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Educación

Obras musicales infaltables

Un primer paso hacia la formación de una buena musiteca, con ideas básicas para ese fin.

Toda lista de obras imprescindibles es discutible, y ésta lo es tanto como cualquiera. Se la publicó igual, y por una razón práctica: el docente o el padre que quiere empezar a formar una discoteca se enfrenta a un repertorio de cinco siglos y no sabe por dónde entrar. Una lista discutible resuelve ese problema mucho mejor que ninguna lista.

Los criterios que ordenaron la selección

Antes que los títulos, importan los criterios, porque son lo que permite al lector construir su propia lista en lugar de aceptar ésta.

  • Cobertura antes que excelencia. El propósito no fue reunir las cien mejores obras —eso no significa gran cosa— sino que ningún período, ninguna forma importante y ningún tipo de agrupación quedara sin representar. Una discoteca con veinte sinfonías románticas y nada más está peor formada que una con veinte obras repartidas por toda la historia.
  • Entrada accesible. Entre dos obras igualmente representativas se prefirió la que un oyente sin formación puede escuchar entera la primera vez sin esfuerzo. Hay obras capitales que son mal primer contacto, y ponerlas al principio aleja a más gente de la que acerca.
  • Duración razonable. Se privilegiaron obras y movimientos que caben en la atención disponible de un aula o de una sobremesa.
  • Disponibilidad. Se evitó el repertorio de difícil acceso. Una lista que envía a buscar rarezas es una lista que no se usa.

Cómo estaba organizada

La lista se ordenó por autor y no por período ni por género. La decisión fue deliberada y tiene una razón didáctica: el oyente que empieza reconoce nombres antes que estilos, y ordenar por autor le permite encontrar lo que busca. El costo es que la cronología queda oculta, y por eso la lista se acompañaba de una indicación de época en cada entrada.

Las poco más de cien obras se repartían de manera aproximadamente pareja entre cinco bloques —anterior al Barroco, Barroco, Clasicismo, Romanticismo y siglo XX—, con presencia deliberada de música vocal, de cámara, orquestal, de teclado solo y de repertorio latinoamericano, que en listas de este tipo suele faltar por completo.

Ideas para formar la discoteca

La parte más útil del documento original no eran los títulos sino las recomendaciones de uso, que conservan plena vigencia.

Empezar por poco y escuchar mucho. Diez obras escuchadas veinte veces educan el oído considerablemente más que doscientas escuchadas una vez. La abundancia de acceso que hoy existe empeora este problema en lugar de mejorarlo: cuando todo está disponible, casi nada se escucha dos veces.

Escuchar por movimientos, no por obras completas, al principio y sobre todo con niños. Un movimiento de ocho minutos es una unidad de escucha; una sinfonía de cuarenta no lo es.

Volver sobre lo conocido con una pregunta nueva. La misma obra escuchada primero por su melodía, después por su instrumentación y después por su forma produce tres aprendizajes distintos. Es el recurso más económico que existe en educación musical.

Comparar versiones. Dos interpretaciones distintas de la misma página son la manera más rápida de que un oyente descubra que la partitura no determina el resultado. Suele ser el momento en que la escucha se vuelve activa.

No explicar antes de escuchar. La explicación previa condiciona lo que se oye y sustituye la experiencia por la información. Primero se escucha; después se habla.

Sobre el canon

Conviene decir algo que el documento original dejaba implícito. Una lista de obras infaltables es un canon, y todo canon deja fuera más de lo que incluye —notoriamente, casi toda la música no europea y buena parte de la música compuesta por mujeres, ausencias que reflejan la historia de la disciplina más que un juicio de valor—.

La lista sirve como punto de partida y no como límite. El lector que la agote habrá adquirido el vocabulario necesario para desconfiar de ella, que es exactamente el resultado buscado. El contrapunto crítico está en Investigación, donde Isabel Aretz sostiene que hay tantas músicas como culturas, y en Historia, donde los escritos de Alejo Carpentier sobre el folklorismo discuten precisamente qué entra y qué no entra en el repertorio.

Buena parte del repertorio anterior a 1930 se encuentra hoy en dominio público, con partituras y grabaciones accesibles en IMSLP. Para datos de obras, autores y períodos, Encyclopaedia Britannica mantiene entradas revisadas.