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Canciones patrias argentinas

El repertorio escolar obligatorio, su historia y sus dificultades prácticas.

Bandera de tela celeste y blanca junto a una pared clara
Bandera de tela celeste y blanca junto a una pared clara

Pocos repertorios musicales han tenido en la Argentina una estabilidad comparable a la del conjunto de canciones patrias que se cantan en la escuela. Su composición apenas ha variado en un siglo, se transmite íntegramente por vía escolar y prácticamente todo adulto que pasó por el sistema educativo puede recuperar de memoria al menos tres de sus obras. Ese solo dato lo vuelve un objeto de estudio interesante, con independencia de lo que cada uno piense de él.

Qué lo compone

El núcleo del repertorio lo forman el Himno Nacional Argentino, cuya letra fue aprobada por la Asamblea General Constituyente en 1813 con música de Blas Parera, y un conjunto de marchas y canciones asociadas a las efemérides del calendario escolar: las que acompañan al 25 de mayo y al 9 de julio, la marcha dedicada a la bandera y su creador, la que corresponde al aniversario del fallecimiento del general San Martín, y las vinculadas a las fechas provinciales que cada jurisdicción agrega.

Alrededor de ese núcleo hay una segunda franja, menos fija, de canciones escolares de temática nacional que entran y salen del uso según la época, la provincia y la costumbre de cada escuela.

Cuándo se fijó

La consolidación del repertorio corresponde al período de organización del sistema educativo nacional, entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX. Fue el momento en que la escuela pública se propuso, de manera explícita, formar una ciudadanía común en un país que recibía inmigración masiva, y el canto colectivo fue una de las herramientas elegidas para ello.

Esto explica varias características del repertorio que de otro modo resultan curiosas: su carácter marcial, su lenguaje elevado y arcaizante, su longitud considerable y el hecho de que se cante al unísono y de pie. Todo ello procede de una función que era, en origen, tanto cívica como musical.

Como se explica en Algo de historia sobre los cantos infantiles educativos, ese fenómeno no fue argentino sino general: el canto entró en las escuelas de casi todo el mundo occidental en el mismo período y por razones parecidas.

Las dificultades prácticas

Desde el punto de vista estrictamente musical, este repertorio plantea a la escuela primaria problemas que rara vez se discuten y que todo docente de música conoce.

  • La tesitura es adulta. Estas obras no fueron escritas pensando en voces infantiles. Sus ámbitos superan con holgura el registro cómodo de un niño de seis o siete años, y el resultado habitual es el canto forzado en la zona aguda. Es exactamente el problema que el repertorio educativo catalogado procura evitar por diseño, y aquí no hay margen para evitarlo: la obra es la que es.
  • La extensión es considerable. Varias de estas piezas exceden largamente lo que un niño pequeño puede sostener con atención y con aire.
  • El texto es arcaico. El vocabulario y la sintaxis de comienzos del siglo XIX resultan opacos para un niño actual, y con frecuencia también para el adolescente. Se canta, en buena medida, sin comprender.

Qué se puede hacer con ello

Nada de lo anterior es un argumento para no cantarlas: son obligatorias, son patrimonio y su función es cívica antes que estética. Es un argumento a favor de trabajarlas en lugar de simplemente ejecutarlas.

Las prácticas que dan mejor resultado son bastante evidentes una vez enunciado el problema. Transportar a una tonalidad cantable cuando la ocasión lo permite, en lugar de sostener una tonalidad que nadie alcanza. Trabajar el texto por separado, explicando el vocabulario, antes de cantarlo. Enseñar las secciones por partes y a lo largo del tiempo, en lugar de repetir la obra completa cada vez. Y explicar de qué habla cada obra y en qué circunstancias se escribió, que suele ser lo más interesante y lo que menos se hace.

Una observación final

Este repertorio es un caso claro de la distinción entre patrimonio y material didáctico que atraviesa toda esta sección. Las canciones patrias son patrimonio: no se corrigen, no se actualizan y no se mejoran, porque su valor reside precisamente en ser las mismas. Tratarlas como material didáctico corregible sería un error de categoría.

Lo que sí puede y debe corregirse es el modo de enseñarlas, que no es patrimonio de nada. Ahí la escuela tiene todo el margen del mundo, y lo usa poco.

Los textos y la documentación histórica de estas obras pueden consultarse en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, y el marco curricular vigente, en el Ministerio de Educación de la Nación.