SOY ORIGINARIO
PENSAMIENTOS BREVES
PABLO BENSAYA, BUENOS AIRES, 18-OCT-2007
PRESENCIAS.NET, ARGENTINA, ENERO 2008
ORIGINAL



Yo también soy originario, nací aquí. Amo este lugar. No me siento extranjero con referencia a los pueblos aborígenes. Ellos no son ni más ni menos que yo. La diferencia es que tienen antepasados del mismo suelo y es por eso que creemos, y así se asegura en casi todas partes, que son dueños de la tierra. Como si el venir primero, como en un juego infantil, otorgara derechos. No es mi culpa el haber nacido después. Todos tenemos iguales derechos, en cantidad y en calidad. Y si aceptamos esto último como argumento basal de la convivencia del género humano, deberemos rendirnos a la evidencia de un arrendamiento temporal a la tenencia exclusiva por parte de un grupo. Y qué interesante que así sea, de lo contrario la propiedad privada aborigen sería inexpugnable, además de transmisible por patrones sanguíneos.

        La herencia es una sola, como lo es el origen. Nada nos pertenece en el universo, por el contrario, pertenecemos a él.

        Los padres de muchos de mis amigos nacieron fuera de aquí, aunque, claro está, son originarios. ¿Cómo llamaríamos a los marcianos?, ¿los diferenciaríamos por regiones o sólo importaría el planeta? Y en rigor, si lo pensamos correctamente, todos somos descendientes de los primeros habitantes. En cuyo caso, evidentemente, somos originarios. Y si todos somos una misma cosa, no hay mayores razones para resaltarlo.

        Género humano perteneciente a la Tierra. Simple pero inaceptable para nosotros. Siempre nos gustaron los predominios. Nos importan los ancestros para mostrar con ellos una mejor cepa humana, que hay mejores y los hay peores. Que algunos merecen más que otros. Complejo de linaje, esa es la cuestión. Importa la pureza, aquello que no posea mezcla. Y debe ser así ya que recuerdo la insistencia que muchos hombres han tenido respecto de la pureza de la raza. Si buscamos algo que no posea mezcla es porque hacemos de tal mezcla una realidad y orden de mérito por el mero hecho del proceder. Quiere decir que no todos tenemos los mismos derechos ya que convivimos mezclados con no mezclados, o para mejor decir, menos mezclados.

        El problema no radica en la diferencia sino en su jerarquización.

        Podrían llamarse pueblos no mezclados. O tal vez para economizar palabras y dar bien el concepto: pueblos puros. Así categorizados, en puros e impuros, será más fácil reconocer quién tiene qué derechos.

        Me agrada sentir que soy mezclado, que hay riqueza en mi conformación. Me agrada sentir que los árboles son de todos por igual, de los que se fueron y de los que vendrán. Me agrada sentir que nadie es primero por haber nacido antes. Me agrada sentir que soy originario.