LECTURA CRÍTICA DE LOS MEDIOS
SOCIEDAD Y CULTURA
DANIEL PRIETO CASTILLO [1]
REVISTA CHASQUI, Nro. 85, MAR-2004 [2]
ORIGINAL


Título original: "Lectura crítica de Vídeo Match"

Presentación

En rigor, pienso que el artículo de Daniel Prieto Castillo tiene igual vigencia en caso de ser el destinatario de la broma, actor o persona previamente avisada.
        Si bien a la hora del análisis debemos reservar dudas, propias de la crítica en sí misma, no podemos equivocarnos en confundir vectores absolutamente claros y trasparentes -no necesariamente fáciles de detectar- como lo son las líneas ideológicas que sustentan determinadas actitudes antisociales. Eso es lo que son, van en contra del conjunto aunque éste no lo advierta en primera instancia.
        El famoso conductor no es el problema sino parte de él. Además es probable que jamás le ocurra la inversión de la prueba, es decir que algún grupo más poderoso comience a colocarlo dentro de un salvaje círculo de bromas con los más diversos sentidos y calibres.
        Él logra plenitud, seguramente con singular felicidad verá crecer su obra. Esta idea, alejada de contexto, es importante, de hecho podemos decir que conforma la primera parte de una relación. La dificultad se inicia cuando aceptamos que la segunda parte debe ser el logro de la plenitud del otro, es allí, en ese punto, donde los medios pueden ser calificados de inútiles para la sociedad. ¿Pero deben ser útiles? Claro que sí. Los grandes hombres nos recuerdan a cada instante que se puede ser talentoso y útil. Alguien, con cierto grado de confusión, puede afirmar, con énfasis, que el ocio es útil y necesario para el hombre. Nadie lo pone en duda, resulta evidente que sí, pero no a expensas de burlar al prójimo.
        Se me ocurre que desde esa región de la fama se puede hacer algo así como "Video Niño". Un programa itinerante por toda América Latina con secciones dentro de la base pintura, música, escritura, historia, teatro. A esto se sumarían debates infantiles, simulacros de diputados y senadores, relatos de libros, mesas redondas sobre trabajo, desnutrición, adicciones, discriminación. En cada emisión se recaudarían fondos para la construcción de una escuela completa y una sala de atención primaria de la salud. Una vez por año se otorgaría un millonario premio "Niño" -se vería cómo y a quién / es- a una destacada labor educativa. Entiendo que algo así sería un rotundo éxito.
        De momento la realidad nos muestra a una sociedad indefensa y sin comprender -reclamar por derecho-, en toda su dimensión, que los medios constituyen un camino que debe unir dos o más lugares de la condición humana, teniendo siempre como norte el real beneficio de todos.
        Tal vez si nos ofendemos menos y hacemos -y pensamos- más, buenas cosas nos esperen en un futuro que, curiosamente, depende de nuestra fuerza para aprender a revelarnos -apagando el receptor, por ejemplo- a quienes alientan, de modo sistemático y ruin, decenas de situaciones que humillan aún más la ya alicaída condición humana.

Pablo Bensaya, Buenos Aires, noviembre de 2004

El artículo

        Durante la década de los años 90 cundió en algunos contextos intelectuales de nuestra América Latina una actitud acrítica ante la oferta de los medios de difusión masiva, bajo el paraguas de los estudios de recepción, que mostraron a la gente capaz de expresar sus desacuerdos frente a determinados mensajes. Si las investigaciones reconocen la existencia de personas activas ante la cultura mediática, si nadie es llevado y traído por una manipulación sin frenos, dejemos librada la tarea a las y los receptores y no insistamos en propuestas de lectura crítica, correspondientes a viejos esquemas de los años 70.
        Por supuesto que tales actitudes vinieron más que bien a los artífices de la fiesta de los medios; cuando la crítica se debilita, queda expedito el camino para decir y hacer lo que venga en gana. De un lado la indiferencia de los intelectuales y de otro la posibilidad de poner el grito en las estrellas por cualquier intento de censura, fueron creando una sensación de todo vale, de la cual estamos muy lejos de salir en nuestros días. Un ejemplo clarísimo de esto es el programa Videomatch, que ha atravesado buena parte de la historia reciente de la Argentina y se ha proyectado a otros países latinoamericanos.
        Lejos estoy de sumarme a esa apatía frente a tanto exceso. La gente (nosotros, cada una y cada uno) sabe y no sabe, critica y no critica. Como intelectual, sigo considerando mi tarea como un proceso pedagógico. Dejar librado todo a la oferta y la demanda suena a mercado: el cliente manda frente a la mercancía que lo fascina. Más allá de mercancías y fascinaciones, siguen presentes la manipulación, la fiesta perpetua en medio de terribles escándalos sociales, la joda, en el sentido popularizado por Marcelo Tinelli.
        La primera versión del material que propongo a continuación, fue publicada en dos artículos en el diario Los Andes de Mendoza, en noviembre y diciembre de 2003. He reelaborado esos textos como una unidad para Chasqui, con el propósito de incluirlos en una revista especializada en temas de comunicación, a la cual estoy ligado desde sus inicios en la década de los años 80, y de aportar al debate sobre el todo vale por parte de no pocos dueños de poder en el universo de la cultura mediática.

El racismo festivo

        Senegal fue bendecido por la civilización europea durante el siglo XVI, de la mano, primero de los portugueses y luego de otras nacionalidades, hasta que Francia se quedó en esas tierras por varios siglos, por aquello de que es necesario gobernar a los pueblos incapaces de hacerlo por sí mismos. El tráfico de esclavos se mantuvo hasta la Revolución Francesa y la independencia se logró en 1960. En la actualidad, el país está sometido a las sequías del África Noroccidental, con regiones golpeadas por las hambrunas, con tres millones de desnutridos sobre sus nueve millones de habitantes, con una economía atada demasiado tiempo al monocultivo del maní, con el peso del FMI sobre sus espaldas y con una población del 57 por ciento en la línea de pobreza.
        Presento estos datos para referirme a lo sucedido con dos ciudadanos senegaleses (de manera especial con uno de ellos), según lo pudimos ver en el programa Videomatch la noche del miércoles 12 de noviembre, dentro de una de las conocidas "jodas" de Tinelli. El escenario fue Mundo Marino, Buenos Aires. La cámara mostró a un grupo de unas 15 personas que ingresaban a uno de los sitios donde se exhibían los delfines. El animador pidió a una muchacha que hiciera el movimiento de hula-hula con un aro de madera y luego lo colocara sobre la cabeza de un delfín, quien lo hizo girar con toda destreza. Aplausos. Luego se dirigió a uno de los ciudadanos senegaleses, centro de la broma, a quien venía siguiendo ya la cámara. Le hizo el mismo pedido, pero a la hora de acercarse al agua para pasarle el aro al delfín, éste comenzó a mover la cabeza como diciendo que no y se alejó de la orilla. El animador lo llamó: "Vení, que no está en celo". Fracasó el intento y mientras la víctima del chiste se alejaba, el blanquito le dijo: "Te veo pálido".
        La segunda secuencia se centró en la clásica foto frente al estanque, con uno o dos delfines que saltaban atrás. Pasaron dos visitantes sin problemas, hasta que le tocó al "que no estaba en celo". El animador se acercó a él, que ya se resistía a sumarse a los rituales, y le dijo: "Vení vos, betún". Por supuesto que en vez de un delfín apareció un ballenato que lo bañó, entre las carcajadas lanzadas desde el estudio donde se iba haciendo la narración.
        La tercera, un restaurante. Nuestro hombre venía con su bandeja de comida y a la hora de sentarse entró un lobo marino y le sacó la silla. La caída provocó que la comida saliera disparada en todas direcciones. Llegó el animador a retarlo, que si le quería dar comida a los animales no era esa la forma y que si se quería tirar al suelo no anduviera ensuciando.
        En fin, era imposible que la víctima no fuera a dar a un estanque, esta vez empujado por otro de los animales. Cuando lo sacaron tomó a golpes al animador, que gritaba que a él no, que era un programa, que él era sólo un actor.
        Corte, y la presencia de Tinelli en el estudio con los dos senegaleses. Aplausos, risas, un intento de hablar con ellos en francés (después de la pregunta de la estrella, en relación a qué idioma se habla en ese país) a través de una joven miembro del equipo que no acertó ni con la palabra fille, y el desfile de regalos: una heladera, una impresora que fue cambiada por un televisor. La cámara iba de Tinelli al representante de la firma que auspiciaba el programa. Todos se reían hasta las lágrimas, en especial cuando, entre los obsequios, se mencionó un set de cosméticos. El gesto del supremo animador lo dijo todo, con esa rapidez tan suya, sólo el gesto para expresar algo así como ¿cosméticos a estos?, entre los casi estertores de risa del coro.
        Fue una fiesta completa: no todos los días consigue uno seres de piel oscura, venidos de cualquier lado, dueños de un idioma desconocido, para descargar en ellos el racismo corriente. Todo bien: no le pasó nada al delfín, porque el oscuro visitante no estaba en celo, la rabieta de la joda fue compensada por mercancías y hasta pusieron música de percusión para que el otro compañero siguiera un poco el ritmo con su cuerpo.
        Es sabido: el circo no tiene historia. Cuando uno va a ver a los payasos, éstos no se sacan la máscara o se quitan las pinturas para hablarnos de sus vidas y de sus alegrías o sufrimientos. Están ahí en ese momento, nos hacen reír y a otra cosa. Por eso, es un total contrasentido pedirle a un programa como Videomatch que se ponga a explicar, como lo hice al principio de esta nota, algo de Senegal y de por qué los dos ciudadanos senegaleses han terminado viviendo en Buenos Aires. El supremo animador está ahí para divertirnos a cualquier precio, lo demás, historias, humillaciones vividas a lo largo de la existencia, esfuerzo de adaptarse a una nueva ciudad, a una nueva sociedad, no cuentan para nada, servirían, en todo caso, como distractores y en el circo no hay tiempo que perder.
        Me preocupa, me indigna, el "a cualquier precio". Alguien podría decir: "No es para tanto, casi seguro que todo estuvo arreglado desde el principio, además, si son migrantes, gracias a la broma han salido ganando bastante, fue sólo una picardía..." Pero nada de esto, ni las risas grabadas, pueden ocultar las muestras de racismo nacidas de la espontaneidad del actor y de la alegría y los gestos del gran animador. Resuenan en ellas la situación vivida por una mujer que hace unos meses fue demorada en el aeropuerto de Ezeiza, porque con esa piel "no podía ser argentina", o las denuncias recientes sobre los jóvenes detenidos en la calle por "negritos", con todas las connotaciones que esto tiene. Habría que recoger historias menos divertidas de compatriotas en el exterior, para recordar lo que significa ser objeto de alguno de los "ismos" en relación con la nacionalidad o la raza.

Retomo lo de "fue sólo una picardía". Vale la pena traer aquí versos del Martín Fierro:

Nace el hombre con la astucia
que ha de servirle de guía
sin ella sucumbiría,
pero sigún mi esperiencia
se vuelve en unos prudencia
y en los otros picardía
.

        Los pícaros coparon buena parte de la escena política y buena parte del escenario mediático de nuestro país. Anhelamos la continuidad de su retirada de la primera. De los medios será difícil sacarlos, se han legitimado largo tiempo, tienen a su favor la historia del rating y las reacciones ante cualquier resurrección del fantasma de la censura. Habrá que añadir a esto la necesidad de la gente de reírse, de salir del drama cotidiano gracias a estos circos. Pero nos cabe la tarea, desde el trabajo intelectual, desde la universidad, de alzar la voz ante los excesos. La astucia y la picardía tienen límites. Uno de ellos es el racismo.

Reflexiones sobre la inocencia del mensajero

"Con lo que me hicieron en ese programa empezó la crisis de mi gobierno"

        Las palabras fueron pronunciadas el 17 de este diciembre de 2003 por el ex presidente argentino Fernando de la Rúa, en referencia a lo que le sucedió en el programa televisivo Videomatch, de diciembre de 2000. Afirmó que en esa oportunidad lo trataron con "deslealtad" y que desde entonces "la gente empezó a ver más cercana a la verdad esa imagen de mofa que la que le daba la realidad". Explicó que le dieron un nombre equivocado de la esposa del conductor -Marcelo Tinelli- (Laura por Paula) y que le armaron una salida falsa para ridiculizarlo: "El conductor no cortó la escena ni me acompañó. Prepararon la escena y me empujaron a salir por otro sitio. Usaron la imagen repetidamente para descalificarme". Más tarde, en declaraciones al diario Clarín, agregó: "el tema no es el ex presidente con Tinelli, sino el rol de los medios de comunicación. Yo sentí el resentimiento de mi autoridad".
        Las declaraciones dieron lugar a una verdadera fiesta para el conductor. Esa misma noche respondió al inicio de su programa, alentado por su coro de bufones con frases como "La culpa es tuya", "Vos quemaste a Sadam", "Vos hiciste el corralito", "Vos hiciste el impuestazo". En tanto, el ídolo mostraba la edición de un diario vespertino con títulos catástrofe: "Joda de Tinelli tiró a de la Rúa".
        Entonces comenzó la fiesta: con un "voy a confesar", el conductor soltó lo siguiente: "yo pedí que le informaran falsamente el nombre de mi esposa, yo fui el que le pedí que confundiera mi programa con Telenoche y me felicitara por eso; yo pedí que corrieran la pared medianera del edificio para que no pudiera salir ("macho", comentario de uno de los bufones entre risas); es hora de sincerarse, soy el responsable; fui yo el que le dijo lo del impuestazo, le dije a Chacho (Álvarez) renunciá y Chacho renunció; yo hice que renunciaran los ministros, que le otorgaran poderes a Cavallo; le pedí que bajaran el 13 por ciento a los jubilados para hacerle una broma a mi suegro; yo fui el que hizo que el riesgo país se fuera a 1300 ("sos grosso", palabras de otro cortesano); yo le dije que decretara el estado de sitio; yo compré tres millones de ollas y sartenes y organicé el cacerolazo; yo di la orden de reprimir; yo le conseguí un helicóptero para que se fuera…" Y el cierre: "Fernando, llamame mañana y te digo qué hacer con las coimas; y la pastilla de esta noche, no confundás la amarilla con la roja". La euforia estalló con estas palabras y el conductor pasó a su rutina.
        Pero ese no fue el final. A continuación del programa, en el noticiero del canal Telefé se volvió sobre el enfrentamiento. La locutora habló de las declaraciones de De la Rúa y de las reacciones del destacado conductor de ese mismo canal. Y terminó diciendo que el ex presidente fue al programa por su voluntad, como lo hicieron y lo siguen haciendo muchos políticos, para cerrar con las siguientes palabras: "otra vez se busca matar al mensajero".
        Que el ex mandatario fue al programa por su voluntad no cabe duda, pero tampoco cabe dudar sobre la pésima asesoría que tuvo para hacerlo; las andanzas del grupo Sushie (sus hijos con algunos amigos) dejaron más de una huella en aquellos años.
        Corresponde detenernos en lo que resuena de fondo en estos cruces. De la Rúa se inscribió con sus quejas en una tradición de por lo menos un siglo, expresada con toda claridad a comienzos de la Primera Guerra Mundial: la causa de ese horror fue, según creencia por demás difundida en aquellos años, la prensa: el hecho de dar a conocer el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo provocó, artículos van y artículos vienen, esa marejada de muertes. El segundo gran hito de tal mirada lo dio la propaganda nazi. Un país entero cambiado por la voz de un sujeto y la de su coro de agitadores. Las masas fascinadas iban hacia donde ellos querían y la consecuencia fue la Segunda Guerra Mundial. (Pocos escucharon las palabras de alguien que advirtió sobre el equívoco; me refiero a Wilhem Reich, quien publicó en 1932 su obra Psicoanálisis de las masas del fascismo, para explicar que si el discurso de Hitler y sus secuaces tenía ese éxito era porque los sectores medios alemanes lo hacían posible, a causa del autoritarismo en sus relaciones cotidianas…) Luego vino la avalancha de éxitos de la publicidad: otra vez las masas fascinadas, ahora por las mercancías. Llegamos así a los últimos veinte años del siglo pasado, cuando comenzaron a generalizarse las dudas sobre esa mirada tan estrecha; hoy no es sencillo insistir en el todo poder de los medios. La condición de posibilidad de su influencia está en la vida de la gente, en lo que la gente ya es. Eso, sin dejar de reconocer un círculo cada vez más estrecho de influencias.
        ¿Exime de toda responsabilidad tal comprobación a los artífices cotidianos de la cultura mediática? Esa fue la tesis que disparó la locutora del programa periodístico: otra vez se intenta matar al mensajero. Por lo tanto, el mensajero, todo mensajero, es inocente.
        La expresión utilizada por Telefé Noticias tiene varios siglos. Alude a la reacción de algún déspota frente a las malas noticias. Imaginemos a un soldado enviado desde el campo de batalla, su carrera desesperada para informar al gobernante y la reacción terrible de éste frente a un pobre ser que sólo ha cumplido con su deber. Si se realiza una búsqueda en Internet, es posible encontrar más de mil sitios de páginas en español, en los cuales aparece la frase aplicada a distintas situaciones: el asesinato de periodistas en buena parte de los países latinoamericanos, el recuerdo de figuras fundamentales de la prensa en la Argentina matadas por la última dictadura, el intento de controlar los medios por parte de los equipos fieles a Bush, la represión a la prensa en regímenes capaces de reprimirlo todo…
        ¿Qué relación tienen esos mensajeros con el programa y la figura de Marcelo Tinelli? Me resulta un exabrupto aplicar la expresión a alguien que poco ha aportado a una reflexión sobre los horrores vividos por el país a lo largo de los años 90: el desfonde económico, la farandulización de la política, el cinismo cotidiano, la corrupción sin márgenes, el empobrecimiento de más de la mitad de la población…
        Nadie le pide al circo que se ponga reflexivo y cambie de estilo. Pero tampoco es válido asumir la actitud de inocente mensajero atacado. Que de la Rúa se equivoca al transferir sus problemas a un espectáculo circense, no quiere decir que no se lo haya manipulado y no se haya sostenido la burla por semanas y semanas. A la vez tiene razón el conductor: ni él ni Videomatch tomaron las medidas con las que nos bendijo el gobierno de la denominada Alianza. Pero de allí a su inocencia, a su total prescindencia de los hechos políticos vividos a partir de los años 90, hay un paso que no podemos aceptar. El conductor y su programa fueron totalmente coherentes con ese modelo de vida que emponzoñó las relaciones sociales, sobre la base del todo-vale y de-todo-me-puedo-reír. El inocente mensajero-empresario tuvo sus predilectos políticos y contribuyó a crear una atmósfera de irrealidad, una invitación a la joda mientras el país era quebrado moral y económicamente, en ese orden.
        Corresponde revisar los conceptos y la aplicación de los mismos: hay mensajeros y mensajeros, no es bueno para la comprensión de nuestra sociedad igualarlos a todos en la fiesta de la cultura mediática.

NOTAS
1. Daniel Prieto Castillo, argentino, especialista en comunicación social. Su correo electrónico es: d_prietoc@yahoo.com, actualizado a marzo de 2004.
2. Chasqui es una revista trimestral que el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL) publica desde hace más de 25 años y que la difunde especialmente en América Latina, aunque también llega a Norteamérica, Europa y países como Australia, Corea y Japón. Su sitio web con artículos en línea es: chasqui.comunica.org