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Cantos

Aspectos fundamentales de los cantos infantiles educativos

Qué distingue a una obra de este tipo de una canción infantil cualquiera.

Si el canto infantil educativo es una metodología y no un género, entonces debe poder decirse con precisión qué hace que una obra pertenezca a ella y otra no. Este documento reúne los criterios que se aplicaron de manera sostenida en la producción del repertorio catalogado. No son reglas de estilo: son condiciones de funcionamiento, y una obra que incumple varias sencillamente no consigue el efecto para el que fue escrita.

1. El ámbito antes que la melodía

El primer criterio, y el que más composiciones ha descartado, es el del ámbito. La tesitura cómoda de un niño pequeño es corta y frágil. Escribir por encima de ella no produce una canción exigente: produce una canción gritada, con el consiguiente daño a la afinación, a la garganta y —lo más grave— al gusto por cantar.

De allí que buena parte del repertorio se construya sobre tres, cuatro o cinco notas. No es una limitación asumida a regañadientes; es el problema compositivo que da carácter a la serie. Escribir algo memorable con Do, Mi y Sol es considerablemente más difícil que escribirlo con una octava disponible, y el resultado es cantable por un grupo entero de tres años sin que nadie fuerce nada.

2. El texto manda sobre la música

En una canción de arte, la música puede permitirse deformar la prosodia del texto en beneficio de la línea. Aquí no. Si el niño ha de aprender el contenido, el contenido debe entenderse, y para entenderse debe respetar el acento natural de la palabra española. Una melodía que coloca el acento musical sobre una sílaba átona vuelve la frase irreconocible y arruina el propósito entero.

Este es el aspecto técnicamente más exigente de todos y tiene documento propio: Acentos y sílabas en el texto de las canciones.

3. El contenido debe ser verdadero y actual

Una canción educativa afirma cosas, y esas afirmaciones deben ser correctas. Parece obvio y no lo es: el repertorio infantil tradicional está lleno de contenidos que fueron ciertos, o que nunca lo fueron, y que sobreviven por inercia afectiva.

La consecuencia de tomarse esto en serio es la revisión permanente. Estas obras se modifican cada vez que un contenido ha sido superado, mejorado o entendido como negativo o nulo. Un canto sobre normas viales, sobre alimentación o sobre higiene envejece de manera medible, y cuando envejece se corrige o se retira. Es la diferencia entre un cancionero —que es patrimonio y se conserva tal cual— y un material educativo, que caduca.

4. La adecuación a la edad no es sólo musical

El ajuste por edad opera en tres planos a la vez, y descuidar uno arruina los otros dos. En el plano vocal, determina el ámbito. En el plano lingüístico, determina el vocabulario, la longitud de la frase y la complejidad sintáctica. En el plano conceptual, determina qué se puede afirmar: un niño de cuatro años puede aprender a lavarse las manos con una canción, pero no puede aprender por qué el jabón funciona.

El catálogo refleja esa gradación. Las obras de tres notas son también las de texto más corto y contenido más concreto; las de octava completa admiten temas abstractos —la paz, la convivencia, la igualdad— y frases largas.

5. La forma debe favorecer la memoria

La estructura de estas obras es deliberadamente simple y repetitiva: estrofas breves, estribillo reconocible, patrones rítmicos que se repiten. La razón no es pobreza de recursos sino función. La forma repetitiva es el mecanismo por el cual el texto se fija, y una obra formalmente ingeniosa que no se retiene ha fracasado en su único cometido.

Esto explica también la existencia, en el catálogo, de obras en versión de teatro musical junto a su versión cantada —La hormiga Pamela y Pamela al oculista aparecen en ambas formas—. La dramatización agrega un canal más de fijación: lo que se hace con el cuerpo se recuerda todavía mejor que lo que se canta.

6. La dinámica de aula forma parte de la obra

Cada canto se acompañó siempre de sugerencias de aplicación grupal. Ese material no es un añadido: una canción educativa sin propuesta de uso queda en manos del azar didáctico. Las sugerencias indican cómo introducir la obra, qué hacer mientras se canta, cómo dividir el grupo y qué comprobar después.

7. Ninguna obra es indispensable

El último criterio es el menos técnico y quizá el más importante. Ninguna de estas obras es imprescindible, y ninguna debería usarse por lealtad al material. Si un docente encuentra una canción mejor para el mismo propósito, debe usar la mejor. El repertorio se construyó para cubrir necesidades educativas concretas, no para ser defendido.

El fundamento de derechos que ordena todos estos criterios está en la Convención sobre los Derechos del Niño. Para las cuestiones de lengua que aparecen a cada paso al escribir texto cantable en español, el Diccionario de la lengua española resuelve la mayoría de las dudas de acentuación y de silabeo.