TÍTULOS DE VELÁZQUEZ
PERIÓDICO ABC
EL ESCORIAL. JORGE MENDIOLA
ABC, 30 DE JULIO DE 1999, ESPAÑA
ORIGINAL


Benigno Pendás: «Velázquez no buscaba títulos mezquinamente»

Velázquez no era un mezquino buscador de títulos». Esta frase, pronunciada por el director de Bellas Artes, Benigno Pendás, suscitó un vivo diálogo entre los distintos estudiosos del autor, ya que, fundamentalmente desde Ortega, se ha tachado al artista de adulador y ambicioso. Jonathan Brown sostuvo en ABC el pasado lunes que el genio sevillano «deseaba ascender en el escalafón social y (...) supo moverse con soltura y alcanzar su propósito», tesis que buscó refutar Pendás, quien definió a Velázquez como «un gran pintor político, el pintor por antonomasia de la Monarquía española».
        El catedrático Delfín Rodríguez Ruiz dijo que «Velázquez quiso legitimar intelectual e históricamente su profesión», considerada una labor artesanal más «a la altura de la del barbero dentro del organigrama de la Corte». Su empeño por liberalizar y ennoblecer la pintura le lleva a ansiar la distinción de la Orden de Santiago, y «fueron el Rey (Felipe IV) y el Papa (Inocencio X)» los que interceden por él ante los caballeros, según Rodríguez, quien mantuvo que Velázquez logra su propósito al devenir «asesor artístico» del Rey, y refirió su tesis al cuadro de «Las Meninas», ya que «el taller estaba en el propio Palacio».

Connotaciones Negativas

        Su homólogo Vicente Lleó Cañal matizó esta opinión, tras indicar que «hoy día el término de cortesano está cargado de connotaciones negativas (...) pero en el siglo XVII era una carrera administrativa. Lleó explica cómo en la sociedad estamental de la España del siglo XVI los nobles estaban exentos de impuestos y de dudas acerca de su pureza de sangre, «no era puro esnobismo» sino pragmatismo. El Rey intercede por Velázquez ante la Orden de Santiago, cuyos integrantes exigían cuatro apellidos probados de hidalguía -hidalgo: «hijo de alguien», luego «cristiano viejo»- que el pintor no poseía. Lleó aventura que Velázquez debió de sobornar a los testigos exigidos por el Tribunal de los Caballeros, porque «el interrogatorio fue escandalosamente amañado, todos dicen lo mismo con las mismas palabras». El catedrático subrayó que Velázquez siempre contó con el apoyo de los poderosos, pues «no hay un solo documento de compraventa de obras suyas». Era el favorito de Pacheco y de Francisco de Rioja, del Rey y del conde-duque de Olivares; el niño prodigio.