EL ENIGMA DE LAS PIRÁMIDES
EL MENSAJE DE LOS DIOSES
ERICH VON DÄNIKEN
EDICIONES EL CABALLITO, BUENOS AIRES, 1976
Trad. DE J. LÓPEZ


Se nos dice que el rey Zóser, de la III dinastía, comenzó la construcción de las pirámides escalonadas de Sakkara unos 2700 años antes de nuestra era. ¿Están las pirámides mal datadas? ¿O acaso son muchísimo más antiguas, como lo presume la arqueología? Tales suposiciones tienen su fundamento, Abu'l Hassan Ma'sudi no es el único en sostener que las pirámides fueron edificadas antes del Gran Diluvio. Herodoto (484-425 a. de C.), el más antiguo de los historiadores griegos a quien Cicerón (106-143 a. de C.) llama "Padre de la Historia", afirma en los capítulos 141 y 142 del segundo libro de su Histories Apodexis que los sacerdotes de Tebas se habían asegurado que la función de su pontífice supremo venía transmitiéndose de padres a hijos desde hacía 11340 años. A la vez que los sacerdotes hacían esta declaración al historiador Herodoto, le mostraron 341 estatuas de dimensiones colosales, cada una de las cuales representaba a una generación de sumos pontífices. Sus anfitriones le aseveraron además que, anteriormente a esas 341 generaciones, los dioses habían vivido entre los hombres y que luego ningún dios apareció ya más en figura humana. De hecho, hasta hoy no se ha podido determinar de modo irrefutable cuál fue el momento exacto de la construcción de las pirámides.


¿Representa esta figurilla de 7,2 centímetros de alto a Ramsés II? Nada se sabe de cierto. Lo que sí consta es que una esfera colocada sobre augustas cabezas simboliza siempre el sol. Se ignora, por otra parte, el significado de esos apéndices a modo de antenas, que aparecen en todos los casos similares. ¿Serán signos de un antiguo contacto de los soberanos con el universo exterior?

        El ingeniero electrónico Erich McLuhan, hijo de Marshall McLuhan (La Galaxia Gutenberg), declaró en Toronto que en las pirámides actúan fuerzas desconocidas, probablemente fuerzas gravitatorias, aún activas en nuestros días. En su casa de London (Ontario, Canadá) ha montado una pirámide de plexiglás de 46 centímetros de alto, que reproduce a escala reducida una pirámide clásica. En su interior hay una especie de caballete sobre el que ha colocado un jugoso bistec de buey y, junto a él, una hoja de afeitar. El bistec lleva allí ya 20 días sin que haya dado el menor signo de corrupción ni despida olor alguno; en cuanto a la hoja de afeitar, al ser depositada dentro de la pirámide artificial se hallaba embotada por el uso: tras dos semanas de permanencia allí aparece ahora afilada y cortante. De esta manera tan sencilla algunos colaboradores de McLuhan han llegado a momificar, en el curso de diversas experiencias, unos 100 huevos y 60 libras de carne. Los investigadores afirman que cualquiera puede lograr los mismos resultados construyendo una pirámide con las mismas relaciones angulares que la pirámide de Gizeh, dividendo su altura por tres y colocando la hoja roma de afeitar exactamente en el eje norte-sur a la altura del tercio inferior. ¡En Canadá pueden ya adquirirse en el comercio pirámides de plexiglás con las dimensiones adecuadas! (Evering Associates, 43 Eglinton Avenue East, Toronto. Precio: 3$).
        La universidad de El Cairo instaló en el interior de la pirámide de Kefrén, con ayuda norteamericana, un detector suprasensible de radiaciones que fue conectado a un ordenador. El detector debía delatar la presencia de partículas cósmicas y éstas quedarían registradas en la computadora. Las partículas cósmicas, que pueden filtrarse por toda clase de intersticios y oquedades, alcanzan su objetivo antes que los rayos, que han de atravesar obstáculos compactos. El ordenador suministró datos negativos. En 1972 volvió a intentarse lo mismo. En vano. El Dr. Amr Gohed, director del experimento, declaró al periódico "Times": "La cosa es científicamente imposible. ¡Lo que sucede en el interior de la pirámide contradice todas las leyes conocidas de la física y de nuestra electrónica!"

Abu Simbel levantada

        En Abu Simbel, ciudad del Alto Egipto a orillas del Nilo, el faraón Ramsés II (1290-1224 a. de C.) mandó erigir dos templos. Al mayor de ambos lo adornan cuatro colosales estatuas del rey, que miden más de 20 metros de altura. Al construirse la presa de Assuán, se juzgó conveniente salvar los templos de su futura inundación por las aguas del Nilo. Los países industriales de Occidente, con la participación de la UNESCO, unieron sus esfuerzos para llevar a cabo la empresa, y en 1964 dio principio la operación de sacar los templos y estatuas de su antiguo emplazamiento y elevarlos a unos 60 metros de altura. Los especialistas se pasaron años discutiendo el modo de resolver los problemas técnicos que se planteaban. A pesar de disponer de la maquinaria más moderna, tuvieron que hacer construir aparatos "ad hoc", ya que las máquinas ordinarias no eran suficientes para lo que se pretendía. Con enormes socavadoras fueron desmontándose las estatuas por partes, pues ni la mayor grúa del mundo era capaz de levantarlas de una sola vez, y menos aún elevarlas a una altura de 60 metros. Los ingentes bloques de piedra, una vez cortados, se numeraron para ser de nuevo reconstituidos, como un gigantesco rompecabezas, en otro lugar mucho más alto sobre el nivel del Nilo. Quien durante la "mudanza" haya podido ver en acción los recursos de la técnica más moderna aplicados masivamente, se preguntará por fuerza: ¿cómo lograron los antiguos Egipcios llevar a cabo estas colosales construcciones sin tener a su disposición la maquinaria del siglo XX? Es cierto que "en aquel entonces" las estatuas de granito se esculpían directamente en la cantera, pero, ¿cómo pudieron los colosos de Memnón, de 600 toneladas de peso cada uno, ser transportados a Tebas?, ¿o los bloques de piedra de la gigantesca plataforma de Baalbek, de los que algunos llegan a medir más de 20 metros de largo y alcanzar un peso de 2000 toneladas?


La arqueología dice: "En este cofrecillo, diosas de los cuatro puntos cardinales montan la guardia para proteger el escarabajo sagrado". Yo me pregunto si en estas y parecidas representaciones no se tratará de una versión empeorada, en el afán de quererla mejorar, de antiguos conocimientos técnicos heredados por tradición.

        Planteemos el problema sin rodeos: ¿quién puede aceptar hoy la explicación "seria" de la arqueología, según la cual los obreros y escultores de los antiguos templos transportaron antaño los bloques de piedra deslizándolos sobre planos inclinados por medio de rodillos de madera? Los bordes de los sillares fueron alisados con tal perfección que no se precisó argamasa alguna para hacerlos encajar unos con otros. Los lugares en que se realizaron las obras debieron quedar literalmente cubiertos de restos y desperdicios. Apenas se ha encontrado rastro de los mismos. Genial. ¿Por qué dichas construcciones no se llevaron a cabo en localidades próximas a las canteras de granito? Nadie ha podido darme una respuesta coherente a estas preguntas. Por consiguiente: ¿sería tan aventurado suponer que seres extraterrestres en posesión de una técnica súper desarrollada colaboraron en tiempos remotos con los constructores de tales templos? Pero, ¿por qué esos extraños viajeros del espacio habían de tomarse semejante molestia? ¿Acaso pretendían precisamente que las gentes nacidas en milenios venideros llegaran a hacerse las mismas preguntas que me atrevo yo ahora a plantear?