UN CANTO PARTICULAR
DIARIO CLARÍN
MARCELO TORRES
DIARIO CLARÍN, 21 DE OCTUBRE DE 2000, R. ARGENTINA
ORIGINAL


Dicen que las ballenas jorobadas cambian la frecuencia de sus melodías para comunicarse mejor con sus congéneres. Según los científicos, el canto varía según la estación del año y temperatura del mar

Hasta ahora, los investigadores sabían que las ballenas cambian su canto de acuerdo con la estación del año, pero se desconocía con precisión cuál es la causa de este comportamiento. Gracias a diversos estudios realizados con ballenas jorobadas por científicos de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, Estados Unidos, se pudo establecer que el cambio en el canto de las ballenas depende de los cambios de temperatura del mar. De esta forma los cetáceos adaptan la frecuencia en que emiten sus llamadas para que puedan ser oídas por otras ballenas ubicadas a grandes distancias.
        Según explicó a Clarín Eduardo Mercado, uno de los principales investigadores, el estudio revela interesantes conductas. "Cuando las ballenas jorobadas están en Hawai, deben usar frecuencias más altas si quieren que sus canciones vayan lo más lejos posible. Creo que el uso de altas frecuencias cuando cantan en Hawai es porque estos sonidos viajan mejor en aguas cálidas". Sin embargo, cuando estas mismas ballenas están en Alaska, deben producir frecuencias más bajas si quieren ser oídas a lo lejos.

Especie en extinción

        Mercado es investigador del Centro de Neurociencia Molecular y Conductista de la Universidad de Rutgers y es un especialista en estudios comparativos de sistemas acústicos en diferentes organismos, como ballenas y delfines.
        Para su trabajo, simuló por computadora el modo en que el canto de la ballena viaja a través del agua en las diferentes estaciones. Así observó que la propagación del sonido depende de factores estacionales, como la temperatura del mar. Para eso usó voces de ballenas registradas entre 1981 y 1995, en Hawai, por miembros del laboratorio Kewelo Basin Marine Mammal, de la Universidad hawaiana.
        La ballena jorobada, que mide entre 10 y 18 metros y pesa entre 55 y 66 toneladas, vive en el norte del Pacífico, pero en su época de reproducción desciende a latitudes menores. La coloración de la región ventral de la cola es diferente de uno a otro individuo y se la utiliza -tal como las huellas digitales en los seres humanos- para identificar un espécimen en particular. De esta manera se facilita enormemente el estudio de migraciones y poblaciones y la aparición de nuevas crías.
        Hoy día, esta variedad está en grave peligro de extinción. Sólo quedan unos 6 mil ejemplares en todo el mundo. La ballena jorobada se caracteriza por el canto del macho, que lo ejecuta durante la época de apareamiento en aguas cálidas. La canción es un complejo patrón de sonidos de una duración aproximada de veinte minutos y es igual para todos lo ejemplares de un área determinada.

Estudios del ecosistema

        La investigación llevada a cabo ofrece importantes datos para estudiar problemas ambientales, como el monitoreo y control del ruido artificial generado en las regiones de aguas poco profundas en que habita la ballena jorobada. Mercado presentó los resultados de su trabajo en la Conferencia Océanos 2000, una reunión internacional que se celebra todos los años y que este año tuvo lugar en Rhode Island, Estados Unidos.
        "Por ejemplo -explica el especialista-, las motos de agua y los motores de los barcos pequeños generan ruidos de alta frecuencia que pueden afectar a las ballenas al oír las canciones de sus congéneres". Este descubrimiento podría ser de gran ayuda para que barcos y submarinos de una flota puedan "despistar" a naves enemigas sin levantar sospechas.
        El sistema es simple: al chocar contra un objeto, se produce una alteración en la frecuencia de las ondas sonoras emitidas por las ballenas. Este cambio es fácilmente detectable por los radares de, por ejemplo, un barco de guerra. Sin embargo, Mercado concede que este método tiene sus limitaciones: las ballenas tienen que estar -y cantar- en la zona que estas embarcaciones estén patrullando.