S.O.S. PELIGRO EN EXTINCIÓN
DIARIO LA RAZÓN
REDACTORES DE LA RAZÓN
LA RAZÓN, 31 DE MARZO DE 2000, BUENOS AIRES
ORIGINAL


Parte I   Parte II

El tráfico de fauna es el tercer negocio ilegal del mundo, después del narcotráfico y la venta ilegal de armas

Apenas un escalón debajo del narcotráfico y de la venta de armas, el tráfico de fauna es el tercer negocio ilegal del mundo, y una de las principales causas de la desaparición de las especies. Se estima que mueve en el mundo unos 7 mil millones de dólares anuales, 100 de los cuales -según los cálculos más optimistas- corresponden a la Argentina.
        Este comercio gira en torno de dos grandes circuitos: la venta ilegal de mascotas y la caza furtiva; y las consecuencias están a la vista. En nuestro país hay más de 50 especies en peligro de extinción, a las que deberían agregarse las calificadas por los expertos como vulnerables, es decir, aquellas que pueden correr el riesgo de ingresar en el rubro de amenazadas si no se toman los recaudos necesarios para evitarlo.
        Si se suman las unas y las otras, el número de especies en peligro alcanzan las 529, más del 20 por ciento de las 2.380 especies que habitan el territorio argentino. De ellas, 80 son peces de agua dulce, 61 peces de agua salada, 51 reptiles, 163 aves, 61 anfibios y 113 mamíferos.
        Si bien existen leyes que establecen cupos, temporadas, permisos y lugares para la caza de determinadas especies, existen cazadores furtivos, desde aquellos que cazan para subsistir hasta los que participan de verdaderos safaris, en busca de ciertas especies para sumarlas a su colección de trofeos.
        A estos se le agregan los que capturan a las especies más requeridas para el comercio ilegal, tanto nacional como internacional.
        Por lo general, el modus operandi de este negocio sigue patrones similares en todo el mundo. Las especies silvestres son capturadas por personas de muy bajos recursos, que habitan en naciones en vías de desarrollo.
        Estos recolectores las venden a muy bajo precio a los mayoristas, quienes las ofrecen a empresas europeas y norteamericanas que venden mascotas exóticas a precios altísimos. Para tener una idea de cómo funciona en la práctica el tráfico ilegal, se puede tomar como ejemplo el caso de algunas especies poco comunes de loros habladores.
        Capturados en grandes cantidades por campesinos en varias provincias del norte argentino, se venden en el lugar a $ 3,50 cada uno. El acopiador los revende a $ 8 a los mayoristas de Buenos Aires, quienes los exportan a los Estados Unidos, donde son vendidos a $ 250 en el primer caso y hasta $ 500 en cualquiera de los países del Viejo Continente.
        Otro tema preocupante, es el de los cueros y pieles de abrigos. Por ejemplo, entre los años 80 y 90, en la Argentina se declaró oficialmente la exportación de 24 millones de nutrias, casi 12 millones de iguanas, 5 millones de zorros, 200.000 boas y 150.000 yacarés. A esta cifra hay que agregarle los envíos ilegales, que según la propia Administración Nacional de Aduanas pudieron haber duplicado los valores mencionados y los que fueron usados por los fabricantes locales para abastecer las necesidades internas. ¿O acaso todavía no se ven zapatos de piel de carpincho -una especie en peligro- en los negocios céntricos de Buenos Aires?
        Lo cierto es que este comercio crece porque cada vez hay más gente en todo el mundo que quiere tener un animal exótico -un flamenco, una boa, un mono- en su hogar. Y lo más importante no es sólo continuar reemplazando las pieles y cueros por materiales sintéticos, sino que las personas nos acostumbremos a tener como mascotas a especies que no pongan en peligro la fauna silvestre.