MERCADERES DE LUZ (VI)
LA CIENCIA TIENE SENTIDO
RITCHIE CALDER
SUDAMERICANA, BUENOS AIRES, 1958
Trad. Mario A. Marino "SCIENCE MAKES SENSE"


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6. La ciencia y la educación

Pero los nuevos conocimientos que surgen diariamente de nuestros laboratorios, afectan a algo más que nuestros conceptos religiosos o filosóficos; afectan a toda la estructura de nuestra existencia material y de nuestras instituciones sociales. Deben ser asimilados en muchos niveles, no en último lugar por el común de la gente, cuyas vidas y medios de vida están en juego.
        Hace trescientos años Jan Comenius, el gran educador checo, concibió cómo se podría hacer eso. Sus ideas en materia de pedagogía merecen el respeto de los educadores de hoy, pero hubo un aspecto de su contribución que afecta particularmente a la ciencia: fue su Pansophicon. No cabe duda que fue inspirado por la Casa de Salomón de sir Francis Bacon. Sin embargo, Comenius lo desarrolló. Su idea era crear un colegio en el cual una vez por año se reuniesen los sabios del mundo, llevando consigo, para aquilatar y explorar, todos los conocimientos naturales reunidos en el mundo entero, y presentarlos y darlos a conocer ampliamente para que los hombres los adoptasen en su beneficio. Fue una idea que encontró eco en las mentalidades avanzadas de Gran Bretaña y se le invitó a Londres. Su empresa tuvo tan buena acogida, que el Seminario de St. James, en Chelsea, fue elegido para el colegio. Los medios y arbitrios para lograr ese fin habrían de ser discutidos en el Parlamento en la aciaga sesión en que estalló la guerra civil. Carlos I perdió la cabeza. Comenius perdió su colegio y el edificio que se le había asignado fue cedido por Carlos II, a instigación de Nell Gwynn, para alojar veteranos de guerra. Hoy el Real Hospital de Chelsea para pensionados se encuentra en el sitio en que debía estar el Pansophicon. Pero la idea no se perdió del todo; influyó a los virtuosi que se reunieron como el Colegio Invisible, primero en Londres y después en Oxford, y que concibieron la Real Sociedad de Londres, prototipo de las academias nacionales. A su manera, la Sociedad Lunar fue un retoño del Pansophicon. Y, en la actualidad, el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton refleja la intención de Comenius.
        Pero no es solamente en el alto nivel intelectual de síntesis y asimilación, como en Princeton, donde Comenius necesita su expresión en la hora actual. Precisamos un corazón central que disemine los corpúsculos de la ciencia por todo el cuerpo político.
        Tenemos que restaurar algo del espíritu investigador y de la comprensión común que compartían los miembros de la Sociedad Lunar, y que se personificaron en ese Pansophicon de un solo hombre. Benjamín Franklin.