MERCADERES DE LUZ (V)
LA CIENCIA TIENE SENTIDO
RITCHIE CALDER
SUDAMERICANA, BUENOS AIRES, 1958
Trad. Mario A. Marino "SCIENCE MAKES SENSE"


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5. Ciencia y religión

También está el eterno conflicto entre la ciencia y la religión. Mientras la religión depende de la magia y la superstición el conflicto es total, pues la ciencia existe para destruir la superstición y para encontrar explicaciones racionales de fenómenos naturales que la superstición considera sobrenaturales. Sir Francis Bacon, al describir su "Casa de Salomón" en The New Atlantis, plantea las cosas de la siguiente manera:
        "También tenemos casas para engañar los sentidos, donde representamos toda clase de pruebas con juegos de manos, apariciones falsas, imposturas, ilusiones y sus falacias. E indudablemente vosotros creeréis fácilmente que nosotros, que tenemos tantas cosas verdaderamente naturales que suscitan admiración, podríamos en el mundo de lo particular engañar los sentidos si disfrazásemos esas cosas y las preparásemos para hacerlas aparecer más milagrosas. Pero odiamos toda clase de imposturas y mentiras al extremo de que las hemos prohibido estrictamente a todos nuestros miembros, bajo pena de ignominia y multas, para que no muestren ningún fenómeno o cosa natural en forma adornada o exagerada, sino en forma pura, como es, y carente de toda afectación de cosa extraña."
        Pero sugerir que ciencia y religión sean incompatibles es absurdo. La ciencia ha sido definida como "Prueba sin certidumbre" y la fe como "Certidumbre sin prueba". (Los teólogos pueden argüir que la Revelación es una prueba, pero ningún científico, ni siquiera uno tan fanáticamente religioso como Michael Faraday, ha medido jamás la Revelación.) El científico que dice "soy ateo" es dogmático y anticientífico; como científico sólo puede decir "soy agnóstico , lo cual significa "no sé que Dios exista". Tampoco puede negar que crea. Siempre que construye una hipótesis sobre hechos observables y dice "por lo tanto, creo que tal y tal cosa es cierta", hace acto de fe hasta que sus experimentos subsiguientes lo prueban o rechazan; entonces su creencia se convierte en hecho, pero jamás en una certidumbre, porque conocimientos ulteriores pueden modificar su conclusión. (Las leyes de Newton parecían una declaración de certidumbre, pero han sido modificadas por Einstein.)
        "La religión y la ciencia -dijo el extinto sir Richard Fregory, el gran editor de Nature, en su libro Religion in Science and Civilization- son los dos principales factores que han influido en el desarrollo de la humanidad en todas las etapas de la civilización: religión es la reacción a un impulso interior respecto a lo que se concibe como sagrado o inspira respeto o reverencia, y ciencia es la acumulación de conocimientos sobre las propiedades de los objetos naturales -animados e inanimados- en relación con las necesidades del hombre y su comprensión de las mismas mediante el empleo de su inteligencia. La primera representa el lado emocional de la naturaleza humana, expresado en el arte ritual y la literatura religiosa; la segunda -también fruto de una inquietud interior- es la construcción de un cuadro mental de lo conocido, en cualquier fase de una investigación, en cuanto a la naturaleza de todas las cosas, visibles e invisibles.
        "Es -añadió- en el servicio a los altos ideales donde la ciencia, sin la cual no podemos vivir, y la religión, sin la cual la mayoría de la gente parece no encontrar significación a la vida, pueden hallar un terreno de acción común."
        Los científicos, como individuos, pertenecen a toda la gama de creencias religiosas o a ninguna. O bien algunos pueden llamarse a sí mismos "humanistas científicos", creyendo que la bondad esencial radica en el mejoramiento de la humanidad mediante el ejercicio del razonamiento humano y los beneficios de la ciencia. O algunos pueden seguir el materialismo marxista y descartar a la religión en su sentido espiritual y ritual por considerarla el opio de la razón y el engaño de las masas. Cada cual puede creer lo que le plazca porque "la ciencia no se pone a establecer ni a invalidar ningún artículo de creencia o sustancia de fe en particular, sino sólo a examinar críticamente todo lo que llegue a ella en el mundo natural y a testificar fielmente lo que se ha visto y lo que parece revelar". (Sir Richard Gregory).
        Descartes, hombre de ciencia que hizo una distinción entre el alma y el cuerpo, dijo que había estudiado ciencias "con el fin de saber cómo distinguir la verdad de lo falso, de modo que pueda ser claro en mis acciones para marchar con pie seguro en esta vida".
        No importa lo que el científico piense o crea, tiene que enfocar todo problema con escepticismo; no debe inventar ni descartar pruebas según convenga a sus hipótesis, sea una presunción científica o religiosa, y tiene que "testificar fielmente". Fuera de eso es como cualquiera de nosotros
        Los choques históricos no se produjeron entre la ciencia y la fe, sino entre la ciencia y el oscurantismo, que se opone al progreso del saber y niega todo lo que esté reñido con un sistema aceptado. La Iglesia que hizo abjurar a Galileo y que quemó a Bruno en la hoguera porque insistió en que la tierra no era el centro del universo, sino que giraba en torno al sol; que el universo era infinito y estaba impregnado por un alma común, también quemaba a los herejes y a las brujas. Toda ley natural o creencia sobrenatural que estuviese en conflicto con la doctrina debía ser rechazada. El profesor de filosofía de la Universidad de Padua que se negó a mirar por el telescopio de Galileo las montañas de la luna, no se abstuvo por la religión cristiana, sino por la filosofía del pagano Aristóteles. Sencillamente no quiso ver nada que fuese contrario a sus creencias.
        Lo mismo rigió en las feroces controversias del siglo diecinueve entre teólogos y darwinianos en torno al Origen del Hombre. Del mismo modo que antes de Copérnico la tierra había sido el centro del universo, el hombre era la finalidad especial de la creación y, según el obispo Usher (1580-1656), cuya cronología fue incluida en la versión autorizada de la Biblia, el mundo había creado para el hombre el año 4004 a. de C. Las pruebas que se encontraron en las rocas demostraron que esta cronología era imposible (los oscurantistas sugirieron que Dios, esa mañana de la Creación, introdujo deliberadamente los esqueletos fósiles), ¡y ahora la evolución pretendía que el hombre tenía una ascendencia común con los monos! El obispo Wilberforce y Thomas Huxley polemizaron en la arena pública, dejando a la gente con la impresión de que la ciencia y la religión eran irreconciliables, cuando se trataba de cómo asimilar mejor los nuevos conocimientos.