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Estudio

Cursillo de flauta dulce

Guía práctica para empezar, pensada para el aula y para la casa.

Flauta dulce soprano de madera desarmada en sus tres partes
Flauta dulce soprano de madera desarmada en sus tres partes

La flauta dulce lleva décadas siendo el instrumento escolar por excelencia en el mundo hispanohablante, y arrastra por ello una reputación injusta. Se la asocia con el chirrido colectivo de un aula de sexto grado, cuando en realidad es un instrumento serio, con un repertorio propio de primer orden y con una virtud pedagógica que ningún otro reúne: es barata, es real y suena de verdad.

Que suene mal en las escuelas no es culpa del instrumento sino de tres o cuatro cosas que no se enseñan y que este cursillo se propone enseñar.

El instrumento

La flauta dulce soprano en Do es la habitual en la escuela. Consta de tres partes que se separan: la cabeza, que contiene el bisel y el canal de aire; el cuerpo, con los orificios principales; y el pie, con el último orificio, que puede girarse para acomodar el meñique.

El mecanismo es de bisel: el aire se conduce por un canal estrecho y choca contra un borde afilado, donde se produce la vibración. El ejecutante no interviene en la formación del sonido —a diferencia de la flauta traversa, donde la embocadura lo decide todo—, y por eso la flauta dulce suena a la primera. Esa facilidad inicial es su gran ventaja pedagógica y la fuente de todos sus problemas: como suena sin esfuerzo, se sopla sin cuidado.

El soplo, que es casi todo

Si sólo se atendiera a una cosa, debería ser ésta. La flauta dulce se toca con muy poco aire y con presión constante. Aumentar la presión no aumenta el volumen: sube la afinación y termina saltando a la octava. Ése, y no otro, es el origen del chillido escolar.

La imagen útil es la de empañar un vidrio: aire tibio, continuo, sin empujar. Las notas graves piden todavía menos presión que las agudas, cosa que resulta contraintuitiva y hay que practicar aparte. Y el aire debe salir de manera sostenida, sin altibajos, cosa que se comprueba fácilmente sosteniendo una nota larga y escuchando si oscila.

La colocación de las manos

La mano izquierda va arriba, siempre, sin excepción. Es el error más frecuente entre quienes empiezan solos y el más costoso de corregir después, porque cuando el hábito se instala hay que desarmar todo.

El pulgar izquierdo cubre el orificio posterior; los dedos índice, medio y anular de la izquierda cubren los tres primeros orificios frontales. La mano derecha se ocupa de los inferiores, y su pulgar sostiene el instrumento por detrás sin tapar nada.

Los orificios se tapan con la yema blanda del dedo, no con la punta ni con el borde. Un orificio mal sellado no produce una nota más débil: produce una nota equivocada o un silbido. Comprobación rápida: tapar, tocar una nota grave, y mirar la yema. Si no ha quedado un círculo marcado, el sello no era completo.

Las primeras notas

El orden tradicional de introducción no es caprichoso: empieza por notas centrales, cómodas de emitir y que permiten tocar melodías reales enseguida.

OrdenNotaPor qué
1.ªSiPocos dedos, registro central, emisión estable.
2.ªLaSe agrega un dedo; con Si y La ya hay dos alturas que combinar.
3.ªSolCon Si–La–Sol se puede tocar un buen número de melodías infantiles completas.
4.ªDo agudo y Re agudoAmplían hacia arriba sin exigir cambios de presión importantes.
5.ªMi, Fa, Do graveRegistro grave: exigen menos aire y sello perfecto. Se dejan para después por eso.

Que con tres notas puedan tocarse melodías completas no es casualidad, y enlaza con el criterio central del repertorio de Cantos: buena parte de las obras de ese catálogo emplea tres, cuatro o cinco alturas, precisamente para que el niño pueda cantarlas y tocarlas antes de dominar el instrumento.

La articulación

Las notas no se separan cortando el aire sino con la lengua, pronunciando suavemente una sílaba sorda —la indicación clásica es "tu" o "du"— contra el paladar, detrás de los dientes. Sin articulación, una serie de notas iguales se convierte en un sonido continuo indistinguible.

Este es, junto con el soplo, el aspecto que más diferencia a un principiante de alguien que ha estudiado, y suele ser el que menos se trabaja. Vale la pena practicarlo sobre una sola nota antes de aplicarlo a una melodía.

Afinación y cuidado

La flauta dulce se afina ligeramente separando la cabeza del cuerpo —lo que alarga el tubo y baja la afinación— y no soplando más o menos fuerte. También se calienta: una flauta fría está baja, y conviene entibiarla en la mano antes de tocar con otros.

Después de tocar debe secarse por dentro, sobre todo el canal de la cabeza, donde la condensación se acumula y produce el sonido ahogado característico. En una flauta de madera esto es imprescindible; en una de plástico —que es la escolar habitual— basta con secarla y guardarla seca. La flauta de plástico, dicho sea de paso, no es un instrumento inferior para este uso: es más estable frente a la humedad y a los cambios de temperatura que cualquier aula produce.

Qué sigue

Con las alturas dominadas y la articulación en su sitio, el paso natural es la lectura, que se trabaja en las notas musicales, y el repertorio, que en IMSLP ofrece un fondo enorme de música de dominio público para flauta dulce, incluida buena parte del repertorio barroco escrito específicamente para ella. El contexto de la familia instrumental está en Las Maderas, y una descripción organológica revisada, en Encyclopaedia Britannica.