EL GRAN ECLIPSE (II)
DIARIO CLARÍN DIGITAL
PROPIOS Y EFE -AFP -AP -DPA
BUENOS AIRES, 12 DE AGOSTO DE 1999
ORIGINAL


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El eclipse pasó con mucha fiesta y algunos temores

Con festejos multitudinarios y algunos temores, el último eclipse del siglo anticipó el fin del milenio. Durante un promedio de dos minutos, la Luna tapó por completo al Sol en Europa central, mientras cientos de millones de personas aplaudían y lanzaban gritos de júbilo. Después, pese a las predicciones apocalípticas, el mundo siguió andando. La sombra de la Luna comenzó a proyectarse sobre el Atlántico a 700 kilómetros al este de Nueva York. Fue avanzando a 2.800 kilómetros por segundo, hasta alcanzar el centro de Europa a las 11.30, hora local. En total, recorrió 13.000 kilómetros en poco más de tres horas y media.
        Tras cruzar el océano desde el este de Canadá, el eclipse solar sobrevoló en forma completa una franja de 108 kilómetros que abarcó nueve países europeos. Luego pasó por el mar Negro, el nordeste de Africa y el Cercano Oriente, y murió en el atardecer del golfo de Bengala, India. Tuvo la máxima duración en Ramnicu Valcea, Rumania: 2 minutos y 26 segundos, subrayados por el repique de campanas.
        Con el paso de la Luna se hizo de noche en pleno día, y las estrellas fueron visibles durante diez minutos. La temperatura bajó varios grados, y un viento fresco alivió el sofocante verano centroeuropeo.
        En busca de observatorios naturales y lejos del smog urbano, los eclipsómanos colmaron los campings y provocaron embotellamientos kilométricos en Francia, Alemania, Austria y Bélgica. Pese a que se reforzaron los servicios, en esos países los trenes fueron tomados por asalto.
        Con la ayuda de un cielo despejado, los turistas llegados de todo el mundo aportaron dinero a la postrada economía de Rumania. El lago Balaton, a cien kilómetros al sudoeste de Bucarest, fue el lugar que registró la mayor concentración humana: unos 4 millones de personas. En las localidades más importantes, el final de la oscuridad diurna marcó el inicio de festejos populares, con bailes y teatro callejero, juegos y concursos. En la capital, Bucarest, el eclipse fue coronado por un recital al aire libre de Luciano Pavarotti, que reunió a 60.000 personas.
        El millón de personas que se había concentrado en Cornwall, Gran Bretaña, no se decepcionó porque las nubes impidieron ver al Sol totalmente oscuro, e igual celebró el momento culminante con besos, abrazos y gritos. El tiempo tampoco ayudó en Alemania, Austria y Bélgica.
        En el Reino Unido, la expectativa fue enorme, ya que no se veía un eclipse similar desde 1927. En Londres, habitantes y turistas quedaron petrificados mirando hacia un cielo nuboso. Empleados y jefes abandonaron oficinas y negocios vacíos y subieron a las terrazas. Según la Cámara de Comercio e Industria londinense, el fenómeno implicó una pérdida de productividad de hasta 800 millones de dólares. Pese a que en toda la franja del eclipse se vendieron millones de anteojos especiales, para poder observarlo sin riesgo la gente también recurrió a máscaras de soldador, radiografías, rollos de fotos y cajas de zapatos con un agujerito. Las reiteradas recomendaciones no bastaron, y hubo miles de consultas a los centros oftalmológicos. Sólo en Italia se registraron 350.
        El fenómeno alteró el reloj biológico de muchos animales. Las aguas del mar Negro se enfriaron 11 grados y, como lo hacen por la noche, los peces subieron a la superficie y pudieron ser capturados con las manos. En los campos austríacos, vacas, gansos y gallinas se acomodaron para dormir. Los miles de águilas que habitan la reserva natural de Gamla, en las alturas del Golán (Jerusalén), salieron volando rumbo a sus nidos. En cambio, el que sufrió de insomnio fue Max, el águila búho europeo del Zoológico de Londres.

Plegarias atendidas

        En los países islámicos, los musulmanes se volcaron a las mezquitas para participar en la "plegaria del eclipse". Estos rezos se remontan a comienzos del Islam cuando, al coincidir un eclipse con la muerte de Ibrahim, un hijo del profeta Mahoma, la gente pensó que el Sol había desaparecido por su muerte.
        Las profecías de mal agüero fueron más atendidas en países latinoamericanos, donde el eclipse no fue visible. El pánico al "fin del mundo" provocó tres suicidios en Piauí, Brasil, dos en Cali, Colombia, y otro en la ciudad de Guatemala.
        Muchos mexicanos hicieron bendecir velas para hacer frente a "tres días de oscuridad". En Zacapu, Michoacán, la policía allanó la sede de la secta Oración Espiritual, por temor a un suicidio en masa. En cambio, otras 40.000 personas se concentraron en las ruinas aztecas de Teotihuacán para "llenarse de energía".
        Quien pasó un papelón fue el célebre modisto español Paco Rabanne, por haber predicho que la estación espacial Mir caería sobre París. Convocados por el Círculo Zetético y el grupo "M... al apocalipsis", unas 200 personas armaron un show desopilante frente a su local parisino, y bebieron el "aperitivo de los sobrevivientes".
        Millares de personas observaban el eclipse en el Campo de Marte y en la torre Eiffel, mientras desde la Mir el cosmonauta francés Jean Pierre Haigneré lo describía en una comunicación con el Centro Nacional de Estudios Espaciales, en Toulouse: "Parece un dedo negro posándose sobre la Tierra, como un dedo de bruja".