EL CEREBRO DE LA LECTURA
APRENDER HOY
ANTONIO M. BATTRO [1]
DIARIO 'LA NACIÓN', 9-4-2000, ARGENTINA
ORIGINAL


Como decía Noam Chomsky, el gran lingüista, nuestra ignorancia se manifiesta bajo dos grandes categorías, problemas y misterios. Ante los primeros muchas veces no tenemos una solución pero por lo menos podemos encararlos. Frente a los segundos nos quedamos absortos sin saber siquiera cómo buscar una explicación. La ciencia sería entonces el camino del misterio al problema... Esto es lo que está sucediendo, lenta pero inexorablemente con el estudio de la mente humana. Tomemos el caso de la lectura. Sabemos, por ejemplo, que hay más individuos disléxicos, con dificultad para leer, en las culturas anglosajonas que en las latinas. También sabemos que los problemas de lectura son relativamente escasos entre los niños japoneses que aprenden a leer en dos formatos, uno de tipo silábico (Kana) y otro ideográfico (Kanji) que representa palabras completas. Ahora hemos descubierto que la dificultad de lectura en una lengua determinada puede estar relacionada, además, con el tipo de procesamiento de los símbolos escritos en el nivel de la corteza cerebral, lo que abre nuevas perspectivas en la alfabetización.
        Recientemente la revista Nature [2] (Neuroscience, 3,1,3-5, 2000) ha publicado una investigación sobre las imágenes cerebrales obtenidas durante la lectura en individuos de lengua inglesa e italiana. Los resultados son sorprendentes. Cuando el lector inglés lee un texto en su propio idioma usa predominantemente zonas de la corteza cerebral frontal izquierda y temporal inferior, en cambio cuando el lector italiano lo hace en su lengua materna utiliza más la región temporal superior. Esto tiene que ver con la estructura misma del lenguaje. Las reglas fonológicas que gobiernan el paso de las letras al sonido son más simples en italiano (o en español) que en inglés. La lengua inglesa necesita más etapas de procesamiento al nivel de las neuronas. El "cerebro de la lectura" para el inglés no es el mismo que para el italiano. Por eso no necesitaríamos oír las palabras que pronuncia el lector ni mirar el texto, bastará con estudiar las imágenes cerebrales correspondientes para saber en qué idioma está leyendo. Es más, cuando aprendemos a leer en una segunda lengua, de alguna manera "cambiamos de cerebro". Por supuesto no tomamos conciencia de este hecho que se gesta en la intimidad de nuestras neuronas pero la ciencia nos ha abierto un camino para explicar los mecanismos de la lectura. En todo caso el mundo entero va hacia un bilingüismo y la lectura en la propia lengua y en inglés parece ser una condición imprescindible para el desarrollo de las sociedades modernas. Las ciencias del cerebro nos podrán guiar en este necesario y arduo aprendizaje.

Los mapas del cerebro /31-10-1999/

        El cerebro no es un órgano más, es nuestro territorio más íntimo e intransferible y los educadores comenzamos, tímidamente, a ocuparnos de él. Estamos ante una nueva frontera de la educación: los procesos cognitivos son un producto del cerebro. En cierto sentido, nos aventuramos por sus tierras incógnitas como lo hicieron los antiguos exploradores con el planeta y los modernos con el espacio extraterrestre. Para ello, debemos contar con mapas muy precisos del cerebro humano, conocerlos mejor y difundirlos incansablemente. Así como estudiamos los mapas de nuestro país y del mundo deberemos aprender a utilizar los mapas de nuestro cerebro. Por eso, en las escuelas, junto al planisferio y el globo terráqueo será recomendable comenzar a exponer una "cartografía cerebral" actualizada que nos ayudará a familiarizarnos desde pequeños con la base biológica de nuestras funciones cognitivas.
        Las imágenes del cerebro obtenidas con los recursos de la tecnología moderna (resonancia magnética, tomografía por emisión de positrones, etc.) han revolucionado nuestras nociones sobre el aprendizaje. Estas imágenes permiten analizar los procesos cognitivos en detalle. Algún día servirán también para "enseñarnos a aprender". El neurocirujano francés Jean Talairach propuso emplear coordenadas cartesianas para establecer la nueva cartografía del cerebro, lo que permite representar con tres números cualquier localización cerebral. Esto tiene grandes ventajas, no sólo en la práctica médica sino en la psicología experimental y, algún día, la educación se verá también beneficiada con estos aportes.
        Pero hay más que las tres coordenadas anatómicas. Para leer este texto, por ejemplo, se requiere el procesamiento de centenares de conjuntos de neuronas. Desde el momento en que el ojo se detuvo un instante en una palabra hasta entender su significado han debido pasar unas 300 milésimas de segundo. Esta "cronometría de las neuronas" se puede incorporar a los mapas del cerebro y es de enorme valor para comprender sus funciones. Son los "mapas funcionales" del cerebro, que agregan una dimensión temporal al espacio anatómico y nos obligan a navegar por mapas de cuatro dimensiones. Todo un desafío.
        Por otra parte, a diferencia del geógrafo que elabora la cartografía de un único planeta nos encontramos ante una enorme variedad de cerebros, de diferentes tamaños y formas. Felizmente los recursos informáticos permiten procesar grandes bases de datos individuales y a partir de ellos reconstruir un modelo "acumulativo" del cerebro. Un recurso formidable es el BrainMap [3] de la Universidad de Texas. Se trata de una base de datos en constante crecimiento que puede ser consultada por Internet. Nos permite, por ejemplo, dada una localización cerebral encontrar los comportamientos asociados a su activación y, viceversa, dado un comportamiento encontrar las regiones cerebrales que lo procesan. La utilidad educativa de este programa es enorme.
        En definitiva, necesitaremos nuevas habilidades docentes para navegar por estos "espacios neurocognitivos" pero algún día estos mapas cerebrales y sus coordenadas funcionales serán tan difundidos como los mapas geográficos. Por eso conviene, desde ya, incorporarlos al imaginario del alumno. En cierto sentido serán los nuevos mapas del siglo XXI. Hemos arribado a una doble frontera, si miramos hacia fuera, nos comunicamos con el mundo. Si miramos hacia adentro, con nosotros mismos. Las dos miradas son indisociables.

NOTAS
1. Doctor en Medicina y en Psicología Experimental, consultor en educación y nuevas tecnologías.
2. www.nature.com/neuro//press_release/nn0100.html
3. ric.uthscsa.edu/services