecto de la catedral de San Pablo; Robert Boyle (de la ley Boyle); Flamsteed, el astrónomo; John Evelyn, el diarista; Hooke, uno de los más grandes experimentadores de todos los tiempos; Petty, el padre de la economía o, como él la denominaba, la "aritmética política"; John Winthrop, gobernador de Connecticut; el obispo Spratt; Samuel Pepys y John Dryden. Aquí no había conflicto entre las artes y la ciencia; se pertenecían mutuamente.
        ¿Acaso el intento de Milton de introducir la ciencia en sus enseñanzas de la escuela Aldersgate empañó el brillo del Paraíso perdido?
        Pero, dicen algunos estetas críticos, la ciencia, al explicar las maravillas de la Naturaleza, la despoja de su encanto. Newton deshizo el arco iris cuando explicó la naturaleza de la luz y utilizó el prisma para reproducirlo, descomponiendo la luz en los colores que la forman. Eso no hizo desaparecer la visión del artista ni la inspiración del poeta. En efecto, un científico que deseaba probar este hecho con estadísticas ha descubierto que Alexander Pope, contemporáneo de Newton, utilizó un número cuatro veces mayor de palabras referentes a los colores que Shakespeare y las aplicó con una frecuencia diez veces mayor. Los hermosos experimentos cromáticos que Newton llevó a cabo habían ejercido una vívida influencia en los poetas y pintores del siglo dieciocho.
        Además se dice que la Revolución Industrial, ciencia en acción, mancilló las artes con lugares comunes de la misma manera que ensució las ciudades con su hollín. Pero los críticos no pueden hacer que las cosas sucedan de dos maneras: el renacer del romanticismo coincidió con el advenimiento de la máquina de vapor.
        Debido a que las artes son influidas por las circunstancias y el clima emocional e intelectual de sus épocas, la ciencia tiene que afectarlas, sea activamente o por reacción (como, por ejemplo, Blake al aceptar el desafío de la Revolución Industrial en forma realista en su Jerusalén, o Walter Scott, que huye románticamente en Ivanhoe). Tal como sugiere el doctor Bronowski (The Common Sense of Science), la filosofía mecanicista de causa y efecto, con su sentido de determinación o predestinación científica, infundió a los escritores un aire de pesimismo que predominó en la novela desde Thomas Hardy hasta Virginia Woolf.
También señala: "La invención de la Imprenta no parece gravitar en forma muy directa en el contenido de la poesía, pero cuando se puede leer y releer un poema, es natural que el interés se desvíe de la rima hacia el significado y la alusión. Así también la invención de la fotografía ha hecho que el pintor y su cliente pierdan interés en el parecido y lo trasladen a un modelo más esencial.
        Pero, si desarrollamos todavía más ese argumento, la ciencia probablemente haya aportado a las artes más de lo que algunos estetas piensan que les ha quitado. Ha abierto nuevos dominios enteros de la naturaleza en cuya apreciación y expresión los artistas y poetas sólo están experimentando todavía. El Instituto de Artes Contemporáneas de Londres (en el que figuran muchos científicos) ha realizado exposiciones y publicado un libro (Aspectos de forma), en un estudio general de formas visuales que abarca desde la física, pasando por la biología y la psicología, hasta el arte. En ambos se han mostrado los diseños que aparecen en las imágenes de microscopios electrónicos sobre la estructura de la celulosa y en las versiones electroencefalográficas de la actividad del cerebro humano. En el Festival de Gran Bretaña se exhibieron alfombras y tejidos con diseños que incluso los estéticos toscanos no pudieron dejar de aplaudir, ¡hasta que se les dijo que eran modelos del átomo y de la estructura atómica de una molécula de penicilina!
        Pero el reto de la ciencia a las artes se pone más en evidencia en los medios que ha creado -el cine, la radio y la televisión- y en los nuevos materiales que puede poner a disposición de la humanidad. Como dijo un productor cinematográfico, "las películas tridimensionales llegan a nosotros antes de que hallamos llegado a dominar las formas artísticas del cine mudo, por no hablar del parlante". Si, como ha señalado Bronowski, la Imprenta ha desviado el interés de la rima hacia el significado y la alusión, ¿cuáles habrán de ser los efectos de la radio en la forma de la poesía, el drama y la palabra hablada -"música vocal"- en general? ¿Y de la televisión?