EL BANQUERO DE LOS POBRES
REVISTA 3 PUNTOS, AÑO 4, NÚMERO 198
EBER GÓMEZ
WWW.3PUNTOS.COM, ABRIL DE 2001, BUENOS AIRES
ORIGINAL


Título original: Muhammad Yunus, banquero de los pobres
"la caridad no es un buen negocio"

Su permanente sonrisa y sus modales orientales parecen contrastar con la firmeza de sus convicciones. Muhammad Yunus es una especie de Quijote que se enfrenta al sistema. Su objetivo es contribuir a que haya cada vez menos pobres en el mundo. Sabe muy bien que con las reglas del juego actuales no tiene chances. Por eso plantea barajar y dar de nuevo. Cambiar la mentalidad apostando al interés propio sumado a la conciencia social.

Muhammad Yunus, el banquero de los pobres. Todos esperamos que sea realmente así

        Así fue que este graduado en Economía en la Universidad de Vanderbilt que vive en la ciudad de Dhaika, Bangladesh, fundo el Grameen Bank, el primer banco que otorga microcréditos a gente que no tiene absolutamente nada en la tierra, "ni siquiera oportunidades". En el Grameen -que significa aldea- no se requieren avales ni garantías, pero la tasa de recupero de crédito es envidiada por los bancos más eficientes de Wall Street. Yunus, que acaba de recibir el premio Príncipe de Asturias de España y que ha sido recomendado por Bill Clinton para recibir el Nobel de la Paz, también es pragmático a la hora de convencer sobre la efectividad de su propuesta. "La caridad no es un buen negocio; en cambio crear las condiciones para que haya trabajo sí lo es", asegura. Lo que sigue es un resumen de la entrevista que mantuvo con 3 puntos:

¿Cuál es la responsabilidad que tienen los gobiernos en la creación de pobreza?

        Los gobiernos son responsables de no crear un marco legal e institucional que erradique la pobreza. Los pobres no crean su propia pobreza. La crean otras personas, instituciones y políticas erróneas que no contemplan los problemas de fondo. La responsabilidad es crear políticas y ambientes donde los individuos puedan desarrollarse sin sufrir restricciones a sus capacidades. Hasta ahora lo único que plantea el sistema actual es la ayuda a los pobres desde los Estados pero sin crear un marco social que fomente el desarrollo de la gente.

Los organismos multilaterales de crédito cuentan con los fondos y con el consenso de los gobiernos para terminar con la pobreza. ¿Qué es lo que falla?

        La forma de encarar el problema. No se trata de tener dinero para ayudar a los pobres. Se trata de modificar profundamente las estructuras convencionales del desarrollo. El marco teórico en que estos organismos trabajan no está dirigido a mejorar la calidad de vida de los pobres. Su principal propósito para por lograr políticas que promuevan el crecimiento de las economías. Lo que sucede en realidad es que en el proceso fomentan el enriquecimiento de unas pocas personas y empobrecen cada vez más a la mayoría, y todo en nombre del crecimiento económico. Es simple: ellos creen que si la economía crece, la sociedad en su conjunto crecerá. Esta teoría del derrame no funciona y se ha demostrado una y otra vez. Este tipo de marco teórico es válido sólo creando más pobreza, no eliminándola. La que se necesita es un nuevo comienzo con una nueva clase de instituciones y políticas activas que vayan directamente a la solución del problema. Que empuje hacia adelante a los pobres, que les brinde las condiciones para que puedan desarrollarse y crecer. No se puede continuar con la teoría de que sólo unas pocas personas ricas pueden ayudar a la gente pobre y que sólo unos pocos países ricos pueden ayudar a los países pobres.

¿Cómo cree usted que debe comenzar a repensarse este nuevo modelo?

        Observando lo que pasa en el mundo. Teniendo en cuenta la experiencia global. Por ejemplo: los microcréditos -que ya existen- cuentan con un marco institucional y funcionan muy bien ayudando a gente pobre en el mundo entero. No estamos hablando de caridad, de dar dinero sin esperar nada a cambio. Estamos hablando de crear oportunidades de negocios a través de los créditos y de esta manera crear las condiciones para que los sectores sumergidos de la sociedad accedan a la tecnología de la información. De esta forma mejorarán su trabajo y comenzarán a cambiar sus vidas. La tecnología puede ayudar particularmente a la gente joven que es mucho más receptiva y se adapta más rápido a los cambios. También las mujeres pueden beneficiarse por que lograrán desarrollar su propia vida e independizarse de otros miembros de su familia. Éstas son algunas de las cosas que pueden hacerse para llevar educación, salud y trabajo a una gran parte de la humanidad que tiene cada vez mayores problemas para enfrentar al mundo moderno. Este tipo de herramientas les brinda una oportunidad para hacer negocios y, como usted sabe, en un negocio ambas partes salen ganando.

Si es un buen negocio, ¿por qué no lo hace la banca privada?

        Porque de acuerdo al marco conceptual del negocio bancario es un instrumento absolutamente inaceptable. Es un problema de mentalidad. Tanto la banca privada, como la banca de fomento y desarrollo que existe actualmente tienen parámetros muy rígidos de comportamiento. Lo que se necesita es una nueva clase de banqueros que se desarrollen en este nuevo tipo de negocio bancario. Es muy difícil para las nuevas generaciones de banqueros llevar adelante un cambio semejante porque mueve las estructuras conocidas y pone nerviosa a mucha gente. El negocio bancario tradicional está basado en las garantías. En microcréditos es diferente, las entidades sienten que su dinero desaparece, se pierde. No hay un sistema que garantice sus fondos ni que les brinde un marco legal que castigue al deudor. Todo se basa en la confianza. Ésta es la gran diferencia y ésa es la dificultad para pasar de un sistema a otro.

¿Qué me dice de la banca pública? ¿No sería éste el rol para el que fue creada?

        Personalmente considero que la banca pública no funciona. En primer término porque se maneja con compromisos políticos y en segundo lugar porque se mueve fuera de consideraciones financieras. Implementar los microcréditos desde la banca pública sería desastroso porque habría motivaciones políticas, y los políticos quieren réditos inmediatos. Además, para llevar adelante un proyecto de este tipo se necesita disciplina financiera y usted sabe bien que las motivaciones políticas no tienen buena química con la disciplina financiera. La única alternativa que yo veo es desarrollar este tipo de proyectos sociales desde el sector privado. Pero desde una clase de organizaciones no gubernamentales con conciencia social que busque ayudar a crear un ambiente propicio para el desarrollo.

¿Está sugiriendo que deberían dejarse de lado las políticas de ayuda humanitaria?

        No, no creo que haya que dejarlas de lado. Creo que deberían cambiar su metodología. Todavía necesitamos organizaciones globales de ayuda como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados o la Cruz Roja Internacional, por nombrar algunas. La cuestión es cambiar el tipo conocido de organizaciones de caridad por una que cree un ambiente para que los pueblos encuentren su desarrollo. Organizaciones globales que miren hacia adelante, que sean futuristas, que marquen un rumbo y le digan a la gente qué cosas dan resultado y qué no. Organizaciones que inviertan en la gente en lugar de darles dinero o comida. La caridad no es un buen negocio. Pero crear las condiciones para que haya trabajo sí lo es.

Usted ha dicho que la política para otorgar microcréditos es la misma en todo el mundo. ¿Son iguales los pobres de Bangladesh, Europa Oriental o América Latina?

        Todos los seres humanos somos muy parecidos. Las diferencias que usted ve entre América Latina, Asia o África son superficiales. Básicamente la gente es la misma, por lo menos en un 95 por ciento. Por lo tanto en vez de enfocarnos en ese cinco por ciento, trabajemos para la mayor parte de la humanidad. Si algo funciona en Asia, ¿por qué no puede funcionar en América Latina o en Europa? Eso es exactamente lo que pasa con los microcréditos. Los pobres son siempre expulsados de las sociedades en donde viven y no tienen oportunidades para salir de ese círculo vicioso, cualquiera sea el país que habiten. La idea de los microcréditos ha dado resultado en todos los lugares donde se implementó porque las fuerzas que deben enfrentar los pobres son las mismas.

¿Cuál es el futuro de los microcréditos?

        Una cosa es segura y es que no desaparecerán. Crecerán lentamente y se volverán universales. Se usarán en todo el mundo porque se necesitan en todo el mundo. Por otra parte, creo que el sistema se perfeccionará con el tiempo. Hoy es un sistema básico pero gradualmente se irán definiendo estrategias más eficientes.