HIERBAS 'MALDITAS' DE AMÉRICA
TODO ES HISTORIA
FEDERICO PÉRGOLA
REVISTA 'TODO ES HISTORIA', OCTUBRE DE 2000, R. ARGENTINA
ORIGINAL


Título completo: Historia de las hierbas "malditas" de América

De drogas, estimulantes y sus efectos

Pocos grupos lingüísticos-culturales escaparon de la inveterada costumbre de usar estimulantes. Estos, propiciaron con sus efectos coraje para enfrentar las luchas tribales, permitieron saciar el hambre, despertaron sensaciones alucinógenas en las ceremonias religiosas celebradas para paliar una sequía u obtener el beneficio de cosechas pródigas. El alcohol, el opio y la marihuana eran conocidos por los europeos mucho antes del arribo de Cristóbal Colón al Nuevo Continente.
        Tal vez el calificativo de "hierbas malditas" resulte exclusivo, habida cuenta que la anestesia local surge de la utilización de los alcaloides de una de las hierbas americana que vamos a considerar. En rigor de verdad, no han sido ellas sino el empleo que les dio el hombre lo que las condenó a esa categoría.
        América fue pródiga en el aporte de las llamadas drogas "malditas". El intercambio cultural, donde tuvieron importancia fundamental la fauna y la flora de ambos lugares, generó una suerte de impensada "venganza" por los atropellos de los conquistadores: de estas tierras partieron la nicotina, la cocaína, la mescalina... entre otras drogas desconocidas en Europa. Antonio Escohotado [1] dice que "en el capítulo de las drogas visionarias, el Nuevo Mundo es una fuente inagotada.
        Si las dividimos en dos grandes líneas -una afín con la mescalina (con su anillo bencénico) y otra afín con la LSD 25 (con su anillo indólico)- veremos que ambos tipos están generosamente representados a nivel botánico".

La búsqueda de medicamentos

        La corte española tuvo especial interés en la flora americana debido la apasionada búsqueda de sustancias medicamentosas [2]. Cronológicamente, el primero de estos herboristas fue el sevillano José Bautista Monardes [3], quien dedicó una buena parte de su vida a clasificar y ensayar los efectos de los vegetales. Fundamentó su preocupación con un sentido médico-terapéutico: "Allende de estas riquezas tan grandes, nos envían nuestras Indias Occidentales muchos árboles, plantas, hierbas, raíces, zumos, gomas, frutos, simientes, licores, piedras que tienen grandes virtudes medicinales, en las cuales se han hallado y hallan muy grandes efectos que exceden mucho en valores y precio todo lo susodicho, tanto cuanto es más excelente y necesaria la salud corporal que los bienes temporales; de las cuales cosas todo el mundo carecía, no sin pequeña falta nuestra, según los grandes provechos que vemos que del uso de ellas se consigue, no sólo en nuestra España, pero en todo el mundo".
Francisco Guerra [4] dice que "Monardes fue uno de los fundadores de la farmacognosia, por identificar cada droga y apuntar sus diferentes caracteres, hizo experimentos para conocer sus acciones farmacológicas y tóxicas, y señalar la dependencia a la marihuana y a la coca". La primera de ellas originaria de otro continente.

Estimulantes para evadir la realidad

        La larga lista de vegetales americanos con características de provocar alteraciones sensoriales o cognitivas, amén de las motoras, incluye al tabaco, la teonanáctl (o seta maravillosa), la coca, las semillas de dos plantas trepadoras (para los indígenas ololiuhquí), al peyote, al polvo de la cohoba, a la yerba mate (prohibida por Orden Real hasta principios del siglo XVII), al guaraná (Paulinia cupana) y a la hierba "quiebra arado" (Heimia saliciflora), entre otras.
        Para su arraigo un producto necesita elementos sociales o circunstanciales que lo acojan en medios geográficos particulares. "En la península arábiga -dice Kryspin-Exner [5]-, por ejemplo, está muy extendida la masticación del khat, de efectos levemente estimulantes. En las islas Fidji se consume un brebaje muy popular, la kava. La masticación de la nuez de betel sigue siendo muy frecuente en las Indias Orientales. Los indígenas de la cuenca amazónica aspiran un producto alucinógeno, la ayahuasca o virola". Los españoles tardaron unos cuantos años, como queda expresado, en permitir el uso de la yerba mate en sus colonias.
        Jean Baudrillard [6], sociólogo francés, dirá atinadamente que "la droga, todas las drogas, suaves o duras, incluidos el tabaco, el alcohol y todas las variantes contemporáneas, representan conductas de exorcismo: con ellas se exorciza la realidad, el orden social, la indiferencia de las cosas".
        R. Pardal [7] intenta una clasificación de los numerosos fármacos estimulantes que proporcionan los vegetales americanos. Comienza por los cafeicos, donde estudia la yerba mate, el chocolate y el guaraná; luego continua con la coca, el peyote y su alcaloide, la mescalina; prosigue con una liana que produce estados oníricos: el ayahuasca, caapí o yajé; más adelante lo hace con la daturas y otras solanáceas, donde se ocupa del chamico (Datura ferox), cuyo conocimiento da lugar a la escopolamina y, en menor proporción, a la hioscina y a la atropina; y finaliza con las piptadenias, cuyas semillas pulverizadas, junto con el tabaco, fueron las primeras conocidas por Colón como alucinógenos de los indígenas. A esta última familia pertenece la cohoba, a la cual Ramón Pané [8], un sacerdote aventurero, vio fumar o aspirar en forma de polvo color canela y pudo apreciar sus violentos efectos. También de este tipo eran el curupá de los omaguas y los guaraníes.
        Pese a toda eta variedad de sustancias que, evidentemente, diferían en sus propiedades y capacidad de adicción, fueron el tabaco y la coca -por la difusión que adquirieron en el siglo XX- las más importantes de las drogas obtenidas de los vegetales americanos. Este auge se incrementó en la segunda mitad del siglo mencionado porque en 1946 Bühler [9] expresaba que la coca "no ha alcanzado nunca la importancia universal que tiene por ejemplo el tabaco y su propagación ha quedado limitada esencialmente a América del Sud". Hoy sabemos que no es así, impulsada por las circunstancias a las que hacíamos mención en el inicio.

La afición por el tabaco

        Por adopción, el tabaco lleva la delantera. Cristóbal Colón recibió, el 13 de Octubre de 1492, un día después de haber pisado las islas que circundan el continente americano, hojas de tabaco -en canje o como ceremonia ritual- de manos de los nativos. Poco tiempo después, el martes 6 de noviembre, hace su presentación en sociedad el tabaquismo. Colón relata el episodio vivido por dos de sus tripulantes en el interior del poblado: "Ayer en la noche vinieron dos hombres que había enviado a ver a la tierra adentro, y le dijeron como habían andado doce leguas que había hasta una población de 50 casas, donde diz que había mil vecinos porque viven muchos en una casa. Estas casas son de manera de alfaneques grandísimos" (...) Hallaron los dos cristianos por el camino mucha gente que atravesaba a sus pueblos, mujeres y hombres, con un tizón en la mano, hierbas para tomar sus zahumerios que acostumbraban". Dos tripulantes de ese viaje, Rodrigo de Jerez y Luis de la Torre, fueron los primeros europeos en adquirir el hábito de fumar. La Inquisición los condenaría luego porque "sólo Satanás puede conferir al hombre la facultad de expulsar humo por la boca" [10]
        En América el tabaco se consideraba reparador de la fatiga y con capacidad para saciar el hambre y la sed. Para algunos investigadores sus efectos se extendían hasta el tratamiento del dolor.
        Así llegaron informes favorables sobre esta planta a Europa. Gran efecto, en este sentido, tuvo la publicación -en 1535- del libro de Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés [11] titulado Historia general de las Indias. Luego serían cronistas, médicos de la corte y aventureros, los encargados de estudiar, denostar, glorificar o llevar hojas y semillas de tabaco o Europa. En este sentido, debemos nombrar entre los más conocidos a Ramón Pané, Francisco Hernández, Nicolás Bautista Monardes, Gerolamo Benzoni, Jaques Gohory, Charles Etienne, André Thèvet y Jean Nicot. Este último le dio nombre al alcaloide extraído de sus hojas: la nicotina, y fue quien le envió -en 1560- semillas a Catalina de Médicis, recomendando sus propiedades curativas en forma de cataplasmas. Pablo Mantegazza [12] dice que en 1574 ya se cultivaba tabaco en Toscana, Italia.
        El tabaco y el tabaquismo se extenderían, con adeptos y enemigos, por toda Europa. Sir Walter Raleigh, que fundó en la costa oriental de América del Norte la colonia de Virginia en 1584, aprendió a fumar en pipa imitando a los nativos e introdujo el hábito en la corte inglesa. A inicios del 1600, cuando culminaba el reinado de Isabel, se había extendido por toda Inglaterra. Este es un ejemplo válido para toda Europa y buena parte de Asia.
        El tabaco, o mejor dicho las hojas desecadas para preparar cigarrillos o polvo, es el producto de la nicotiana tabacum. Luego del procedimiento del "curado" de las hojas, mientras el agua representa el 18% de su peso, se encuentran entre 75 y 89% de materia seca o ceniza y entre 11 y 25% de sustancias inorgánicas. Cuando sus hojas empiezan la combustión incompleta se produce un aerosol que desprende cerca de 2.000 tipos diversos de gases y vapores. El 8% que resta de la combustión comprende partículas y gotas dispersas. Cada cigarrillo produce alrededor de 500 mg de humo. Quien inhala el humo de un solo cigarrillo absorbe 2 miligramos de nicotina y entre 10 y 28 miligramos de alquitrán, sustancia carcinogénica, además de un gran número de elementos coadyuvantes a ese proceso. Entre otros. Denissenko et al [13] demostraron que el benzopireno, una de esas últimas sustancias, inactiva al gen P53 que actúa causando apoptosis (un tipo especial de autodestrucción) de las células que al dividirse se alteran y se transforman en mutantes. Sin el control del gen P53 comienzan un crecimiento anárquico y producen el carcinoma broncogénico en el caso del pulmón. Este mecanismo está inculpado participar en el origen del 50% de los tumores de pulmón y de mama. El humo de tabaco propicia la aparición de tumores en muchos otros órgano y es, además un relevante factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares.

La coca y los pueblos andinos

        Conocida desde la llegada de los europeos a América, la coca ha adquirido enorme importancia en este último tiempo. A tal extremo que interviene preponderantemente en la economía de ciertos sectores poblacionales, tal como lo viene haciendo desde tiempo atrás el tabaco. Es difícil ponderar la magnitud de las consecuencias, de uno y de otra, en los hombres y mujeres que los consumen. Tal vez nativa de los Andes peruanos, se registran aproximadamente diez especies de cocas capaces de suministrar diversos alcaloides, de los que la cocaína es el más importante. La variedad más usual es la Erythroxylon coca Lamarck y, según se desprende de las crónicas, fue cultivada desde tiempos remotos. La concentración de cocaína en sus hojas llega hasta el 1,8%. Se desarrolla entre los 500 y los 1.500 metros de altura y, mediante el cultivo, las plantas pueden alcanzar dos metros de alto. La Erythroxylon novogranatense, otra especie rica en cocaína, progresa en regiones montañosas y secas. Una variedad de esta última, la coca truxillense o "Trujillo", lo hace en el norte de la costa peruana y en el valle del río Marañón, tributario del Amazonas.
        Los pueblos andinos conocían sus propiedades desde hace 4.500 o 5.000 años. Combatían el hambre y el cansancio mascando sus hojas junto con cenizas o cal, "llegando a ingerir hasta 60 gramos al día, de los cuales el organismo absorbía entre 100 y 200 miligramos del principio activo principal" [14]. Este consumo considerado excesivo, aunque en la actualidad muchos adictos llegan a los 10 gramos diarios, fue al principio privativo de la casta sacerdotal y de la nobleza. Luego se extendería a todo el pueblo. Las cartas de Amerigo Vespucci, publicadas en 1507, dan cuenta de la práctica de los indígenas de mascar coca agregando cenizas. En ellas se dirigía al duque Renato II, rey de Jerusalén y de Sicilia, relatándose que los indígenas llevaban dos pequeñas calabazas colgando: una con la hierba y otra con una "harina blanquecina". Con una suerte de lápiz plateado sacaban esa harina y la repartían cuidadosamente por ambas caras de la hoja de coca para luego masticarla. Repetían la operación varias veces y lentamente.
        En 1613 Don Felipe Guamán Poma de Ayala señala al "coquismo" como un hábito no autorizado al que se dedican estos pueblos durante el trabajo, pero mucho antes, en 1569, el rey Felipe II, aconsejado por los empresarios, lo había aprobado como beneficioso. Los españoles conquistadores auspiciaron la producción y se enriquecieron con ello. La cotización más alta se alcanzó en la zona minera de Potosí, porque su uso era necesario para mitigar el cansancio. El trabajo se pagaba con cestas de coca. Se cerraba así el círculo adictivo.
        Fue Joseh de Jussieu (1704-1779) quien llevó este vegetal a Europa. Sin embargo, los suelos feraces y el clima caluroso de América del Sur han sido y siguen siendo el complemento adecuado para su cultivo. "Las primeras noticias españolas acerca de la coca revelan ya que esta planta desempeñaba un papel importantísimo en muchas poblaciones indias de América del Sur como artículo de disfrute y medicamento, así como en las costumbres sociales y ceremonias religiosas de las más diversas clases" [15]
        A mediados del siglo XIX, Scrivener [16], luego de una exposición sobre sus características botánicas y su cultivo y de referirse a los efectos dispares que los investigadores le atribuían a la coca, señaló sus propiedades "variables conforme a la cantidad empleada: es estimulante, tónica, muy alimenticia y ligeramente narcótica: tiene un aroma agradable y un gusto parecido al té; y, como éste, los naturales del país lo toman en la forma de una infusión en ligeras dolencias del estómago". No dejaba de advertir que, sin embargo, "embriaga a los que la mastican".
No ocultaba su entusiasmo sobre sus propiedades -que tanto daño han causado- expresando: "creemos que habrá pocas plantas que se puedan comparar con las de la coca, que posee un conjunto de propiedades de tanta importancia. Prescindiendo de sus admirables efectos por su calidad alimenticia, es un poderoso tónico en la debilidad del estómago y en enfermedades acompañadas con este resultado; y no dudamos que figurará algún día en nuestra farmacopeas, al lado de las plantas que poseen esta virtud, y con las mismas ventajas para la humanidad". No se había equivocado Scrivener puesto que las hojas de coca realmente figuraron entre los medicamentos de inicios del siglo XX.
        Este autor dudaba de la opinión de algunos viajeros de que el abuso de la coca traía una vejez prematura que se notaba por "andar vacilante, un cutis amarillo, ojos empañados y una apatía general". El no había observado esos efectos que los deducía consecuencias de la edad avanzada.

El coquismo

        El mismo Scrivener refería lo siguiente: "Ya sabemos que la coca por más de un siglo fue introducido en Salta, y algunos de sus habitantes hacen uso de ella; pero, en los pueblos de San Carlos, Molinos y Rinconada, al oeste de la ciudad, los gauchos la mastican como los indios en Bolivia, y con el mismo placer y provecho. Aún no está desconocida en Buenos Aires; pues, algunas personas de nuestra amistad la emplean en enfermedades del estómago con conocida ventaja y utilidad (...) Quizá en los países conocidos ninguna encierra ni ha dado riquezas de los Andes del Perú, particularmente en el reino vegetal, á quien se debe la cascarilla y la coca: esta última está á nuestro juicio destinada a producir grandes bienes solo inferiores a los de la cascarilla".
        El "coquismo" utilizado por los aborígenes, fue y es un hábito que muchos investigadores suponen que tiene por objetivo primordial disminuir los efectos del hambre, tales como el dolor epigástrico, y el agotamiento. Para Ruggiero Romano [17] esta apreciación "ha pasado totalmente de moda. Como hace notar finalmente Burchard, "los campesinos de los Andes clasifican a la coca como un medicamento, no como un sustituto de la alimentación". Luego agrega que "si el uso cotidiano de la coca puede ser considerado como un procedimiento médico del que los aborígenes hacen uso sin tener conciencia científica, existen numerosos casos en que las hojas de coca son empleadas conscientemente como medicamento. Esto ocurre desde los tiempos más remotos: casos de dolores de dientes, de estómago, reumatismo, luxaciones o diarreas, heridas y la forma puede ser tanto infusiones como cataplasmas o polvo. En suma, las hojas de coca están en el corazón de una medicina popular en un mundo donde la "medicina/medicina" es casi inexistente, y constituyen todavía hoy uno de los puntales de la salud pública".
        Los mensajeros incas, acostumbrados a recorrer grandes distancias, medían a éstas en "cocadas", que equivalían aproximadamente a tres kilómetros.
        El hermano Pedro de Montenegro en la recopilación de datos sobre plantas medicinales de las misiones jesuíticas, de fines del siglo XVII, bautizada posteriormente por Trelles como Materia Médica Misionera, no menciona a la coca. No obstante, volviendo a reflexionar sobre si el "coquismo" (es decir la masticación de las hojas de coca asociada con sustancias alcalinas como la cal viva o las cenizas para extraer sus alcaloides) fue considerado un problema médico o un hábito tendiente a paliar el hambre, debemos considerar una tercera opinión: "por lo común, el indio no usa las drogas para aumentar el placer o para olvidar preocupaciones, sino con un concepto o fin místico" (Pardal).
        Mantegazza [18] [19] es terminante: "La coca sirve al indígena de alimento y de estimulo, y sin que las más veces pueda explicar la acción, él se siente más alentado para luchar con los elementos y para sobrellevar las tares más continuas y afanosas.
        Sin coca digiere mal su maíz, sus papas, sus charqui; sin coca no puede correr al trote en la pendiente de las montañas, sin coca no puede trabajar, ni gozar, ni vivir". Estos amplios conceptos sobre los hábitos del nativo, nada tienen que ver con la cocainomanía actual, donde sus efectos adictivos y la destrucción de la personalidad del individuo consumidor constituyen un flagelo que aún los médicos y las autoridades estatales no han podido frenar.

Cocaína: la tercera plaga de la humanidad

        La cocaína produce dependencia psicológica y todavía se discute si también física. Mientras los indígenas sudamericanos utilizaron la masticación de las hojas de la coca, los adictos fuman la pasta de coca, aspiran por nariz el polvo de cocaína, se inyectan en forma intravenosa al clorhidrato de cocaína o bien fuman en una "pipa de agua" el crack (cocaína disuelta en agua destilada con el agregado de bicarbonato de sodio).
        La cocaína produce complicaciones psiquiátricas; dentro de las neurológicas, convulsiones en primer término y, en el orden general, cardiopulmonares.
        Aún se discute quién aisló este alcaloide de las hojas de coca. Algunos sostienen que fue Albert Niemann, en 1859, trabajando en el laboratorio de Friedrich Wöhler (1800-1882), uno de los creadores de la química orgánica, en Göttingen. Para otros fue el farmacéutico alemán Friedrich Gaedecke en 1855. Sin embargo, tal vez fuera Sigmund Freud con sus publicación Sobre la coca (Über coca) quien difundiera sus efectos medicinales ya que el mismo la empleaba para sus dolores en los maxilares. Esto le valió que Albrecht Erlenmeyer lo acusara de haber liberado "la tercera plaga de la humanidad" (después del alcohol y los opiáceos).
        La cocaína fue el primero de los anestésicos conocidos. Samuel Percy -en 1856- sugirió que el extracto de sus hojas podría ser utilizado como anestésico [20]. "En 1880, Vassili von Anrep, noble ruso y médico de la Universidad de Würzburg, notó que tras haberse administrado cocaína por vía subcutánea era insensible a un alfilerazo. Entre tanto, teniendo al parecer la cocaína efectos opuestos a los de las drogas que debilitan el sistema nervioso central, los médicos estadounidenses la estudiaron como posible antídoto que contrarrestar los hábitos engendrados por la morfina y por el alcohol" [21]. Las paradojas de la ciencia: una de las primeras víctimas de la adicción fue el médico de esta misma nacionalidad William Stewart Halsted, de la Johns Hopkins University, famoso por su método de exéresis del cáncer de mama con la resección de los ganglios aledaños y muchos otros adelantos dentro de la cirugía. Al tratarle su adición con morfina se le agregó una dependencia fuertemente física.
        Su uso medicinal pronto degeneró en el abuso. En pequeñas cantidades era muy utilizada no solamente por la farmacopea. El cirujano militar Aschenbrandt observó, en 1883, que la ingestión de agua-coca saciaba a sus soldados. Fue parte de la composición de la Coca-Cola y del Vin Mariani. En 1886, un farmacéutico de Atlanta, Estados Unidos, llamado John Stith Pemberton inventó una combinación de sustancias que calmaran la sed y aumentaran las ventas de sus jarabes para la tos y sus helados. Entre sus componentes combinó el extracto de la nuez de un árbol llamado cola y una tisana de hojas de coca. El jarabe contenía una íntima cantidad de cocaína (se calculó una parte en 50 millones), pero en 1929 se exigió que se eliminara hasta el más leve rastro.
        La cocaína fue sintetizada en 1923 por Richard Willstäter y sus colegas de la Universidad de Munich.

El peyote semi divino

        Otro de los tóxicos paradigmáticos de origen americano que acompaña al tabaco y a la coca, es la mescalina. Forma parte de los denominados alucinógenos, categoría heterogénea de sustancias, pertenecientes a una gama amplia de grupos químicos y farmacológicos. Este alcaloide se obtiene del peyote, un cactus pequeño, carnoso, sin espinas, que crece salvaje en las vertientes rocosas de la altiplanicie mexicana y en la región suboccidental de los Estados Unidos, cuyo nombre científico es Lephophora williamsil. "En las regiones montañosas de México, algunos indios descendientes de las razas precolombinas han conservado el culto de un cactus, el peyote que según ellos ha sido traído por un dios a la tierra para permitir a sus hijos que se comuniquen con él. El peyote es un pequeño cactus desprovisto de espinas que crece espontáneamente en las regiones áridas y estribaciones rocosas de las regiones septentrional y central de México. Conocido desde hace muchos siglos por los indígenas, no ha sido estudiado a fondo en Europa hasta principios del siglo XIX.
No obstante, los antiguos autores de la época colonial española, como Pedro de Sahagún, Hernández, conde de Gálvez, Nicolás de León y otros, lo conocían bien, aun cuando sus estudios acerca de ella (se refiere a la mescalina) tuvieron más bien un carácter botánico y folclórico. En cuanto al estudio de las propiedades fisiológicas del peyote y de los alcaloides que contiene, principalmente la mescalina, fue Lewin el primero que en 1888 logró aislarlos; posteriormente Hefter y Cauder ampliaron considerablemente los conocimientos químicos acerca de estos alcaloides. Como punto de partida de estos estudios deben considerarse, sin embargo, los trabajos emprendidos después de la conquista de México y que datan de 1591" [22]
Los indios huicholes, muchos antes de la llegada de los españoles, consumían pequeños trocitos de cactus desecado, de sabor amargo, con mala tolerancia gástrica, que ingerido en gran dosis provocaba una excitación subconsciente con alucinaciones visuales en forma de esotéricas imágenes coloreadas, que consideraban proféticas, como pudo apreciar un médico de la Universidad John Hopkins, llamado Cairnes. En las ceremonias rituales de los indígenas mejicanos, en trance colectivo, la borrachera que producía el peyote duraba toda una noche, en medio de danzas frenéticas producto de la excitación mescalínica. La mescalina es menos poderosa que el ácido lisérgico pero sus efectos perniciosos sobre la personalidad humana son similares. El uso crónico de mescalina puede producir psicosis esquizofrenoide.
En la actualidad, dicha substancia está clasificada como un alucinógeno (también denominados psicodislépticos psicomiméticos o psicodélicos) del grupo de las feniletilaminas, con efectos sobre los procesos mentales de sensopercepción, el pensamiento y la afectividad. Al mismo grupo de los alucinógenos (entre las indolalquilaminas) se encuentra la dietilamina del ácido lisérgico (LSD), cuyos importantes consecuencias sobre la conducta humana han trascendido del cuerpo médico a la mass-media.
        La mescalina produce dependencia psicológica y un curioso fenómeno denominado flashbacks, que consiste en la repetición breve, recurrente, luego de un consumo anterior que ocasionó trastornos mentales agudos. Esta secuela fue a menudo aprovechada por los guionistas de la industria cinematográfica.

La seta maravillosa

        De otro hongo mexicano, el Psilocybe mexicana, se obtienen dos principios activos: la psilocibina y la psilocina [23]. Desde el punto de vista ritual-religioso es el más poderoso de los hongos sagrados. Los aztecas han utilizado durante mucho tiempo el "teonanáctl" (carne de los dioses) en sus ceremonias. En lengua náhuatl significa seta maravillosa.
        El conocimiento de estas sustancias por parte del hombre occidental se remonta a pocas décadas debido a que los indígenas ocultaron toda información. En nuestro país se han documentado casos de uso indebido, adictivo, del empleo de un hongo autóctono, el Psilocybe cubensis.
        El DMT (abreviatura de dimetiltriptamina) es otra sustancia alucinógena, íntimamente relacionada con la psilocina y la psilocibina, que también empleaban en sus rituales religiosos los habitantes de América del Sur, absorbido como polvo por la nariz y obtenido de la cohoba.
        De una planta de hojas acorazonadas y flores en forma de campanilla, el ololiuhqui (Rivea corymbosa Hill) los aborígenes del sur de México lograban relajación muscular. Lo hacían en virtud de su principal componente psicomimétrico, la amida del ácido lisérgico (ergina), acompañada por la amida del ácido isolisérgico (isoergina).
        La ayahuasca (Banisteriopsis caapí) es una liana de la cual, por medio de la cocción, se obtenía una bebida que, como expresa Amorín  [24], proporcionaba sueños que marginaban entre lo agradable y lo terrorífico. La intención era la profecía o la adivinación.
        "Entre los principales hongos y plantas sagradas de los chamanes mayas -dice Mercedes de la Garza [25]- hay varios de reconocido poder alucinógeno, como los hongos Amanita muscaria, llamados por los mayas kakuljá ikox, hongo del rayo; iztelocox, hongo diabólico y Xibalbay ocox, hongo del Xibalbá (inframundo).
        Otras plantas alucinógenas son la Rivea corymbosa, conocida comúnmente como "maravilla" y, por los mayas yucateros, como xtabentún; la Ipomoea violacea, en maya yaxce'lil. Pero la más importante de todas fue la llamada "El gran señor de las dolencias": el tabaco Nicotiana rústica, noholkik'uts o may. Esta planta, ya fuera bebida, masticada, fumada, untada en forma de pomada, aplicada como lavatina, aspirada en polvo por la nariz o en otras formas, provocaba estados alterados de conciencia y era reconocida como la planta curativa por excelencia".
        La misma autora citada señala que utilizaron animales alucinógenos, entre los que se encuentran sapos del género Bufo.
        La flora argentina posee una planta con propiedades alucinógenas llamada vulgarmente "quiebra arado" (Heimia saliciflora Link). Con sus hojas se obtiene una bebida que provoca un cuadro vertiginoso leve, seguido por una euforia soporífera. En 1928, Domínguez informó sobre el aislamiento de un principio amargo que denominó nessina. Posteriormente, de ella se extrajeron, entre otros, los alcaloides litrina y criogenina [26].
        Todo un pasado de dependencia a diversas sustancias que la flora americana proveyó a sus pobladores. Pronto y con remezones, en razón de las cambiantes modas, los habitantes del mundo entero buscaron sus paraísos artificiales en las mismas. Así aparecieron los aprovechadores de siempre y se estableció el comercio, un comercio en detrimento de la salud tal como recientemente marcaba Souza, "Las transformaciones sociales y los cambios en la cultura se ponen de manifiesto en las características de aquellos que padecen el problema de la drogadependencia. No solo variaron las sustancias consumidas sino las personalidades de los adictos y las ideologías -o las ausencias de ellas- que las acompañan [27].

NOTAS
1. Escohotado Antonio, Las drogas, de los orígenes a la prohibición, España, Alianza, 1994.
2. Kryspin-Exner K, Entre el hábito y la toxicomanía, Documentada Geigy, Suiza, Ciba-Geigy, 1971.
3. Pérgola Federico, "Sobre yerbas y herbolarios", Todo es Historia Nº 324, pp. 51-64, junio 1994
4. Citado en: López Piñero José María, "A cuatrocientos años de la muerte de Francisco Hernández", Investigación y Ciencia Nº 124, pp. 4-5, abril de 1987.
5. Citado en Guerra Francisco, Historia de la medicina, Madrid, Editorial Norma, tomo 1, 1982.
6. Baudrillard Jean, "Conjurar la 'parte maldita'", El Correo de la Unesco, pp 7-9, Julio de 1987.
7. Pardal Ramón, Medicina aborigen americana, Buenos Aires, José Anesi, 1937.
8. Pané Ramón, Relación acerca de las antigüedades de los indios, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1990.
9. Bühler-Oppenheim K, "Datos históricos sobre el tabaco", Actas Ciba Nº 3/4, 34-41, marzo-abril 1949
10. Colón Cristóbal, Los cuatro viajes del Almirante y su testamento, Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1946.
11. Büler Alfredo, "Acerca del cultivo y utilización de la plata de la coca", Actas Ciba Nº 4, 83-90, 1946.
12. Mantegazza Pablo, "Elementi d'higiene", La Revista de Buenos Aires 2 (Nº21), 660-670, enero de 1865.
13. Denissenko MF, Pao A, Tang M-S and Fabsitz R, "Preferential formation of benzo (a) pyrene adducts at lung cancer mutational hotspots in P53", Science Nº 274, 829-833, 1992.
14. Pulvirenti Luigi y Koob George F., "Bases neurológicas de la adicción a la cocaína", Investigación y Ciencia Nº 238, pp 48-55, julio de 1996.
15. Bühler Alfredo, "La coca entre los indios de América del Sur", Actas Ciba Nº 4, 91-106, 1946.
16. Scrivener Juan H., "La Coca. Coca erythorxylon", La Revista de Buenos Aires Nº 5, 491-503, 1864.
17. Romano Ruggiero, "Historia, coca y cocaína", Todo es Historia Nº 176, pp. 8-20, enero de 1982.
18. Matengazza Pablo, Elementi d'higiene. La Revista de Buenos Aires 7, 132-137, 1865.
19. Pérgola Federico, "Pablo Mantegazza y la medicina popular", Todo es Historia Nº 348, pp. 50-65, julio de 1996.
20. "Erythroxylon-New Historical and Scientific Aspects", Netherlands, Elsevier Sequoia, 1981.
21. Van Dyke Craig y Byck Robert, "Cocaína", Investigación y Ciencia Nº 68, pp. 100-110, mayo de 1982.
22. "Orígenes e historia de la mescalina", Actas Ciba Nº 8, 245-251, agosto de 1935.
23. "El ABC de las drogas", El Correo de la Unesco, pp. 25-29, enero de 1982.
24. Amorín José L., "Plantas de la flora argentina relacionadas con alucinógenos americanos", Publicaciones de la Academia de Farmacia y Bioquímica, volumen 1, 1974.
25. De la Garza Mercedes, Rostros de lo sagrado en el mundo maya, México, Paidós Mexicana, 1998.
26. Citado en: Molmenti Luis A., "Aporte indígena a la farmacopea", (trabajo inédito) 1993.
27. Souza Carlos A., "Droga y cambios sociales", La Nación, 22 de diciembre de 1999.