LAS CARTAS DE ANA -II
DIARIO DE ANA FRANK [1]
ANA FRANK
EDITORIAL HEMISFERIO, BUENOS AIRES, 24 DE JUNIO DE 1953
Trad. DE JOSÉ BLAYA LOZANO


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Ana Frank

Firma autógrafa de Ana

Carta 5

Domingo 21 de junio de 1942
Querida Kitty:

        Todo el quinto año tiembla en la espera del consejo de profesores. La mitad de los alumnos se pasan el tiempo haciendo apuestas sobre los o las que pasarán. Nuestros dos vecinos, Win y Jaime, que han apostado el uno al otro todo su capital de las vacaciones, nos enferman de risa a Miep de Jong y a mí. De la mañana a la noche óyenseles: "Tú pasarás". "No". "Sí". Ni las miradas de Miep, implorando silencio, ni mis accesos de cólera pueden calmar a estos dos energúmenos.
        En mi opinión, la cuarta parte de nuestra clase debería ser aplazada, visto el número de asnos que en ella hay, pero los profesores son la gente más caprichosa del mundo; quizá, por una vez, se porten como caprichosos débiles.
        En cuanto a mí y mis amigas, no tengo mucho miedo; creo que saldremos del paso. No me siento muy fuerte en matemáticas. En fin, no queda más que esperar. Entretanto, tenemos ocasión de alentarnos mutuamente.
        Yo me entiendo bastante bien con mis profesores, nueve en total, siete hombres y dos mujeres. El viejo señor Kepler, profesor de matemáticas, ha estado muy enfadado conmigo durante bastante tiempo, porque yo charlaba demasiado durante la lección: advertencia tras advertencia, hasta que fui castigada. He tenido que escribir una monografía sobre el tema: Una charlatana. ¡Una charlatana! ¿Qué podía escribirse sobre eso? Ya veríamos luego; después de haberlo anotado en mi cuaderno, traté de quedarme tranquila.
        Por la tarde, en casa, terminados todos mis deberes, mi mirada tropezó con la anotación de la monografía. Me puse a reflexionar mordiendo la punta de mi estilográfica. Evidentemente, yo podía, con letra grande, separando las palabras todo lo posible, expresar en longitud algunas ideas dentro de las páginas fijadas -era el abecé del oficio-, pero la dificultad residía en hallar la última frase que probase la necesidad de hablar. Seguí pensando y, de repente, ¡eureka! ¡Ah, qué satisfacción la de llenar tres páginas seguidas, sin mayor esfuerzo! Argumento: la charla excesiva es un defecto femenino, que yo me esforzaría por corregir un poco, aunque sin librarme de él totalmente, pues mi propia madre habla tanto como yo, si no más; en consecuencia, poco puede hacerse por remediarlo, ya que se trata de defectos hereditarios.
        Mi argumento hizo reír mucho al señor Kepler; pero, cuando la clase siguiente reincidí en mi parloteo, me impuso una segunda monografía. Tema: Una charlatana incorregible. Volví a salir del paso, después de lo cual el señor Kepler no tuvo que quejarse de mí durante dos lecciones. A la tercera, debí exagerar.
        -Ana, otra penitencia por charlar. Tema: Cuá, cuá, cuá, dice la señora Decuá.
        Carcajada general. Yo me eché a reír con ellos, tenía que hacerlo, aunque sabía que mi imaginación estaba agotada sobre el tema. Necesitaba encontrar algo, algo original. La casualidad vino en mi ayuda. Mi amiga Sanne, buen poeta, se me ofreció para redactar la monografía en verso, del principio al fin. Me regocijé. ¿Kepler quería burlarse de mí? Me vengaría, burlándome yo de él.
        La monografía en verso resultó magnífica. Se trataba de una mamá-pata y de un papá cisne, con sus tres patitos; éstos, por haber hecho demasiado cuá-cuá fueron mordidos a muerte por su padre. Afortunadamente, la broma tuvo la suerte de agradar al fino Kepler. Hizo su lectura ante nuestra clase y en varias otras, con comentarios en su apoyo.
        Tras este acontecimiento, no he vuelto a ser castigada por charlar. Al contrario, Kepler es el primero en decir una chirigota sobre el tema.
        Tuya. Ana.


Anexo Secreto, click sobre la foto para ampliar

Dos cartas de 1943

Miércoles 10 de marzo de 1943
Querida Kitty:

        Anoche tuvimos un cortocircuito, precisamente durante un bombardeo. No puedo librarme del miedo a los aviones y a las bombas, y me paso casi todas las noches en el lecho de papá, buscando allí protección. Es una niñería, lo admito, pero si tú tuvieras que pasar por eso... Los cañones hacen un estruendo de mil diablos, que nos vuelve sordos. La señora fatalista estaba a punto de soltar las lágrimas cuando dijo, con una vocesita quejumbrosa:
        -¡Oh, qué desagradable es eso que tiran!
        Lo que quería decir: "Me muero de miedo".
        A la luz de las velas era menos terrible que en la oscuridad. Yo me estremecía como si tuviera fiebre y suplicaba a papá que reencendiera la velita. Él era inflexible: había que permanecer en la oscuridad. De repente, empezaron a tirar con las ametralladoras, lo que es cien veces más aterrador que los cañones. Mamá saltó de la cama y encendió la vela, a pesar de que papá refunfuñaba. Mamá se mantuvo firme, replicando:
        -¿Es que tomas a Ana por un viejo soldado?
        Asunto concluido.
        ¿Te he hablado ya de los otros miedos de la señora Van Daan? Creo que no. Sin ello, no estarías completamente al tanto de las aventuras del Anexo. Una noche, la señora creyó oír ladrones en el granero: percibía sus pasos, no cabía duda, y estaba tan asustada, que despertó a su marido. Pero en ese momento los ladrones habían desaparecido: el señor no oyó más que el tumulto de los latidos del corazón de la fatalista.
        -¡Oh, Putti! (apodo del señor). Seguramente se han llevado los salchichones y todas nuestras bolsas de porotos. ¿Y Peter? ¿Estará todavía Peter en su cama?
        -No te alarmes, no han robado a Peter. No tengas miedo y déjame dormir.
        Pero no hubo más remedio. La señora sentía tal pavor, que ya no podía volver a dormir. Algunas noches después despertó a su marido y a su hijo debido al ruido que hacían unos fantasmas. Peter subió al granero con una lámpara de bolsillo, ¿y qué vio? ¡Brrr! ¡Un montón de ratas que huían! Los ladrones habían sido descubiertos. Hemos dejado a Mouschi en el granero para que cace a los indeseables, que no han vuelto, por lo menos de noche.
        Noches atrás, Peter subió a la bohardilla a buscar periódicos viejos. Al asirse a la escotilla para mantener el equilibrio cuando iba a bajar la escalera, apoyó la mano, sin mirar, en... una rata enorme. Le faltó poco para que rodase del terror y del dolor, porque la rata le mordió el brazo, ¡y cómo! Al entrar en nuestra habitación estaba pálido como la cera y con su pijama todo manchado de sangre: apenas si se mantenía en pie. ¡Qué sorpresa tan fea! No es divertido eso de acariciar a una rata que, por añadidura, le muerde a uno. Es espantoso.
        Tuya. Ana.

Detalle (real) de la puerta secreta, abierta y cerrada, simulada como biblioteca

Sábado 27 de noviembre de 1943
Querida Kitty:

        Anoche, antes de dormirme, tuve de repente una visión: Lies. La vi ante mí, cubierta de harapos, el rostro enflaquecido y hundido. Sus ojos me miraban fijamente, inmensos, muy tristes y llenos de reproches. Yo podía leer en ellos: "¡Oh, Ana! ¿Por qué me has abandonado? ¡Ayúdame, ven a auxiliarme, hazme salir de este infierno, sálvame!"
        Estoy imposibilitada de ayudarla. Sólo puedo ser espectadora del sufrimiento y de la muerte de los otros, y rogar a Dios que traiga a mi amiga hacia nosotros. No vi más a Lies, a nadie más, y comprendí. La había juzgado mal, yo era demasiado niña aún para comprender. Ella se había encariñado con su nueva amiga, y yo había procedido como si quisiera quitársela. ¡Por lo que ella ha debido pasar! Sé lo que es eso, porque yo misma lo he experimentado.
        Antes, me sucedía, como en un relámpago, el comprender algo de su vida, pero enseguida volví a caer, como perfecta egoísta, en mis propios placeres y resabios. Fui mala. Ella acaba de mirarme con sus ojos que suplican en su rostro lívido. ¡Ah, qué desamparada está! ¡Si tan siquiera pudiera ayudarla!
        ¡Ay, Dios mío! ¡Decir que yo aquí lo tengo todo, todo cuando puede desear, y que ella es víctima de una suerte ineluctable! Ella era por lo menos tan piadosa como yo. Ella también quería siempre el bien. ¿Por qué la vida me ha elegido a mí y por qué la muerte la aguarda quizá a ella? ¿Qué diferencia había entre ella y yo? ¿Por qué estamos tan alejadas la una de la otra?
        A decir verdad, yo la había olvidado, desde hacía meses. Sí, desde hace casi un año. Acaso no completamente, pero nunca se me había aparecido así, en toda su miseria.
        Lies, si vives hasta el final de la guerra y vuelves a nosotros, espero acogerte y compensarte un poco del mal que te he causado.
        Pero es ahora cuando ella necesita de mi socorro y no cuando yo me encuentre en la posibilidad de ayudarla. ¿Piensa ella todavía en mí? En caso afirmativo, ¿de qué manera?
        ¡Dios mío, sosténla, para que al menos no esté sola! ¡Oh!, si Tú pudieras decirle mi compasión y mi cariño, tal vez encontraría la fuerza para soportar.
        Que así sea. Porque no veo solución. Sus grandes ojos me persiguen aún, no me abandonan. ¿Habrá encontrado Lies la fe en sí misma, o le habrán enseñado a creer en Dios?
        Ni siquiera lo sé. Nunca me tomé el trabajo de preguntárselo.
        Lies, Lies, si pudiera sacarte de allí, si al menos pudiese compartir contigo todo de lo que yo disfruto. Es demasiado tarde, ya no puedo ayudarla, ni reparar mis errores para con ella. Pero nunca más la olvidaré, y rezaré siempre por su suerte.
        Tuya. Ana.

Dos últimas cartas

Viernes 21 de julio de 1944
Querida Kitty:

        Hay cada vez más razones para confiar. Esto marcha. ¡Sí, verdaderamente, marcha muy bien! ¡Noticias increíbles! Tentativa de asesinato contra Hitler, no por judíos comunistas o por capitalistas ingleses, sino por un general de la nobleza germánica, un conde, y joven, por añadidura. La Providencia divina ha salvado la vida del Führer, que sólo ha tenido que sufrir, y es una lástima, algunos rasguños y quemaduras. Varios oficiales y generales de su séquito han muerto o quedaron heridos. El criminal principal ha sido fusilado.
        Una buena prueba, ¿eh?, de que muchos oficiales y generales están cansados de la guerra y verían con alegría y voluptuosidad a Hitler descender a los abismos más profundos. Tras la muerte de Hitler, los alemanes aspirarían a establecer una dictadura militar, un medio, según ellos, de concluir la paz con los aliados, y que les permitiría rearmarse y recomenzar la guerra veinte años después. Quizá la Providencia haya ex profeso retardado un poco el que nos liberemos de él, pues será mucho fácil para los aliados, y más ventajoso también, si los germanos puros y sin tacha se encargan ellos mismos de matarse entre sí; tanto trabajo menos para los rusos y los ingleses, que podrán proceder con mayor rapidez a la reconstrucción de sus propias ciudades.
        Pero aún no hemos llegado a eso. ¡Cuidado con anticiparse! Sin embargo, lo que arriesgo ¿no es una realidad tangible, una realidad bien plantada sobre sus dos pies? Por excepción, no estoy en vena de divagar a propósito de idealismos imposibles. Hitler tuvo nuevamente la amabilidad de hablar a su pueblo fiel y abnegado, diciéndole que a partir de hoy todos los militares deberán obedecer a la Gestapo; además, cada soldado que sepa a uno de sus superiores implicado en este atentado degradante y cobarde tiene el derecho de meterle una bala en el cuerpo sin otra forma de proceso.
        Va a resultar muy lindo. A Fritz le duelen los pies tras una marcha demasiado larga, y su oficial lo reprende. Fritz agarra su fusil y grita: "¡Eres tú quien ha querido asesinar al Führer! ¡Cochino! ¡Toma tu recompensa!" ¡Pum! Y el orgulloso jefe que tuvo la audacia de reconvenir al pequeño Fritz ha desaparecido para siempre en la vida eterna (o en la muerte eterna.) ¿De qué otra manera quieres que eso termine? Del susto, los señores oficiales van a ensuciarse en sus calzoncillos cada vez que encuentren a un soldado o tomen un comando, y que sus presuntos inferiores tengan la audacia de gritar más fuerte que ellos. Me entiendes, ¿o es que yo he perdido el seso? No puedo remediarlo. Me siento demasiado alegre para ser lógica, demasiado contenta sintiendo nacer la esperanza de poder sentarme de nuevo, en octubre en los bancos de la escuela. ¡Oh, oh! ¿No he dicho hace un instante que no hay que anticiparse nunca? ¡Perdón, perdón! No por nada me llaman "un amasijo de contradicciones".
        Tuya. Ana.

Martes 1 de agosto de 1944
Querida Kitty:

        "Un amasijo de contradicciones" son las últimas palabras de mi carta precedente, y las primeras de ésta. "Amasijo de contradicciones". ¿Puedes explicarme lo que es exactamente? ¿Qué significa contradicción? Como tantas otras palabras, tiene dos sentidos: contradicción exterior y contradicción interior.
        El primer sentido se explica simplemente: no plegarse a las opiniones ajenas, saber mejor que el otro, decir la última palabra, en fin, todas las características desagradables por las cuales se me conoce muy bien. Pero en lo que concierne al segundo, no soy conocida, y ese es mi secreto.
        Ya te he dicho que mi alma está, por así decir, dividida en dos. La primera parte alberga a mi hilaridad, a mis burlas con cualquier motivo, a mi alegría de vivir y, sobre todo, a mi tendencia de tomarlo todo a la ligera. Oigo por aquí: no me fastidies con los flirts, con un beso, con un abrazo o con un chiste inconveniente. Esta primera parte está siempre en acecho, rechazando a la otra, que es más hermosa, más pura y más profunda. La parte hermosa de la pequeña Ana nadie la conoce, ¿verdad? Por eso son tan pocos los que me quieren de veras.
        Desde luego, yo puedo ser un payaso divertido para una tarde, tras la cual todo el mundo me ha visto lo suficiente para un mes por lo menos. En el fondo, una película de amor representa exactamente lo mismo para las personas profundas, una simple distracción divertida para una vez, que se olvida bien pronto. No está mal. Cuando se trata de mí, sobra el "no está mal". Es aún algo peor. Me fastidia decírtelo. Pero, ¿por qué no he de hacerlo, si sé que es la verdad? Esta parte que toma la vida a la ligera, la parte superficial, sobrepasará siempre a la parte profunda y, por consiguiente, será siempre vencedora. Puedes imaginar cuántas veces he tratado de rechazarla, de asestarle golpes, de ocultarla. Y eso que, en realidad, no es más que la mitad de todo lo que se llama Ana. Pero no ha servido de nada, y yo sé por qué.
        Tiemblo de miedo de que todos cuantos me conocen tal y como me muestro siempre descubran que tengo otra parte, la más bella y la mejor. Temo que se burlen de mí, que me encuentren ridícula y sentimental, que no me tomen en serio. Estoy habituada a que no me tomen en serio, pero es "Ana la superficial" la que está habituada y quien puede soportarlo; la otra, la que es "grave y tierna", no lo resistiría. Cuando, de veras, he llegado a mantener a la fuerza ante la rampa a La Buena Ana, durante un cuarto de hora, ella se crispa y se contrae como una santita inmediatamente que haya que elevar la voz, y, dejando la palabra a Ana Nº 1, ha desaparecido antes de que yo me apercibiese.
        Ana la Tierna nunca ha hecho, pues, una aparición en compañía, ni una sola vez; pero, en la soledad, su voz domina casi siempre. Sé exactamente cómo me gustaría ser, puesto que lo soy... interiormente; pero, ¡ay!, soy la única que lo sabe. Y es quizá, no, es seguramente la razón por la cual yo llamo dichosa a mi naturaleza interior, mientras que los demás juzgan precisamente dichosa mi naturaleza exterior. Dentro de mí, Ana la Pura me señala el camino; exteriormente, sólo soy una cabrita desprendida de su cuerda, alocada y petulante.
        Como ya te lo he dicho, veo y siento las cosas de manera totalmente distinta a como las expreso hablando; por eso me denominan, alternativamente, volandera, coqueta, pedante y romántica. Ana la Alegre se ríe de eso, responde con insolencia, se encoge indiferente de hombros, pretende que no le importa; pero, ¡ay!, Ana la Dulce reacciona de la manera contraria. Para ser completamente franca, te confesaré que eso no me deja indiferente, que hago infinitos esfuerzos por cambiar, pero que me debato siempre contra fuerzas que me son superiores.
        Aquella a quien no se oye solloza en mí: "Ya ves, ya ves adónde has llegado: malas opiniones, rostros burlones o consternados, antipatías, y todo eso porque no escuchas los buenos consejos de tu propia parte buena." ¡Ah, cuánto me gustaría escucharla! Pero eso no sirve de nada. Cuando me muestro grave y tranquila, doy la impresión a todo el mundo de que interpreto otra comedia, y en seguida recurro a una pequeña chanza para zafarme; no hablo siquiera de mi propia familia, que, persuadida de que estoy enferma, me hace engullir sellos contra las jaquecas y los nervios, me mira la garganta, me tantea la cabeza para ver si tengo fiebre, me pregunta si no estoy constipada y termina por criticar mi mal humor. Ya no puedo soportarlo: cuando se ocupan demasiado de mí, primero me vuelvo áspera, luego triste, revertiendo mi corazón una vez más a fin de mostrar la parte mala y ocultar la parte buena, y sigo buscando la manera de llegar a ser la que yo tanto querría ser, la que yo sería capaz de ser, si... no hubiera otras personas en el mundo.
        Tuya. Ana.

Epílogo

        Aquí termina el Diario de Ana Frank. El 4 de agosto de 1944, la Feld Polizei hizo irrupción en el Anexo. Todos sus habitantes, así como Kraler y Koophuis, fueron arrestados y enviados a campos de concentración.
        La Gestapo arrasó el Anexo, dejando por el suelo, revueltos, viejos libros, revistas y periódicos, etcétera, entre los cuales Miep y Elli hallaron el Diario de Ana. Salvo algunos párrafos que no ofrecen interés al público, el texto original es publicado íntegramente.
        De todos los habitantes del Anexo, sólo el padre de Ana volvió. Kraler y Koophuis, que resistieron a las privaciones de los campos de concentración holandeses, han regresado a sus hogares.
        En marzo de 1945, Ana murió en el campo de concentración de Bergen-Belsen, dos meses antes de la liberación de Holanda.

Apéndice

Biografía breve de Ana Frank (Anne Frank)

Víctima judía de los Nazis

        Nació el 12 de junio de 1929 en Francfort, Alemania. Su familia huyó de los nazis trasladándose a los Países Bajos en 1933. Cuando los Países Bajos fueron ocupados, se ocultó junto a su familia y otras cuatro personas en una casa en Ámsterdam desde 1942 hasta que fueron traicionados en 1944.
        El 12 de marzo de 1945, días antes del fin de la guerra falleció víctima del Tifus en el campo de Bergen-Belsen. Ana registraba sus vivencias y temores en un cuaderno de tapas rojas. Su diario, que ocultó durante su internamiento, fue publicado por su padre, el único sobreviviente de la familia en 1947. Traducido a más de 55 idiomas, ha sido llevado al cine y al teatro, y se ha convertido en un símbolo del sufrimiento bajo el poder de los nazis. Ana Frank ha sido elegida entre las cien personas más influyentes del siglo XX por la revista Time. [Presencias agradece esta porción a buscabiografias.com]

Números de fecha

        Para quienes gustan de números y estadísticas de fecha les comentamos que Ana nació el miércoles 12 de junio de 1929 y murió el lunes 12 de marzo de 1945, es decir que vivió 5752 días, lo que en términos cotidianos equivale a 15 años y 9 meses.

Agradecemos

        Las direcciones siguientes nos han prestado un valioso apoyo en material fotográfico, ideas y datos de índole diversa. Merecen ser visitadas para ampliar o reforzar nuestra labor.

http://www.e-lysian.com/jayse/annefrank/diary.htm
http://www.geocities.com/literetura/escondidos.html
http://www.geocities.com/afdiary/index.html

NOTAS
1. En algunas versiones aparece a manera de subtítulo o entre paréntesis "Cartas a mi muñeca". Het Achterhuis -título holandés de este libro- representa la parte de la casa que sirvió de escondite a las dos familias que se refugiaron allí de 1942 a 1944. Achter significa detrás o atrás; huis, casa. En las viejas casas de Ámsterdam, los departamentos que dan al jardín o al patio pueden estar separados de los departamentos que dan a la calle, y son independientes, aun formando parte del mismo inmueble. Nuestro sitio de marras se encuentra en Prinsengracht, uno de los canales de la ciudad. Para simplificar el texto, hemos llamado Anexo a esa parte de la casa, sin que sea un anexo propiamente dicho. Empero, en todo el mundo se lo conoce como Anexo secreto.