VELÁZQUEZ Y GALILEO
PERIÓDICO ABC
EL ESCORIAL. JORGE MENDIOLA
ABC, 31 DE JULIO DE 1999, ESPAÑA
ORIGINAL


«Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, pintor español, Sevilla 1599-1660. Galileo Galilei, matemático, físico y astrónomo italiano, Pisa 1564-1642»

El curso organizado por la Universidad Complutense en San Lorenzo de El Escorial sobre «Velázquez en su IV Centenario» acabó ayer tras la conferencia pronunciada por Fernando Marías. El historiador destacó la superación por parte del artista de todos sus modelos, gracias a que incorpora a su técnica pictórica los extensos conocimientos que poseía sobre la ciencia de su época.
        Fernando Marías entroncó la figura de Diego de Silva y Velázquez en un tiempo de renovación científica y artística que arrumba los moldes clásicos de los renacentistas. Habló sobre los modelos que Velázquez encuentra en Roma, desde las esculturas griegas a los frescos de Miguel Ángel, y citó a otros coetáneos suyos -Poussin, Bernini- como otras posibles influencias. No obstante, el Velázquez del segundo viaje a Italia se muestra indiferente a muchos de ellos, e incluso desdeñoso con Rafael.


Las nubes y las estrellas de esta temprana Inmaculada velazqueña ya mostraban la adhesión del pintor a los nuevos postulados científicos

Cuando dos genios se encuentran

        Marías recalcó que Velázquez los superó a todos gracias a su técnica de pinceladas sueltas con la que consigue una impresión naturalista de lo representado, y explicó este logro por dos razones: una, el abandono de las técnicas artesanales a favor de las líneas modernas italianas; otra, su vasto conocimiento sobre óptica y física -del que se tiene razón por su biblioteca, cuyos escritos se publicarán como «Varia velazqueña»-, o sobre las indagaciones de Galileo -que ayudan a lograr la expresión veraz de los astros: Luna opaca y no traslúcida, o estrellas sin ocho picos, como en la tradición clasicista-.
        A Galileo se le echan encima los jesuitas, que defienden el componente celestial de dichos astros y pretenden que es el telescopio del científico el que ve erróneamente, pero el «daño» ya está hecho. Al parecer, Velázquez conoce a Galileo en la Villa Médicis a principios de 1630, donde éste se refugia huyendo de la peste que asola la orilla del Tíber. El pintor había dado ya pruebas significativas de naturalismo en la representación de nubes globosas -y no etéreas, como las de un Pacheco academicista- o la gota de agua deslizándose por el cántaro de «El Aguador». Marías opina que el pintor debió de pasar horas observando gotas para que «en vez de perlas» pareciesen realmente gotas, y ofrecieran esa «sensación táctil» de humedad que les es inherente.

Un riguroso análisis científico

        El director de Bellas Artes, Benigno Pendás, sostuvo, hace unos días, la relación estrecha entre el prodigioso realismo de Velázquez y la aplicación de la ciencia a su técnica pictórica en rasgos como la luz, el contraste o la perspectiva, lo que revela la absoluta sumisión del artista a las leyes de la física.
        En cuanto al tiempo, Pendás dijo que «en Velázquez expresa la primacía del instante, la circunstancia» frente al ideal platónico de una «realidad perpetua, intemporal, de la que la realidad terrena es una mala copia», tesis de la que Velázquez discrepa explícitamente en cuadros como «Los Borrachos». La captación del instante dota a sus personajes de particularidad, y así «cada Felipe IV es un Felipe IV distinto».
        No es de extrañar, pues, que Pendás haya insistido en que el pintor «merece un análisis científico riguroso» aparte de eventos expositivos, y que haya querido desdeñar la hipótesis del artista ambicioso e intrigante. Pendás pretende también que se estudie mejor la Historia española del siglo XVII, y en particular la de la Monarquía, ya que considera que Felipe IV fue «un profundo humanista» y «un monarca sensible esclavo de su deber político». Pero ésa es ya otra Historia.