SYRIA ARCHEOLOGICA
REVISTA DE ARQUEOLOGÍA, AÑO XVI, Nº 170
PILAR PARDO MATA
ZUGARTO EDICIONES, MADRID, 1995
ORIGINAL


En el corazón del Próximo Oriente, entre la Mesopotamia y las tierras altas de la Anatolia, cobijada por el arco del Éufrates, multicultural y milenaria, Siria es un gran mosaico arqueológico. Mostraremos brevemente alguno de los principales yacimientos de la región, observando su evolución y estado actual de conservación

Siria es uno de los países de Oriente Medio que atesora y conserva mayor riqueza arqueológica. Desde el Paleolítico hasta épocas medieval y moderna, sus innumerables yacimientos son demostración palpable de la intensidad y complejidad cultural de la historia de esta región, especialmente rica en patrimonio arqueológico correspondiente a las primeras civilizaciones y culturas propiamente urbanas.

Gráfico 1
Vista general de las excavaciones en la antigua ciudad de Ebla.

        La Prehistoria reciente y la Protohistoria se manifiestan de manera espectacular en varios yacimientos de la zona, algunos de los cuales mostraremos a continuación.

Las primeras civilizaciones de la antigüedad: Ugarit, Ebla y Mari

Ugarit

        Nombre antiguo de la actual Ras al-Shamra, se encuentra enclavada en una elevación a unos 11 km. al norte de la ciudad de Lakatia. Su descubridor fue Mahmoud Maula Al-Zeer, quien en 1928 halló una primera tumba subterránea, en cuyo interior se encontraron restos de cerámica. Más tarde, la noticia fue difundida y Claude Schaeffer excavó en Ugarit, ciudad que cubría una extensión en torno a las 36 hectáreas. Las últimas investigaciones fueron dirigidas por Jean Margueron (1975-1977) y actualmente los estudios arqueológicos corren a cargo de Marguerite Yon, del CNRS francés.
        Los inicios de esta civilización se remontan a la época Neolítica (7000-6000 a.C.) y continúa su desarrollo hasta la llegada de los Pueblos del Mar, en el 1200 antes de Cristo.
        De época Neolítica se han localizado restos de construcción de las primeras viviendas de adobe. Junto al material lítico hallado aparecieron, asimismo, las primeras producciones de cerámica, que evolucionaron rápidamente. En momentos posteriores se documentó la presencia de las cerámicas denominadas tipo Halaf y El-Obeid.
        El período de mayor apogeo y máximo esplendor se extiende de 1400 a 1200 a.C., durante el Bronce Reciente.
        En la zona occidental del tell se hallan localizados los grandes edificios palaciegos: Palacio del norte, Palacio real y Palacio sur. Destacaremos el Palacio Real, del Bronce reciente, que hacía las veces de residencia del soberano y centro político-administrativo. Ocupaba una hectárea de extensión. Poseía alrededor de 90 salas que se abrían a un jardín interior y a otros patios descubiertos; uno de ellos, más pequeño y enlozado, se ha denominado 'Patio de Honor'.
        Fue aquí, en Ugarit, donde se hallaron las famosas tablillas de barro cocido con textos ugaríticos (de claro contenido económico, religioso, de administración interna, etc.), que han aportado una valiosa información sobre la vida antigua de la ciudad. Estas tablillas se han conservado en archivos o almacenes especializados por temas.
        Actualmente se conservan las explanadas del Palacio, así como un numeroso grupo de tumbas; en algunas de ellas se observa la entrada erigida mediante la técnica de aproximación por hiladas.

Ebla

        La ciudad de Ebla, hoy Tell Mardikh, fue descubierta en 1946 por el equipo de investigación del Profesor Paolo Matthie, de la Universidad de Roma, a cuyo cargo siguen hoy día los trabajos arqueológicos.
        Se localiza a unos 55 km. de Alepo; abarca una extensión de unas 56 hectáreas, convirtiéndolo en uno de los mayores centros urbanos del III milenio antes de Cristo. El yacimiento estuvo habitado desde la Edad del Bronce Antiguo, extendiéndose hasta los más modernos, probablemente con el asentamiento de una comunidad monástica de estilitas, del siglo V después de Cristo.
        El gran apogeo de Ebla, tanto a nivel económico como político, debió originarse entorno al 2400 a.C., puesto que ostentaba la hegemonía de la alta Siria. Se han documentado en los archivos las relaciones comerciales, tanto con Mari, como con Egipto; prueba de ello son los fragmentos de vasos de alabastro y de diorita hallados en el ala administrativa del palacio.

Gráfico 2
Tablilla de contrato. 2350-2300 antes de Cristo. Palacio Real G, Ebla (Museo Nacional de Alepo). Tablilla de un contrato entre el soberano de Ebla y el príncipe de Abarsal.

        Un importante hallazgo arqueológico fue el Palacio Real del III milenio antes de Cristo. Su arquitectura la configura un gran espacio alineado con pórticos en el Norte y Este. Una plataforma en el pórtico Norte ha permitido identificar una sala oficial donde el rey celebraba audiencias entre este palacio y algunos contemporáneos de Mesopotamia pero, tanto los pilares como las salas oficiales, denotan que el palacio debió ser la primera manifestación del nacimiento del estilo arquitectónico sirio.
        En una de las zonas de estancia del palacio se encontraron los archivos, constituidos por más de 1500 tablillas (con unas dimensiones que oscilan de los 5 a los 35 cm.). Fue el profesor Pettinato quien las descifró, acuñando el término de 'escritura Eblaíta'. En ellas se hallaron textos de tipo económico, administrativo y religioso, así como documentos diplomáticos, al ser Ebla lugar de encuentro de una amplia red de comunicaciones interregionales.
        Ebla floreció como una ciudad comercial conectada, tanto por el Mediterráneo, como por Mesopotamia. Obtuvo grandes cantidades de oro y plata (arrebatando la hegemonía a Mari). El nieto de Sargón, Naram Sin, del Imperio Acadio, envió tropas para conquistar la ciudad y destruyó el poder de Ebla.
        Hoy día los restos del Palacio son perfectamente visibles; la cal es el elemento utilizado por los actuales conservadores para la erección de las estructuras urbanas.

Mari

        Mari o -Tell Hariri- se encuentra junto al Éufrates medio, a unos 11 km. al noroeste de una pequeña ciudad fronteriza con Iraq, Abu Kamal, y a unos 120 km. de Deir Ezzor.
        En 1933 el lugarteniente francés Émile Cabane comunicó los hallazgos producidos en la zona a la Dirección de Antigüedades de Beirut. A partir de ese momento, el Museo del Louvre envió a André Parrot a dirigir la campaña de excavaciones. Este murió en 1980 y Jean Margueron fue nombrado director de la Misión Arqueológica franco-siria, cargo que ocupa hasta la fecha.
        El Tell cubre unas 60 hectáreas. La estratigrafía abarca diversas ocupaciones, desde el período Jamdet Nasr hasta época parto-sasánida (según la estratigrafía elaborada por Parrot).
        Dada la excelente posición geográfica en el Éufrates medio, la ciudad ocupaba una envidiable situación entre el Mediterráneo, por un lado, y Mesopotamia y Anatolia, por otro, al controlar las rutas caravaneras que unían las diferentes civilizaciones del Viejo Mundo.
        Entre las numerosas arquitecturas superpuestas de los diferentes períodos de ocupación, debe mencionarse el palacio presargónida, de la segunda mitad del III milenio a.C., con una superficie de 800 metros cuadrados. El área central se hallaba ocupada por un gran santuario. Es aquí donde se aglutinaba, no sólo el poder religioso, sino también la administración del gobierno. Desde esta sala radiaban distintas habitaciones; el ala meridional terminaba en una cella pequeña provista de un altar para los sacrificios, siendo ésta una de las muchas dependencias que todavía no han sido excavadas.
        Otro aspecto interesante a señalar es el hallazgo de distintas divinidades. Éstas han sido localizadas gracias a la costumbre tradicional de la población de emplazar dichas estatuas en el interior de los santuarios. Generalmente representaban, tanto a hombres como a mujeres, así como a reyes y funcionarios de palacio o de anónimos devotos, sentados o de pie, con las manos juntas en actitud orante.
        Pero, sin duda, el mejor documento de arquitectura palacial mesopotámica que ha llegado hasta nosotros es el Palacio Real, que corresponde al período necesario del I milenio antes de Cristo. Ocupa alrededor de 2,5 Ha., y la altura de sus murallas alcanza los 5 metros. Actualmente el recinto se encuentra abierto al público.
        El Palacio Real cuenta con unas 300 habitaciones. Tras una entrada monumental, se pasa a un vestíbulo que da entrada a un patio y éste, a su vez, a otra estancia denominada Patio de los Palmares. En él se ubicaba, entre las muchas dependencias de este ala, la sala de Audiencias. El complejo residencial se completaba, por la zona oeste, con las estancias privadas reales, la sala de los baños y otras habitaciones; y en la zona central se hallaban las dependencias administrativas.
        Los muros de los palacios se construyeron con adobe. Están revestidos de vistosas cerámicas vidriadas. Este hecho actualmente no es apreciable, ya que los inmensos muros constituyen el único vestigio. Hoy día, estos muros se hallan techados con placas metálicas para su adecuada conservación.

Palmira

        No podemos dejar de mencionar uno de los lugares arqueológicos con mayor poder de evocación, como es la mítica Palmira, denominada en hebreo y árabe Tadmor.
        Situada cerca de un pequeño oasis de palmerales, al norte del desierto de Siria, y a unos 250 km. de Damasco, fue una de las urbes más ricas de la Antigüedad.
        En ella se ubicaba el gran centro comercial de la región, al que llegaban desde el Índico las caravanas que buscaban la salida al Mediterráneo para comerciar con Occidente. Se han documentado asentamientos pertenecientes a caravaneros de esta ciudad en Galia, Hispania, Dacia, etcétera. Además, las caravanas de otros lugares con destino a Petra y Egipto también debían atravesar Palmira, demostrando el importante emporio comercial y financiero de la ciudad.
        Ya desde principios del siglo XVII las ruinas fueron visitadas por el francés G. B. Taverner y el italiano P. Della Valle. En los siglos XVIII y XIX llegaron algunos viajeros, como el príncipe ruso Lazarev. Pero es en los inicios del siglo XX cuando tienen lugar las primeras excavaciones; en un primer momento con las misiones arqueológicas alemanas, seguidas de las francesas, y actualmente un equipo polaco en el propio recinto de la ciudad.
        Era conocida Palmira, ya desde el siglo XVIII a.C., por los textos escritos en unas tablillas pertenecientes a la ciudad de Mari, así como por los textos bíblico.
        Destacaremos, fundamentalmente, el período correspondiente a la prosperidad de Palmira, que se remonta a época de la emperatriz Zenobia a partir del año 267, tras la muerte de su marido Odainato. Éste extendió su dominio hacia Arabia, alcanzando Egipto y parte de Anatolia. No obstante, el emperador Aureliano no iba a consentir el período de la emperatriz. Zenobia fue hecha prisionera cuando se disponía a pedir ayuda a los persas, y fue apresada y conducida a Roma, donde murió. En el año 272, Palmira fue tomada por Aureliano. A raíz de todo lo ocurrido, el centro de reunión del comercio entre Oriente y Occidente desapareció por completo.
        Las construcciones que hoy son visibles pertenecen a diferentes momentos y períodos de ocupación de la ciudad.
        Dentro del perímetro que rodea la muralla de Diocleciano, se hallan diversos monumentos arquitectónicos.
        La vía principal que recorre la ciudad, en la que se ubican los monumentos, es la llamada Gran Columnata. En ella confluían todas las rutas que llevaban a Occidente. En ésta se localiza el arco de época de los Severos. Al sur de la vía se alza el teatro. Aunque se halla bien conservado, está siendo parcialmente restaurado bajo la Dirección General de Antigüedades sirias.
        Al oeste del teatro se encuentra el ágora, con pórticos, en su mayoría, de época de Adriano. El conjunto del área oeste se cierra con el templo de Allat, excavado por arqueólogos polacos en 1959. De estas grandiosas e impresionantes construcciones hay que mencionar además, el Santuario o Templo de Bel, al este de la Gran Columnata. El acceso al recinto se realizaba a través del propylon, que daba paso al gran patio, delimitado por un pórtico de dos filas de columnas corintias y realizado en el año 80 después de Cristo. El templo se erigía sobre un podio. La cella estaba formada por una estancia y contenía los nichos horadados con las estatuas de la tríada Bel, Yarhibol y Aglibol. Este templo combinó dos funciones, la religiosa y la económica, confiriendo a la ciudad un aspecto de santuario-mercado, al hallarse enclavado en la principal ruta caravanera.
        De entre los tipos de enterramiento del Valle de las Tumbas, sobresalen los hipogeos, los lóculos subterráneos y los templos funerarios. De los primeros se puede admirar una reconstrucción del hipogeo de Yarhai, que se exhibe desde 1935 en el Museo Nacional de Damasco. Aquí en Palmira, son reseñables los hipogeos de 'los tres hermanos' o el de Hairón. De los templos funerarios destacan las llamadas construcciones turriformes, con una estructura de nichos superpuestos.
        En Palmira se pueden visitar dos museos: el Museo de Palmira y el Museo Etnológico Beduino. El primero de ellos fue abierto al público en 1961. Muestra piezas arqueológicas halladas en la propia ciudad de Palmira y reconstrucciones del Paleolítico y Neolítico de El Kowm y Qedir I y materiales pertenecientes a la época islámica de la zona, como los de Qasr al Hair, entre otros.
        El Museo Etnológico Beduino se halla próximo al templo de Bel. En sus salas se pueden admirar diversos objetos relacionados con las costumbres de los beduinos de la zona, expuestos mediante recreación en el interior de tiendas de campaña o en casas, así como algunos paneles explicativos y diferentes mapas de ubicación de este pueblo; alrededor de un patio se encuentran reconstruidos los diferentes tipos de tiendas beduinas.

Bibliografía

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